“Nos han humillado, nos han metido en jaulas”, denunciaron los miembros de la flotilla a su llegada a Madrid y Barcelona. El primer grupo de españoles detenidos por Israel ya está en España tras pasar tres días en prisión. Las primeras palabras de la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y del concejal de Esquerra, Jordi Coronas, fueron para recordar que “nos han secuestrado, nos han maltratado, pero no es nada comparado con lo que sufre el pueblo palestino”.
La noche del domingo regresaron 21 de los activistas españoles. Los 28 que se han negado a firmar la orden de extradición continúan incomunicados a la espera de comparecer ante el juez, que deberá ratificar su salida forzosa del país. Algunos de ellos han iniciado una huelga de hambre.
Colau y Coronas denunciaron que, cuando los llevaron al puerto después del abordaje en aguas internacionales, “nos esperaban cientos de policías muy agresivos y violentos. Nos pusieron de rodillas, con la cabeza contra el suelo, gritándonos, y así nos tuvieron durante horas”. Ya en el aeropuerto de El Prat explicaron al numeroso grupo de personas que los esperaban que se les “había negado salir de la celda o el acceso a medicamentos en el caso de miembros de la flotilla con enfermedades crónicas, y se les ha privado del sueño en algunas ocasiones, entrando en las celdas con armas de fuego y perros”.
“Cuando hemos pedido un médico, nos han dicho que eso era para humanos”, relataron. Y según su testimonio, “la celda daba a un patio con una foto enorme de Gaza devastada por las bombas y con una inscripción en árabe: ‘Bienvenidos a la nueva Gaza’. Es un mensaje muy claro de un Estado fascista. Hemos estado encerrados en una prisión de alta seguridad donde no se respetaba ninguno de nuestros derechos, ha habido malos tratos y un trato denigrante”, añadió Ada Colau.
En el aeropuerto de Madrid, Rafael Barroso, uno de los miembros de la flotilla que actuó como portavoz, relató las humillaciones que sufrieron durante los días en los que estuvieron detenidos: “Estuvimos siete horas atados de manos, con las manos a la espalda, sentados en el asfalto; nos requisaron prácticamente todos los objetos personales y todo de una forma tremendamente humillante, porque se reían en nuestra cara y nos trataban como si fuéramos menos que animales”.
Ya en la prisión, los malos tratos físicos y psicológicos se repitieron: “Nos han golpeado, nos han arrastrado por el suelo, nos han vendado los ojos y nos han metido en jaulas. Los malos tratos físicos y psicológicos han sido constantes estos días. Nos han arrastrado, nos han atado de pies y manos, nos han vendado los ojos, nos han insultado, nos han impedido dormir, nos han negado asistencia médica”, relató. Uno de los periodistas que viajaban en la flotilla añadió que “ser prensa, una vez identificados en la Flotilla, ha supuesto ser objeto de especial violencia y de un grado mayor de trato vejatorio”.
Los miembros de la flotilla —explicaron— tenían un acuerdo interno para que, en caso de ser interceptados, una parte del grupo fuera deportada rápidamente a sus países y pudiera denunciar la situación. Según la exalcaldesa, primero se les ofreció firmar un documento en el que reconocían haber cometido un acto ilegal al entrar en aguas de Israel. Nadie firmó, y posteriormente se les presentó —sin la asistencia de un abogado, según explicaron— otro documento en el que se aceptaba la deportación voluntaria.
Ya en el aeropuerto de Tel Aviv, según explicó el concejal, las autoridades israelíes intentaron obligarles a firmar un documento sin leerlo. El papel era una declaración en la que aceptaban haber intentado entrar ilegalmente en Israel y asumían la confiscación de los barcos. “Y cuando nos hemos negado a firmarlo, los mismos policías nos han encerrado y han firmado por nosotros. Estas son las garantías que muchos siguen defendiendo como la única democracia de Oriente Medio. Una mierda. Es la antidemocracia, un Estado fascista”, denunció Coronas.
El concejal de ERC, que era el capitán de uno de los barcos, recordó el abordaje: “Los barcos israelíes venían sin luces y, de repente, unos focos muy potentes empezaron a apuntarnos y nos lanzaron agua. Nos ordenaron apagar el motor y los militares entraron apuntándonos con fusiles; a nosotros nos encerraron en las cabinas”.
Colau aseguró que, tras las protestas ciudadanas de los últimos días, notaron “un cambio” en el trato en prisión por parte de las autoridades israelíes. Pero ahora la gran preocupación se centra en quienes siguen detenidos, algunos de los cuales se han declarado en huelga de hambre, entre ellos Ana María Martín López, Simó Francisco Vidal Ferrandis, Lluís de Moner Mayans, Sandra Garrido Fernández, Lucía Muñoz, Serigne Mbayé y Alejandra Martínez Velasco.
En este primer grupo tampoco han llegado los diputados de la CUP, que a través de un comunicado informaron de que tanto Pilar Castillejo como Adrià Plazas se han negado a firmar el documento de deportación.

