Javier Martín Luque tuvo los primeros contactos con el mundo social a los 14 años como voluntario en diversas entidades de su ciudad natal, Sant Boi de Llobregat. Después de ser delineante durante diez años, y bailarín profesional durante más de una década, decidió hacer un giro vital. Estudió Integración Social, primero, y Educación Social, después, mientras trabajaba en la Fundació Arrels, que acompaña a personas en situación cronificada de sinhogarismo.
Su experiencia en el Pis Zero, un recurso nocturno donde duermen personas que viven en la calle, lo llevó a escribir, en catalán y castellano, Oberta de bat a bat. Històries de dones en situació cronificada de sensellarisme, coreografiades des dels escenaris de l’educació local (Círculo Rojo) para dar voz a historias de mujeres invisibilizadas y reclamar una red de recursos adecuada a sus necesidades.
En Oberta de bat a bat y Abierta de par en par, hay una mirada sobre el sinhogarismo femenino en la que se presentan a las mujeres en situación de calle como supervivientes, resistentes, vulnerabilizadas y también entrañables.
En Oberta de bat a bat y Abierta de par en par, hay una mirada sobre el sinhogarismo femenino en la que se presentan a las mujeres en situación de calle como supervivientes, resistentes, vulnerabilizadas y también entrañables. ¿Coincide con tu experiencia como educador social?
Esta mirada la comparto como educador social y como persona, porque acompañando a estas mujeres con historias tan duras y tan injustas he tenido la necesidad de transformar para mí mismo la crueldad con un poco de belleza, un poco de poesía, para continuar acompañándolas. De hecho, uno de los objetivos del libro es acercar estas historias a la ciudadanía, y acercar la fortaleza y la humanidad de estas mujeres para intentar romper los estigmas y los prejuicios. Pienso que queda borrada la humanidad de estas mujeres y, por eso, hay la intención de aportar un poco de dulzura a estas historias tan amargas.
Una parte de la sociedad responde con rechazo ante las personas que viven en la calle. ¿Crees que es por desconocimiento, por falta de sensibilidad…?
Es otro objetivo, acercar estas historias a la sociedad para que entiendan que el hecho de que haya mujeres en la calle, que haya personas en la calle, no es una opción elegida, es una situación obligada por la estructura, por las instituciones, por la parte relacional y personal de cada uno… Una de las tareas de Oberta de bat a bat y Abierta de par en par es sensibilizar a la ciudadanía, hacer entender que hay una serie de factores que afectan, como la salud física, la salud mental y la falta de espacios. Hay una falta de espacios para que estén protegidas y para poder recuperarse. Quiero decir que sí tenemos, la ciudadanía, la responsabilidad de ser empáticos y de entender que no ha sido una situación elegida por las personas, sino que hay una serie de circunstancias que han llevado a la persona a esta situación de sinhogarismo.
En Oberta de bat a bat, que mezcla ficción y realidad, las protagonistas han sufrido hambre, maltratos, paro, problemas con el alcohol, abusos sexuales, muerte de hijos o situaciones familiares muy complicadas. Y, además, no tienen un hogar donde salvaguardarse. ¿Has querido sacar a la luz estas historias para hacer visibles las vidas de estas personas que están a nuestro alrededor?
He querido sacar a la luz estas historias de violencias diversas y situaciones familiares muy graves para darlas a conocer a la ciudadanía para que entienda que muchas veces llegamos a situaciones muy graves y con mucha vulnerabilidad que tienen su raíz en la infancia, en la niña, y he hecho el recorrido de cómo una persona puede acabar en esta situación tan grave. El sinhogarismo no es de un día para otro, es todo un recorrido a lo largo de la vida. Y los problemas de salud mental no son de un día para otro. Una niña que ha sufrido abusos y que ha sido maltratada de niña, de joven y de mayor, acaba en una situación muy vulnerable. Y si además tenemos la problemática estructural, como hoy en día, de alquileres muy caros y de trabajos muy inestables, es como empujar a la persona a una situación de sinhogarismo.
