Joan Vinyets tiene una formación bastante diversificada. Es doctor en Comunicación Social por la Universidad Pompeu Fabra, licenciado en Antropología por la Universidad de Barcelona, máster en Diseño por la Domus Academy de Milán y graduado en Diseño por la Escuela de Arte de Vic. Dirigió la Escuela de diseño Elisava y la organización finlandesa dedicada a la innovación social Scope Impact. Apuesta por la innovación centrada en las personas e impulsa proyectos de experiencia y ayuda a los pacientes del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. Está convencido de que hay que feminizar la sociedad y lo explica en el libro ‘Un mundo en clave F’ (Eumo editorial), publicado este octubre.
¿Qué rasgos fundamentales debería tener un mundo en clave F?
El primero, que es el que se asocia tradicionalmente más a las mujeres, es la empatía, situarte siempre en el lugar del otro, en la piel del otro. El segundo, colaboración y tercero importante es la participación. Y en relación con ello, la reciprocidad, al final tenemos que ayudarnos unos a otros. Diría que el principal es la empatía porque permite que te abras a las necesidades del otro y, a partir de ahí, colaborar y participar.
Explica en el libro que ha habido etapas en la historia de la Humanidad con mayor preeminencia femenina. ¿Cuándo fueron?
Esto ha pasado en sociedades primitivas y también en sociedades indígenas donde esta idea diferenciada de roles –el hombre en la vertiente productiva y más social y la mujer en la vertiente del cuidado y en el ámbito puramente privado, doméstico– no se daba tanto. Hombres y mujeres colaboraban en temas del cuidado y productivos. Incluso, ahora existe un renacimiento en determinadas sociedades indígenas en Latinoamérica y África de querer recuperar algunos de estos roles y modelos, donde no existe esta diferenciación, que ha sido totalmente creada desde el punto de vista de la educación.
¿Por qué se ha de feminizar el mundo?
Para tener un mundo mejor. El mundo actual está muy fundamentado en un concepto de bienestar muy material y lo que más caracteriza a la mujer es el cuidado, cuidar. Si priorizásemos esta forma de hacer pasaríamos de un sistema centrado sólo en la acumulación material a un sistema más centrado en el cuidado, en el bien común. Otros autores ya han escrito al respecto.

¿Y quién debería feminizar a la sociedad?
Es una labor de todos. Ante todo debemos empezar a nivel de la educación. Uno de los grandes problemas que tenemos es que entendemos el concepto de hombre y mujer como algo consustancial al hecho genético. No es así. Son modelos que hemos aprendido a través de la educación y, por tanto, desde la educación debemos hacer ver que no es una cuestión de ser hombres o ser mujeres sino de ser mejores personas y de promover mucho más las cualidades que tradicionalmente y por intereses se han asociado a la mujer pero que nada tienen que ver con la mujer. Incluso genéticamente hay cantidad de investigaciones que demuestran científicamente que en el cerebro hay más cosas que nos unen que no que nos diferencian. Nos diferencia un tres por ciento. Somos mucho más similares. Hay muchos niveles y el primer nivel es el de educar en estos nuevos roles, en estas nuevas formas de ser hombre y mujer que nada tienen que ver ni con el género ni con el sexo.
Los científicos aseguran que las mujeres tienen más desarrollado el hemisferio del cerebro y los hombres, el izquierdo
Esto es verdad, pero precisamente lo es porque las mujeres han desarrollado ciertos comportamientos que han llevado a ello. Hay estudios que dicen que el cuidado de un bebé, en los primeros meses, al no tener la capacidad de comunicar oralmente obliga a la mujer a desarrollar unas capacidades para intentar entenderlo desde los sentidos, las emociones… Esto puede hacerlo tanto un hombre como una mujer. El problema es que el hombre no lo ha practicado. En Suecia, el permiso de paternidad lo pueden tener tanto hombres como mujeres. Hay estudios que demuestran que los padres que han cogido permisos de paternidad largos, cuidando ellos de los bebés, cuando han vuelto a las oficinas han sido mejores managers, mejores directivos, mejores jefes. Acabas desarrollando una serie de capacidades y habilidades que difícilmente las tendrás si no te ponen en estas situaciones.
