Fernando de Lapi fue a la vez un cargo intermedio del Banco de España y un poeta que se relacionó con personajes que marcaron la historia de nuestro país. Nació en Málaga en 1891 y murió en Madrid en 1961. Escribía sus poemas en el reverso de los documentos que manejaba en el banco. Solo publicó un libro: Suma poética.

Un buen día caen en sus manos un montón de cartas de Fernando de Lapi. ¿Por qué se anima a convertir esos documentos en una especie de biografía suya?

Es caprichoso el azar. Me compré una casa en un pueblo de la España vaciada, en Soria concretamente. Hoy ese pueblo es una simple pedanía de Medinaceli y, aunque tiene un solo habitante, algunos fines de semana suben a Benamira muchos de los que nacieron allí, aunque desde hace tiempo viven en Madrid o Zaragoza. Uno de ellos, Javier, sabía que era periodista y editor y me dijo: “Se ha muerto mi madre y he descubierto tres cajas con documentos y cartas de un tío mío que se carteaba con Machado y Unamuno, además de con los escritores del veintisiete”. Y me pasó las cajas para que buscase alguna institución donde las guardasen. Yo desconocía quién era y qué había hecho este escritor. Busqué en internet información sobre Fernando de Lapi y solo encontré una referencia escrita por un poeta malagueño. Contacté con él y le hice entrega del material para que lo colocara donde considerara pertinente; pero antes leí minuciosamente esas cartas que Javier había conservado con tanto cariño, y consideré que era bueno recordar a un poeta olvidado que, en determinados momentos, fue el modelo que inspiró a autores como Jorge Guillén. De Lapi tenía 18 años y mientras estudiaba derecho creó una revista en la que escribían muchos de los autores importantes de la época. Me pareció sorprendente esa precocidad y aluciné cuando, entre las cartas, encontré firmas como las de Gerardo Diego, los hermanos Quintero, Antonio Machado, Unamuno y, sobre todo, Jorge Guillén, que cuando tenía 16 años visitaba a De Lapi para demostrarle su admiración. El caso es que, cuando empecé a mirar todo aquello, lo que me llamó la atención es constatar que un joven, que acababa de salir de la adolescencia, apuntara tan alto y al final no encontrara nada sobre él en internet, ni siquiera una ínfima reseña de la Wikipedia. Hablé con su sobrino y éste me definió a su tío como un “pagafantas”. Se ve que aquellos autores tenían mucho prestigio, pero les costaba sacar la mano del bolsillo a la hora de pagar, y el que pagaba al final la fiesta era Fernando de Lapi. Me hizo gracia. Después vi que escribía zarzuelas. Empecé a leer todo aquello y me dije: voy a contar la historia de un poeta olvidado. Indagar sobre la frustración de alguien que trabajaba en aquello que no le gustaba y empleaba su tiempo diseñando los decorados de su próxima zarzuela en el reverso de los recibos de caja del Banco de España.

Al parecer, usted escribe sin un guión previo

Supongo que eso debe ser una especie de aberración para un novelista. El guion es imprescindible para saber dónde se quiere llegar. Sin embargo, yo escribo igual que en su día escribía mis artículos. El periodista ve, observa y cuenta lo que ha visto sin hacer un guion, porque ni tiene tiempo para hacerlo ni es necesario. Yo escribo así y por ello nunca sé cómo terminará la novela, ni siquiera qué ocurrirá en el camino. ¿Qué ocurre? Como una novela es larga, mientras la escribes pasan cosas. Por ejemplo, fui a dar una conferencia de mi anterior novela, “El viejo periodista”, a la Universidad Pompeu Fabra. Explicaba a los alumnos la influencia manipuladora del periodismo sensacionalista y, como ejemplo, les hablé de la guerra entre Estados Unidos y España. Observé aterrorizado la cara de los alumnos y les pregunté si alguien sabía que había existido esa guerra. Nadie levantó la mano. Entonces les pregunté si alguien había oído hablar de la guerra de Cuba y solo uno dijo que sí, “que se trataba de la guerra de independencia de Cuba”. Le aclaré que casi, pero que no, que en realidad se trataba de una guerra para que Estados Unidos pasara a tener una colonia y no para que los cubanos consiguieran la independencia. Estamos hablando de alumnos que para entrar a hacer Periodismo en esa facultad deben tener una media del bachillerato y selectividad muy alta, y pensé que si estos no lo sabían difícilmente lo sabrían otros, y por ello en la novela consideré que tenía que hacer hincapié en esa guerra y narrar, al mismo tiempo que la evolución de la vida de Fernando de Lapi, la historia de la literatura y del país.

