Vivimos rodeados de tecnología que, cada vez más, “piensa” por nosotros. Pero ¿cómo está afectando la IA al desarrollo cognitivo humano? ¿Nos dirigimos hacia una incompetencia humana?
De entrada, hay que reconocer que la IA puede ser una gran aliada en nuestro día a día. Aplicaciones educativas personalizadas, asistentes virtuales que responden preguntas en tiempo real o programas que ayudan a detectar trastornos del aprendizaje son ejemplos de cómo puede estimular el pensamiento, facilitar el acceso al conocimiento y fomentar la autonomía del usuario. Según la OCDE (2021), el uso de herramientas digitales adaptativas en el aula puede mejorar el rendimiento de los estudiantes hasta en un 20%, especialmente en contextos con altas necesidades educativas (esto no sucede con un móvil; puede hacerse con ordenadores los días necesarios para realizar la tarea).
Sin embargo, el uso indiscriminado de la IA también conlleva riesgos. Si delegamos constantemente en algoritmos para recordar, analizar o decidir, ¿qué pasa con nuestras propias capacidades? La memoria, la concentración o el pensamiento crítico pueden atrofiarse por falta de ejercicio. Un estudio publicado en Nature Human Behaviour (2023) alerta de que la dependencia excesiva de los asistentes digitales puede reducir la retención de información en jóvenes hasta en un 30% en tareas cognitivas básicas. Un estudio realizado por el MIT analizando la conectividad neuronal al realizar tareas analógicas o con ChatGPT indicaba que la actividad disminuía hasta un 50%, y que solo un 15% de los encuestados pudo citar una frase de la tarea “realizada”.
El reto, por tanto, no es rechazar la IA, sino aprender a convivir con ella de forma consciente. Esto implica educar en competencias y saberes, en la memorización aplicada, en el esfuerzo, en el uso de herramientas digitales, en el espíritu crítico desde el conocimiento, y promover un uso activo —y no pasivo— de la tecnología. La IA debe ser un instrumento al servicio del desarrollo humano, no un sustituto de nuestras capacidades. En el ámbito laboral tendrá un gran impacto: Microsoft ya ha publicado una lista de profesiones en riesgo por el uso de la IA.

La clave, como sucede a menudo, está en el equilibrio. Si sabemos aprovechar el potencial de la IA sin renunciar a nuestro propio pensamiento, puede convertirse en una herramienta poderosa para potenciar —y no limitar— nuestra cognición. Hay que aprender, y después aprender a usar la IA, no al revés.

