Barcos de las fuerzas armadas de Israel comenzaron a interceptar a los barcos de la flotilla Global Sumud en la tarde del miércoles 1 de octubre, en aguas internacionales a 80 millas (128 kilómetros) de la costa de Gaza. La flotilla está compuesta por más de 40 naves, con quinientos activistas. Desde el primer día, los convocantes sabían que este era el desenlace más probable, pero el objetivo de denuncia del genocidio a escala internacional ya se ha cumplido.
El primer barco interceptado fue el Ànima, uno de los principales de la misión y en el que viajaba la activista sueca Greta Thunberg. El Ministerio de Exteriores israelí informó que varios barcos habían sido “detenidos sin problema” y que los pasajeros estaban siendo trasladados a un puerto israelí. “Greta (Thunberg) y sus amigos se encuentran sanos y salvos”, añadió en un mensaje publicado en X.
La flotilla fue rodeada por barcos israelíes. Los activistas habían anunciado poco antes de perder las comunicaciones la presencia de más de veinte barcos “no identificados” en el radar. El ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, informó que “sus ocupantes serán trasladados a Israel para su posterior expulsión” y explicó que “la Armada israelí había contactado con las embarcaciones y les había pedido que desviaran el rumbo que llevaban hacia la Franja”.
Las cuentas de tripulantes de la flotilla difundieron vídeos y mensajes pregrabados anunciando su detención: “Si estás viendo este vídeo es porque Israel nos ha detenido ilegalmente”, constaba en la alerta de la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau.
El gobierno español ha creado una unidad de seguimiento permanente sobre la situación de la Global Sumud Flotilla y, en voz de su ministro de Exteriores, José Manuel Albares, exige que “la integridad física y los derechos de los activistas sean respetados”. En la misma línea se ha pronunciado el Gobierno francés, mientras que en Italia eran los sindicatos los que se movilizaban.
En virtud de la ley israelí, una vez que los voluntarios sean detenidos pueden ser deportados 72 horas después de la emisión de la orden, salvo que la persona acepte voluntariamente ser expulsada, como ocurrió con cuatro de los doce activistas a bordo del Madleen; la última embarcación interceptada por Israel el pasado junio.
Cañones de agua
En una entrevista para el Canal 24h de TVE, el activista Rafael Borrego explicó que habían sido rodeados por “barcos militares bien armados y lanchas con luces verdes”. Informó que Israel había empleado embarcaciones más pequeñas como lanchas para “abordarlos”, mientras las grandes realizaban tareas de reconocimiento. “Me están empapando, me están rociando con agua”, narró protegido con gafas de seguridad y con dificultades para continuar la conexión. Borrego dijo en ese momento que los soldados no habían abordado el velero, pero que estaban siendo interceptados con cañones de agua a presión. Después no se pudieron realizar más conexiones.
Uno de los activistas, D’Agostino, denunció que las autoridades israelíes habían utilizado cañones de agua contra algunos miembros de la flotilla. “No está clara la dinámica de interceptación, a algunos barcos los abordan y a otros se los llevan”, reconoció. Aunque no constan heridos, la información es limitada: según el protocolo de la misión, en caso de ser interceptados, los miembros de la flotilla deben deshacerse de los teléfonos arrojándolos al agua “para evitar el acceso a cualquier información”.
Los nombres de los detenidos se fueron conociendo a lo largo de la madrugada. A Thunberg y Colau se unieron también el periodista español Néstor Prieto, el activista Serigne Mbaye, la líder del Bloco de Esquerda de Portugal, Mariana Mortágua, la actriz Sofia Aparício y el activista Miguel Duarte, entre otros. Mientras tanto, las reacciones de protesta se multiplicaban.
Primeras protestas
En Barcelona, cientos de personas se concentraron frente al Consulado de Israel para expresar su apoyo a la flotilla. “Desde Barcelona, ciudad de paz, exigimos que se respete la legalidad internacional y se proteja la vida de los activistas que llevan a cabo una misión humanitaria en Gaza. Nuestra voz se une al clamor global para detener el genocidio”, señaló el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en un mensaje en la red social X.
En Roma, la manifestación congregó a unas 10.000 personas, según recogieron los medios locales. La concentración comenzó en las inmediaciones de la estación ferroviaria de Termini, acordonada por las fuerzas del orden, y después marchó hacia el centro con la intención de llegar al Palacio Chigi, sede del Gobierno. Las protestas también se sucedieron en otras ciudades como Nápoles, Milán o Turín. Además, el principal sindicato del país, la CGIL, convocó para el viernes una huelga general contra “la agresión contra barcos de civiles que transportaban ciudadanos italianos”, considerándolo “un hecho de extrema gravedad”.
También se celebraron protestas en otros países europeos como Grecia y Alemania, y al otro lado del Atlántico en Argentina y México, donde se saldaron con destrozos; al igual que en Bogotá, la capital colombiana, donde varias decenas de manifestantes bloquearon las calles para denunciar las acciones de Israel.

