Durante el pasado mes de febrero diversas plataformas y grupos en defensa de la sanidad pública de ciudades del Vallès (Terrassa, Rubí, Sant Cugat, Viladecavalls) y Olesa, en el Baix Llobregat, que dependen de la gestión de Mútua de Terrassa se movilizaron por una sanidad 100% pública. El último día de febrero el lugar elegido fue el pequeño pueblo de Viladecavalls. De camino hablamos con Núria Martí y Carmen Roca, activistas de la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública de Terrassa-Marea Blanca.

Núria es una de las fundadoras de la entidad, en 2011, en tiempos de recortes drásticos en sanidad, educación y otros servicios. El motivo de la conversación es que ambas fueron encarceladas en la prisión de mujeres de la Trinitat como consecuencia de la represión del franquismo durante los años previos a la muerte del dictador, aunque no coincidieron en el tiempo. Trinitat. La prisión de mujeres ignorada (1963-1983) es también el título del libro de César Lorenzo Rubio y Carlota Falgueras i Marsal publicado el año pasado por el Memorial Democràtic y la Generalitat de Catalunya, dentro de la colección Referents 24. Entre sus páginas encontramos 40 entrevistas a mujeres —la mayoría presas políticas— que estuvieron retenidas en lo que fue el escenario de la represión penitenciaria contra las mujeres en Cataluña durante los últimos 15 años del franquismo.

Tanto Núria Martí como Carmen Roca podrían formar parte de esa categoría de personas que «luchan toda la vida», las «imprescindibles» de las que habla Brecht en uno de sus poemas y que, años más tarde, el cantor y poeta cubano Silvio Rodríguez volvió a popularizar o a difundir como hasta entonces no había sucedido. Martí y Roca no son de ponerse condecoraciones; consideran que aquello «fue un episodio importante que les marcó la vida» —reconoce Núria—, pero que «en todo caso, fue una estación más del largo recorrido de luchas». Carmen matiza: «Para mí fue una especie de confirmación de mis convicciones y compromisos, porque de allí salí aún más militante, si se puede decir».

La revolución feminista

Durante los primeros años de los setenta Erich Fromm afirmaba que la revolución en marcha más importante del siglo XX era la de las mujeres. Actualmente esta afirmación puede parecer que no diga nada nuevo, pero la realidad es que —como afirma Núria— «hoy todavía son las mujeres las que cargan con la responsabilidad de la casa y de las criaturas. Y en alguna reunión aún he escuchado a algún hombre que decía que se marchaba porque tenía el plato en la mesa».

César y Carlota, autores de Trinitat. La prisión de mujeres ignorada (1963-1983), recuerdan que «las propias organizaciones y movimientos de la oposición antifranquista produjeron, a través de sus publicaciones y manifiestos públicos, un relato en el que hombres y mujeres represaliados eran presentados de manera diferenciada: unos como héroes; las otras como víctimas. Medio siglo después, todas las ex presas políticas con las que hemos podido hablar rechazan esta condición. Visto con perspectiva, consideran que su encarcelamiento fue un episodio más de su militancia», explican, y así lo corroboran Carmen y Núria.

A pesar de los avances reales y los buenos augurios, la realidad es que este libro sobre la Trinitat es el primero que habla de esta prisión años después «en cierta manera, por su carácter de prisión de mujeres», escriben los autores, a pesar de que fue un «importante escenario de represión y lucha política». Con esta investigación sobre mujeres en las prisiones «queríamos llenar el vacío de conocimiento»; en el caso de las prisiones franquistas, pero también de las mujeres en general, porque «la invisibilidad de las mujeres en los estudios sociológicos y criminológicos sobre los sistemas penitenciarios ha sido una constante en el tiempo que tampoco entiende de fronteras y que, aunque suele justificarse por el bajo porcentaje de reclusas respecto al de hombres presos, en realidad oculta una concepción androcéntrica tanto del propio sistema penitenciario como de las agendas académicas que determinan estos estudios», señalan.

De la prisión a la lucha por la sanidad

Con este trabajo también pretenden confirmar algunas hipótesis. La primera, que las presas «no son víctimas». Las propias entrevistadas rechazan este adjetivo porque se sienten «alguien cuyas decisiones proceden de una insurrección ética que considera necesaria para poder vivir con decencia y de acuerdo con sus proyectos y esperanzas», tal como dice Ricard Vinyes (citado en el libro). Es el propio Vinyes quien propone el concepto de «resistencia ordinaria», además de utilizar otro concepto: «moralidad de la resistencia», en este caso del italiano Claudio Pavone.

