A nadie se le escapa que un objetivo encomiable, luchar contra el antisemitismo, hoy no puede desligarse del genocidio que el Estado de Israel está perpetrando en Palestina. Evidentemente se puede combatir al mismo tiempo el antisemitismo, que en España tiene una larga tradición ligada a valores conservadores y excluyentes, y ser crítico con los crímenes impulsados por Netanyahu. Pero toda iniciativa debe situarse en el contexto en el que nace. Hoy, una fundación como Emet-Verdad suena a intento de blanquear el régimen genocida de Israel y a tratar de contrarrestar el sentimiento de solidaridad del pueblo catalán con Palestina, puesto de manifiesto, una vez más, hace apenas unos días, con el concierto del Palau Sant Jordi; un concierto que, por la amplitud y categoría de los artistas participantes, por la respuesta del público, por el hecho de haber sido transmitido en directo por TV3 y TV2 y por la repercusión internacional que ha tenido, ha provocado urticaria en determinados sectores.

Pero además, la composición y las complicidades de la nueva fundación tienen un sentido especial en Cataluña. Quien la preside es Manuel Valls, exmiembro de Ciudadanos y ex primer ministro de Francia. Valls, durante el procés, se distinguió por su animadversión contra el derecho a decidir de Cataluña y terminó de ganarse la crítica del independentismo cuando sus votos hicieron posible que Ada Colau volviera a ser alcaldesa de Barcelona en 2019, en detrimento del candidato de ERC, Ernest Maragall. Los insultos y las descalificaciones fueron sonados.

Una de las personas que más se ha distinguido en los últimos años por su actitud contraria a Manuel Valls ha sido la periodista Pilar Rahola, reconocida defensora de los intereses de Israel. Rahola calificó a Valls de “personaje sinuoso, incoherente y oportunista”, lo descalificó por manifestarse “al lado de los nazis”, lo mandó “a la mierda” en 2018 e insinuó que había ido borracho a la cena del Premio Nadal de 2019.

Pues parece que ahora la defensa de Israel permite superar todas estas diferencias para servir a un interés superior. El diario Ara ha titulado la crónica del acto “Manuel Valls y Xavier Trias homenajean a Pilar Rahola”: insuperable. Pero la incoherencia no es aplicable solo a Valls y Rahola. Repasar la lista de miembros del Patronato y de asistentes a la presentación de la fundación nos permite encontrar a miembros destacados de Junts, como Xavier Trias o Victòria Alsina; del PP, como Juan Milián o Nacho Martín; del PSC, como el senador Gabriel Colomé; o incluso de ERC, como el exconseller de la Generalitat Carles Campuzano, junto al presidente de la patronal Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre. Algunas personas que tildaron a Ada Colau de botiflera por acceder a la alcaldía con los votos de Valls, aun sin haber pactado con él, no tienen inconveniente ahora en incorporarse a una fundación liderada por él y que lleva por nombre “Verdad”, en hebreo y en castellano, pero no en catalán, no fuera a parecer demasiado provinciana. Todos tienen derecho a sumarse a esta iniciativa; faltaría más. Pero otros también tenemos derecho a criticar que se quiera defender a Netanyahu y que se intente borrar la imagen de las bombas que han asesinado a más de 75.000 palestinos, entre ellos muchos niños y niñas, aunque quizá no sea esta la voluntad de algunos de los participantes en la fundación. La sombra de Trump planea sobre Gaza. Pero la mayoría de los catalanes y catalanas estamos mucho más cerca de las manifestaciones de los últimos meses y del Concierto-Manifestación por Palestina que de la suma de individualidades que no representan ni siquiera a los votantes de los partidos de los que forman parte.

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