La ciudad de Barcelona ha vivido una manifestación contra el genocidio en Gaza que recordó a las protestas del “no a la guerra”. Era el año 2003 y Barcelona se convirtió en un referente mundial del rechazo a la invasión occidental de Irak. Cuando están a punto de cumplirse dos años de los ataques de Hamás, el 7 de octubre de 2023, y del inicio de la ofensiva de Israel, más de 70.000 personas, según la Guardia Urbana (300.000 según los organizadores), clamaron por una Palestina libre y con vida.

La manifestación generó una sensación de comunidad entre personas de procedencias muy diversas | Pol Rius

Hasta ayer, las protestas contra el genocidio eran tan meritorias como minoritarias. Mientras otras ciudades del mundo ya protagonizaban grandes manifestaciones en favor de Palestina, aquí la protesta no acababa de estallar. Era como si la ciudadanía estuviera paralizada por el impacto de los atentados de Hamás y, después, por la impotencia de presenciar un genocidio en directo, cada día, cada hora. De ver la impunidad de Israel y el silencio cómplice de muchos gobiernos.

La manifestación del sábado, y las protestas de los estudiantes del jueves y el viernes, han significado la ruptura del maleficio. Como si, por fin, la indignación se hiciera transversal en el sentido más amplio de la palabra: en la manifestación estaban representadas todas las generaciones, todos los sectores sociales, todas las procedencias de esta Cataluña diversa y plural de hoy. Todas las sensibilidades políticas, excepto las más reaccionarias.

La simbología palestina estuvo muy presente a lo largo de la manifestación | Pol Rius

Muchas organizaciones (600 participaron en la convocatoria) y algunos colectivos, como los sanitarios o los periodistas, llevaban tiempo moviendo los hilos de la movilización, pero no ha sido hasta el sábado 4 de octubre de 2025 cuando la protesta cívica ha estallado. El impacto emocional del abordaje de la flotilla solidaria por parte de Israel o la revuelta contra el equipo israelí en La Vuelta ciclista a España son, posiblemente, los últimos detonantes que han encendido la protesta.

Pero la raíz está en todos los sentimientos de dolor y rabia acumulados a lo largo de dos interminables años. El peso de los 67.000 palestinos asesinados, 20.000 de ellos niños y niñas. Y el temor, cada vez más generalizado, de que las víctimas reales sean muchísimas más, bajo los edificios derrumbados de Gaza.

“Libertad para Palestina” fue el lema más repetido durante la protesta | Pol Rius

En la manifestación se palpaban el dolor y la rabia. Y también una cierta sensación de liberación porque, por fin, se habían reunido suficientes fuerzas para llenar de arriba a abajo el paseo de Gràcia, y no solo media plaza de Sant Jaume. También se intuía una cierta esperanza de un alto el fuego en Gaza, de una detención de la agresión de Israel, de las matanzas diarias de palestinos. Aunque la desconfianza persiste al saber que el promotor del plan es Donald Trump.

La gran pregunta

Después de la manifestación, la pregunta sigue abierta: ¿por qué hemos tardado dos años? ¿Por qué ha costado tanto hablar de genocidio, cuando, por ejemplo, Luis Moreno Ocampo, primer fiscal del Tribunal Penal Internacional, ya hablaba de genocidio justo cuando Israel comenzaba los bombardeos masivos sobre la población de la franja? “La respuesta de Israel —declaraba— es criminal, porque el bombardeo de población civil y el bloqueo absoluto de Gaza son un elemento objetivo de genocidio: crear condiciones que producirán la destrucción de un grupo. No permitir el paso de agua, alimentos, gasolina… es transformar Gaza en un campo de exterminio. Y el desplazamiento forzoso es un crimen de lesa humanidad”. ¡De esas palabras hace casi dos años!

En la manifestación se palpaban el dolor y la rabia | Pol Rius

Jonathan Cook, periodista y escritor británico, autor de libros de referencia para entender el conflicto entre Israel y Palestina, cuatro días después del ataque de Hamás ya escribía que “Israel ahora se siente alentado a hacer mucho más explícita su política hacia los dos millones de habitantes de Gaza. Hay una palabra para esa política, una palabra que se supone que no debemos usar para no ofender a quienes la implementan, así como a los que apoyan silenciosamente su aplicación. Privar de agua potable y evitar que los hospitales atiendan a los enfermos y heridos por los bombardeos es una política genocida.”

Raz Segal, profesor experto en el Holocausto en la Universidad de Stockton, escribía el 13 de octubre de 2023: “Lo que estamos viendo ahora en Gaza es un caso de genocidio. La Convención de la ONU para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio lo define como la intención de destruir a un grupo racial, étnico, religioso o nacional como tal, es decir, de forma colectiva, no solo individual.”

La protesta culminó en el Arco del Triunfo con la lectura de textos escritos por habitantes de Gaza | Pol Rius

Quienes habían dedicado su vida a estudiar el Holocausto y el conflicto palestino sabían que Israel se disponía a cometer un genocidio. Avisaron. Pero la humanidad tardó mucho en tomar conciencia de ello. La manifestación de Barcelona es la expresión de que, por fin, muchos ciudadanos se han unido para proclamarlo y exigir que se detenga.

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