Isabel Matute y Mabel Manzano pisan Barcelona después de larguísimas horas de tren; llegan azuzadas por el frío y descolocadas por los laberintos de calles del Born; “nos falta la cesta de mimbre con los huevos para ser dos señoras que suben a la ciudad”, bromean. Ambas, menudas, sonríen mientras se frotan las manos para calentarlas. Manos encalladas por largos y duros años de trabajo en Elx, ciudad de la que vienen y que ha dado ocupación a tantas otras personas como Isabel y Mabel, en el mundo del calzado.
Pero ambas mujeres se hallan mucho más atrás de los lujosos escaparates donde se encuentran los zapatos lujosos y caros que podamos visualizar. Ellas son las manos en la sombra de los talleres o sus casas donde, rodeadas de máquinas y colas, “unen las piezas de un puzle, haciendo pespuntes y piececitas” que se convierten en la base del calzado. Un trabajo artesano, que ambas adoran, pero que a la vez las esclaviza.
Sueldos que apenas llegan a los 400 euros, con precios de entre 1,5 y 3 euros a la hora; sólo aquellas que resisten las duras condiciones de los talleres aspiran a contratos, pero que a penas llegan a las dos horas -cuando se suelen trabajar más de 11-, cosa que en muchos casos les impide llegar a los años mínimos cotizados para tener una pensión.
Fruto de estas condiciones y de su indignación, hace seis meses se organizaron como Aparadores d’Elx, un colectivo que busca “nada más que lo que merecemos, un salario digno, que me permita ser independiente. Porque lo he trabajado, quiero un salario como lo tiene cualquier hombre”. Isabel, la presidenta y Mabel, la vocal, visitan Barcelona en el marco de unas jornadas sobre calzado sostenible organizadas por SETEM.
A pesar de que el producto es de uso común, las trabajadoras sois invisibles: trabajáis desde casa, tenéis unas condiciones laborales alarmantes. ¿Cómo puede ser posible?
Isabel Matute (I.M.): A nadie le interesa que salga a la luz cuál es nuestra situación porque tenemos un convenio del calzado en el que se reconoce la modalidad de contrato domiciliario para las mujeres que, como nosotras, hemos querido conciliar familia y trabajo y hemos decidido quedarnos en casa para cuidar de los nuestros. Pero nunca nos llegaron a hacer contratos, por lo que no vamos a cobrar jubilación, a pesar de haber estado toda la vida trabajando.
Y los talleres no son mejores; no hay ninguna garantía de cotizar y las condiciones son peores que en casa: trabajas unas 11 horas, te maltratan, te chillan…al saber que necesitamos el trabajo nos faltan al respeto. Al ver esta realidad, volvemos a casa a trabajar, porque por lo menos allí no somos maltratadas, porque las mujeres salen de los talleres con verdaderos problemas psicológicos y psiquiátricos.
Ahora, las empresas empiezan a tener miedo y nos piden que nos hagamos falsas autónomas, cosa que es ilegal. Pero ellos han de justificar todo ese dinero negro que lleva 40 años moviéndose por Alicante, sobre todo a partir de que nosotras empecemos a denunciar la industria sumergida. Y digo nosotras porque los sindicatos, a pesar de ser conocedores de nuestras condiciones, nunca lo han hecho. Ni siquiera nos han llamado.

¿Alguna vez habéis calculado el beneficio que saca la empresa de vuestras jornadas de trabajo?
Mabel Manzano (M.M.): Son altísimos. Y sería muy fácil averiguar que algo no va bien, si la Fiscalía se dedicara a investigar a las empresas. Por una serie de beneficios, se deben tener unas personas trabajando; si no figuran, en algún sitio deben estar, ya sea en sus casas o en talleres clandestinos. Siempre somos las mujeres, las grandes perjudicadas en el mundo del calzado.