¿Qué garantías tenemos de que un mundo más feminizado sea mejor?
Garantías no tengo ninguna pero lo que sí podemos ver es que en sociedades primitivas, indígenas, que han sido mucho más colaborativas, se vivía mucho mejor. Por ejemplo, en el libro cito el caso de los swamish, pueblo indígena del norte de Estados Unidos. En 1858, el gobierno norteamericano quiso comprarles las tierras malpagándoselas y hay una carta publicada del jefe de la tribu al presidente de Estados Unidos donde le dice que la tierra no pertenece a nadie, la tierra no es de nadie, la tierra es de todos, todo está relacionado, todos somos parte de lo mismo, todos somos parte de ese sistema. En estas sociedades había mucho más bienestar que ahora. Había más respeto por las personas mayores. Los mayores tenían un rol importante porque representaban la experiencia y la sabiduría. Tenemos estas evidencias. No las tenemos de cómo esto cambiaría la sociedad actual. Lo que sí tenemos son ejemplos de otras sociedades en las que ha existido y ha dado lugar a un tipo de relación muy diferente entre personas pero también entre las personas, el entorno y el planeta. Mucho más respetuosa y menos depredadora.
En sociedades primitivas, indígenas, que han sido mucho más colaborativas, se vivía mucho mejor
Dice que crecimiento y felicidad no van ligados, más bien al contrario
A partir de un cierto nivel de bienestar material y económico, sobrepasarlo no comporta más felicidad. Varios estudios que menciono en el libro lo demuestran y también que las sociedades más felices son aquéllas que redistribuyen mucho mejor las riquezas, como, por ejemplo, los países escandinavos. Dinamarca, Noruega, Finlandia, Suecia,… países de siete, ocho o nueve millones de habitantes, donde se redistribuye mucho mejor la riqueza y cuando se estudian los índices de felicidad resulta que siempre salen al frente de todo. Hay una correlación que demuestra este hecho: no porque tengas más riqueza serás más feliz sino, por el contrario, lo que hace la felicidad es esa capacidad de redistribuir.
Cree que la crisis de la Covid ha demostrado que la feminización de la sociedad es posible y da buenos frutos
La ha feminizado en el sentido de que ha puesto en evidencia un comportamiento que tradicionalmente se asociaba mucho a la mujer. Durante un período vimos esta empatía de cualquier ciudadano hacia los profesionales de la sanidad, enfermeras, médicos, así como la colaboración, la necesidad de reciprocidad. Ellos dan, nosotros debemos ayudar, debemos ayudarnos entre todos. Estos comportamientos los tenemos todos, son innatos, lo que ocurre es que no los hemos desarrollado, no los hemos puesto en práctica.

Y ahora que la Covid ya no da tanto miedo como hace dos años, ¿hemos dado marcha atrás en esta feminización de la sociedad o se mantiene viva?
Se sigue dando. Depende de los contextos. Hay signos que indican que estamos yendo en esa línea. La pandemia ayudó a esto y existen determinados comportamientos que lo demuestran. Hay un crecimiento cada vez más fuerte de la economía circular y de las certificaciones que empezaron en Estados Unidos y que han ido llegando aquí, las B Corps. Es una certificación que evalúa el grado de compromiso social, de implicación y retorno de las empresas hacia la comunidad y hacia el planeta. Muchas empresas todavía no han dado el paso pero algunas lo van dando.
Confía en que los milenials, las personas nacidas entre 1980 y 2000, conducirán la sociedad hacia este mundo en clave F
Es una generación que está poniendo el propósito por delante del dinero. Les mueve mucho más una motivación intrínseca que extrínseca. No es que lo diga yo. Informes de consultoras y agencias importantes demuestran que muchos milenials elegirán antes trabajar en una organización que se alinea con sus valores que en otra en la que le pagarían igual o más pero sin esos valores.
