Todos los que hemos compartido amistad, profesión y experiencias con Carlos Pérez de Rozas hemos descubierto que formamos parte de un club muy grande. Y hemos descubierto también que la historia de cada uno de nosotros con Carlos era única. Lo explicó Concita de Gregorio, ex directora de L’Unità y ahora columnista de La Repubblica: “Carlos hacía que te sintieras especial porque tenía una amistad individual para cada uno de nosotros”.
Así lo reflejan los numerosos artículos publicados sobre él. En conjunto, conforman, no sólo un homenaje, sino una pieza ‘colosal’, ‘magnífica’, ‘grande, grande, grande’, que diría Carlos, para reivindicar la bondad y una manera de entender el ejercicio del periodismo. Juntos constituyen su última gran clase.
Emilio Pérez de Rozas, su hermano, se lamentaba de que Carlos no pudiera leerlos, que no pudiera sentir el reconocimiento colectivo en que se convirtió el funeral. Y en pocas ocasiones esta sensación ha sido más compartida. Cada amigo le había declarado que era un personaje ‘magnífico’. Pero ni la profesión ni la academia lo habían hecho, aunque Carlos Pérez de Rozas fue clave en dos momentos decisivos de la historia de la prensa catalana, la creación del innovador modelo de El Periódico, en 1978, y la renovación, en forma y fondo, de La Vanguardia, 1989.
Después de haber sido alumno suyo y de haber trabajado juntos más de treinta años, en El Periódico y La Vanguardia, estoy convencido de que su principal aportación al periodismo va mucho más allá del arte, del diseño y la fotografía. Tenía una mirada y un instinto únicos para captar la belleza y la fuerza periodística de la imagen, pero su gran mérito estaba en crear un clima positivo en las redacciones, que hacía que todo el mundo aportara lo mejor de sí mismo a la obra colectiva que es un diario.
Juanjo Caballero, parafraseando a Valdano, siempre dice que una redacción, como un equipo de fútbol, es un estado de ánimo. Yo añadiría que una buena clase también. Y Carlos dio muchos ánimos a cientos de alumnos y de redactores a lo largo de su vida. Viví la marcha de Carlos de El Periódico, cuando fue a El País, y después de La Vanguardia. En ambos casos, el vacío que dejó en las redacciones fue inmenso. Diría, sin miedo a exagerar, que nada fue igual a partir de entonces.
Carlos hacía que el estado de ánimo de sus redacciones fuera de una intensa libertad creativa, que iba más allá de la dirección de arte. Tanto, que resultó insoportablemente incómodo a quienes querían una redacción silenciada y temerosa. Así, Carlos Pérez de Rozas, el genio que había revolucionado los dos grandes diarios de la ciudad, se vio corrigiendo, en una mesa apartada, el suplemento de Motor de La Vanguardia, como antesala de su adiós forzoso del diario.
Antonio Franco, su amigo del alma, habló en el funeral de las “cornadas” que había recibido un “hombre profundamente bueno” como Carlos. Porque, desde su bondad, no podía concebir que, en la vida y en la profesión que tanto amaba, también existía la maldad. Como ya la sufrió en su primer trabajo, en Destino, donde intentaba descifrar los manuscritos de Josep Pla.
Los artículos, y las palabras escuchadas en el funeral, son una reivindicación de la bondad y el periodismo, dos palabras que deberían ir siempre unidas. Porque sin ética no hay periodismo. Esta es la última gran lección de Carlos Pérez de Rozas, que nos debe ayudar a llenar el gran vacío que nos deja. Aunque nada es comparable con la pérdida de los que más le querían. “Hemos perdido – se lamentaba su hijo, Carlos – a quien hubiera sido un abuelo extraordinario”.
Recuperamos, pues, aquellos artículos que recuerdan su presencia colosal entre nosotros

El sereno de mi vida
Emilio Pérez de Rozas – (El Periódico) No se ha ido mi hermano. Ni el esposo de Carmen. Ni el padre de Carlos. Ni el amigo de Antonio. Se ha ido el sereno de nuestras vidas, el que procuraba que no nos saliésemos de madre
Última noche con Carlos
Albert Martín – (La caverna azulgrana) Ha habido veces que te ha faltado el oxígeno, que ibas a desplomarte de tanto reír, con tus amigos le habríais manteado porque aquello era un artista desbocado y a los artistas se les aplaude
Un periodista entusiasta
Joan Tapia – (El Periódico) Carlos Pérez de Rozas inyectaba siempre optimismo en el proyecto que tenía delante
CPR
Rosa Mundet – (La Vanguardia) En la sección le llamábamos el CPR, su nombre de guerra, fue un buen jefe, uno de aquellos que disfrutan el trabajo que hacen, que lo hacen con entusiasmo y lo saben transmitir a su equipo. Sabía lo que era importante y donde poner los esfuerzos, eso es una virtud que tienen las personas que son miopes, porque sólo ven aquello esencial. Y CPR, que era miope, nos iba marcando los puntos esenciales
Tres veces difícil
Santi Nolla – (La Vanguardia) Carlos se fue después de un colosal partido de golf, un viaje sensacional y una cena fantástica, dejándonos a todos vacíos de entusiasmo. Fue un maestro del fotoperiodismo, un profesor admirado y querido por todos los alumnos que pasaron por su clases llenas de energía, diversión y enseñanzas siempre innovadoras
