Me reencuentro con el doctor Caffarena veinte años después de verle una única vez. Fue después de las cuatro o cinco horas de intervención a corazón abierto de mi hijo Martí, para decirnos que todo había ido bien. Martí nació con lo que se conoce como un canal auroventricular completo, una patología frecuente entre los bebés con síndrome de Down, y, según nos habían dicho los cardiólogos, si no se operaba antes de cumplir el año no viviría más allá de los 14 o 15. Por circunstancias diversas la cosa se fue atrasando y finalmente entró en el quirófano con ocho meses. Una de estas circunstancias es que uno de esos cardiólogos de Sant Joan de Déu nos aconsejó que nos esperásemos a que la intervención la pudiera hacer aquel médico del Hospital La Fe de Valencia que pasaba una vez al mes por Barcelona a realizar unas cuantas operaciones complicadas. Si fuera su hijo no lo dudaría, nos dijo. José Manuel Caffarena tenía entonces 37 años, una edad muy joven para un cirujano especializado en el corazón de los recién nacidos, pero la fama ya le precedía. Hicimos caso. Le esperamos.
Durante estos dos decenios, mi hijo ha tenido revisión de corazón prácticamente cada año. Y en cada ocasión, después de mirarlo arriba y abajo con el ecógrafo, el cardiólogo de turno ha dejado ir el mismo comentario: “Este corazón quedó muy bien”. Por eso es difícil que un padre olvide el nombre del doctor que salvó la vida de su hijo (¡y la suya!). Y por eso he pedido una entrevista sin tener mucha idea de lo que quiero preguntar. Porque esto no es una entrevista, sino un agradecimiento. Es una excusa para decirle que tenía razón, que todo fue muy bien. Y que todos los buenos momentos que me han dado estos últimos veinte años no lo hubieran sido si no se hubiera cruzado en nuestras vidas aquel 4 de abril de 2001.
Hace unos años que Caffarena se instaló definitivamente en Barcelona, y ahora dirige toda el área del corazón del Hospital Sant Joan de Déu. Pero sigue operando a diario. Le llevo el informe de la operación, que obviamente no recuerda. Y le pregunto a cuántos bebés más ha operado. Se lo piensa. Dice que se decantó por esta especialidad en 1992, y que ahora operan (siempre habla en plural) unos 5-6 corazones por semana, pero que durante unos diez años podían llegar a hacer 10, que quiere decir 400 anuales. Continua con el cálculo mental y llega a la estimación de que por sus manos (y de su equipo) han pasado los corazones diminutos de unos 6.500 bebés, que son muchos más de los goles que ha marcado Messi en su vida. Y yo me pregunto por dentro cómo lo podríamos hacer todas estas familias para levantarle un monumento. Pero haré como que lo entrevisto.
¿Cómo llega a dedicarse a esto?
Primero es por vocación, que me inculcó mi padre. Él fue uno de los pioneros en la cirugía de corazón de este país. Hablamos del Madrid de los años sesenta, y él estuvo en uno de los centros donde empezó todo esto. Uno fue en Barcelona, con el doctor Massana, y otro en Madrid, con los doctores Rábago, Ortiguera y mi padre. Ellos desarrollaron la especialidad en el país y poco a poco la fueron expandiendo. Hablamos de adultos, la cirugía del niño en aquel entonces era prácticamente prohibitiva. O sea que mi infancia es ver a mi padre con sus libros, su biblioteca en casa, las películas que traía en formato V8, y así es como me fui enamorando de este trabajo. Hasta hoy.
Su padre traía películas a casa… ¿de sus operaciones?
Claro, para repasar lo que habían hecho. Y me apasionaba verlas. Me fascinaban tanto como los dibujos animados de los Picapiedra.
Pero usted se decantó por el más difícil todavía…
En la especialidad te formas en cirugía cardiovascular general, pero cuando terminé la formación me di cuenta de que en el mundo de las cardiopatías congénitas había mucho más que explorar, más retos. Ya había mucha gente que se dedicaba al adulto y esta cirugía había progresado mucho más rápido que la pediátrica, o sea que me apasionó por lo que suponía de reto y por la creatividad de la cirugía, cómo sobre un corazón tan pequeñito se podían hacer tantas cosas y cómo había tantos defectos estructurales tan diferentes y complejos. Y así fue cuando, al poquito de terminar mi formación, decidí dedicarme plenamente a los niños.
