La respuesta iraní se extiende a diecisiete países de forma simultánea. Primero con ataques a sus objetivos tradicionales, las bases militares y diplomáticas de EEUU en Oriente Medio y plantas petroleras y gasísticas. Segundo, con ataques que amenazan a civiles como sus edificios residenciales, aeropuertos comerciales y localizaciones turísticas. Aunque de momento estos últimos son ataques calibrados, el sector turístico-financiero que tanto visitante internacional atraía, en especial Dubái, va a quedar muy dañado.
Habrá un antes y un después de la actual guerra en Irán, no solo en Oriente Medio. Como avisamos algunos, existe el riesgo de respuestas en forma de ataques a países occidentales, un levantamiento del mundo chiíta en sus enclaves, y protestas en unos Estados Unidos que se estaban adentrando en el enfrentamiento civil. En Europa, contra los países que apoyen la operación, un error estratégico, especialmente porque su prioridad debería concentrar más esfuerzos en Ucrania y Groenlandia.
Y en este contexto, considero necesario recordar que así es como comenzó la segunda guerra mundial: cuando las principales potencias se fueron alineando en conflictos inicialmente regionales hasta confluir en una guerra global. Por las consecuencias que este escenario puede conllevar para toda la humanidad, necesitamos que Trump haga caso a los oficiales de alto rango del Pentágono que piden reconducir la situación hacia la vía diplomática, la que nunca debió abandonar. Porque, Trump ni va a poder derrocar al régimen, ni destruir su programa nuclear a bombazos. Un programa que no es una amenaza si quiera a diez años.
EEUU e Israel han subestimado la capacidad de producción y lanzamiento de misiles y la resistencia ancestral de Irán. Un país con estructuras de comando descentralizadas y un buen margen de reposición de sus medios militares y sus cuadros. Características que forman parte de su ADN.
La guerra se está adentrando en el ámbito naval, donde EEUU e Israel tienen inferioridad de medios para mantenerla, e Irán puede bloquear la salida del petróleo de los países productores del Golfo. Los países que han emprendido la ofensiva ha subestimado también que puede afrontar con reacciones de sus acólitos en otras zonas, como la reanudación de los ataques hutíes en el mar Rojo y de Hezbollah, en este caso atacando a Chipre, algo inaudito. Y de nuevo agitando el Líbano.
La magnitud del daño causado a Irán le han empujado a defenderse en modo supervivencia. Atacar un símbolo como el Ayatolá, por muy cruel que fuera, tiene un potencial de amplificación global en las comunidades chiítas de todo el mundo. Con una ola expansiva que también puede alcanzar al seno de occidente. Tenemos de momento protestas en Irak, en Pakistán. frente a una sede diplomática de EEUU que han causado 22 muertos, un atentado en Texas… e iremos viendo sucesos en más países.
Económicamente no solo el petróleo se está viendo afectado, también ha paralizado la producción gasística, subiendo de momento los precios a un 45% en Europa y un 7% en EEUU. Adentrarse en la espiral inflacionista ya sabemos que puede traer revueltas, especialmente en los países más importadores.
A diferencia de EEUU, quienes sí saben lo que hacen son los israelíes, porque Irán es la última pieza que le queda para erigirse en el poder hegemónico de Oriente Medio. Para ello, Israel podría movilizar grupos armados kurdos en la frontera con Irak, tratando de fragmentar el país y debilitar el control iraní de la zona, como le hemos visto hacer antes en Siria.
Mientras tanto, en Irán vamos a ver el último estertor del declive de EEUU en su hegemonía mundial. Ya hace tiempo que EEUU arrastra una factura reputacional mundial, pero también social e incluso electoral a nivel interno, por meterse en guerras lejanas. Por mucho que intente liberar Venezuela, Nigeria e Irán del dominio chino del petróleo, no evitará que ciertas transacciones dejen de hacerse en dólares. Porque todo esto no va a frenar el auge de un sur global que se mueve ya en otros parámetros, lo que incluye abandonar el dólar. Lo último por lo que se pelea en Irán es por la democracia.