Otra hipótesis que quieren confirmar es aquella que considera a las presas llamadas «comunes» como «resistentes», aunque sea en el ámbito de la «infrapolítica», matizan, concluyendo que «¿podemos considerar, por tanto, que las encarceladas por delitos comunes durante el tardofranquismo y la transición también fueron “resistentes cotidianas” a la dictadura? ¿Fueron sus acciones “armas de las débiles”, en la línea propuesta por James C. Scott? Desde nuestro punto de vista es una hipótesis plausible, pero nos faltan elementos de juicio para confirmarla y matizarla».

Por otra parte, y volviendo al inicio del artículo, en esta ocasión Núria se felicitaba por esta jornada de lucha en Viladecavalls. «Es muy importante lo que hacemos, porque si no lo hacemos, si no nos organizamos entre nosotras, si no hablamos y salimos a la calle, conseguirán que no nos quede nada», afirmaba haciendo referencia a la lucha en defensa de la sanidad pública. «¡Ahora prometen un aumento de los presupuestos y soluciones para las listas de espera!, ¡pero no nos lo creemos! Lo dicen por miedo a perder la silla. ¡No podemos parar, hay que presionar más!»

«La lucha es aquí y ahora»

Esta es la síntesis del discurso de Núria y Carmen: «la lucha continúa». Y cabe señalar que ellas son también prueba irrefutable de que la actitud ante la vida puede frenar un poco el reloj del tiempo. A sus 82 años, Carmen no se pierde ni una manifestación, participa, ayuda y organiza dentro del movimiento por la sanidad pública, así como por Palestina, por el derecho a la vivienda, por las pensiones y como militante de la CUP.

Núria Martí y Carmen Roca, activistas de la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública de Terrassa-Marea Blanca. | Pep Valenzuela
Núria Martí y Carmen Roca, activistas de la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública de Terrassa-Marea Blanca. | Pep Valenzuela

«Desde pequeña, en el pueblo (Rágol, Almería), ya era muy rebelde, aunque no diferenciaba clases. A los 16 años, al llegar a Terrassa, empecé a trabajar en una fábrica de medias y, paralelamente, frecuentaba movimientos sociales clandestinos y la Juventud Obrera Católica, hasta que pasé a formar parte del Partido Comunista Revolucionario. Pero siempre he sido muy crítica con todas las organizaciones: si veía contradicciones muy fuertes, decía que no estaba de acuerdo».

Hacia los años 60, Carmen empezó a ser «sospechosa» y vigilada por la policía; se marchó de Terrassa a Barcelona y, finalmente, fue detenida en diciembre de 1970. Al declararse un estado de excepción, pasó unos días «horribles» en Via Laietana y seis meses en la Trinitat.

Por su parte, Núria, nacida en Manresa en 1956, tampoco encajaba demasiado bien en los esquemas sociales y laborales que iba conociendo. Con 14 años empezó a trabajar, también en el sector textil: «el primer día que fui a trabajar lloraba —recuerda—; tenía que hacer un gran esfuerzo para resistir, y pensaba que mi vida no podía resumirse a aquello». Estudió en horario nocturno en el instituto Blanxart, conoció los primeros movimientos y organizaciones, concretamente el CJR (Colectivos de Jóvenes Revolucionarios), que más tarde se convertirían en el PORE (Partido Obrero Revolucionario de España), partido del que formó parte de la dirección o «buró político». Su primera detención fue en 1973 a causa de unas pintadas; pasó por comisaría, la ficharon y tuvo que pagar una multa y cambiar de empresa; pasó al sector del metal. Allí formó parte del comité de empresa y fue muy activa sindicalmente. En 1975 fue detenida en una manifestación de solidaridad con Chile y ya fue llevada directamente a Via Laietana y, después, a la Trinitat, donde estuvo dos meses. Salió en libertad diez días antes de la muerte del dictador.

Continuidad de la lucha: «nos va la vida»

La conversación con Núria y Carmen nos permite mirar con perspectiva ese hilo rojo de las luchas por la liberación social. Núria considera que «no se ha hecho un balance suficientemente serio de las etapas vividas y de las consecuencias para los movimientos y partidos de progreso». Pero, pese a la necesidad de hacer balance, hay una agenda ineludible; Carmen apunta que «ante la situación de agresión tan grave a los derechos conquistados en este tiempo hay que reforzar la solidaridad y sumar a mucha más gente; somos mayoría, y además, ¡nos va la vida!».

«Nos va la vida». Esta consigna del movimiento por la sanidad pública, de las plataformas locales y de la Marea Blanca no es ninguna metáfora: dice claramente de qué se trata cuando hablamos de defender la sanidad pública.

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