¿Cómo definen ‘gentrificación en su informe?
Es un proceso de transformación socioespacial, en el que normalmente a raíz de unas intervenciones urbanas de mejora del espacio se produce después una transformación de la población que reside ahí. La definición clásica nos habla de un desplazamiento de la población que ha residido históricamente en este barrio, que habitualmente suele ser de clase trabajadora, y esta población se sustituye por una de mayor nivel socioeconómico o mayor nivel sociocultural.
¿Cuándo empieza a producirse este fenómeno?
En España, los primeros signos de gentrificación llegan a finales de la década de los 90, sobre todo a los finales de esa década, especialmente en los centros de las ciudades. No en todas. En Barcelona comienza a ocurrir en la zona del Gótico, del Raval, sobre todo con el proyecto de la Barcelona Olímpica; en Madrid ocurre en Chueca, en Malasaña; en Granada hay algún caso también en el barrio del Albaicín. Ahí se empiezan a dar los primeros signos. Luego estuvo avanzando y es durante la primera década del siglo XXI cuando se empieza a notar de forma más fuerte. Es un proceso que en otras ciudades europeas y estadounidenses había comenzado mucho antes. En España llega un poco más tarde, sobre todo porque hay un porcentaje de vivienda en propiedad durante estos años mucho más elevado que en otros países. Eso representa un poco de protección porque es más complicado desplazar o echar de un barrio a una persona que posee su propia vivienda que alguien que está en alquiler. Cuando se empieza a expandir el fenómeno en la primera década de este siglo es principalmente en los centros urbanos. Después hay un parón con la crisis y tras la crisis hay una serie de cambios políticos y de otro tipo que permiten su expansión a otras zonas y es lo que tratamos de ver en este estudio: como se ha ampliado durante la segunda década del siglo XXI y como va llegando cada vez a más barrios y ya no son solamente los centros de las ciudades, sino que también son más barrios y más ciudades, también ciudades medianas que hasta entonces habían sido ajenas a sufrir estos cambios.
La gentrificación empieza a notarse a partir de la primera década del siglo XXI
¿La causa principal de esta gentrificación es el precio de la vivienda?
Sí, sí. El precio de la vivienda determina quién va a poder vivir o quién no va a poder vivir en cada barrio. Actúa como un filtro. Cuando los precios de la vivienda suben la población que está ahí de alquiler deja de poder pagar esas rentas. La población más vulnerable de estos barrios deja de poder pagar con su salario estas rentas que se van incrementando y se ve obligada a marcharse a otros barrios donde pueda pagar un poco menos. Lo que ocurre es que muchos tratan de quedarse aunque sea a un coste mayor porque, en los barrios, las familias y las personas acaban tejiendo una red de vecindad, con los comercios, de ayuda mutua, que sin ella difícilmente pueden salir adelante. Muchos acaban quedándose aunque sea un precio a un coste mayor para poder mantener estas redes de cercanía. Pero esto, al final, empeora la calidad de vida de las personas que consiguen quedarse. Definitivamente es el precio de la vivienda el que marca un poco quién puede vivir ahí y, sobre todo, ya no quién se va sino también quién entra. Al final, si tú exiges unas rentas más altas, la población a la que estás buscando es una diferente de la que vive ahí.
El precio de la vivienda determina quién va a poder vivir o quién no va a poder vivir en cada barrio
¿Cuáles son los efectos más negativos de la gentrificación?
El primero y más evidente es el desplazamiento de la población que ha residido históricamente en los barrios donde se producen estas transformaciones. Otro es el cambio de comercios. Si en tu barrio está cambiando la población que vive, tiene otros estilos de vida, otras formas de ocio, otras formas de consumo, los comercios van a ir adaptándose a ella. La población va a ir donde encuentra esos tipos de consumo y esos estilos de vida. Entonces, los comercios cambian mucho también. Vemos cómo van cerrando las típicas tiendas más tradicionales y van abriendo más franquicias, más negocios orientados al turismo. En barrios con un alto valor patrimonial, estos comercios se van a orientar hacia el turista, porque sabe que es donde los va a encontrar. Además hay otros efectos. En barrios donde la transitoriedad es muy elevada, donde hay mucha rotación de población, cada año viven inquilinos diferentes. En estos barrios se pierden las redes de apoyo y de cuidado de la población. Las redes vecinales van perdiendo participación porque si la población está poco tiempo en el barrio no se involucra en este tipo de actividades que requieren de una construcción durante mucho tiempo. Todas esas cosas que llamamos “hacer barrio” se van perdiendo, si la población no reside en él el tiempo suficiente.