La comunicación con padres jóvenes que ven que peligra la vida de su hijo pequeño debe ser complicada.
Este es un matiz muy importante de nuestra especialidad. En cualquier cirugía del corazón existe el riesgo de que el paciente pueda fallecer. Es evidente que el motor luego tiene que volver a funcionar, y si no lo hace las cosas se ponen muy feas. Una característica muy importante de nuestro trabajo es que nosotros no podemos informar directamente al paciente, porque es un niño y no es capaz de asimilar lo que les vas a decir, y por tanto tienes que informar a los padres. Pero esa sensación de no estar informando directamente al paciente es difícil, porque hay que saber exactamente en cada momento ajustar muy bien la información para ganarte la confianza de los padres, que son los que al final van a decidir si tu hijo se va a operar aquí o allí. Por otro lado, acostumbran a ser padres muy jóvenes, y no es lo mismo estar informando a una persona con una cierta edad y más formada que a papás que están todavía en shock, porque les acaba de nacer un bebé con un problema de corazón grave, y además son muy jóvenes. El hecho de que un niño se tenga que operar de corazón y se pueda perder es muy difícil de asumir.
Lo pasas muy mal, lo sé.
Por lo que, además de la dificultad que tiene nuestro trabajo en el quirófano, hay una parte sensible que es mucho más fuerte. Por eso yo siempre les digo dos cosas a la gente que empieza a formarse en esta especialidad. La primera, dedicación absoluta o casi absoluta a esta profesión, porque están jugando con vidas de personas, luego no hay medias tintas. Dedicación absoluta que lógicamente tiene que ir acompañada de una vocación. Y, en segundo lugar, cualidades. Muchas se tienen que tener y las otras se van adquiriendo. Pero cualquiera no puede hacer con destreza esta profesión. Hace falta que se junten una serie de circunstancias para sacar a un cirujano que realmente resuelva los problemas y trabaje con unos resultados efectivos. En esta especialidad los malos resultados se te comen.
¿A qué se refiere?
Pues que tienes que hacer tu trabajo con eficiencia y unos resultados óptimos, disminuyendo los tiempos para que físicamente tu puedas aguantar. Porque imagínate lo que supone si los niños que operas no van bien, se complican en la UCI, entran en fallo cardiaco, alguno puede que fallezca, otros tienes que reoperarlos porque han quedado con defectos importantes… eso es insoportable, no lo puede aguantar nadie. Eso es una carga asistencial y además hospitalaria que al final te tienes que apartar. Por eso a los cirujanos que empiezan les digo siempre lo mismo: dedicación prácticamente absoluta en tu vida durante los próximos 20-25 años, vocación y cualidades. Las cualidades seguramente las tienes porque has llegado hasta aquí, pero hay que desarrollarlas a base de mucho esfuerzo, trabajo, compromiso y estudio. Yo, como jefe de este equipo, no me puedo permitir el lujo de poner la vida de ningún niño en manos de una persona que yo considere que pueda ponerla en peligro. Hay unos peldaños en el proceso de formación que hay que ir pasando y eso nos toca controlarlo a los cirujanos senior, para que los jóvenes se puedan formar, pero sin riesgo para los pacientes.
O sea que dedicación absoluta y cualidades. Pero lo de las cualidades no me ha quedado muy claro.
¿Por qué los pintores pintan o los tenistas juegan al tenis? Seguro que se han preparado mucho, pero luego hay algo innato en un pintor o en un músico, ¿no? Pues en un cirujano exactamente igual. En un cirujano cardiaco infantil también hay algo innato. Hay algo que se lleva dentro y en algunas personas coge más expresión que en otras. A veces he tenido conmigo a gente formándose con una gran vocación y una gran dedicación, pero quizás le faltaban un poco esas cualidades para los retos y exigencias que tiene nuestra cirugía, y entonces tienes que hacerles ver que no tienen que intentar llegar a pasos más complicados sino quedarse en el nivel donde estén a gusto y la vida del paciente esté asegurada.

Debe ser de las pocas profesiones donde la plenitud se alcanza muy mayor. En España hemos tenido presidentes con cuarenta y pocos años, y en gobiernos autonómicos de treinta y poco. Esto en medicina debe ser impensable…
Absolutamente impensable. En cirugía pediátrica, que engloba desde el recién nacido –incluso hacemos algunos tratamientos intrautero– hasta el resto de la vida del paciente, en todo ese periodo tenemos que estar actuando nosotros, y para llegar a una cualificación como cirujano cardiaco de cardiopatías congénitas como mínimo hay que pasar cinco o seis años de especialidad, más otros cinco años de especialización en cirugía cardiaca infantil, para tener una acreditación y poder operar niños del corazón. Estamos hablando de una formación que, si incluimos la carrera de Medicina, es de un mínimo de 15-16 años. Esto es lo que necesita un cirujano cardiaco infantil para operar con soltura y de forma autónoma. Aquí no hay medias tintas. Los errores se pagan.