Es una generación que está poniendo el propósito por delante del dinero
Pone como modelos el Ubuntu africano y el “vivir bien” latinoamericano
Varias cumbres se están planteando recuperar estos modelos sociales donde lo que se prioriza es el bien común y la idea de que debes preservar el entorno, que debes adaptarte a este entorno, y que deben ser sociedades muy más colaborativas en las que el concepto del cuidado es muy importante. Los dos modelos tienen coincidencias y promueven estas relaciones mucho más armoniosas a nivel de las personas con el entorno y a nivel de la propia comunidad.
No faltan voces que consideran utópicos estos modelos
Adaptado a nuestro contexto creo que iremos hacia ahí. Lo que pasa es que para que esto se produzca es necesario un cambio sistémico, debemos actuar a muchos niveles. Lo primero que debemos hacer -y lo dicen incluso premios Nobel- es ver cómo medimos el bienestar. Ahora la única medida que utilizamos es el PIB y el PIB sólo mide lo cuantitativo, no mide nada cualitativo, y, además, deja de lado toda la economía del cuidado, que no cuantifica. Toda la productividad que existe en el cuidado, de la gente mayor, de la familia, de los niños, no se contempla. El bienestar queda fuera. Por tanto, deberíamos empezar cambiando de indicadores. Lefebvre, cuando habla de bien común, plantea una serie de indicadores. Dice que, al igual que las empresas deben presentar unos números a nivel fiscal, ¿por qué no introducimos unos conceptos a nivel de bien común? ¿Porqué no tienen que presentar también unos números en los que veamos que realmente están contribuyendo al bien común, a la sociedad, al planeta? ¿Es posible? Sí. Debemos cambiar las herramientas y las primeras herramientas que hay que cambiar son las que nos ayudan a medir, y a partir de ahí ir incorporando otros elementos.
En el libro recuerda que El Foro Mundial de Davos calcula que serán necesarios 108 años para cerrar la brecha económica. Otros cálculos sitúan en cien los años que han de pasar hasta alcanzar la paridad de género. ¡Son muchos años!
Esto es lo que estos organismos dicen que pasará si no hay nada que acelere el cambio, si seguimos como hasta ahora. Por tanto, hay mucho camino por recorrer. Demasiado, desafortunadamente.

Tenemos un mundo muy desigual en lo que se refiere a su feminización. En Islandia, la paridad es del 88% y tenemos países, como Irán, donde matan a mujeres porque la policía de la moral dice que llevan el velo mal puesto. Los ritmos de feminización tienen que ser, a la fuerza, diferentes
Existe un componente de educación muy importante aquí. Si no lo trabajamos a muchos niveles, difícilmente lo cambiaremos. Esto requiere una sensibilización, una educación e impulsarlo a través de toda una serie de medidas que lo permitan. Estas paradojas las podemos tener. Este contraste lo vimos también con la pandemia. Los presidentes de España y Francia en la primera rueda de prensa que dieron a raíz de la pandemia salieron con soldados detrás, con sus grandes condecoraciones. Era todo bélico y hablaban de una guerra que teníamos que ganar. En cambio, en el mismo momento, en Islandia, Nueva Zelanda, Noruega, Finlandia, salían mujeres primeras ministras haciendo ruedas de prensa en escuelas con niños, reconociendo abiertamente que era la primera vez que se enfrentaban a un problema como éste, y que evidentemente lo hacían con miedo, con incertidumbres, pero decían que hay talento suficiente, que hay una sociedad dispuesta a colaborar y que sabían que saldríamos de esta crisis. Esta paradoja la hemos vivido.
Existe un componente de educación muy importante aquí. Si no lo trabajamos a muchos niveles, difícilmente lo cambiaremos
Hay hombres con comportamientos más feminizados que algunas mujeres. Mandela, dice usted, actúa de forma más feminizada que Margaret Thatcher
Es una imagen que utilizo en el libro precisamente para explicar el concepto de que estamos educados con la idea de opuestos, que masculino es opuesto a femenino, pero, en sociedades como Ubuntu no son opuestos, son un continuo. A mí me gusta, la idea del balance; a veces quizá actuarás más con lo que se asocia al hombre y a veces quizás más con lo que se asocia a la mujer. Mandela y Thatcher son casos paradigmáticos que demuestran que no porque seas una mujer estás actuando como una mujer y no porque seas un hombre estás actuando como un hombre. Es un buen ejemplo que nada tiene que ver con ser un hombre o una mujer sino con la forma en que te comportas, la actitud y los valores que tienes.
