La OIEA advirtió justo un día antes del nuevo ataque a Irán que conserva 406 kg de uranio enriquecido al 60% y que los ataques de EEUU de junio del año pasado no alteraron la cifra de producción. Y esto nos devuelve a la razón oficial del mismo: ¿peligro de obtener el arma nuclear?. Muchos ya advertimos que no serviría para acabar con el programa de enriquecimiento con fines bélicos, pero que sin embargo había un margen para seguir con las capacidades de verificación que estaban mostrando las negociaciones y la misión de la OIEA.
¿Derrocamiento del régimen?: no bastaría con ataques aéreos y una operación especial, harían falta tropas terrestres. Y éstas ni están ni se las espera, ya que están comprometidas en otros escenarios y serían el colofón de las desfavorables expectativas de Trump para ganar las mid-term de noviembre. Una transición democrática no sería factible sin la integración de la oposición, algo que trataría de impedir la Guardia Revolucionaria, que tiene el control del país. Otra cosa es que haya un cambio de caras y no de régimen, pero de figuras de dentro (¿del castigado sector reformista?.), donde pasar a transformarlos en aliados como en Venezuela es más difícil de imaginar, y donde Pahlavi sería la Corina iraní.
Irán no tiene las condiciones ni trayectoria de Venezuela celebrando elecciones, y sus milicias no responderían con la docilidad de los colectivos chavistas. Siendo que Venezuela aún no ha dado signos de integrar a la oposición en una transición democrática, figurando esto en último lugar en la hoja de ruta de Rubio, Irán está aún más lejos. Podría incluso correr el mismo riesgo de desintegración territorial que Siria, donde también han cambiado a las élites, pero no unificado el país. La Guardia Revolucionaria es la única que puede sostener la unidad del país y no va a permitir ninguna apertura del régimen ni integración de la oposición si a cambio se quiere mantener una estabilidad a lo largo de todo su territorio. Podría continuar e incrementar la represión incluso aunque llegara a una negociación con EEUU. A esto añadimos que un ataque israelí ha dado muerte a unas 148 niñas en un colegio al sur de Irán. Y que de haber bajas militares norteamericanas escocería aún más a Trump de cara a las mid-term. La respuesta de Irán está dando un salto cualitativo apuntando a objetivos civiles en países vecinos, más en especial atacando en pleno Dubai, cerca de su gran icono el Burj Khalifa, y en pleno Palm Jumeirah, síntoma de que ve más acorralado y sin aliados vecinos.
Convertido Jamenei en un mártir, el régimen tenía mecanismos para un relevo ante un descabezamiento completo. Controlar Irán tras un ataque así y sin contar con la Guardia Revolucionaria es un casi imposible. Meterse en el enjambre iraní le va a resultar mucho más costoso que Venezuela, y no solo porque el régimen tenga condiciones de supervivencia frente a una oposición menos organizada y fuerte que la venezolana, también porque se ganó a gran parte del electorado prometiendo no meterse en guerras exteriores, y porque el mundo MAGA presiona desde hace tiempo para frenar tanto intervencionismo exterior frente al “America first” (Vance).
Hacerle in Delcy a Irán para cambiar caras y no al régimen se meten en algo más complejo que Venezuela. Los grupos que pueden hacer resistencia están más fanatizados que en Venezuela, por lo que el Irán post-Jamenei podría ser más duro. Y también a diferencia de Venezuela, puede despertar campañas de ataques y odios antisemitas/anti-USA por todo el mundo.
Por lo que más nos vale a todos que no se prolongue la escalada militar, algo que dispararía los precios del petróleo y arrastraría al resto de bienes derivados en cadena, en especial la agricultura, haciendo más vulnerable la paz social de los países altamente dependientes de las importaciones, donde en otras épocas han estallado revueltas. Las implicaciones podrían desestatizar más allá de Oriente Medio y el Golfo, y más si se bloquea la cadena global de suministros desde Ormuz.


