“Es demasiado tentador sentirse de clase media y ser de clase trabajadora es muy deprimente. Mucha gente ha asumido el discurso de clase media aunque sus ingresos sean bajos ”, afirma Enric Casas Gironella, profesor de comunicación política y secretario de Imagen y Comunicación del PSC. Las profesiones históricamente “obreras” han disminuido con una España abocada a la desindustrialización y que sobrevive gracias a los servicios, que representan un 70% de la producción económica. Los grandes partidos políticos también hablan de la “clase media trabajadora”, una clasificación que funciona como un catch-all. En España el salario más frecuente no alcanza los 18.500 euros anuales. Pertenecer a la clase media tiene un factor aspiracional y en su indefinición consigue que casi todo el mundo se sienta identificado.
La renta es un factor determinante en su condición de clase, aunque no es el único. Los gastos de cada familia o lugar de residencia también son criterios a tener en cuenta, ya que no se vive igual con un sueldo de 1000 euros en Huelva que en Barcelona. Por otra parte, el nivel cultural o de estudios también ha fomentado la sensación de disolución de las clases sociales, porque al margen de tener un trabajo “calificado” en muchas ocasiones los sueldos no lo son. Aunque la tasa de paro es menor entre las personas con estudios superiores, nunca había habido tantos titulados en riesgo de pobreza en España. Se calcula que 1,2 millones de personas altamente calificadas viven en hogares con ingresos bajos, según los datos de la Encuesta de Población Activa, y un 15,3% están en riesgo de exclusión social, afirma una encuesta de Cáritas.
Por otra parte, la autorrealización también cuestiona que los ingresos sean el único determinante de la clase social. El propietario de un bar puede cobrar algo más que un catedrático, pero con jornadas laborales mucho más elevadas que revierten en una peor calidad de vida.
Durante los años 60 y 70, se entendía por clase media a las familias que se podían comprar una casa, tener un 600, hacer vacaciones o comprarse un televisor. A principios del siglo XXI, se asociaba a una seguridad económica que diera estabilidad al menos a un medio plazo. La revolución digital, que en el proceso de robotización pone en duda la continuidad de muchas profesiones, también cuestiona la estabilidad y seguridad económica, por lo que la indefinición de la clase media es cada vez mayor.
¿Qué es ser de clase obrera hoy en día?
“Antes ser de clase obrera te hacía pertenecer a un grupo social, que votaba y se organizaba de una manera concreta y hoy en día esto no ocurre”, afirma el politólogo Oriol Bartomeus. La constante individualización hacia la que se dirige la sociedad líquida actual ha redefinido el sentimiento de clase. Bartomeus defiende que desde la crisis de 2008 se habla de “clase media y trabajadora” porque “hay cierto retorno de sentimiento de clase trabajadora por el crecimiento de las desigualdades”. Aunque no se habla de la cultura de clase tradicional, la crisis ha frenado parcialmente el discurso de la desaparición de las clases sociales. Hoy en día queda más ligado a un factor identitario individual, que según Bartomeus, no supone “ni afiliarte a un sindicato, ni votar a un partido concreto, ni sentirte parte de ningún grupo”. Es la gran diferencia con el sentimiento de clase tradicional, que se producía en una organización social concreta, que hoy es mucho más líquida y volátil.
Artículo original de La Fàbrica Digital


