Las directrices del gobierno español eran claras: todos los ciudadanos deben permanecer confinados en casa y sólo se podrá salir a la calle para ir a comprar, ir a la farmacia, cuidar personas dependientes, para pasear las mascotas o por otras causas de fuerza mayor. Las personas sin hogar que duermen en la calle, sin embargo, no pueden seguir estas indicaciones, así como tampoco cumplir con las recomendaciones sanitarias para prevenir el coronavirus, como lavarse las manos con jabón o gel antiséptico.

Desde la Fundació Arrels denuncian que hay personas sin techo que han sido multadas y expulsadas de algunos lugares del espacio público, situación que califican de “surrealista”, ya que estas personas no pueden, por razones evidentes, confinarse . Estas situaciones problemáticas que se han desencadenado en los últimos días, según explica el director de la entidad Ferran Busquets, han hecho aumentar la ansiedad y la angustia de estas personas. “Muchas veces, las personas están a punto de salir adelante y aparecen multas acumuladas que dificultan mucho que la persona pueda seguir adelante”, afirma Busquets.

Aparte de esto, su situación de salud es muy delicada, por lo que se encuentran más expuestas al contagio. “Son personas que, en promedio, viven veinte años menos que el resto de la población. Además, el 30% de las personas sin hogar sufren algún tipo de enfermedad crónica”, explica el director de la entidad.

Medidas para atender a las personas vulnerables

El pasado viernes, la alcaldesa de Barcelona, ​​Ada Colau, anunció las medidas que se implementarán para atender a los colectivos más vulnerables en el marco de la crisis sanitaria. En primer lugar, El Ayuntamiento pondrá en disposición 200 pisos turísticos para alojar a personas sin hogar que viven en equipamientos Housing First que han tenido que cerrar debido a la aplicación de protocolos de seguridad. El acuerdo se ha llevado a cabo con el operador de pisos turísticos Apartur y el alojamiento será inicialmente durante dos meses, con los costes asumidos por la Administración.

También se abrirá un pabellón de la Feria de Barcelona, ​​de 6000 m² y capacidad máxima para acoger 1.000 camas, destinado a personas sin hogar, víctimas de violencia machista, familias recientemente desahuciadas u otros colectivos en riesgo. En un inicio, alojará 150 personas y luego se irán habilitando más plazas. Las comidas serán gestionados por la Cruz Roja. Colau explicó que en estos momentos el Ayuntamiento, con el apoyo del Ejército, está “trabajando para que en los próximos días se pueda habilitar el equipamiento con camas, mesas, sillas, duchas y todo lo necesario para que las personas puedan estar en condiciones dignas y cumplir con los protocolos sanitarios “.

Además, el consistorio también ha abierto tres nuevos equipamientos para acoger a personas sin hogar y en situación de vulnerabilidad: el Espai Pere Calafell, que tendrá una capacidad de 56 personas, un espacio gestionado en colaboración con la entidad Sant Joan de Déu que tendrá 30 plazas y un tercer equipamiento cedido por el Centre Assís, que tuvo que cerrar por un posible caso positivo de coronavirus entre el personal de la entidad. En este espacio se ha habilitado un servicio de duchas, lavandería y de reparto de comida.

Según la Fundació Arrels, las medidas impulsadas por el Ayuntamiento suponen un paso adelante para dar respuesta a la grave situación de las personas sin hogar, pero no llegan a todas las personas que viven en la calle. Desde la entidad, consideran que la mayor parte de estas medidas se enfocan a la acogida de personas que actualmente ya están en otros equipamientos, pero que las alternativas para las personas que duermen a la intemperie son pocas, teniendo en cuenta que la ciudad hay alrededor de 1.200 personas que duermen al raso. “Nuestra propuesta es abrir más espacios a la ciudad con un número reducido de plazas. Las personas sin hogar no quieren ir a espacios con mucha gente, porque ya han probado de alojarse en albergues y no son una solución efectiva”, expresa Busquets.

Medidas como las que se han implementado en la ciudad de Barcelona también se han introducido en otras ciudades, como Madrid, donde se ha habilitado, entre otros, un hotel y una pensión para alojar personas sin hogar y solicitantes de asilo. El Gobierno también ha introducido iniciativas para atender a estas personas, entre las que destacan el reparto por parte de las Fuerzas Armadas de kits de higiene y alimentación y el acondicionamiento de espacios amplios para alojar estas personas.