Alguna mala noticia le habrá tocado dar en todos estos años.
Claro, si no tendría una varita mágica. Pero sí que podemos reportar que en este centro las cifras de mortalidad oscilan entre el 0,5% i el 1,5% anual, que son unos resultados equiparables a los mejores centros del mundo, y eso en Sant Joan de Déu lo tenemos desde hace muchos años. Y por eso esta institución tiene el prestigio que tiene en el área del corazón y el campo de las cardiopatías congénitas, y por eso recibimos pacientes de toda España y también internacionales.
A los cirujanos que empiezan siempre les digo lo mismo: dedicación prácticamente absoluta durante los próximos 20-25 años, vocación y cualidades
Leí hace años que intervino a un neonato de muy pocos meses con éxito…
Hemos intervenido ya a varios. A veces se junta la cardiopatía congénita, estructural y compleja, que precisa un tratamiento nada más nacer, con un bebé que nace prematuro, es decir, que la gestación no está terminada, y además con bajo peso. Y de repente te encuentras en la incubadora de la UCI neonatales con un bebé que pesa 1,100k, que tiene 36 semanas de gestación y que además tiene una cardiopatía muy compleja. Y que si no se hace algo no va a sobrevivir. Y hay veces que hemos tenido que trabajar en esas condiciones, lo que es rizar el rizo de la dificultad. Pero hemos tenido buenos resultados.
Si lo recuerdo bien, la intervención de mi hijo tenía un riesgo del 20 o el 30% de mortalidad. ¿Hoy ya no tienen riesgo estas intervenciones?
Tu hijo nació con una cardiopatía que es frecuente en la trisomía 21, y es que hay un defecto de los cojinetes del corazón y no se septa bien el corazón y se produce lo que se llama comúnmente un canal auriculo-ventricular completo, que entraña también la formación de una sola válvula entre las aurículas y los ventrículos. En el año 2001 era una cardiopatía compleja que en nuestro país tenía una mortalidad no despreciable. Hoy en día evidentemente la situación ha mejorado, ya no solo por nuestra experiencia y habilidad quirúrgica y los medios que tenemos en el quirófano, sino que también ha mejorado la anestesia, los intensivos, la perfusión… todo lo que se mueve alrededor de una operación de corazón, y eso ha hecho que los resultados mejoren. Si entonces, en aquella época, un canal AV completo podría tener una mortalidad del 15-20%, ahora podemos estar hablando de un 2-3%, o incluso en centros de experiencia por debajo del 1%. Es decir, que el panorama en 20 años ha cambiado de forma muy importante.
Yo siempre le digo a la gente que se está formando que un cirujano cardiaco infantil no está definitivamente formado y hecho hasta que no domina bien la cirugía del canal auro-ventricular completo, porque es un defecto estructural del corazón que entraña todos sus elementos: aurículas, ventrículos, válvulas, tracto de salida… Es una cardiopatía que distingue al cirujano cardiaco que ya está preparado y formado, y que se mueve bien dentro de ese corazón y no se deja dominar.
¿No se deja dominar?
A veces la cirugía cardiaca infantil es como una lucha, tu tienes ahí un corazón que va a intentar ponerte a prueba en todo momento; es decir, empiezas a operar hasta el final, y va intentar ver por dónde te pilla, por dónde ve tus puntos débiles, y conforme vas teniendo experiencia y formación todos esos defectos que vas viendo, porque no hay dos canales iguales, todas esas anomalías que te vas encontrando, las vas entendiendo mejor y sabes mejor cómo tratarlas.
Pero con la edad supongo que esa precisión va a menos… al menos es lo que se ve en las películas de médicos.
