Estados Unidos lanzó en la madrugada de este sábado una operación militar a gran escala contra Venezuela, que incluyó ataques con explosiones y aviones sobre Caracas y otras regiones clave, según reportes de agencias internacionales. El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció que las fuerzas de Estados Unidos han capturado al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, y los han trasladado fuera del país.
Las explosiones se escucharon en varios puntos de la capital venezolana y sus alrededores, en ataques que, según diversas fuentes, impactaron instalaciones civiles y militares. Tras los bombardeos, Trump comunicó el éxito de la operación a través de redes sociales y anunció que daría más detalles en una conferencia de prensa programada desde Mar-a-Lago.
El gobierno venezolano ha denunciado el hecho como una “agresión militar” y un “secuestro”, al tiempo que desconoce el paradero de Maduro y de la primera dama, y exige pruebas de vida inmediatas. La vicepresidenta Delcy Rodríguez declaró en televisión estatal que no se ha podido establecer comunicación con los detenidos y calificó lo ocurrido como un acto de “agresión imperial sin precedentes”.
El ejecutivo venezolano decretó estado de emergencia nacional y convocó a la población para “defender la soberanía” ante lo que describe como un ataque a la nación. Autoridades reportan cortes de energía en varias zonas y una intensa actividad militar en Caracas y otras entidades del país
La Administración Federal de Aviación de EE. UU. (FAA) ha prohibido vuelos comerciales sobre Venezuela debido a la actividad militar en curso, y el gobierno estadounidense llamó a sus ciudadanos en el país a buscar refugio o salir tan pronto como sea seguro.
Reacciones y contexto internacional
La acción de Washington ha generado condenas de países como Cuba e Irán, que califican la operación como una violación flagrante de la soberanía venezolana, y llamados urgentes a organismos multilaterales como la ONU y la OEA. Por el contrario, líderes como el presidente argentino Javier Milei han celebrado la captura de Maduro.
En Estados Unidos, algunos senadores expresan preocupación por la falta de una clara autorización constitucional para la intervención militar, mientras que otros apoyan la operación como parte de la política de presión al régimen venezolano.
Este ataque y la captura del presidente venezolano representan una escalada dramática en las tensiones entre Washington y Caracas, que ya se habían intensificado en los últimos meses con acusaciones mutuas sobre narcotráfico, sanciones económicas, bloqueos de petroleros y operaciones especiales en el Caribe.
Trump y el retorno del imperialismo abierto
Más allá del relato oficial de seguridad o de una supuesta “restauración de la democracia”, la operación estadounidense contra Venezuela se inscribe claramente en una lógica de intervencionismo imperial que numerosos analistas consideran heredera directa de la doctrina Monroe. Proclamada en 1823 bajo la consigna implícita de “América para los americanos”, esta doctrina ha funcionado históricamente como un marco legitimador de golpes de Estado, bloqueos económicos e intervenciones militares en América Latina, siempre desde la premisa de que Washington se arroga el derecho de imponer el orden en su “patio trasero”.
En este contexto, la acción ordenada por Donald Trump no solo constituye una violación grave de la soberanía venezolana, sino que representa también un salto cualitativo hacia una política exterior abiertamente coercitiva, en la que Estados Unidos actúa como juez, policía y ejecutor al margen del derecho internacional. La captura de un jefe de Estado extranjero mediante una operación militar directa marca un precedente extremadamente peligroso y refuerza la percepción de que la actual administración estadounidense renuncia al multilateralismo para recuperar una política de fuerza propia del siglo XX, con consecuencias imprevisibles para la estabilidad regional y global.