En los barrios donde hay mucha rotación de población, se pierden las redes de apoyo y de cuidado
¿Tiene algún efecto positivo?
Hay un efecto positivo que se torna negativo en última instancia. A priori cuando nos venden la reforma de un barrio, siempre lo hacen como una transformación que va a ser positiva para los residentes. Puede haber mejoras, intervenciones urbanas que lo mejoren, la peatonalización, la construcción de dotaciones y equipamientos para los vecinos, zonas verdes, rehabilitación de viviendas, etcétera. Todas estas cosas son una mejora per se; es decir, es positivo que el barrio mejore, que se arreglen las calles, se amplíen plazas,… El problema es que estas mejoras a la larga, en el medio y largo plazo, no las disfrutan los vecinos que han vivido ahí toda la vida y que son probablemente quienes han demandado esos servicios y esas mejoras. Los que los acaban disfrutando son otros, o bien turistas o esa población nueva que llega a los barrios. Tiene esa parte positiva de intervención urbana que mejora el espacio público y el espacio privado, en algunos casos con la rehabilitación de viviendas, pero pocas veces o en ocasiones contadas son los vecinos de toda la vida los que acaban disfrutando esas intervenciones y esas mejoras.
Hacer barrio’ se va perdiendo, si la población no reside en él el tiempo suficiente
Hábleme de Barcelona. ¿Cómo ha ido este proceso en Barcelona?
En Barcelona, como en el resto de ciudades españolas y muchas ciudades europeas, los proyectos de gentrificación empiezan en el centro, en Ciutat Vella, en el barrio gótico, que tiene un valor patrimonial. El Raval es un caso curioso. Es uno de los sitios donde más intervenciones urbanas se han hecho después de la apuesta olímpica, e incluso antes con la apertura de la Rambla del Raval. Se han llevado allí muchos equipamientos culturales, museos, la Filmoteca, etc. Esto coincide luego con la llegada de la inmigración en el primer lustro de este siglo. La inmigración cuando es de un determinado tipo -en este en este caso de población más vulnerable, no estamos hablando de inmigrantes ricos que vienen a Barcelona sino que es gente que viene a buscarse aquí la vida- actúa como freno a la gentrificación. Hay una visión estigmatizada de esta población y eso hace que quizás el barrio no tenga el atractivo que podría tener en otras circunstancias. Aún así, el proceso de gentrificación ha avanzado tanto en el Raval como en el Gótico, en Sant Pere, Santa Caterina, la Ribera, en la Barceloneta, y desde aquí se ha ido extendiendo hacia otras zonas. Se ha consolidado en barrios como el Eixample, en prácticamente todo el distrito que ya era históricamente de clase media, media alta, pero aún así la poca mezcla social que había antes también se está perdiendo. Cada vez la población que vive ahí es más rica y ahora con la entrada de población internacional, sobre todo en la última década, vemos de forma más clara que este proceso está llegando incluso a afectar a las clases medias históricas de estos barrios. Y desde Ciutat Vella subiendo por el paseo de Gracia hasta la vila de Gracia es muy claro cómo se va consolidando la gentrificación. Se extiende hacia Sant Antoni, el Clot, Hostafrancs, donde el proceso va penetrando aunque en menor medida, no de forma tan clara como en otros barrios.
Las mejoras en los barrios a menudo no las disfrutan los vecinos que han vivido ahí toda la vida y las han demandado sino que las acaban disfrutando otros, turistas o población nueva
¿Son diferentes los procesos de gentrificación en Barcelona y Madrid?
Son similares en tanto que son dos ciudades que denominamos globales, que están muy conectadas con el resto de la economía global, con los circuitos financieros. Tienen muchas similitudes. Ambas ofrecen trabajos vinculados a esta economía, trabajos muy especializados, de muy alta calificación, para directivos, gerentes, profesionales del sector de las finanzas, los seguros,… En ese sentido sí que tienen mucho en común. También atraen mucha población universitaria, pero luego hay una diferencia muy clave y es que ahora en Madrid es verdad que estamos viendo un poco como esta población crece pero Barcelona lleva una década, década y media, con una capacidad de atracción de población internacional cualificada altísima, mucho más alta que Madrid. Barcelona es el destino favorito de lo que hoy denominamos ‘expats’ y los nómadas digitales y toda esta población que viene de países ricos y se desplaza a Barcelona a trabajar, porque muchos pueden trabajar en remoto, y conservan el sueldo de sus países y pueden competir con mayor ventaja. Además, en muchos casos les ponen la alfombra roja con leyes como la ley Beckham para que puedan tributar menos. Muchos ni siquiera tributan en España. Parten con una ventaja competitiva en el parque de alquiler. Y los propietarios y los caseros saben que si piden un precio más alto va a haber esta población que lo pague en vez de la población local. En este aspecto, Barcelona sí que es diferente de Madrid, es capaz de atraer esta población. Por su clima, su estilo de vida, Barcelona es una ciudad muy cosmopolita muy conocida y tiene mucha más capacidad que Madrid, aunque insisto que Madrid está empezando a atraer cada vez más población de este estilo. Esa sería la primera diferencia y también en un sentido turístico Barcelona es más visitada que Madrid. Las plataformas de viviendas de uso turístico han tenido un impacto mayor en Barcelona que en Madrid.
