La Operación Roca
En las elecciones generales de 1986, Miquel Roca i Junyent, diputado en el Congreso y considerado el número 2 de Convergència Democràtica de Catalunya, articuló una candidatura de ámbito español llamada Partido Reformista Democrático, con la voluntad de ocupar un espacio, el del centro, en el que consideraba que en el Estado español no había nada. Roca pensaba que el hundimiento de la UCD y el fracaso de otros proyectos similares había dejado vacío el espacio liberal.
El PRD celebró su I Congreso en Madrid en noviembre de 1984, con la presencia de 2.600 compromisarios. Junto al eje vertebrador del liberalismo, el nuevo partido optó por una concepción federalista y una estructura interna federal, y anunció que no competiría con partidos como Convergència i Unió, Convergencia Canaria, Unió Mallorquina o Coalición Galega para respetar proyectos políticos representativos de su realidad territorial. Antonio Garrigues fue elegido presidente y el empresario y actual presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, fue nombrado secretario general. Miquel Roca se mantuvo fuera de los órganos de dirección para asumir la candidatura a la presidencia del Gobierno en las elecciones de 1986 presentándose por la circunscripción de Barcelona, una opción que no agradaba demasiado a Jordi Pujol.
El resultado de las elecciones fue un estrepitoso fracaso para el PRD, que no obtuvo ni un solo escaño. En Madrid se quedó en el 1,4 % y en Andalucía en el 0,8 %. Solo Coalición Galega ganó un diputado. En cambio, fue un éxito para CiU, que con 1.014.258 votos y un porcentaje del 32 % logró 18 escaños, el mejor resultado jamás alcanzado en unas elecciones generales. Al final, la llamada “Operación Roca” no había sido capaz de consolidar un proyecto nuevo en España, pero había servido para fortalecer el proyecto convergente en Catalunya.
Gabriel Rufián: “A la izquierda del PSOE, no hay nada”
El diputado de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, me hizo pensar en la Operación Roca cuando, hace pocos días, en un acto en Valencia, aseguró que “a la izquierda del PSOE no hay nada”. Y esto lo decía acompañado de los dirigentes de Esquerra Republicana del País Valenciano que en las últimas elecciones a las Cortes valencianas de 2023 prefirieron obtener un ridículo 0,17 % de los votos antes que apoyar a Compromís.
Rufián propuso construir una alianza electoral de izquierdas y plurinacional. Su capacidad mediática provoca que el proyecto aparezca solo como cosa suya. Parece, además, que en este proyecto no cabrían ni Movimiento Sumar ni Izquierda Unida. De hecho, Rufián nunca ha tenido demasiadas buenas relaciones con Sumar, especialmente con Yolanda Díaz, como se pudo comprobar con su voto contrario a la reforma laboral, que estuvo a punto de descarrilar un proyecto que CCOO y UGT consideraban vital, y que hoy, vistos sus resultados, ni la propia Esquerra Republicana se atreve a criticar.
Es triste que, por muchas crisis que hayan vivido las formaciones situadas a la izquierda del PSOE, Rufián niegue su existencia. Porque son herederas de las tradiciones del PCE y del PSUC, de Izquierda Unida e Iniciativa Verds, y del movimiento del 15 M. Y porque sin lo que representó Sumar en las elecciones de 2023, hoy gobernarían PP y Vox.
Las elecciones en Aragón
El domingo, 8 de febrero, Rufián concretaba: “¿Por qué en España no puede haber algún tipo de entendimiento entre Podemos, BNG, Bildu y ERC?” O sea, ¿Podemos sí, pero Sumar e Izquierda Unida no? Y esto, a pesar de la reciente negativa centralista del partido de Ione Belarra a aceptar la delegación de competencias de inmigración en Catalunya.
Rufián eligió mal el 8 de febrero. Ese día, en las elecciones de Aragón, en medio de una preocupante ola conservadora y de extrema derecha, la Chunta Aragonesista doblaba sus diputados y conseguía casi el 10 % de los votos, e IU-Sumar mantenía la presencia en las Cortes, mientras Podemos, que no alcanzaba el 1 %, perdía la representación que tenía desde hacía 10 años, a pesar del protagonismo mediático de Irene Montero y Ione Belarra en las últimas semanas y de la presencia de Pablo Iglesias en la campaña aragonesa. Cabe recordar que tanto CHA como IU-Sumar forman parte del grupo parlamentario plurinacional de Sumar. Pero, además, ese mismo día, uno de los principales partidos interpelados, Bildu, a través de Óscar Matute, rechazaba la idea de Rufián de crear un Frente de izquierdas en el Estado recordando que “el proyecto de EH Bildu es y será siempre por nuestro país: Euskal Herria y su gente”.
Matute señalaba el punto débil del planteamiento de Rufián. En el acto de Valencia, a su lado estaba, marcando territorio, el presidente del partido, Oriol Junqueras, que discretamente relativizó su propuesta. Junqueras recordó que “ERC ya practica una alianza plurinacional en las elecciones europeas con el BNG y Bildu porque, al ser una circunscripción única, este modelo de alianza tiene todo el sentido del mundo”. En cuanto a otros comicios, Junqueras se mostró únicamente “encantado de construir acuerdos, anhelos y formas de trabajar”: pero eso no es la alianza electoral de la que habla Rufián. Junqueras, en el fondo, siempre mira de reojo a Junts y teme que una alianza con fuerzas de ámbito estatal pudiera provocar un desgaste de ERC por el flanco independentista. Con estos condicionantes, si la línea roja fuera que no participaran ni Sumar ni Izquierda Unida, el proyecto no tendría viabilidad en comunidades como Andalucía o Asturias, sin olvidar los anticuerpos que genera ERC en territorios como el País Valenciano o Aragón.