Claro que sí. Desde que empezamos la formación hasta nuestra jubilación es como una campana de Gauss: empiezas subiendo, ganas experiencia, habilidad quirúrgica, cualidades, y llega un momento que tus conocimientos y cualidades las has desarrollado al máximo, por lo que la campana se aplana, y allí estás mucho tiempo, y luego llega un momento del impacto inexorable de la edad: tu experiencia sigue, tus conocimientos siguen, pero tu destreza manual, tu resistencia en quirófano, tu habilidad quirúrgica lógicamente van disminuyendo, y es a partir de los 65 años cuando yo digo que ya un cirujano cardiaco infantil debe de dejar pasar al que tiene 50 que está a su lado, que seguro que lo ha formado y lo ha preparado y está ya hecho. Yo diría que entre los 50 y los 60 es cuando alcanzamos el máximo nivel.
Ha mencionado la resistencia en el quirófano. ¿Se refiere a la condición física porque las operaciones son largas?
No son solamente largas, sino también estresantes, hay que tomar decisiones muy rápidamente, en un segundo debes tomar la decisión de si abres por aquí o por allá, y si te equivocas lo puedes pagar caro. Y sí, muchas tienen duraciones muy largas. A veces hacemos reintervenciones, y son intervenciones que empiezan a las 8.30 y acaban a las 5 de la tarde. Tienes que tener resistencia a todos los niveles. Física y mental. Y estar preparado para estar a veces siete y ocho horas. Eso lo puedes hacer un día, pero al día siguiente, si ya tienes 65 años, te va a costar estar otra vez ocho horas en el quirófano. Por eso digo que hay una determinada edad en la que evidentemente el conocimiento y la experiencia es muy importante, pero tal vez la habilidad, la resistencia la preparación al estrés ya va bajando.
Si no estás bien físicamente tampoco debes poder pensar con claridad.
Efectivamente. Fíjate en el contraste con la política. Una persona que no ha trabajado nunca en nada o no ha tenido nunca ningún cargo de responsabilidad puede llegar a ser ministro, pero aquí hablamos de vidas humanas. Sería impensable. Aquí se imponen tus resultados. Y más en esta especialidad. Porque un mal resultado puede ser que al paciente haya que reoperarlo, o que se quede con una lesión cerebral, o que se quede con un corazón fundido que haya que trasplantar dentro de cinco años, pero es que un mal resultado también puede ser que el paciente no salga del quirófano, y eso es insoportable para un centro. Por eso, un cirujano cardiaco, o es bueno y lo hace bien o no puede continuar. Hay políticos que pueden estar años y años haciendo barbaridades y no pasa nada.
Nunca entendí una cosa: si le reconstruyeron las cavidades internas a un corazón de ocho meses, ¿por qué sigue sin problemas si ahora es mucho mayor?
El material sintético protésico que se coloca para cerrar los defectos intracardiacos lógicamente no crece, ese material está ahí y tiene el mismo tamaño ahora que tenía en su momento cuando se colocó. Pero el resto del corazón, sus tejidos autólogos sí van creciendo. Si ahora viéramos ese corazón y quitáramos el parche que nosotros colocamos, en aquel momento podía suponer las dos terceras partes del defecto de las aurículas y ahora sería una quinta parte nada más, porque el resto del corazón del tabique sí ha ido creciendo y ese agujero se ha hecho proporcionalmente mucho más pequeño con respecto al tamaño del corazón. Pero claro, eso ocurre porque ya está cerrado, en el caso de que no estuviera cerrado la proporción no cambia y por eso los pacientes acaban desarrollando insuficiencia cardiaca, hipertensión pulmonar y se mueren. Un paciente con un canal AV común completo en el mejor de los casos, sin tratamiento, podría vivir hasta que vaya desarrollando un síndrome de Eisenmenger, una hipertensión pulmonar retractaría irreversible que acabe provocando una insuficiencia cardiaca y la muerte. Puede variar, pero más allá de los 14-15 años no sobreviviría, es imposible.
Así nos lo explicaron entonces. No había más opción que operar.
La verdad es que este hospital ha desarrollado una capacidad brutal en torno a esta especialidad, se ha volcado en ella y ha destinado un montón de recursos, tanto a nivel quirúrgico como cardiológico, tenemos unos quirófanos, unas salas de hemodinámica, unos cortex, unos laboratorios, una sala de radiología, una de diagnóstico por la imagen… de primerísimo nivel todo. Y todo eso acompañado de una estructura de médicos, de material humano, de altísimo nivel. Y, es justo decirlo, la apuesta tan fuerte que ha hecho Sant Joan de Déu es lo que le convierte en uno de los centros más importantes de España y de Europa en esta especialidad. Esto es un mérito del hospital y del gerente el hecho de haber visto la posibilidad de incentivar determinadas áreas que necesitan unos recursos especiales para al final conseguir unos resultados también especiales.