Barcelona tiene una capacidad de atracción más alta que Madrid para la población internacional cualificada
¿Tiene límite la gentrificación, un tope que no puede superar?
Sí que hay un límite porque una ciudad para funcionar, por muy global que sea y que concentre a todas estas personas cualificadas que trabajan para las grandes empresas, siempre necesita un contrapunto, necesita una población por abajo que dé servicios, de limpieza, chófers,… todo este mantenimiento se necesita. Una ciudad sin esta población no va a funcionar, no puede echarla fuera. Es verdad que ahora estamos viendo la suburbanización de la pobreza. Cada vez se van yendo más lejos, y los que antes estaban en Barcelona acaban en L’Hospitalet, en Badalona,… El límite lo marcará seguramente el propio mercado, que será quien realmente vea el punto en el que esto funciona o no funciona. Mientras haya demanda y mientras haya una clase propietaria que tome la decisión de ofertar para esta población, esto no va a tener freno. Y sobre todo siempre que entendamos como hacemos en nuestra sociedad, lamentablemente, la vivienda como un bien de negocio como un bien de inversión y como un activo financiero. Mientras entendamos así la vivienda, los precios no van a parar de subir. Siempre va a haber alguien dispuesto a pagar más que tú por vivir en determinada zona. Es complicado que esto se frene. Siempre que quede espacio por colonizar esto no va a parar.
Barcelona es el destino favorito de lo que hoy denominamos ‘expats’ y los nómadas digitales
¿El culpable de esta situación es el mercado? ¿Son los políticos?
Yo siempre digo que la raíz de este problema está en el sistema capitalista, porque es un sistema que considera absolutamente todo un bien de mercado. Todo con lo que se pueda comerciar, todo con lo que se pueda extraer un beneficio, sacarle un rendimiento, el mercado lo va a aprovechar porque es así como funciona este sistema. Necesita seguir moviendo el dinero todo el rato y sacar más dinero para reproducirse a sí mismo. El problema está aquí. Todos sabemos que no vamos a cambiar este sistema de un día para otro, con lo cual las medidas deben ir por opciones menos radicales, pero esto no va a frenar mientras no cambiemos esa concepción de la vivienda que tenemos en esta sociedad.
Las plataformas de viviendas de uso turístico han tenido un impacto mayor en Barcelona que en Madrid
Las administraciones públicas ¿podrían hacer algo más de lo que hacen?
Por supuesto y se va demostrando poco a poco que la lucha de los últimos años de los sindicatos de vivienda, las movilizaciones, están forzando a los gobiernos a tomar medidas. Se van tomando medidas muy flojas de momento pero se toman. Las mismas medidas que hace cinco años decían que era imposible de tomar hoy en día se están empezando a tomar. Claro que hay cosas que las administraciones pueden hacer pero esto no compete a una sola administración. Tiene que ser una actuación a diferentes niveles, a escala local, a escala metropolitana, a escala regional y a escala nacional. Esto implica a muchos actores que tienen que colaborar. Por supuesto que se pueden hacer cosas. De momento, lo más que se ha aprobado en España ha sido el límite de subida a los precios del alquiler. Una ley que solo se está aplicando en cuatro comunidades autónomas ahora mismo. Una de ellas es Cataluña. Hemos visto como, si no se legisla de una forma completa, siempre hay vías de escape. Hasta hace poco hemos visto como, para evadir estos límites a los precios de la vivienda, los propietarios se llevaban todos los pisos a los alquileres temporales que no estaban bajo la misma legislación que los de larga estancia. Hace un mes se votó en el Parlamento de Cataluña que no se pueda hacer y se acaba de votar en el Congreso de los Diputados. Se demuestra que se pueden ir haciendo cosas. En mi opinión, son medidas muy tímidas, porque una cosa es congelar y otra cosa es bajar los precios, porque ahora mismo estamos en máximos históricos, tanto de precios de alquiler como de compra-venta. No vale con congelar los precios, hay que bajarlos de alguna forma. Y esto pasa por construir más vivienda pública, por forzar la bajada de los precios del alquiler, por evitar que se compre vivienda para la especulación. Si prohibimos la compra de vivienda a fondos buitre, a entidades que sabemos que lo único que quieren es hacer negocio con la vivienda, vamos ganando algo de terreno.