Reclama liderazgos más humanos, más feminizados. Menos del 7% de los líderes mundiales son mujeres
Aquí tenemos una brecha inmensa
¿Se puede conseguir una sociedad feminizada con el capitalismo actual?
Cambiándolo. Tiene que ser un modelo híbrido, un capitalismo que ponga en valor otras formas de hacer e incorporando unos indicadores que ahora no tenemos, que no se basen en la acumulación sino en esta idea del cuidado. Es posible pero tenemos que incorporar una serie de cambios. Si continuamos con los mismos indicadores, difícilmente podremos conseguirlo. En el libro menciono a dos profesores británicos que publicaron hace un par de años ‘How much is enough‘ (‘Cuanto es suficiente’) que pone en evidencia que ya tenemos suficientes datos y desde la economía ya se ha demostrado que este modelo de acumulación no tiene sentido y que, por tanto, debe ir hacia modelos mucho más redistributivos, colaborativos, cíclicos, la economía circular… Empieza a haber señales. Incluso el ámbito del management existen escuelas de negocio que están empezando a incorporar el concepto del trasformational leadership, la sostenibilidad en los modos de liderar. Ha empezado en Estados Unidos y está llegando aquí. Lo que ocurre, desgraciadamente, es que las escuelas de negocio son las últimas en incorporarse a estos temas.
Un capitalismo que ponga en valor otras formas de hacer e incorporando unos indicadores que ahora no tenemos, que no se basen en la acumulación sino en esta idea del cuidado
Esta feminización de la sociedad parece chocar con el crecimiento que estamos viendo últimamente de las propuestas populistas, nacionalistas, xenófobas,…
Es una realidad. Pero al mismo tiempo vemos que Brasil después de vivir la experiencia de Bolsonaro vuelve a otra vez a una opción socialdemócrata, más abierta. Evidentemente que, por un lado, hay signos alarmantes de que están subiendo estos extremistas pero, por otro lado, cada día vemos señales en el mundo de que hay cosas que van cambiando, se van produciendo cambios. Me gusta ser optimista-realista.

La mayoría de líderes de los movimientos populistas son hombres pero también hay mujeres como Marine Le Pen o Giorgia Meloni
En la medida en que hemos crecido en un modelo dominante masculino, muchas mujeres han pensado que la única forma de llegar al poder era intentar reproducir este modelo. Éste es el problema. Yo defiendo que hay otro modelo que tanto lo podemos incorporar hombres como mujeres y la idea, al final, es decir que si no cambiamos mentalidades y sensibilidades difícilmente cambiaremos nada. Al igual que con el tema de las cuotas. ¿Las cuotas son necesarias? Sí. ¿Son suficientes? No. ¿Qué es más fácil en una organización? ¿Imponer o poner en valor una forma de hacer que demuestre que si se utiliza puede aportar más beneficios, tener un mejor clima de trabajo y un equipo más colaborativo y creativo? Lo importante está aquí.
Muchas mujeres han pensado que la única forma de llegar al poder era intentar reproducir el modelo dominante masculino
Las cuotas dan resultados
Son necesarias, sino no habríamos llegado donde estamos hoy, aunque todavía queda mucho por hacer. Un poco lo que me llevó a escribir el libro fue que durante muchos años me he dedicado al tema de la innovación y el diseño, he trabajado con empresas de todo el mundo y me he dado cuenta de que las empresas creativas, que tienen más ideas, las que aportan mayor valor, son las que se ponen en la piel de los empleados, de los clientes, que tienen equipos de dimensiones reducidas que pueden colaborar más. Un caso paradigmático es la empresa Patagonia, muy competitiva pero a la vez muy respetuosa. Fue de las primeras que dijo que si sus productos tienen un desgaste o se han descosido no hace falta que compres uno nuevo. Puso en marcha un programa con las tiendas propias y las de los distribuidores donde se podían ir a reparar piezas de Patagonia. Además, cuando producía fuera de Estados Unidos podías tener toda la trazabilidad en su web y ver cómo trabajaban sus fábricas en México y en cualquier lugar del mundo. Esto es propio del cuidar. Hay modelos que te demuestran que es posible.