A los políticos les diría que valoren mucho a los especialistas y a los sanitarios que tienen en este país, y que les tengan como referencia de lo que deberián ser ellos: responsabilidad, dedicación, vocación, preparación, formación…
Alguien criticará que la gestión es privada…
Yo no puedo estar más lejos de esa teoría. Nosotros somos un hospital concertado, y los recursos que se utilizan por el concierto consiguen descongestionar los otros hospitales públicos para que también en esos hospitales haya más recursos. Y este hospital lo que hace es potenciar una especialidad por encima de las posibilidades que quizás pueda tener la sanidad pública, ya que también destina unos recursos propios, muy especiales, a desarrollar esta especialidad al máximo, con lo que yo creo que son cosas que se complementan y que se potencian mutuamente. Si al final tenemos un concierto aquí y se paga un forfait por tener a un paciente en este hospital, el hecho de tener una gestión privada al final consigue que el costo sea muy bajo, porque aquí se trabaja mucho la eficiencia, mientras que en un hospital público se trabaja la calidad pero no tanto la eficiencia. Con lo cual al final para la administración es un ahorro concertar con nosotros, porque un paciente operado aquí le sale barato.
¿Dónde más se hace cirugía cardiaca infantil en Catalunya?
En este hospital y en el Hospital Vall d’Hebron. No hay más. Y por eso digo que no es una privatización de la sanidad y que este hospital tiene un rol tan importante que habría que llevarlo en volandas, porque aporta prestigio a la sanidad catalana y española el hecho de que este hospital haya conseguido las cotas de calidad asistencial que tiene. No solo en la cirugía cardiaca pediátrica, sino también en otras especialidades tan complejas y difíciles como puede ser la neurociencia pediátrica o la oncología pediátrica, entre otras. Eso lo que hace es enriquecer la sanidad, da igual que sea pública o que sea privada, y todos los catalanes nos tendríamos que sentir es orgullosos de tener un hospital como este, que es una verdadera referencia nacional e internacional.
¿El covid les ha afectado?
No directamente, pero nos ha afectado. Afortunadamente el virus ha respectado a la población pediátrica y, asombrosamente, los niños con defectos congénitos son igual de resistentes al covid que cualquier otro niño normal. Y hemos tenido niños que han dado positivo y eran completamente asintomáticos, como el resto de la población pediátrica en general. Sin embargo, sí que nos ha afectado desde el punto de vista de la ocupación hospitalaria, porque hemos tenido que dedicar camas de intensivos a traer pacientes cuando las UCIS estaban llenas en otros hospitales, y a causa de ello nosotros hemos tenido que bajar nuestra actividad porque todos los pacientes que operamos van luego a las UCIS, y había que dejar las camas libres para pacientes con aplicación grave de covid.
¿O sea que la UCIS se ha usado para adultos que venían de otros hospitales?
Así es. La conselleria dijo que aquí había que guardar un sector de camas para adultos que no nos quepan en otros hospitales; en la época aguda aquí hemos tenido todas las camas llenas, y aún había cinco o seis hace unas semanas.
Con lo que eso habrá obligado a posponer intervenciones.
Claro, aunque al final el año pasado la actividad en cirugía cardiaca infantil solo bajó un 20%. Que para la afectación tan brutal que hubo creo que es una bajada relativamente pequeña, pudimos mantener relativamente bien la actividad sobre todo gracias al hecho de que es un hospital puramente pediátrico. En los otros hospitales la actividad quirúrgica cardiaca infantil bajó al 40 y al 50%.
Si hay algún mensaje que quiera enviar a las administraciones, este es un buen momento.
Pues sí que quiero señalar algo. Afortunadamente nuestro estatus profesional ha mejorado mucho con la pandemia. Creo que el mundo sanitario ahora tiene un respeto y una consideración que antes no tenía, pero lo que yo les diría a los políticos es que valoren mucho, mucho, mucho a los especialistas y a los sanitarios que tienen en este país, y que los tengan como una referencia de lo que deberían de ser ellos. Responsabilidad, dedicación, vocación, preparación, formación… Estos valores en la política yo muchas veces no los veo. Y no quiero decir que no haya grandes políticos, que los hay, pero en general parece que no van a los intereses de todos, sino a sus intereses personal importándoles poco el daño que a veces hacen a la convivencia.