Las entidades sociales, adaptándose a la nueva situación

La alerta sanitaria ha supuesto también que muchas entidades que atienden a las personas más vulnerables hayan tenido que dar la vuelta su rutina e incorporar las medidas de prevención y protección recomendadas. Algunas, como la Fundació Arrels han tenido que reducir su actividad y sólo mantienen aquellos espacios imprescindibles para la atención a las personas sin hogar y otros, incluso, han tenido que cerrar porque no reunían las condiciones necesarias o porque se ha dado algún caso potencialmente positivo de coronavirus entre su personal.

Por ejemplo, el Centre Assís, que tuvo que cerrar, ha intensificado el servicio telefónico para asistir psicológicamente a las personas sin hogar y informarles sobre la situación. “Hemos recibido muchísimas llamadas de gente preocupada. Si nosotros, que estamos en casa, ya tenemos miedo, imagínate las personas sin hogar que están expuestas al contagio las 24 horas del día”, explica Roger Fe, educador del centro.

Para asegurar que las personas sin hogar puedan cumplir con las recomendaciones sanitarias, el Centre Assís ha puesto en marcha una campaña de micromecenazgo para recaudar fondos para poder hacer un ‘Kit de emergencia para personas sin hogar’, que contenga mascarillas, hidrogel desinfectante para manos, guantes, jabón, termómetro y otros productos necesarios para prevenir el coronavirus. La idea es organizar, por equipos de voluntarios, el reparto de estos kits a las personas sin hogar y en las entidades que atienden a estas personas.

Los comedores sociales también han tenido que adaptarse a las nuevas circunstancias. Durante estas semanas distribuyen bolsas con comida para llevarse a la entrada, en lugar de habilitar un espacio donde poder sentarse. Desde el comedor social de la Comunidad San Egidio, expresan que “la precariedad de las condiciones de vida de las personas sin hogar se ha agravado aún más en este periodo, debido, en parte, por el aislamiento dada la menor circulación de personas “, que hace más difícil que puedan recibir la ayuda necesaria. Según la portavoz de la entidad, Meritxell Téllez, estos días prácticamente se ha doblado el número de personas atendidas en el comedor social.

Y después del confinamiento, qué?

Las medidas impulsadas por las administraciones para atender a las personas sin hogar llegan para paliar su situación de emergencia, pero queda pendiente ver qué pasará con estas personas una vez hayamos superado la crisis sanitaria. “Cuando acabe el confinamiento todo volverá a ser igual. Los pisos turísticos volverán a hacer su negocio y las personas sin hogar volverán a la calle”, sostiene Roger Fe, del Centre Assís. Por eso, dice, hay que replantear cómo se gestiona el sinhogarismo. “Debemos preguntarnos si sólo buscamos gestionar la pobreza o erradicarla”.

La epidemia del coronavirus ha puesto de manifiesto la falta habitual de recursos para la atención de las personas sin techo. Los servicios sociales se encuentran desbordados y tienen un límite en su capacidad de actuación. Según Albert Sales, Investigador del Institut de Estudis Regionals y Metropolitans de Barcelona (IERMB), las autoridades deben incrementar los recursos destinados a estos servicios y esto debe hacerse con el apoyo de todas las administraciones. “Los municipios lo único que pueden hacer es atender a las personas sin hogar, pero no tienen capacidad para controlar, por ejemplo, el mercado de la vivienda o la precariedad laboral, que son algunas de las causas del sinhogarismo”, destaca. “La exclusión residencial es una problemática estructural y requiere soluciones de país”, añade.

La alerta sanitaria y la consiguiente crisis económica que vendrá provocará, según el investigador, que aumenten las personas que terminen viviendo en la calle en los próximos meses. La solución, dice, tiene que pasar por garantizar el acceso a la vivienda. “El problema de las personas sin hogar no es de techo, lo que necesitan no es una cama en un albergue, sino que se les asegure una vivienda”, señala. “Los albergues no son espacios para rehacer tu vida después de haber pasado por la calle. Esta crisis pone de manifiesto una vez más que un albergue no es un hogar”, concluye.

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