“Consideré que era bueno recordar a un poeta olvidado que, en determinados momentos, inspiró a autores como Jorge Guillén.| Pol Rius

El libro permite conocer un poco la época en que transcurre la vida del protagonista, finales del siglo XIX y primeros decenios del XX

Yo soy de los que creen que un libro debe explicar cosas y que, después de leerlo, el lector debe quedarse con la sensación de que ha aprendido algo. Eso he tratado en este libro. Algunos profesores de historia o literatura me han escrito para decirme que este libro debería ser de lectura obligatoria para los alumnos de los últimos cursos de bachillerato. Creo que se pasan un poco, porque les ha gustado el libro y se han dejado llevar por la emoción del momento. Pero estoy convencido de que hay que hacer algo para que los estudiantes salgan con unos conocimientos básicos de lo que ha sido nuestra historia reciente. Más que un novelista soy un periodista que escribe novelas como si se tratara de artículos muy largos y busco información para redactarlos de una manera lo más objetiva posible.

Fernado de Lapi quiso ser poeta pero no obtuvo ningún reconocimiento. ¿Por qué fracasó?

Yo creo que porque él trabajaba en el banco. Y trabajar en el banco para un escritor no es nada glamuroso. Es una cosa totalmente marginal. Es verdad que hay una excepción, que es la de Ricardo León, que era el autor de los best sellers de mayor éxito en aquella época. Llegó a vender casi un millón de ejemplares de uno de sus libros, y trabajaba también en el Banco de España. Pero es la excepción. Ricardo León no era de la generación del 27. Era una cosa rara, iba aparte. Pero de Lapi sí que se relacionaba con todos los poetas del 27, los conocía, iba a sus tertulias y demás, pero lo veían como me lo definió su sobrino, como un “pagafantas” que estaba ahí, trabajaba en el banco y su oficio era el de banquero, no el de escritor. Escribía como hobby.  Yo creo que lo veían así, mientras los demás apostaron por la enseñanza o la política.

De Lapi se licenció en Derecho

Sí, hizo Derecho. Venía de buena familia, porque su padre era un directivo del Banco de España, como él. Escribía poemas en la parte de atrás de los recibos bancarios. Más allá de Suma Poética, porque así tituló la antología de sus poemas escritos entre 1908 y 1924, no paró de escribir poesía, y en las cajas que me entregaron como legado había cientos de poemas que nunca se publicaron. También hacía bocetos de los escenarios de las zarzuelas que escribía. Dibujaba con cierta gracia.

“Soy de los que creen que un libro debe explicar cosas y que, después de leerlo, el lector debe quedarse con la sensación de que ha aprendido algo”.| Pol Rius

El libro lo narran la mujer de Fernando de Lapi y usted. Es un cierto ejercicio de creatividad literaria

Estos son problemas de escribir sin guión, que sabes dónde empiezas, pero no sabes dónde terminas. No solo te influyen cosas que pasan, sino que encima puedes perderte. Tanto en mi primera novela como en esta he empezado a escribir la historia de un personaje y después he terminado enamorándome de la contraposición femenina que entra en la historia. Todo está escrito de principio a fin, salvo la primera entrada del libro, que es cuando me di cuenta de que en realidad la mujer de De Lapi había adquirido una importancia tan grande que tenía que ser la narradora, la que contase la historia. Cuando ya estaba la novela prácticamente terminada, decidí que tuviera ella ese peso.

¿Qué parte hay de ficción y qué parte de realidad? ¿Qué porcentaje de cada cosa hay en la novela?