Poner palabras, a mí me ha servido para soportar y sostener estas historias de mujeres tan duras. Ordenar todo lo que les estaba pasando me ha servido para entender su comportamiento a lo largo de los años y poder acompañarlas, ayudarlas de una manera positiva e intentar que puedan iniciar su recuperación.
La Vicky, que es la educadora que hace de vínculo de las diez historias que conforman Oberta de bat a bat, las describe como mujeres que lo han perdido todo, incluso la dignidad. Antes mencionabas las instituciones. ¿Qué se puede hacer, institucionalmente, para no llegar a esta pérdida de dignidad humana tan flagrante?
Las instituciones deben facilitar y abrir recursos que entiendan las necesidades reales de las personas que están en esta situación tan cronificada de sinhogarismo. Deben existir recursos de baja exigencia o alta aceptabilidad donde la persona pueda iniciar su recorrido a su medida, a su ritmo, y donde la persona pueda poco a poco iniciar este período de recuperación, entendiendo la salud mental de la mujer, entendiendo si la mujer tiene un trastorno de salud mental por consumo, si la mujer tiene una mascota, si la mujer tiene pertenencias. Deben existir espacios que acojan a la mujer en toda su diversidad, con un equipo profesional adecuado a esta especialización.

Esto me ha hecho recordar que algunas protagonistas de la novela conectan y desconectan rápidamente del mundo real. Aunque no hay una fórmula mágica, ¿qué herramientas tenéis los profesionales para acompañarlas?
Los profesionales y las profesionales del ámbito social, la única herramienta que tenemos es el vínculo con la persona, la relación con la persona. Esto se debe trabajar poco a poco, diciéndole a la persona que estamos aquí, que la escuchamos, que estamos a su lado y que la comprendemos. Es decir, debemos facilitar una relación de buen trato a la persona, debemos entender sus traumas e ir viendo con la persona, ir viendo con los conflictos e ir viendo con los cambios que observamos en la persona.
Como bien dices, no hay una fórmula mágica, cada día y cada momento es único, y debemos estar alerta, debemos escuchar mucho qué le está pasando y aprovechar cualquier indicio. La Vicky, con una mujer, se le acerca con un yogur de limón porque era lo único que quería. Si lo pensamos fríamente, no deja de ser un yogur, pero para la protagonista significaba mucho más. Significaba que una profesional se está preocupando por ella, la está cuidando y está intentando que ese espacio sea de la mujer. Y esto pasa con todas las protagonistas, con el café con leche, con las galletas, con la ropa para coser… Es decir, lo que necesita cada persona.
Y hay que cuidar, cuidar, cuidar mucho, tener una parte humana activa. Si una mujer viene maltratada de la calle, si necesita una ducha, pues hacerlo con mucho cuidado, con mucho respeto y con mucho amor. Se necesitan una serie de cuidados y una mirada humana para poder iniciar esta recuperación y poder vivir dignamente.
De hecho, una de las mujeres que duerme en la pensión del libro, Camelia, llora con la Vicky porque hacía mucho tiempo que nadie la escuchaba. ¿Puede ser que cuando una persona no está acostumbrada a que la escuchen o a que la cuiden, baje la guardia y se abra?
Esto pasa a menudo, pero también pasa lo contrario. Cuando una persona que está acostumbrada a que la maltraten, nos ha pasado que cuando tú la tratas con respeto, ella sufre un conflicto interior que lo traslada al exterior; es decir, con la profesional. Cuando las personas solo han vivido con personas que las han maltratado, a veces no saben relacionarse de otra manera, solo saben relacionarse de una manera tóxica. Y, aquí, las profesionales debemos empezar a hacer un recorrido de transformación de las relaciones y de ser referentes, de decir “este es un espacio seguro para ti, aquí las profesionales estamos para cuidarte para que tú mejores y para que inicies un nuevo camino de transformación”. La palabra y la presencia tienen un peso. Es decirle una y otra vez a la persona “estoy aquí para acompañarte, estoy aquí para cuidarte, tú estás aquí en un espacio de protección y seguridad y este es tu espacio”. Y no tener prisa, estar a su lado con calma y esperando que la persona esté preparada para este cambio.
Hablas de Casa Camelia, que es un lugar que existió, como un espacio de calor comunitario. ¿Por qué lo elegiste?