La entrada de población internacional está llegando incluso a afectar a las clases medias históricas de barrios como el Eixample
Los vecinos lo tienen difícil, dice. La gentrificación dificulta las luchas vecinales
Vivimos en un mundo en el que se individualizan mucho todos los problemas. Es una forma de convencernos de que nada tiene solución o de que la solución es individual pero hay problemas que son estructurales y solo la lucha colectiva puede hacerles frente. Hemos visto como los sindicatos de vivienda son las organizaciones que más están luchando contra estos problemas y son capaces de parar desahucios, de ofrecer alternativas, de forzar cambios en la legislación y de proponer cosas diferentes sabiendo que lo que hemos tenido hasta ahora no ha funcionado y no está funcionando.
La vivienda pública permite que los procesos de gentrificación vayan más lentos o no se produzcan de forma tan desgarradora
Años atrás, las plataformas contra los desahucios por hipotecas impagadas, las pahs, lideraban la lucha por la vivienda. Ahora están más apagadas y quien tiene más presencia son los sindicatos de inquilinos
Después de la crisis, hubo una oleada de ejecuciones hipotecarias, un montón de desahucios, que fue lo que dio paso a la creación de estas plataformas. Sobre todo en relación con las hipotecas subprime que habían firmado mucha gente y que se quedaron sin casa. Ahora el paradigma ha cambiado un poco porque desde la crisis ha habido mucha población que, como no puede permitirse el acceso a una vivienda en propiedad, se ve obligada a irse hacia el alquiler. La población de alquiler ha subido mucho, especialmente en las ciudades y más en las grandes. Ahora tienen más presencia estos sindicatos cuyo discurso está muy centrado en los inquilinos y las inquilinas. Tampoco es que estén dejando de lado que el acceso a la vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler, debe ser una garantía universal para todos, y se debe conseguir a un precio razonable o que no le suponga a las familias encontrarse en una situación muy complicada. Vivimos en un momento en el que especialmente los jóvenes solamente pueden independizarse o entrar a vivir a una vivienda en propiedad si es con ayuda de sus familias. De otra forma es imposible, incluso en pareja. Las matemáticas no mienten y no pueden conseguir una hipoteca sin ayuda familiar. Incluso teniendo buenos salarios es muy complicado.
Si prohibimos la compra de vivienda a fondos buitres, a entidades que sabemos que lo único que quieren es hacer negocio, vamos ganando terreno
¿Hay países, hay ciudades en Europa o donde sea, que hayan enfocado bien este problema?
Hay algunas legislaciones particulares que sí que han funcionado. Viena, es una ciudad que ha tenido siempre un parque de vivienda pública muy amplio. Si en España estamos en torno al 2-2,5%, Viena tiene casi un 30% de vivienda pública. Esto genera dos cosas. Primero, que buena parte de la población tiene acceso a vivienda pública a un precio mucho más bajo que el precio de mercado de vivienda privada y eso permite que la población se pueda quedar en sus barrios y desarrollar su vida ahí y luego, además, hay otro efecto positivo que es cuando más vivienda pública haya mejor puedes competir con el mercado privado. Es decir, si el mercado privado tiene toda la cuota de mercado de vivienda, puede imponer sus precios sin nadie que les ponga un contrapunto. Cuanto más vivienda pública haya más capacidad de imponer los precios tendrá la administración, siempre que tenga la voluntad de hacerlo. Es un buen ejemplo de cómo la vivienda pública permite que estos procesos de gentrificación vayan más lentos o no se produzcan de forma tan desgarradora.
Cuanto más vivienda pública haya más capacidad de imponer los precios tendrá la administración, siempre que tenga la voluntad de hacerlo
El informe concluye que para construir una sociedad más justa y equitativa hay que garantizar el uso residencial de la vivienda y evitar la expulsión de los vecinos. ¿Qué vías sugieren para conseguirlo?