La ficción es poca. Casi todo es realidad. Yo no estaba en los diálogos de María Luisa con De Lapi, que todo se basa en eso. Pero sí que he investigado cómo era esta señora, su físico y su carácter, práctico y jovial a la vez; en contraposición con Fernando, que vivía marcado por su frustración literaria. Es ella la que dice, “oye, deja de escribir y vamos a ser una pareja, vamos a divertirnos, vamos al teatro, pero no para analizar la obra, para disfrutarla como la disfrutan otros”. Eso cambia un poco el mundo de él. No estaba previsto que ella tuviera ese peso. Yo quería contar la historia de De Lapi, y ella no entraba en mis planes cuando escribí las primeras líneas. Por eso tuve que añadir un folio de entrada para justificar ese protagonismo, que al mismo tiempo es el que merecen las mujeres, que en aquella época dependían injustamente del hombre para todo. Me sirve realmente de contrapeso. Ella trabajaba también en el Banco de España, donde se conocieron. Una historia que no estaba previsto que fuera así ha terminado siendo de este modo.

Lo que explica de Unamuno, Picasso, en relación con De Lapi ¿es verdad? 

Sí, todo eso es verdad, pero siempre pasado por el filtro del autor. Por ejemplo, todo lo que cuento de la guerra de Cuba, puesto en palabras del padre de Fernando de Lapi, es inventado. Consideré interesante introducirlo tras ver el desconocimiento por parte de los alumnos y porque ese desastre marcó a la generación del 98. Sé que Fernando vivía con los complejos del chaval que era cojo de nacimiento, que arrastraba la marginación de ser diferente y de no poder jugar en el patio con los demás niños, y se encerraba en el mundo de los libros. Pero sobre este tema él no escribió nada, aunque me parece lógico. Esto es medio intuición, medio verdad. Lo que sí es cierto es la relación y el cariño existente entre su familia y la de Picasso.

Habla de una visita de un De Lapi muy joven al estudio de Picasso

Eso es invención, o tal vez no, porque pudo ocurrir sin que el poeta dejara testimonio por escrito, pero, sabiendo que a de Lapi le gustaba dibujar, pensé que me iba bien para hablar del pintor y su obra realizada en Barcelona. Estuvieron en la casa de los Picasso en más de una ocasión, y la relación entre las dos familias siguió hasta mucho después de marcharse las dos de Málaga, donde eran vecinos.

Vivió en Barcelona

Estuvo viviendo en Barcelona un tiempo. Su vida fue salir de Málaga, venir aquí, después fueron a Santander, más atarde a Valladolid. Él era un chaval que no sociabilizaba con los otros chicos en el colegio. No guardó grandes recuerdos de esa etapa. Los amigos de los De Lapi en Barcelona eran la familia Picasso, con los que sí que tenían bastante relación.

Explica que perdió la virginidad en un burdel…

En uno de los poemas habla de una mancebía situada en la calle Migdia, donde el poeta perdió la virginidad. Lo cuenta como si de un romance se tratara, un romance oscuro que titula “Carne”, y en el cual describe a la meretriz como “Aquella daifa obesa,/ con cabellos de esparto/ y rostro de clownesa…/ Aquel hediondo cuarto/ y el camastro que no/ purificara el parto…” Respecto a la visión de los otros clientes es muy concreto: “Pelotón de cuartel,/ ruda marinería,/ llenaban el burdel”. Hoy esta calle ha desaparecido del callejero barcelonés, y estaba ubicada donde hoy está la Avinguda Drassanes.

“Tanto en mi primera novela como en esta he empezado a escribir la historia de un personaje y he terminado enamorándome de la contraposición femenina que entra en la historia”. | Pol Rius

¿Se ha enfadado algún familiar con lo que explica en este libro?

No, porque los familiares están encantados con el resultado. Javier quería que el recuerdo de su tío y el reconocimiento de su obra no cayera en el olvido y creo que eso está conseguido. Todo el mundo que ha leído el libro dice que le ha gustado mucho, o por lo menos es lo que me han dicho y espero que no sean muy mentirosos.

¿Le gusta la poesía?