Casa Camelia está inspirada en una ciudadana de Barcelona que tenía una pensión. En los años 80, en Barcelona había muchas pensiones en las que muchas entidades del Ayuntamiento llevaban a personas que estaban en la calle para ser alojadas. Yo no tuve el placer de conocer a esta mujer, pero una amiga mía me habló mucho de ella. De hecho, la Llar Tere Villagrasa de Arrels Fundació recibe el nombre en honor a esta mujer. Para mí es una reivindicación para que haya más casas Camelia, no exactamente como aparece en la novela, sino para que haya espacios especializados en mujeres donde puedan reiniciar este proceso de mejora.

Y también te inspiras en el Pis Zero de Arrels, un recurso nocturno donde van a dormir personas que viven en la calle y en el que tú trabajaste cinco años. ¿Qué te removió el Pis Zero y qué te llevó a escribir la novela?
Oberta de bat a bat y Abierta de par en par nacieron como un proceso terapéutico mientras trabajaba en el Pis Zero. Es un piso nocturno de baja exigencia, un espacio mixto, y yo trabajaba solo, aunque muchas noches estaba acompañado de voluntarias y voluntarios, pero como profesional estaba solo y tenía que sostener un poco mi parte emocional. Empezó así, yo no escribía para hacer ningún libro, sino para ordenar y reflexionar sobre qué me estaba pasando.
Y decidiste hacerlo a través de vidas de mujeres, que son una minoría en el sinhogarismo, aproximadamente un 10 % del total, pero que a menudo arrastran cargas más pesadas.
Yo acompañé a hombres y mujeres, y todas las historias son importantes, cada historia y cada persona podría tener un libro, pero yo decidí escribir sobre mujeres para sumar un grano de arena. Yo, como profesional, me di cuenta de que con las mujeres tenía menos herramientas, porque eran historias tan difíciles de sostener que emocionalmente me hicieron sufrir mucho más. Son historias muy crueles, han sufrido tanto que mi manera de contribuir era centrarlo en historias de mujeres para intentar decir que ese 10 % no es real, que hay muchas mujeres escondidas, hay muchas mujeres silenciadas. Para poder sobrevivir, la mujer que está en la calle debe esconderse para que no le hagan daño a nivel sexual y a nivel físico. Muchas han sido asesinadas.
De hecho, en la última parte del libro explicas el desenlace de cada una de las diez mujeres. Aunque el libro mezcla realidad y ficción y no aparecen los nombres reales, ¿estos finales son reales?
Son finales reales. La ficción que hay en el libro es para proteger la intimidad de la persona. Son historias reales, pero ficcionadas.
Algunas de ellas murieron poco tiempo después, y eso me hace recordar que la esperanza de vida de las personas en situación de calle es 25 años inferior a la media de la población. ¿Querías llamar la atención sobre esto?
Quería llamar la atención sobre el hecho de que vivir en la calle acorta la vida radicalmente porque la salud física y mental queda perjudicada radicalmente. He querido intentar transmitir lo grave que es que la persona que está en la calle tenga tantos miedos, y lo necesario que es que tengan espacios para recuperarse y tener una vida digna y justa, que la persona tenga una vida de derechos.
El libro salió en noviembre. ¿Qué feedback has recibido desde entonces?
En general, me han dado las gracias por acercar la realidad del sinhogarismo, que no está tan al alcance. Me han dicho que gracias a cada capítulo han visto la parte humana de la persona y que han podido acercarse a las dificultades que tienen estas personas y a no juzgarlas. Y a entender que el trastorno por consumo o los problemas de salud mental están en todos nosotros, en toda la ciudadanía. Todos tenemos salud mental, lo que pasa es que dependerá de cómo es nuestra vida, de si tenemos o no una vivienda, de si tenemos un buen trabajo y un buen sueldo, de si tenemos una red de relaciones sanas, de si hemos tenido una buena educación y acceso a la salud. Lo que me han dicho las lectoras y los lectores es que han visto que la persona no elige, sino que hay una serie de circunstancias que hacen que acabe en esta situación tan injusta de sinhogarismo.


