Ahora que acabo mis estudios universitarios para ejercer de maestro/a de Educación Primaria, la pregunta es evidente: “¿El próximo curso, qué?”. Las opciones son múltiples: continuar estudiando, empezar a trabajar, combinar el trabajo con otros estudios. Personalmente, me surge el interés de ampliar mi formación y tener opciones de ejercer también como docente en educación secundaria. Sin embargo, este aspecto no es tan sencillo como parece. Mientras que un estudiante de la mayoría de los grados universitarios (Biología, Arquitectura, Matemáticas, Filología…) con un año más de formación (de hecho menos, con diez meses) puede obtener una titulación que le permita ser docente de educación secundaria, un titulado en Educación Primaria no dispone de esa posibilidad. Es decir, quien lleva cuatro años aprendiendo a enseñar, debe hacer mil peripecias para incorporarse a la educación secundaria. Son muchos los aspectos que hay que examinar.

Para empezar, es necesario revisar la normativa legal vigente, que contempla que para desarrollar la labor docente en centros públicos de educación secundaria se requiere “tener la titulación de doctor o doctora, ingeniero o ingeniera, arquitecto o arquitecta, licenciado o licenciada, o el título de grado correspondiente u otros títulos equivalentes a efectos de docencia”. Como era de esperar, entre estos títulos de grado no se incluye el de maestro/a de Educación Primaria. Asimismo, se exige el máster de formación del profesorado, el antiguo CAP, una formación de un curso universitario que supuestamente proporciona a los titulados los conocimientos y competencias para convertirse en profesores y profesoras. Sin embargo, hay que tener en cuenta que durante los últimos años estas normativas legales se han aplicado con pinzas. La falta de profesorado en educación secundaria ha obligado a las administraciones educativas a flexibilizar los criterios para conseguir personal que pudiera cubrir la carencia de docentes en determinadas áreas, como lengua catalana o matemáticas. Esta flexibilización ha consistido en permitir la entrada de titulados universitarios que se comprometían a cursar el máster de formación del profesorado. Por tanto, actualmente dentro del sistema educativo de secundaria hay docentes sin ninguna formación en educación. De la misma manera, se ha permitido que titulados de otras ramas con la acreditación correspondiente en lengua catalana impartieran las clases de catalán.

Actualmente dentro del sistema educativo de secundaria hay docentes sin ninguna formación en educación

En segundo lugar, resulta interesante atender a la ley educativa con detalle para detectar las diferencias entre centros públicos y concertados. Así, resulta que un docente de educación primaria que haya cursado 24 créditos o más de algún otro grado universitario y que disponga del máster de educación sí puede ejercer como profesor en secundaria en un centro concertado. Es curioso, pues, las facilidades de las que disponen los centros concertados para cubrir todas sus plazas, mientras que dentro del sistema público todo son barreras e impedimentos.

En consecuencia, una vez haya finalizado mis estudios como maestra de Educación Primaria, tengo dos opciones. Para acceder al sistema concertado de educación secundaria, puedo cursar 24 créditos (equivalente a un semestre universitario) de un grado universitario, como Geografía o Humanidades, y hacer un máster de un curso. O, por el contrario, para ejercer en el sistema público, debo estudiar los cuatro años correspondientes a un nuevo grado universitario y añadir un curso más de formación de máster. El dilema se resume así: ¿un año y medio de formación o cinco años más?

El problema radica, por tanto, en las diferencias entre sistemas públicos y concertados. Si ponemos tantas dificultades a los docentes que se decantan por la educación pública y, en cambio, tantas facilidades para trabajar en la escuela concertada, es normal que muchos opten por la segunda. Es evidente que hay que encontrar un punto de equilibrio: o todos iguales o todos diferentes. Porque así, la educación pública pierde su calidad.

Si ponemos tantas dificultades a los docentes que se decantan por la educación pública y, en cambio, tantas facilidades para trabajar en la escuela concertada, es normal que muchos opten por la segunda

Me gustaría destacar que con este escrito en ningún momento se pretende desprestigiar la formación recibida por los docentes que actualmente ejercen dentro del sistema. De hecho, estoy segura de que la gran mayoría de ellos han buscado opciones para formarse y construir su perfil docente. Sin embargo, sí es necesario poner sobre la mesa las diferencias que encontramos dentro del sistema. Asimismo, hay que reivindicar la titulación de los docentes de educación primaria, quienes se han formado exclusivamente para educar.

Quizá la solución se encuentre en combinar expertos en educación y expertos en contenido. Por ejemplo, se podría dar la oportunidad a los maestros que estén dispuestos a acceder a los cursos inferiores de secundaria (antigua EGB), aligerando así la carga de los docentes de instituto que se ven saturados. Una solución que además potenciaría el modelo de educación continua que tanto se reclama hoy día. Quizá sería interesante combinar ambas perspectivas (maestros y expertos en diferentes ámbitos) para construir un nuevo modelo de educación secundaria. No hablo de volver al sistema de la EGB, pero sí de adoptar algunas medidas similares. Medidas que ayudarían a superar la saturación y la falta de profesionales en algunos ámbitos de un sistema educativo al que, a menudo, le faltan ganas, dedicación y calidad.

¿El próximo curso, qué? Esta pregunta quedará por responder a la espera de si el escrito llega (aunque lo dudo) a algún lector que tenga la capacidad de cambiar alguna pieza del complicado sistema legal educativo.

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