En diciembre de 2022, en el marco de una presentación de ‘A la soberanía por la izquierda’, nos preguntaron por las posibilidades de éxito electoral de la plataforma Sumar -impulsada por la vicepresidenta Yolanda Díaz-. Esta cuestión era de plena actualidad precisamente porque El País había hecho pública una encuesta que le otorgaba hasta 62 escaños en caso de arrastrar todo el espacio a la izquierda del Partido Socialista. Una encuesta que partía con una condición de que, más de cinco meses después, no se ha completado definitivamente. Siempre es curioso observar cuando el establishment toma partido. Y en ese caso, parece que algunos prefieren a Díaz a Iglesias. Empezando por sus socios de Izquierda Unida, sus excompañeros de Más País o sus aliados catalanes de los Comunes.

Mi respuesta a esa pregunta fue irónica, dado el contexto. Si todavía no sabemos quién suma, ¿cómo vislumbrar si tendrá éxito electoral? Qué garantía hay de que este proyecto tenga un cierto éxito en Galicia, Cataluña o País Vasco, si en gran parte de estos territorios las coaliciones impulsadas por Podemos han acabado deshaciéndose, escindiéndose, peleándose o, simplemente, perdiendo apoyo electoral paulatinamente? Lo cierto es que el asalto a los cielos de Podemos ha generado una resaca de la que, inevitablemente, Yolanda Díaz forma parte.

Sumar parte de una diagnosis que encuentro acertada: una vez quemada la etapa de Iglesias al frente de Podemos, quizás vale la pena ensayar nuevas fórmulas organizadas para airear el espacio político y evitar que los socialistas acaben por promover el voto útil ante la derecha y la ultraderecha. Ahora bien, lo que sobre el papel podría funcionar, parece obviar que el contexto político y social es muy diferente al que permitió la eclosión de Podemos en el 2014. No sólo no ha habido un 15M que sirviera como oxígeno y argumentario del movimiento, sino que en los últimos años esta izquierda –ahora con cierto rebranding– ha liderado Ministerios y alcaldías del más alto nivel. Y ciertamente, pese a algunos avances, su etapa de expansión no se ha caracterizado por un cambio socialmente tangible. Dicho de otra forma, Sumar ya ha gobernado antes incluso de constituirse como herramienta política. Y su experiencia de gobierno es, al menos, cuestionable. Sobre todo si tomamos como ejemplo la reforma laboral de Díaz, Ciudadanos y CEOE.

Hay otro elemento interesante, además de la experiencia de gobierno, que es el liderazgo. Si bien Yolanda descarga el peso de la organización partidaria en sus aliados (con Garzón, Colau y Errejón encantados), reserva para sí el protagonismo único de aquel que se cree imprescindible. Sin embargo, hay que recordar que Díaz es una política sin demasiado escrúpulos, tal y como acredita su paso por el Partido Comunista, su rol en las confluencias gallegas y su interacción con el partido de Pablo Iglesias. En la interna, Yolanda sólo juega a su favor. No suma. Más bien, todo lo contrario.

A menudo cuando se habla de la unidad de la izquierda, algunas personas hablan de un concepto que nos es familiar, el de frente amplio. Frente Amplio, en castellano, como la principal formación de izquierdas de Uruguay. Debo decir que la repetición de esta idea se evoca en nuestro país para condicionar la acción política de terceros. Por el contrario, la experiencia uruguaya implica organización interna, cultura política compartida y la conciencia común de que fuera de las paredes del Frente Amplio hace mucho frío. En los últimos días hemos constatado que Sumar no es un frente amplio porque sólo se organiza a mayor gloria de la candidata y para obligar a Podemos a integrarse.

También es cierto que la experiencia de Podemos como fuerza que aspira a gobernar ha llegado a su fin. El nuevo artefacto impulsado por la vicepresidenta es un ejemplo de su resaca, ya que encapsula todos los vicios y problemas internos que se han vivido en el seno de las confluencias de Podemos durante la última década. La configuración de esta plataforma es un Vistalegre sin democracia interna y frente a los medios de comunicación.

Desde la lejanía, sin embargo, yo le deseo suerte a Yolanda Díaz. Seguro que podrá aprender del Frente Amplio uruguayo, que en vez de utilizar lenguaje de Mister Wonderful, insiste con la idea de acercar su proyecto político a más gente –mientras habla de política productiva o de buen gobierno-. Decía Mujica en el congreso del Movimiento de Participación Popular hace unas semanas que ellos son un movimiento que no obliga a la gente a pasar por un catecismo porque deben convocar la pluralidad, pero destacando que “no hay un superhéroe en esta construcción”, refiriendo- se en el Frente Amplio.

Quizá, en clave española, no hace falta ni catecismo de Podemos ni el papel de superheroína que pretende jugar la vicepresidenta Díaz.

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