Hay que pasar de depredadores a cuidadores, dice. ¿Estamos dispuestos a hacerlo? ¿Cómo se aprende a hacerlo?
Se aprende cuidando. Se aprende, ante todo, poniéndote en el lugar que tradicionalmente hemos dado a la mujer. Por tanto, puedes cuidar a tus padres cuando son mayores, puedes cuidar a tus hijos. Se aprende así, poniéndolo en práctica. También puedes cuidar dentro de la empresa. Cuidar no es sólo en el mundo doméstico, familiar; también en el mundo de la empresa. Cuidar a los empleados, escucharlos, ponerse en su sitio, entenderlos desde su vertiente no sólo profesional sino también personal. Existe una investigación de la Universidad de Harvard que demuestra que, incluso en un mundo totalmente masculino donde impera la fuerza, en el momento en que se incorporan las formas de hacer más femeninas el índice de accidentes laborales desciende brutalmente. Durante x tiempo estuvieron en una plataforma petrolífera, donde el tipo de perfil de trabajador es el de hombre duro. Empezaron a incorporar mujeres y formas de hacer femeninas y vieron que con la introducción de formas de trabajo más colaborativas, menos jerárquicas, menos basadas en la autoridad y la fuerza, los accidentes laborales se habían reducido en un 85%. ¿Por qué? La manera tradicional, autoritaria, depredadora del hombre lo que hace es que acaba comportando acciones de quién es más duro, quién es más valiente y, por tanto, esto puede llevar a negligencias, acciones peligrosas. En cambio, cuando incorporaron las otras formas de hacer se tomaba todo con mucho más cuidado. Incluso en ese contexto hostil demuestra un gran impacto positivo.

Propone un Manifiesto para la feminización social con 15 puntos. ¿Recogería muchas firmas si las pidiera en las redes?
Se debería trabajar mucho a nivel de marketing. No te lo sabría decir. Por el eco que he tenido, por comentarios que he recibido, pienso que sí. Ha habido gente que me ha dicho que el libro le ha ayudado a reflexionar y que se animaría a incorporar algunas de sus ideas. No me atrevo a decir que lo firmaría todo el mundo.
Termina reclamando que el homo sapiens sea sustituido por el homo sapiens femeninus. ¿Le veremos, la veremos algún día?
Es un poco un juego de palabras. Me gustaría verlo. No sé si llegaré, porque el recorrido es largo y por edad, seguramente no. ¿Si en otros momentos de la historia ha habido maneras de vivir mucho más conciliadoras, porqué no pueden volver? Karl Polanyi hizo un análisis de diversas sociedades a lo largo de la historia en términos de input y output, siendo el input la cantidad de energía que hay que poner en un sistema, para sacar algún provecho, horas de cultivo, de productividad de lo que sea. Y demuestra con este concepto de input y output que, de hecho, las sociedades que mejor vivían eran las anteriores a las industriales e, incluso, a las agrícolas. El tiempo que dedicaban a actividad productiva era mucho menor y, en cambio, era mucho más alto el dedicado a ocio.
¿Si en otros momentos de la historia ha habido maneras de vivir mucho más conciliadoras, porqué no pueden volver?
Si le volviera a entrevistar dentro de diez años, ¿habríamos avanzado mucho en el camino hacia esta sociedad más feminizada que propone?
Si, por ejemplo, se cambian algunos indicadores a la hora de evaluar las empresas y si se pone en valor esta forma de hacer, creo que puede haber cambios sustanciales. Ya estamos empezando a ver algunos. Donde creo que el proceso será mucho más largo es a nivel educativo porque educar a las generaciones significa educarlas desde que se incorporan a la escuela y, por lo tanto, quizás tendrán que pasar veinte años. A nivel de causa-efecto, donde puede ser más rápido es en el ámbito de la empresa. Evidentemente, tiene que existir la voluntad de ir hacia ahí, claro.


