En el año 1976, justo al salir de una sangrienta dictadura, se publicó la primera edición del libro Natura, ús o abús? Llibre blanc de la gestió de la natura als Països Catalans. Participé, como joven doctor, junto a los científicos más importantes del país, en la exposición de los principales retos ambientales en un momento en el que todo estaba por hacer. Desde entonces, todo ha cambiado mucho; por ejemplo, hace cincuenta años ni siquiera se hablaba del cambio climático y hoy, en cambio, es el pilar central de cualquier política de sostenibilidad.

No obstante, parece oportuno hacer ahora un pequeño balance de la situación en Catalunya en relación con lo que considero los diez principales retos a los que nos enfrentamos. Es evidente que se trata de una tarea gigantesca y que el espacio del que dispongo solo permitirá esbozar unas pinceladas, suficientes para despertar la curiosidad del lector e invitarlo a informarse. O al menos, eso espero.

1) Saneamiento de las aguas

Este es un caso de éxito de las políticas ambientales catalanas. En los años setenta, nuestros ríos eran cloacas a cielo abierto, de colores cambiantes y con fuertes olores; la mayoría de las playas eran insalubres, ya que el mar era el receptor de aguas contaminadas. Poco a poco se desarrolló un plan de depuradoras, que tardó mucho en llegar al Área Metropolitana. Hoy en día disfrutamos de ríos y litorales limpios; por tanto, el balance es muy positivo. Dos observaciones: es necesario pensar en las inversiones para sustituir los equipos desgastados y avanzar hacia la reutilización, resuelta por ahora únicamente en la cuenca del Llobregat.

2) Gestión de los residuos

Aquí también se ha avanzado mucho: el territorio estaba plagado de vertederos ilegales que han sido clausurados, se ha implantado la recogida selectiva, se han reducido los tratamientos finalistas, se gestionan los residuos peligrosos, se ha cerrado el vertedero del Garraf o la incineradora de Montcada, etc. Sin embargo, el índice de reciclaje en Catalunya en 2024 fue del 39 %, lejos del porcentaje europeo fijado en el 55 % para 2025. Además, todavía quedan muchos suelos contaminados por sanear. En este ámbito vamos más bien rezagados.

3) Erosión del litoral

La mayoría de las playas del país están en retroceso (dos de cada tres). Las razones son conocidas: la interrupción del transporte litoral de arena por los puertos, la reducción del aporte de sólidos debido a la urbanización del suelo y a la construcción de embalses, la ocupación de dunas, etc. Todos estos procesos erosivos se ven potenciados por el cambio climático. La playa no es solo un espacio de disfrute para la ciudadanía, sino también una barrera de protección de bienes. Las políticas de corrección actuales, basadas en la aportación masiva de arenas, no están claras y generan importantes impactos. Es un problema grave.

4) Paisaje

Desde que la humanidad se volvió sedentaria, se ha producido una ocupación creciente del territorio: campos de cultivo, núcleos urbanos, vías de comunicación, grandes infraestructuras, etc., y todo ello en un contexto en el que cada vez hay más masa forestal. La ocupación ha sido un proceso continuo que ha alterado profundamente la calidad del paisaje, con puntos especialmente graves como el delta del Llobregat o la Costa Brava. Se estima que la ocupación actual del territorio se sitúa en torno al 5 % y que el despliegue de las energías renovables podría suponer un 2,5 % adicional. Por tanto, el paisaje sigue estando amenazado.

5) Transición energética

La energía eléctrica que se consume en Catalunya es mayoritariamente nuclear; la energía solar (gratuita, aunque no lo son los artefactos necesarios para su aprovechamiento) está muy lejos de alcanzar los objetivos marcados en el PROENCAT. Estamos muy por debajo de la media española. Por ejemplo, según datos del año pasado, mientras que en Castilla y León el 93 % de su producción eléctrica es renovable, en Catalunya no llega al 20 %. Queda mucho por hacer, pero con criterio. Los parques eólicos previstos en la Albera o en el Golfo de Roses no son el camino.

6) Grandes infraestructuras

El país necesita grandes infraestructuras, pero Catalunya es un territorio pequeño, donde el 30 % está ambientalmente protegido. No es sencillo encajar grandes infraestructuras sin generar incompatibilidades. El caso más paradigmático es la ampliación del aeropuerto de El Prat. Creo que el problema no es hacer crecer la tercera pista, sino dónde se ubicará la cuarta, y que tarde o temprano habrá que elegir entre aeropuerto (y zonas de servicios, hoteles, polígonos, autopistas, depuradoras, etc.) o parque agrario y espacios naturales. Es un territorio frágil, reducido tanto por la regresión litoral como por la ocupación: la ocupación artificial del Delta ha pasado de un 8 % en los años cincuenta del siglo pasado a un 48 % en 2005.

7) Protección de la biodiversidad

Ni la transición energética ni las grandes infraestructuras pueden hacerse a costa de la biodiversidad. Es cierto que tenemos una crisis climática, pero también una crisis de biodiversidad, amenazada no solo por la pérdida de especies y hábitats, sino también por la aparición de organismos alóctonos o invasores (se contabilizan casi doscientos). El calentamiento global contribuye a la reducción de la biodiversidad.

8) Incendios forestales

Este verano hemos sufrido varios incendios forestales de grandes dimensiones. El exceso de biomasa en los bosques, debido a una casi total ausencia de política forestal, unas condiciones climáticas favorables y la omnipresente sombra del cambio climático son causas que conducen a incendios cada vez más difíciles de apagar. Se necesitan muchos recursos para prevenir estos fenómenos y, muy probablemente, la prevención sigue estando infravalorada presupuestariamente.

9) Sequías

Catalunya es un país mediterráneo, donde las sequías son recurrentes, pero se demuestra que cada vez son más frecuentes e intensas. No se puede caer en el fatalismo de pensar que la meteorología es la única culpable de la grave situación de escasez de agua vivida en 2023 y 2024. El modelo urbanístico desarrollado exige recursos allí donde no existen y, si no se quieren hacer trasvases entre cuencas y el margen de ahorro adicional es muy reducido, parece que no queda otra opción que desalar agua de mar y reutilizar las aguas depuradas. Tal vez tenga una percepción equivocada, pero desde que llueve y los embalses están razonablemente llenos, no veo que se avance en estas nuevas infraestructuras. Si los incendios se apagan en invierno (con prevención), la próxima sequía, que inevitablemente llegará, debe resolverse cuando llueve.

10) Contaminación atmosférica

Más de la mitad de la población de Catalunya respira aire de mala calidad (principalmente por culpa de las partículas) y la contaminación atmosférica mata: según estadísticas fiables, si el área metropolitana de Barcelona cumpliera con las recomendaciones de la OMS se podrían evitar cada año más de 4.000 muertes prematuras. Este es un gran reto ambiental que solo puede resolverse con una movilidad diferente, no basada en combustibles fósiles.

Queda mucho por hacer. Y como decía el profesor Margalef, “el calendario del político y el de la naturaleza no coinciden”. Muchos de estos retos solo pueden tener solución en un marco temporal que supera la inmediatez de los réditos electorales a corto plazo.

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