Sí, yo descubrí la poesía a través de Paco Ibáñez, en la época del instituto. Tenía 14 o 15 años y aquellas canciones eran lo más revolucionario que se podía escuchar. Aquel concierto de Ibáñez en el Olympia, donde musicaba poemas de Góngora o Quevedo con letras como aquella de “poderoso caballero es don dinero”, o aquel “Andaluces de Jaén”, de Miguel Hernández, me ponían el bello de punta. A través suyo me interesó la poesía y empecé a leerla. Todos los autores que hay en el libro los he leído, en mayor o menor medida.

¿Qué le parece la poesía de De Lapi? 

Es normal. Era una poesía muy ecléctica. Había mucho de todo. Él no se sumó a ninguno de los ismos que hubo. Nunca dejó de escribir poesía, pero introducida en sus zarzuelas, y ese tocar demasiados palos hizo que no destacara en ninguno de ellos. Al final te quedas un poco apartado si tú no estás en ninguna de las tendencias de moda, si no te defines de un modo claro. Es como el que quiere ser neutral siempre y recibe hostias por todos lados, porque nadie entiende tu posición neutral y la búsqueda de la objetividad. Yo hago mucho hincapié en lo del tren que va de Madrid a Sevilla, a una reunión de poetas destacados. Ahí nace la Generación del 27 y a él, que se consideraba amigo íntimo de Jorge Guillén, no le invitan. Ahí sí que hay un cierto resquemor. La correspondencia con Guillén y los otros poetas del 27 se interrumpe totalmente en aquella época. Después, en épocas posteriores, todas las cartas que conservó tenían que ver más con el teatro que con la poesía.

De Lapi publica la obra de poetas importantes en su revista, pero a él no lo consideran de los suyos

Su revista la editó cuando él tenía 18 años, y en ella había más autores del 98 y de la generación de Juan Ramón Jiménez que de la del 27. Lo curioso es que De Lapi pasara de ser admirado por los más jóvenes a totalmente olvidado. Supongo que los que le enviaron artículos, como Unamuno, debían verlo como un joven entusiasta y emprendedor, más que un escritor consagrado. Guillén le envió su tesis doctoral mecanoescrita, y le pidió que corrigiese las faltas de ortografía que pudiesen haber cometido las mecanógrafas, que no él, aclara. Imagínate hasta qué punto había una relación de amistad y casi de admiración y respeto de Guillén hacia De Lapi, en quien depositaba su tesis doctoral para que la corrigiera antes de enfrentarse al tribunal. Y, después, de esa relación no quedó nada.

De Lapi escribía zarzuelas, pero parece que no se sentía realizado con esa labor.

Con dos de sus zarzuelas tuvo bastante éxito, pero él quería ser poeta. Yo creo que la zarzuela fue un refugio para seguir escribiendo poesía y mantener el contacto con el mundo de la cultura. En el legado recibido había también alguna obra inédita.

“Creo que el libro puede tener un valor pedagógico para alumnos de Bachillerato, e incluso para estudiantes de carreras de Letras”.| Pol Rius

Políticamente nos presenta a un falangista no muy convencido

Si analizas la época, todos eran amigos y estaban poco politizados. Su vida estaba en las revistas culturales y las tertulias. Recuerda las críticas de Unamuno a los autores del 27, de los que decía más o menos que escribían chorradas y no se mojaban en los temas políticos. ¿Quién ayudó más a Miguel Hernández, que era el más pobre e identificado con el comunismo? No fue otro que Jose María de Cossio, que era de derechas. Guillén llegó a escribir cosas para la Falange, aunque después se arrepintió y buscó el exilio. En la guerra hubo una situación extraña. Hubo miedos, y con los miedos la gente se arrima adonde puede. Es una cosa que también he querido transmitir en el libro. Intentemos ya objetivar y olvidar el tema de la guerra, dejando de explicarla como una historia de buenos y malos. Malos fueron todos, porque el que mata es un asesino. Es así. Hay que aceptarlo como fue. Evidentemente, hay unos malos iniciales, que son los que no respetaron unas elecciones democráticas y dieron un golpe de estado. Pero después, la barbarie estuvo en todos lados, y los vencedores pasaron la factura a los perdedores. Eso nadie lo puede negar.

