La Fundación Periodisme Plural ha convocado este miércoles 18 de febrero una sesión de debate sobre la memoria histórica de la guerra civil y el franquismo en los cines Girona, en Barcelona, a partir de la proyección de la película “La invasión de los bárbaros”. Antes de proyectarla, el director de la película, Vicent Monsonís, ha explicado que está basada en una obra de teatro de Chema Cardeña y que con ella rinde homenaje a sus abuelos y a tanta gente como sufrió la guerra civil y la represión franquista. Ha asegurado que estas personas y sus familiares “quieren justicia, no venganza”.
“Hacer memoria no es revancha, es la única manera de cerrar las heridas y sacar adelante una sociedad en paz”, ha afirmado Monsonís, que ha intervenido por videoconferencia ya que debía asistir a una presentación de la película en Valencia. Ha añadido que “hacer memoria no es un lujo sino una necesidad”.

Sí que ha intervenido presencialmente Norbert Llaràs, productor del film, que ha dicho que una película como “La invasión de los bárbaros” puede ser “muy importante y muy útil porque se ha hecho mucho daño y ha habido mucho silencio”. Ha destacado que se había podido realizar gracias a la colaboración desinteresada de mucha gente. “Se ha hecho por tozudez”, ha dicho y ha recordado que, entre sus patrocinadores, está la televisión À Punt, que la subvencionó cuando gobernaba la comunidad valenciana el tripartito progresista. La mayoría que gobierna actualmente esta comunidad a buen seguro que no habría puesto dinero en este proyecto. Sí lo hizo TV3 y RTVE.
Llaràs ha intervenido en la conversación conducida por el periodista Pere Ortín en la que han participado también la vicedirectora del Centro de Estudios Históricos Internacionales de la Universidad de Barcelona, Paola Lo Cascio, y el periodista especializado en la extrema derecha Xavier Rius Sant. Rius Sant ha recordado que uno de sus libros se titula “Vox. El retorno de los ultras que nunca se fueron” y lo ha relacionado con el hilo argumental de “La invasión de los bárbaros”, que trata tanto la represión franquista como las dificultades para desenterrar a sus víctimas sepultadas en fosas comunes que todavía sufren hoy sus familiares. Ha destacado que la ultraderecha española “mira mucho al pasado” y que las carencias de la transición a la hora de hacer justicia con las víctimas del franquismo se ponen de manifiesto en que todavía hoy la Fundación Francisco Franco actúa en la legalidad, aunque el ministerio de Cultura impulsa su prohibición.

Paola Lo Cascio ha dicho que la memoria histórica vive, en España, una situación “contracíclica” y que “no se trata sólo del recuerdo” de lo que significó la guerra y el franquismo como de tener presentes “los valores de aquel recuerdo”. Ha asegurado que la memoria histórica siempre es conflictiva y funciona mejor cuanto más cercana es y ha denunciado el caso de Alemania donde el recuerdo de lo que significó el nazismo no ha comportado una condena institucional del genocidio israelí en Palestina.
Lo Cascio, Rius Sant y Llaràs han analizado también el papel de las dos ultraderechas que tienen presencia política en Catalunya hoy: Vox y Aliança Catalana. El periodista ha constatado la buena relación que existe entre ambos partidos. Lo Cascio ha señalado que el extremismo xenófobo de cierto nacionalismo que representa al partido de Silvia Orriols ya lo exhibió Marta Ferrusola y otros dirigentes nacionalistas con anterioridad.
Los tres ponentes han lamentado la desinformación que detectan en muchos jóvenes sobre lo que significó la guerra civil y el franquismo. “Es triste que muchos jóvenes no diferencien el 18J y el 23F”, ha lamentado Rius Sant. Pere Ortín ha puntualizado que “los malos comunican muy bien” y Paola Lo Cascio considera que los progresistas deben dedicar más recursos e inventar nuevas formas de combatir la gran cantidad de dinero que la extrema derecha dedica a vender sus ideas. Llaràs ha pedido, en este sentido, que las administraciones públicas dediquen más ayudas a las iniciativas audiovisuales que apuestan por el compromiso social.
“Si no vendemos esperanza, no hay futuro”, ha concluido el productor de “La invasión de los bárbaros”, como forma de derrotar los argumentos y falsedades en las que la extrema derecha basa su crecimiento.


