De repente, tras terminar la entrega del jueves pasado, sentí una enorme desazón en mi interior, sin duda atribuible a la autoexigencia, una mosca cojonera en círculos alrededor de mi cerebro hasta dar con teclas mágicas para las investigaciones.

Estas, como podrán sospechar, se enfocaban al carrer de Bofarull, o más bien a resolver las claves de su itinerario completo durante, al menos, la primera mitad del siglo XX. Para ello, no dudé en sumergirme más horas entre hemerotecas y archivos, sorprendiéndome por varios motivos, entre ellos la cuantiosa numeración de la calle, iniciada en la de Valencia y terminada en la del Clot, más o menos a la altura de la actual Garcilaso, durante décadas Estevanez, o, si así se prefiere, la carretera de Horta a la Sagrera.

La última casa de Bofarull, si desconfiamos de un error en una nota, sería el 349. El número 1 podría ubicarse donde ahora mismo Enamorats cierra su senda con la estatua de la Oca, cruzándose con Rogent, una esquina curiosa por relacionarnos, como una bendita fatalidad, cursos fluviales, pues este paseo casi peatonal, hoy en día uno de los más sensacionales de toda Barcelona, sigue con bastante fidelidad el descenso del torrent del Bogatell desde las montañas del Guinardó.

La calle del Arc de Sant Sever, superviviente del antiguo mundo rural de Bofarull | Jordi Corominas

Bofarull se intuye en dos espacios de ese trocito de Valencia antes de la Meridiana. Uno es un acceso interno a unas viviendas, accesible para todos y frecuentado sólo para osados como quien escribe, chafardero y curioso por aquello de cubrir todos los huecos para averiguar sus significados. El otro es el carrer de l’Arc de Sant Sever, increíble por resistir la marea del Eixample, único en su especie, se mire por donde se mire.

Según un mapa de 1943, Valencia ya había reemplazado a nuestra vía, programándose la realización de la Sibelius y la continuación de Bofarull en un sector rebautizado desde la antigüedad de su trazado. Justo en la finalización de esta recta arbolada el rec Comtal se despedía de nuestro protagonista y la Meridiana presentaba sus credenciales, leves hasta mediados de los cincuenta, cuando las expropiaciones desballestaron la pureza del camino de Barcelona a Sant Martí, o de este inmenso pueblo a la Sagrera, pues a veces nos pierde el centralismo capitalino.

Traza de la calle de Bofarull al borde de la calle Honduras | Jordi Corominas

La colisión de dos mundos y muchas zonas se produce en la plaza del Doctor Serrat, cuya antesala acaeció en noviembre de 1930, cuando se descubrió una placa en honor a este galeno de los humildes, dedicado a los pobres de Sant Martí de Provençals y presidente del Foment Martinenc. El breve periodístico informaba del homenaje, con actuación sardanista como colofón, en la particular unión de Bofarull, Gabriel i Galán, Meridiana e Internacional, como se llamó hasta después de la Guerra Civil el carrer de Nació, y quizá el Ayuntamiento, tan despistado por cuanto concierne a su nomenclátor, podría recuperar tan hermoso nombre, no sólo por sus reminiscencias de hermandad de todo el género humano, idea tan contrapuesta al cambio formulado por el Franquismo, bienamado en esas paradojas de nuestra centuria por el reduccionismo de los fanáticos de tan prostituida palabra.

Pese a ello, quizá podemos apreciar algunos restos agregados de Bofarull en esta meridiana salida de Barcelona, si bien otro planisferio, el mítico parcelario de 1931, ya muestra la finca del número 155 integrada dentro la vieja carretera de Granollers, tan determinada por el ferrocarril antes de su gran salto automovilístico.

Mural en el pasaje de Bofarull | Jordi Corominas

Bofarull retornaba en su ángulo con Trinxant. Estos metros desaparecieron con las expropiaciones de 1952 para dar rienda suelta a la Meridiana. Desde entonces, el quilómetro cero de la calle de los archiveros brotó junto a Navas, donde en 1915 tenemos documentado un puentecito para sortear el Rec Comtal, mucho más poderoso un poco más allá, para ser milimétricos y sin tacha en ese punto que nos contempla inmóviles desde hace dos semanas. Su convergencia con el Torrent de la Guineu se producía en Bofarull. En 1918, la Gaceta Municipal advierte al vecino Joan Solà de la urgencia en construir un albañal para las aguas residuales, dañinas para el arroyo, aún al aire libre, y por lo tanto de inmaculada agua, ajena a mediocres influencias, posibles peligros para infectar el líquido elemento y perjudicar a todos los aledaños.

De Biscaia hasta 1942 Lope de Vega, a Espronceda vemos la rambla de la Guineu, hoy pervertida por culpa de nuestra adorada calle de Palencia. Aquí, donde regresaremos para narrar una historia de fábricas y posmodernidades dentro de la mejor tradición vacua de la cultura condal, al Bofarull del presente le quedan pocos telediarios, muriéndose a la vera de Felip II y Josep Estivill, mucho menos glamurosos.

Mapa del refugio en la calle de Bofarull 231-233

El pretérito lo desgranaré con esmero dentro de poco, era un auténtico pozo de sorpresas. En sus números 231-233 se localizaba el refugio urbano 405, de planos harto interesantes. Como pueden comprender, no he tenido el privilegio de comprobar si en ese subsuelo se mantiene esa estructura protectora contra los bombardeos fascistas, si bien es muy tentador vislumbrarla intacta.

Como en ese intersticio hay un hiato, poco puedo aportar. En la calle de Honduras, antes Fluvià, con Josep Estivill damos con una rémora de Bofarull, un pasajito con halo milagroso, un encanto perdido entre lo recio de la modernidad franquista y la apuesta democrática por desplazar determinados espacios de arte a la periferia, como exhibe la nau Ivanow. Pocos metros más arriba de la misma nos recibe la calle Ciutat d’Elx, existente como tal desde 1966, cuando aniquiló el respeto debido a Bofarull.

La ruta de Enamorats/ Sant Sever/ Bofarull era primorosa en su coherencia desde la lógica de nuestros ancestros, de la frontera de Sant Martí con Barcelona hasta abrazar el limes de la Sagrera y fenecer en Garcilaso. Sin embargo, aún tenemos una minucia más en nuestra bandeja. En unos clasificados de 1925 se alquila una cuadra en el 313 de Bofarull, cerca de la imponente estación de mercaderías de la compañía Madrid-Zaragoza-Alicante. La nueva, aún en ciernes, acabará con el passatge dels Bofarull, una efeméride entre tanta Historia, irrelevante salvo por perpetuar la saga, demasiado oculta por la maleza de asfalto, cortada por mor del tráfico y la especulación.

Mapa de 1891. El círculo azul indica de donde salían la carretera de Horta y la de San Martín en la Sagrera. La flecha verde muestra la carretera de Horta, la violeta, el riego condal, la negra, el Torrent de la Guineu. La línea amarilla es el camino de Enamorats, mientras la roja la calle de Bofarull.
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