Grandiós
Manuel Cuyàs – (El Punt Avui) Ens vam fer amics perquè era impossible no ser amic d’en Carlos: t’abraçava, feia salts d’alegria quan et veia, s’aixecava com impulsat per una molla si estava assegut…
Se ha ido uno de los nuestros
Màrius Carol – (La Vanguardia) Cuando conocí la noticia de que Carlos nos había dejado, sentí una tristeza inmensa. Se ha ido uno de los nuestros, un personaje vital, que no borraré de mi móvil. Es una manera de mantenerlo vivo en el recuerdo
El periodista que no necesitaba escribir
Walter Oppenheimer – (El País) Carlos Pérez de Rozas, ‘Carlitos’, fue sin duda uno de los primeros fotógrafos que dieron a la profesión el salto cualitativo que les convirtió en fotoperiodistas
Muere Carlos Pérez de Rozas, diseñador de periódicos, colega desbordante en amistad
Xavier Vidal-Folch – (El País) Qué extraño. No podrá hablarnos en su propia despedida. Él, que ha enhebrado tantas veces nuestro adiós colectivo, con cariño infinito, con adjetivos maravillosos, con pasión desbordante, con complicidad íntima y fiera a hermanos, parientes, amigos, colegas
Carlos Pérez de Rozas, passió i amistat
Toni Vall – (Ara) Tenia un coneixement enciclopèdic i la capacitat per transmetre’l amb emoció
Cuando un periodista es portada
Ramon Besa – (El País) Nada resulta más descorazonador en vida que ver a Carlos Pérez de Rozas muerto, quizá porque nadie se lo imaginó nunca quieto, ni siquiera dormido; tal que fuera un periodista de película, a veces incluso de dibujos animados, o si se quiere de cómic, de aquellos que no tienen edad, siempre presentes y persuasivos, de los que no hablan ni caminan, sino que seducen y saltan para anunciar las noticias, como debe ser para honrar al mejor oficio del mundo, en palabras de Gabriel García Márquez
Quan Carlos Pérez de Rozas i Huertas Claveria es troben al cel i es pregunten “ets feliç?”
Gabriel Jaraba – (Paios Catalans) A veure si ho sé explicar sense que sembli una batalleta de l’avi cebolleta: no és (no només) que en Carlos Pérez de Rozas fos una persona alegre, entusiasta, amical, optimista i afablement respectuosa, que anava sempre amb la rialla i la broma per tal que els companys despertessin del desànim. És que si això és percebut com una singularitat, tan gran que és el que més es destaca a l’hora de fer-ne la remembrança, és que la nostra professió ha canviat molt més del que ens imaginem.
La dignitat de Carlos Pérez de Rozas, el primer represaliat per Jordi Pujol
Gabriel Jaraba – (Paios Catalans) Algú podria pensar que era un juerguista ditxaratxero, segons algun dels perfils amicals que se’n dibuixen aquests dies. Però en Carlos va protagonitzar un fet històric del qual mai no ha volgut fer ostentació: va ser la primera víctima de la repressió ideològica que Jordi Pujol va exercir a la premsa catalana quan va començar a fer d’empresari, tot i que sempre per persona interposada
Carlos Pérez de Rozas, un profesional extraordinario
Antoni Maria Piqué – (El Nacional) Tenía que ser el corazón, claro, el asesino de Carlos Pérez de Rozas. Es lo que todos evocan a raíz de su muerte cuando rergesaba a Barcelona de un viaje con Carme y unos amigos. Es un recuerdo justo. Él lo entregaba todo —se entregaba él mismo— con una pasión, energía y entusiasmo inigualables. Inolvidables
Carlos, grande, grande
Pedro Madueño – (La Vanguardia) Con él desaparece un entrañable referente de una histórica saga del fotoperiodismo catalán. Recuerdo todavía el laboratorio de los Pérez de Rozas en un piso de la Ronda Universitat. Era como el camarote de los hermanos Marx. Un laboratorio donde en verano y debido a las altas temperaturas se revelaban las copias en ropa interior y con un delantal para evitar que los químicos salpicasen la piel
Y ahora, ¿quién nos abrazará?
Antoni Puigverd – (La Vanguardia) Ha muerto Carlos Pérez de Rozas y sus amigos, en vez de llorar por él, lloran por ellos. Implícitamente, muchas de las necrológicas que se han publicado en los diarios o en las redes sociales llevan estas preguntas incorporadas: sin Carlos, ¿quién nos abrazará cuando la suerte y el éxito nos ignoren?
El periodista superlativo
Sergi Pàmies – (La Vanguardia) Los abrazos de Carlos Pérez de Rozas eran un prodigio de calidez. Tenías que prepararte para recibirlos y siempre sorprendía su capacidad de ser generoso en elogios que sus abrazados casi nunca merecían. Que se haya muerto es un error del sistema
La Mirada de Carlos Pérez de Rozas: identificar lo esencial, sin una gota de frivolidad
Natalia Rodríguez – (El Diari de Tarragona) Irrepetible. Se nos ha quedado un mundo menos interesante, más triste y hoy estamos inmensamente más solos. Hemos perdido un periodista. Cada vez quedan menos, y sin ellos, vayan preparándose para lo peor
Carlos Pérez de Rozas: generoso, apasionado, irrepetible
José A. Sorolla – (El Periódico) Era un periodista que transmitía su pasión por el oficio, tanto en la Penya 6123 y en otras reuniones de colegas, como, sobre todo, en sus clases en las diferentes universidades en las que profesó