Va a la manifestación de la Plaza de Octubre de apoyo a Franco cuando la ONU pide la retirada de los embajadores en España. Lo justifica diciendo que va porque si no lo hace quedará marcado

No le quedaba otra. Tiene un cargo en el Banco de España. Si se enteran de que no va… Seguramente fueron en grupo todos los del banco. ¡Cómo no va a ir él! Las represalias en aquella época serían inmediatas.

En la etapa final aprecia autores como Gabriel Zelaya, José Agustín Goytisolo, Gloria Fuertes, José Hierro, Blas de Otero… ¿Evoluciona hacia la izquierda?

Esto ya forma parte de mi ficción. Le gustaba la poesía y quiero pensar que apreció la obra de todos estos poetas, como la aprecio yo. En la poesía de la época había dos tipos de autores: los que eran adictos al régimen, que todo lo basaban en la religión, y estaban los que no, los que la vivían desde el desarraigo. Supongo que a él, por sus escritos, le gustaban todos los que tenían calidad, desde Blas de Otero a los Panero. De Lapi no evolucionó. Siempre se mantuvo al margen. Le gustaba el mundo de la cultura, de la literatura. Publicó muchos artículos, críticas literarias, obras de teatro. El quería ser poeta y la política le importaba un pimiento. Fue falangista por seguridad y cobardía, porque algo tenía que ser para que le dejaran trabajar en paz.

Cuando muere, su mujer entra en su despacho y encuentra un poema inédito de Antonio Machado que publica ahora en el libro. Toda una exclusiva

Creo que ese poema no se ha destacado lo suficiente en la promoción del libro. También hay un artículo muy interesante de Unamuno, en el que explica su filosofía sobre los nacionalismos. Creo que el libro puede tener un valor pedagógico para los alumnos de Bachillerato e incluso para los estudiantes de carreras de Letras. Hay que saber un poquito de la historia reciente de nuestro país.

¿Corren malos tiempos para la poesía?

¡Horribles!

¿Tendría sentido publicar un libro con los poemas inéditos de Fernando de Lapi?

Hay mucho material suyo que no se ha publicado. En su Suma Poética recogía las poesías que consideraba mejores. Entre el material que me pasaron hay 500 poemas más y obras de teatro inéditas, que quizás se puedan conservar en el archivo del museo de Almagro, tal y como quiere intentar Rafael Inglada. La mayoría de los libros no llegan a vender 2.000 ejemplares. Si son de poesía muchísimo menos. La poesía vende cien ejemplares, doscientos. No creo que sea suficientemente famoso Fernando de Lapi, a pesar de mi novela, para que alguien se anime a publicar un libro con ese material. A no ser que sea una institución.

Parecería que la poesia estaba mejor valorada años atrás

Los poetas nunca han vivido de la poesía. Uno tiene que ganarse la vida y los poetas han sabido hacerlo en otros campos, al tiempo que escribían sus poemas. Los de la Generación del 27, a excepción de Miguel Hernández, eran niños bien, a los que sus padres enviaron a Ginebra, París o a Londres, para que ampliaran sus estudios. No era lo normal de la época, que era de suma pobreza. No vivían de la poesía. Eran gente muy pudiente, y después casi todos terminaron siendo catedráticos o profesores de instituto.

Mucha gente conoce poesías gracias a los cantantes que les ponen música

Yo creo que la poesía es emoción. Te emociona y no sabes por qué, como me emocionaron a mí las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Tenía 14 años cuando escuché la versión de Ibáñez y devoré el libro, a pesar de ser literatura de transición entre la Edad Media y el Renacimiento.

¿Se animaría usted a escribir poesías?

No, o por lo menos con intención de publicarlo. Hay que tener una sensibilidad muy especial, ser capaz de escribir algo que realmente toque la fibra, que emocione. Con la poesía he disfrutado mucho, he gozado tanto al leerla como al escucharla en las voces de Paco Ibáñez o Serrat.

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