Los presupuestos rara vez son solo cifras. En sistemas parlamentarios fragmentados funcionan como mecanismos de verificación política, es decir, obligan a los actores a definir qué mayorías son realmente posibles y qué equilibrios pueden sostenerse en el tiempo. El debate actual en Catalunya responde exactamente a esa lógica.
El proyecto que el Govern ha presentado es menos relevante por su contenido que por la función que ejerce dentro del sistema político. La cuestión central es otra: qué tipo de gobernabilidad puede existir hoy en Catalunya y a qué costes.
La nueva aritmética política
La primera clave es la composición del Parlament. El Govern presidido por Salvador Illa gobierna en minoría y necesita apoyos externos para aprobar cualquier iniciativa central. El acuerdo con los Comuns ofrece una base progresista inicial pero no alcanza la mayoría absoluta. El punto de articulación del sistema se encuentra en ERC.
Los republicanos ocupan una posición peculiar: han perdido la presidencia de la Generalitat pero siguen siendo imprescindibles para garantizar la estabilidad parlamentaria. Esta situación les otorga una capacidad de negociación considerable. Al mismo tiempo tiene algo de condena, de regalo envenenado, de expectativas frustradas. Dos concretamente: porque una parte del partido, que ahora parece minoritaria —aunque en absoluto irrelevante—, no quiere ni oír hablar del PSC. Estaban más cómodos en la épica del Procés yendo de la mano del espacio convergente.
Y porque la otra parte del partido, la que sí quiere aprobar los presupuestos bajo la condición de que se cumpla el pacto de gobierno entre ERC y el PSC, sabe que aquel acuerdo era un pacto de máximos que sirvió para justificarlo ante su electorado. Con el paso del tiempo y la previsible dilución de ese acuerdo, el escenario acaba siendo el punto en el que hoy nos encontramos. Una profecía autocumplida. Una de baja estofa, todo sea dicho.
El desplazamiento del conflicto hacia la financiación
Uno de los elementos más significativos del debate es el desplazamiento del conflicto fuera del terreno estrictamente presupuestario. ERC ha situado la cuestión fiscal en el centro de la negociación, especialmente en relación con la capacidad de recaudación del IRPF. Esta demanda no es solo una reivindicación técnica, sino que tiene una dimensión estratégica clara: permite a los republicanos reconectar con un eje clásico de la política catalana, el debate sobre el poder fiscal del país dentro del Estado.
Este movimiento responde también a una necesidad política interna. Después de años marcados por la gestión del Procés y por la pérdida del gobierno, ERC necesita reconstruir un perfil propio. Dar apoyo a los presupuestos sin contrapartidas significativas reforzaría la percepción de una subordinación al PSC. Situar la negociación en el terreno de la financiación permite a los republicanos redefinir el marco del debate o, al menos, estirarlo un poco más.
La estrategia del Govern
Para el PSC el objetivo central es consolidar una imagen de normalización institucional. El Govern intenta presentarse como el inicio de una etapa distinta tras una década marcada por la conflictividad política y cuenta con Salvador Illa como principal garante de esa narrativa.
En ese marco los presupuestos tienen un valor simbólico importante. Aprobar las cuentas significaría demostrar que el país ha entrado en una fase de gobernabilidad pragmática basada en acuerdos parlamentarios. La dificultad es que esta estrategia depende de ERC, un actor que tiene incentivos para tensar la negociación.
Si dentro de ERC existe un dilema que divide a su electorado, algo parecido ocurre también en el PSC. Necesita a ERC para gobernar pero al mismo tiempo debe evitar concesiones que generen tensiones electorales insoportables para el PSOE. Esa tensión explica el ritmo lento e incierto de la negociación. Ninguno de los dos actores puede permitirse una ruptura clara, pero tampoco quiere aparecer como el socio subordinado del otro.
El resto de fuerzas parlamentarias observan la negociación con intereses distintos. En esta cuestión concreta, sin embargo, su papel es secundario. Nadie espera que decidan el resultado. Si los presupuestos se aprueban, lo harán el PSC, los Comuns y ERC. La semana que viene es la fecha límite.


