La Fundació Els Tres Turons nació en 1985 en el barrio del Carmel de Barcelona con el propósito de proveer apoyo y servicios a personas con problemas de salud mental desde una perspectiva comunitaria, para vincularlas lo máximo posible a su entorno más próximo. “Hace 35 años no había dispositivos para atender a estas personas. Se hicieron talleres artesanales y comunitarios para que no estuvieran aisladas en el domicilio ni en la calle, y se hizo con otras entidades del barrio”, explica Marta Garcia, técnica de Acción Comunitaria de la entidad.
La mayoría de las personas a las que atienden y gran parte de los servicios que ofrecen están vinculados al distrito de Horta-Guinardó. Por ejemplo, hay una escuela de jardinería en la que los profesores son personas que han aprendido el oficio en Els Tres Turons y dan clases a alumnos de la escuela Font d’en Fargues en el huerto de la masía de Can Soler. Esta iniciativa se enmarca en el Servicio de Rehabilitación Comunitaria de Adultos de la asociación.
Uno de los proyectos de esta entidad del Carmel es que las personas a las que atienden puedan hacer el máximo de vida independiente en su casa. “Es complicado por un tema económico. En la ciudad de Barcelona, se están pidiendo 600 euros una habitación, y hay personas que reciben una ayuda o una pensión o un sueldo que no es muy elevado. A veces, necesitan un acompañamiento intenso y, a veces, puntual, para desarrollar aspectos con los que no se habían encontrado anteriormente, como pueden ser el pago de recibos, tener una avería en el hogar, administrar el presupuesto o hacer la compra”, destaca Marta Garcia.
Los servicios que ofrece Els Tres Turons son muy variados, tanto para población joven como adulta, desde peluquería, alfabetización, audiovisuales, informática, cocina, rehabilitación cognitiva o actividades expresivas, hasta itinerarios de inserción laboral para formarlos y ayudarlos a encontrar trabajo. También hay actividades más lúdicas como, por ejemplo, club de fútbol y compañía de teatro, siempre bajo la premisa de conocer el territorio y a otras entidades.
El 80% ha padecido discriminación
El año 2010, diferentes agentes sociales vinculados al sector de la salud mental de Catalunya crearon la entidad Obertament para luchar contra el estigma y la discriminación que sufren las personas que tienen algún tipo de enfermedad mental. Según sus datos, un 80% de ellas han padecido discriminación.
En el ámbito laboral, la tasa de paro es del 62% y la mitad de las personas esconden la enfermedad en el centro de trabajo, igual que hacen en la escuela la mayoría de alumnas, que tampoco lo explican ni al profesorado ni a las compañeras. En el mundo sanitario, un 40% han sido discriminadas en algún servicio de la red de salud mental y, en las relaciones familiares y de amistades, la mitad afirma que ha tenido un trato injusto y el 23% dice que ha sido presionada para no tener hijos.
La presidenta de Obertament, Àngels Bardají, remarca que “el estigma es una idea impregnada en la sociedad, que lo ve como un problema, una mancha, una marca negativa. Para luchar contra esto, hay que tener mucha paciencia y se tiene que hacer mucho marketing social, porque el estigma no sirve para nada, al contrario”. “Estamos haciendo campañas y cursos a sanitarios, empresarios, periodistas, escuelas, jóvenes, y estamos preparando uno nuevo para cuerpos policiales”, añade.
Una de las actividades que ha tenido más éxito es la relacionada con los centros educativos, puesto que han visto cómo, después de tratar el tema en clase, los niños y adolescentes se animan a hablar de ello con más naturalidad. “La solución”, considera Bardají, “es ir concienciando mucho a la sociedad, y también ayuda que salga gente conocida en los medios, sean del mundo del fútbol, la política, el cine, etc., que digan ‘sufro esquizofrenia’ o ‘tuve una depresión y ahora me he recuperado’, y parte de la sociedad vería que no es para tanto”.
Escucha activa para prever conductas suicidas
También en 2010, un grupo de profesionales y voluntarios que habían vivido la conducta suicida en primera persona decidieron crear la Asociación Catalana para la Prevención del Suicidio (ACPS), con el fin de reducir la mortalidad por esta causa a través de la concienciación social y del acompañamiento del entorno. Entre sus proyectos, disponen de un espacio de escucha activa para personas en riesgo de tentativa o ideación suicida en el que ofrecen recursos para ellas y para su entorno.
También hay espacios para familiares y amigos que conviven con estas personas, e imparten charlas diversas en el mundo educativo para saber detectar señales de alerta entre la población adolescente, así como coloquios de personas que han vivido una situación de riesgo en primera persona y han conseguido superarla.
La presidenta de la ACPS, Clara Rubio, destaca que la familia y el entorno tienen un papel clave para identificar una conducta suicida: “La escucha activa nos permite identificar posibles señales verbales que nos pueden dar mucha información. Pueden ser expresiones que nos trasladan desesperanza, agotamiento o una situación en la que vemos un dolor emocional y en la que podemos identificar que la persona realmente no encuentra una alternativa a este sufrimiento”.
“Otra manera de identificarlo puede ser a través de cambios de conducta en nuestro familiar que nos lleve a interpretar que hay una posible situación de riesgo, una planificación o un gesto suicida, sea un cambio de conducta repentino o uno incluso que nos indique que nos está trasladando una despedida o una calma no esperada, en caso de que la decisión esté tomada. La familia tiene un papel preventivo importante porque conocemos mejor nuestro entorno, pero tenemos que entender mejor la conducta suicida para poder acompañar mejor a la persona”, resume.
Discriminación de las mujeres
Desde 1993, la Fundación Surt trabaja a favor de los derechos de las mujeres y en contra de las discriminaciones de género. El empoderamiento de la mujer viene desde procesos personales de toma de conciencia de subordinación para transformar las relaciones con el entorno, hasta trabajar por la independencia económica y mejorar el perfil laboral.
Esta organización feminista quiere generar pensamiento colectivo y crítico con el entorno sociopolítico, para formular propuestas de cambio en defensa de los derechos de las mujeres y otros grupos sociales en situación de discriminación.
La desigualdad de género comporta también problemas de salud mental en las mujeres, tal y como explica la directora general de la Fundación Surt, Sira Vilardell: “Venimos de una atribución de roles que nuestro sistema patriarcal nos impone, que hace que el rol de las mujeres esté muy invisibilizado, en todos los ámbitos. Tenemos el rol atribuido de que tenemos que cuidar a los demás, pero el cuidado hacia nosotras no lo establecemos”.
“Estas discriminaciones las vamos acumulando a lo largo de nuestras vidas, con esta tensión y este cuidado que se nos sobrepone, y tenemos una carga que es mucho más evidente. Lo hemos visto claramente con la pandemia. Y vas añadiendo, con las diferentes situaciones de violencias que vivimos, sean institucionales, de pareja, comunitarias… Todo esto tiene un impacto clarísimo en nuestra salud mental, y hay una tendencia a hiperdiagnosticar y medicalizar, en vez de ir a la raíz. En vez de abordar las causas e ir al foco de este malestar, se da solución a las consecuencias”.