Lo más básico es controlar el precio de la vivienda, permitir a la población entrar en contratos más largos de vivienda, que no tengan que estar renegociándolos cada año, siempre tratando de que no te suban el precio. Bajar los precios, permitir a la población vivir menos ahogada y con menos ansiedad por tener que o bien mudarse de casa o bien estar renegociando contratos siempre, construir más vivienda pública, prohibir la compra para especulación,… estas son medidas que seguro van a ayudar porque ahora mismo estamos en el extremo opuesto y estamos viendo a dónde nos está llevando esto. Y, sobre todo, garantizar el uso residencial porque se está perdiendo mucho este uso cuando la vivienda tendría que ser principalmente para vivir. No está mal que haya pisos turísticos. Todos hemos sido en algún momento en nuestra vida turistas y está bien. El problema es que hay barrios donde se comen un porcentaje de las viviendas que es demasiado grande. Y cuanto más proliferen estas plataformas, más estás vendiendo la ciudad a alguien que no la utiliza para vivir, que es al final quien realmente la cuida. Cabe preguntarnos para quién queremos la ciudad, ¿la queremos para la población de aquí, para una población solamente rica, para turistas? Es una pregunta sobre la que hay que reflexionar, y tienen que hacerlo todos los agentes involucrados en el urbanismo, la promoción de viviendas, etcétera.
La ultraderecha está utilizando el enfado con el problema de la vivienda para culpar a los inmigrantes y capitalizarlo para tratar de imponer su marco
¿Diría que la gentrificación es cómplice de la ultraderecha? ¿Da argumentos a los jóvenes que optan por ella frustrados porque no pueden alquilar un piso?
Vox últimamente ha tomado un discurso más obrerista. Sabe que su futuro está en captar el voto de las capas más vulnerables y en capitalizar ese enfado. La vivienda está siendo un problema en toda España. Y aquí la ultraderecha está intentando imponer su marco. En muchos casos culpa directamente a los inmigrantes. Dice que si vienen tantos inmigrantes no hay vivienda para todos y que hay que regularizar eso. Hay una falta de vivienda, de stock de vivienda en las grandes ciudades porque es la que concentra los empleos y mucha gente necesita vivir ahí o cerca de estas ciudades. La ultraderecha lo está utilizando para culpar a los inmigrantes y capitalizar ese enfado con la vivienda que tienen todos, que tenemos todos, y tratar de imponer su marco. En España ya hemos visto que en la pre crisis de 2008 batíamos récords de construcción de vivienda y los precios seguían subiendo. Entonces tampoco es esta la solución solamente. Hace falta construir vivienda, no todo tipo de vivienda. Hay que construir mucha vivienda pública y bien protegida y que no pierda su protección con los años porque en España hemos visto muchos casos de viviendas públicas que cuando pierden la protección que tienen de 25 o 30 años pasan al mercado privado. Es un esfuerzo que hemos hecho entre todos a través de los impuestos y que al final el beneficio se lo van a quedar unos pocos cuando se pierde esa protección. Se trata de una lucha de marcos y la ultraderecha está intentando imponer el suyo, culpabilizando o desviando la culpa hacia una población que no la tiene y sin señalar a los realmente responsables.
La gentrificación es un problema estructural y no vale individualizar ni las soluciones ni el problema
En mi barrio, el Poblenou, hay pintadas de ‘turists go home’, pero no las hay de ‘expats go home’ cuando hay más ‘expats’ que turistas
Yo sí que he visto muchas pintadas de ‘expats go home’. Cada vez creo que se está llevando más ese lema, pero el foco no debe ponerse exclusivamente en las personas que vienen aquí a vivir, sean de donde sean. Este es un problema estructural y no vale individualizar ni las soluciones ni el problema. Es un problema más de las administraciones y de la clase propietaria que les pone a estas personas una alfombra roja para que lleguen aquí. Si tú en un barrio, en el que la gente cobra 1.500 euros, pones un piso a 1.500 euros, no lo estás poniendo para que te lo alquile una familia de ese barrio. Tú estás buscando otro tipo de cliente y ese tipo de cliente van a ser estos ‘expats’ que a lo mejor sí que tienen una capacidad adquisitiva mayor que la de la población local. No siempre es así. Muchos ‘expats’ trabajan en Barcelona con sueldos de aquí, aunque sí que es verdad que seguramente estén por encima de la media pero no hay que individualizar esos casos. Sí que se les puede dar parte de culpa cuando no tributan en España aunque vivan aquí o cuando se acogen a beneficios fiscales a los que no se puede acoger la población local. Ahí sí que se les puede señalar. Pero insisto en que esto es un problema estructural y si a todas estas personas les das esas ventajas, las van a tomar, no las van a ignorar. Eso es algo que se debe solucionar desde arriba y no culpando a personas de forma individualizada.
Mientras entendamos la vivienda como un bien de negocio, como un activo financiero, los precios no van a parar de subir