Las izquierdas plurinacionales
Hay que escuchar a Rufián. Ha sabido ganarse un prestigio por sus dotes como comunicador y como portavoz de la indignación de mucha gente ante las injusticias que se producen cada día. No es un diputado clásico; es más fácil recordar sus tuits o sus intervenciones en plenos o comisiones de investigación criticando al adversario, que encontrar aportaciones significativas suyas en proyectos legislativos.
Parece que Rufián en Madrid, donde solo debía estar 18 meses hasta lograr la independencia de Catalunya, ha descubierto que le gusta la política española, aunque su voluntad de actuar en el ámbito estatal puede chocar con el papel que le reserva ERC. Si Rufián quiere colaborar en la construcción de una alianza de izquierdas y plurinacional en el Estado, será necesario que aporte cierta dosis de modestia y que no caiga en descalificaciones y afanes de protagonismo que tanto han perjudicado este espacio político. Y, sobre todo, será necesario aclarar si cuenta con el apoyo de su partido, condición indispensable antes de abrirse a otros sectores, o si estamos ante un proyecto personal.
Hoy, a la izquierda del PSOE, a pesar de todas las insuficiencias, no hay nada más sólido que la alianza que están a punto de anunciar Movimiento Sumar, Izquierda Unida, los Comuns y Más Madrid, un proyecto que tendrá que saber construir acuerdos, respetando la pluralidad más amplia que la que ha habido hasta ahora, con Compromís en el País Valenciano, Ara MÉS en las Islas, la Chunta Aragonesista en Aragón y otras fuerzas políticas. De hecho, la receta de la izquierda plurinacional forma parte de la definición del actual grupo parlamentario de Sumar en el Congreso; solo queda aplicarla con más convencimiento. Y esto no es incompatible con construir complicidades contra la extrema derecha y colaboraciones en tareas parlamentarias o de gobierno con partidos como BNG, Bildu o la propia ERC, pese a las dificultades objetivas para concretarlas en una coalición electoral.
Estoy convencido de que ante las próximas elecciones generales se producirá una movilización del electorado progresista para frenar un posible gobierno de PP y Vox. Ahora bien, esta reacción puede adoptar dos formas: la concentración del voto útil en el PSOE o un crecimiento de las izquierdas alternativas a partir de una propuesta muy diferente a los errores y renuncias de los socialistas; pero, para ser viable, esta segunda opción necesita la construcción de un proyecto unitario ilusionante que supere personalismos y la tentación de mirarse el ombligo.
Catalunya: Frente de izquierdas o Frente de Esquerra?
Este debate también se produce en Catalunya. Tanto Rufián como Joan Tardà han hablado de la conveniencia de un frente de izquierdas entre ERC, los Comuns y la CUP en las elecciones locales y en las del Parlament. No me molesta nada la idea de una suma de las izquierdas soberanistas; pienso que hay que estudiarla. Pero hay muchas incógnitas que aclarar. Cuando se habla en genérico todo parece fácil, pero cuando se quiere concretar se complica. Habría que pactar un programa electoral sobre el que podrían surgir inconvenientes derivados de las diferentes sensibilidades de los tres partidos. Y buscar la fórmula, siempre delicada, de confeccionar las candidaturas. ¿Primarias abiertas? ¿Elaboración a partir del resultado de las últimas elecciones en el mismo ámbito? ¿Aceptarían Elisenda Alemany en Barcelona ir detrás de un cabeza de lista de los Comuns, teniendo en cuenta que en 2023 los Comuns obtuvieron 9 concejales y ERC solo 5? ¿Cómo se haría la atribución de votos supralocales a las Diputaciones y Consejos Comarcales que la actual legislación complica cuando se producen alianzas diversas en distintos municipios? ¿Aceptarían los Comuns y la CUP que el candidato a la Presidencia de la Generalitat fuera Oriol Junqueras, tal como sugirió hace unas semanas Joan Tardà? ¿Participaría el alcalde de Girona, Lluc Salellas, de la CUP, que gobierna con Junts y ERC y que contraprograma la idea del frente de izquierdas con la propuesta de una candidatura de los partidos independentistas?
El tema es suficientemente atractivo e importante como para que quien quiera impulsarlo aclare primero de qué estamos hablando y actúe después con discreción. No se trata de provocar frustraciones ante la ciudadanía que pueda ver con buenos ojos un proyecto unitario. Y, sobre todo, hay que despejar las dudas sobre si la Operación Rufián no pretende incrementar su prestigio personal o, como pasó con la Operación Roca y CiU, fortalecer el proyecto de ERC por encima de un posible Frente Amplio. O si se trata de ambas cosas. En cualquier caso, no es lo mismo un Frente de Izquierdas que un Frente de Esquerra.


