“Les falta cultura del esfuerzo” , afirmaba esta semana la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso en unas jornadas del PP sobre juventud. “Lo tienen todo y les falta tenacidad y paciencia”, añadía. El discurso meritocrático de la derecha donde se ata la riqueza al trabajar deja a un lado los factores estructurales como el lugar de nacimiento. “No creo que deben tener más derechos los que tienen más, pero tampoco creo que haya que señalarles por haber trabajado más”, afirmaba en la misma línea el secretario general del PP, Alberto Núñez Feijóo en un mítin el pasado mes de marzo.

La meritocracia simplifica el debate y justifica la pobreza con la excusa del esfuerzo. Entre 2020 y 2021 la pobreza laboral aumentó en un 17,9%, según el INEDos millones y medio trabajadores españoles están en riesgo de pobreza y no llegan a finales de mes . España es el segundo país de Europa con más trabajadores pobres, con las trabajadoras del hogar como principales afectadas. Lo que supone tener un trabajo ha cambiado. “El trabajo era una puerta a tener derechos, pero ha dejado de tener esta capacidad”, afirma el investigador Raúl Flores, sociólogo de la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada) en RTVE.

“El 90% de los que nacen pobres mueren pobres por mucho que se esfuercen, el 90% de los que nacen ricos mueren ricos al margen de lo que hagan o no por serlo”, aseguraba el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Con una sociedad sin igualdad de oportunidades, el estado del bienestar cobra relevancia con el objetivo de conseguir una mayor redistribución del capital y corregir las desigualdades estructurales del sistema. Un sistema de bienestar fuerte permite acceso a educación, sanidad o prestaciones sociales. El discurso meritocrático, por tanto, obvia las desigualdades sociales y entrega toda responsabilidad al individuo al margen de las condiciones de cada uno. Se plantea la vida como una carrera, sin tener en cuenta que no todos la comienzan en el mismo punto. Otra de las cuestiones es la concepción de éxito social. Antonio Maestre, ex subdirector de La Marea, afirmaba que “hay que darle la vuelta al término de éxito social con preceptos más humildes”, ya que, “nadie entiende el éxito como poder sobrevivir con tu familia tranquila y en paz, se comprende como Amancio Ortega: un Ferrari, tener un ático y piscina”. Una concepción que genera frustración “porque crea unas expectativas en la clase trabajadora que no se pueden cumplir”.

El nacimiento es el principal determinante en las condiciones de vida de los individuos y no el esfuerzo. El caso de Marta Ortega, hija de Amancio Ortega, como nueva directora del grupo Inditex, reabría el debate de la meritocracia el pasado mes de noviembre. Mientras se justificaba el pasado como dependienta de la nueva directora, muchos criticaban el falso discurso del esfuerzo. “La meritocracia son los padres, nunca mejor dicho” , afirmaba la directora general del Instituto de la Juventud.

 

Artículo original de La Fàbrica Digital

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