La realidad informativa sobre Barcelona vive en una distorsión permanente entre lo que se vende y el rostro más crudo del presente. Hará pocas semanas apareció en librerías La ciudad de las luces muertas, una de las peores novelas jamás escritas sobre nuestra protagonista.
La afirmación es muy osada, aunque quizá más ha sido que su autor, David Uclés, se atreviera a ofrecernos semejante despropósito que vende bajo las premisas de un supuesto realismo mágico con aires de encargo más allá de su triunfo en el Premio Nadal.
Lo digo porque la suma de nombres puede oler a esa idea, iniciada con la presencia barcelonesa en la FIL de Guadalajara, de revisar el canon literario de la capital catalana, pero es que aquí, directamente, asistimos a una operación con aires de Inteligencia Artificial vendida como gran celebración hasta por el alcalde, quien no dudó, en su afán de ser el más moderno desde cierta vacuidad, en ponerse la boina del autor.
¿Dónde queda la Literatura de Autor sin todos esos tintes populares que no deben venderse como de gran altura? No debe interesar porque, al menos antes, era el gran vehículo de denuncia; podría serlo también ahora, más en este instante donde ciertos logros, como la disminución de los delitos, no pueden ocultar otros tantos desastres, como el aumento del narcotráfico o la perpetuación de núcleos invisibles que, sin piedad alguna, destruyen el tejido identitario.
Y eso no es ninguna fantasía, sino más bien un realismo palpable que para conocerlo debemos visibilizar, no sin antes caminarlo a fondo, analizándolo desde la mirada.
En esta ocasión lo presentaré bajo tres ejemplos. Las fotografías que acompañan el texto no corresponden al presente y quizá hasta sea mejor si incitan a los lectores a visitar los espacios.
Si las imágenes son de un pasado reciente es por cómo, a veces, ese no existir en el hoy hace que los lugares retornen cuando uno menos se lo espera. Es el caso del carrer de la Colònia Bausili en la Zona Franca, oculto porque su morfología la esconde si no vas adrede a admirarlo.

Su estructura es la de viviendas para la clase trabajadora de finales de los años veinte, cuando no muy lejos se habilitó uno de los cuatro polígonos que la Dictadura de Primo de Rivera construyó para disminuir la miseria habitacional de los recién llegados entre las obras del Metro, la inminente Expo del 29 y el efecto llamada.
La Colonia Bausili dio techo a los trabajadores de una fábrica de estampados que tuvo varios mandamases. En 2023 sus vecinos me recibieron entusiastas. El pasado domingo fui con alumnos de un grupo de paseo y hallamos casi todas las puertas tapiadas. Un paseante me dijo que quieren convertirlas en oficinas, terminándose su historia centenaria. La única esperanza es que tan particular conjunto sobreviva desde su nueva función, lo que sería una doble buena noticia, pues una forma de mantener las bellezas de antaño, el tan desdeñado pequeño patrimonio, es reconvertirlas para que puedan mantener su vigencia en nuestro extraño siglo.
En la otra punta de Barcelona un director comprometido, pero con escasísimo público, presentó en el Festival de Donosti su última obra, Historias del buen valle, donde habla de Vallbona, apartado e ignoto, diríase una Clota enorme con mucho verde, algunos bloques y la presencia del Rec Comtal junto al tren.

Quien siga estas páginas escritas por servidor desde hace años sabrá que soy de los pocos que ha hablado de este barrio a fondo. En los últimos tiempos se observa movimiento, pero no es de mejora del lugar, sino por la necesidad de ajustar los ferrocarriles a nuevas perspectivas, anteriores a la enorme y catastrófica crisis del servicio de Rodalies. Pasas con la locomotora por su linde y ves la pérgola fotovoltaica, las casas al lado del antiguo canal medieval y nada parece obedecer a cumplir las reivindicaciones vecinales, tampoco las mías, consistentes en dar dignidad patrimonial a la Granja del Ritz, una ilustre ruina proveedora del hotel que se rebautizó como Palace.

Esos vestigios desaparecerán, quizá sean un parking o nuevas viviendas de obra nueva, las tres palabras que tanto llenan a las autoridades municipales, entusiastas en demoler para edificar. Ojalá lo propuesto en La Verneda muestre mejor el tramo de la riera de Horta y libere la masía de Can Riera, que es el embrión de muchas barriadas por la actividad de sus propietarios, de estar dentro de un aparcamiento increíble que la tapa mientras permanece tapiada.

Can Riera volverá tarde o temprano, pero la trilogía de esta semana nos desplaza al carrer de Llança, que no remite a una localidad costera como muchos piensan. En su número 20 se halla la casa de la Papallona, proyectada por el maestro de obras Josep Graner, uno de los grandes de no tan serie B de la arquitectura barcelonina.
El inmueble va camino de ser la nueva casa Orsola. A fecha de enero de 2026 los fondos de inversión ostentan 68 fincas del Eixample, destinándolas a alquileres de temporada, aunque les gustaría poseer más de seiscientas. Ello conlleva crear colmenas habitacionales y expulsar sin pestañear a los vecinos. Por suerte, las asociaciones y los sindicatos, aquí los de Llogateres y el d’Habitatge Socialista de Catalunya, se mojan en defensa de los inquilinos de una mariposa que ya se derribó en Granollers.

En Barcelona su hálito, su sueño de un futuro más justo, radica en la fuerza del colectivo. El Capitalismo voraz de la centuria, respaldado desde la inacción de muchos partidos y representantes políticos que son inoperantes en esta legislatura, debe ser combatido desde la unión de los ciudadanos. La papallona debería ser una punta de lanza dentro de estas variantes que aquí hemos exhibido, del vaciar el legado industrial a no trabajar por las periferias más extremas, todo en una Ciudad de luces muertas que no son las de la poética barata tan en boga, sino más bien las de una Realidad cruel que vacía los apartamentos y aniquila toda la Historia de nuestra contemporaneidad, forjada a base de sueños sin postales porque sólo aspiraban, como nosotros, a vivir desde una belleza sostenible, hermosa por coser una trama entre generaciones.