No se puede hablar de vuestro oficio sin hablar de sesgo de género. Podéis llegar a septuplicar a vuestros compañeros hombres
(M.M.): Los hombres no se quedan en casa a trabajar en una máquina, porque siempre somos las mujeres las responsables del hogar, los hijos, los ancianos o discapacitados. Se ha visto muy normal en la sociedad que la mujer se quede en casa y que se vea su trabajo simplemente como una ayuda económica al sueldo que trae el marido. No, la mujer tiene su trabajo y su propio sueldo, no es que aportemos algo a la casa. Esta forma de pensar de la sociedad y la industria nos ha perjudicado mucho y es la que provoca que sigan sin darnos derechos.
La mayoría de mujeres aparadoras empiezan trabajando en casa por la conciliación laboral. Pero ¿son posibles los cuidados con estas condiciones de trabajo?
(I.M.): La gente se sorprendería de lo que somos capaces de hacer: sacamos tiempo de los descansos, del ocio, de la vida. Nos quedamos sin vida. Terminamos con la máquina y hacemos la comida o vamos a por los niños al cole y ese tiempo perdido se recupera, bien trabajando de noche mientras los demás descansan, o los fines de semana, en vez de estar con los tuyos. Pero es tan normal este sistema generado en la comarca que ni siquiera éramos conscientes de esto e iban pasando los años y cuando te das cuenta de que llevas 30 en la máquina, en la misma postura, y tu cuerpo no te responde, ni siquiera te puedes cuidar tú.
Te das cuenta de que tu vida ha pasado, que hemos envejecido, estamos enfermas: la que no está operada está por operar. No tenemos derecho a nada y nos hemos dado cuenta tarde del crimen que han cometido contra nosotras.
Ante unas casas que no están habilitadas para este tipo de maquinaria ni para jornadas laborales tan largas, ¿Cuáles son las problemáticas que podéis desarrollar?
(I.M.): Usamos unas colas muy tóxicas y no tenemos sistemas de ventilación. En invierno raramente abrimos la ventana: o te hielas o te intoxicas y con el frío que hace, casi prefieres intoxicarte. Hay ciertas premisas para realizar nuestro trabajo en condiciones, como poner las cubetas a una altura para no forzar posturas raras. Pero es que las máquinas no están adaptadas, son viejas y ahora tienen otros diseños, pero cada una tiene la que tiene, que nos la compramos con mucho esfuerzo y la aguantas hasta que te jubilas.

¿Compráis vosotras el material de trabajo?
(I.M.): Claro. Máquinas, agujas, productos…por eso dice el convenio que cuando trabajamos en casa se nos tiene que pagar el 10% más. Y no sólo no nos lo pagan, sino que nos acaba saliendo la hora a 1,50€ como mucho y sin tener contrato. En los talleres se puede llegar a tres. El empresario es tan avaro que nunca se ve harto, porque no es sólo que se ahorre los impuestos o la seguridad social, es hasta el salario. ¿Qué más nos pueden quitar si nos han quitado el sueldo, los derechos y hasta la propia salud? Nos la jugamos todo a una carta porque no tenemos ya nada más que perder.
Y esa carta es el asociacionismo. ¿En qué momento surge y cómo os organizáis?
(I.M.): Nosotras ya veníamos del activismo, de movimientos como la PAH o las Marchas de la Dignidad. El problema más crucial de nuestra ciudad es la industria sumergida y debíamos denunciarlo. Al principio éramos sólo cuatro y de repente empezamos a salir en los medios, tuvo mucho eco, como si todo el mundo estuviera esperando a que alguien diera el primer paso. Y en la primera reunión ya éramos más de 70 mujeres reunidas. Jamás pensamos que había tanta necesidad de decir basta al esclavismo. Y hablamos de esclavismo porque ya hemos pasado la barrera de la precariedad.
Uno de vuestros referentes han sido las Kellys, víctimas de una explotación e invisibilización parecida a la vuestra. ¿En qué aspectos os reflejasteis?
(I.M.): A mí me inspiraban, me daba envidia lo valientes que eran por haber creado ese movimiento. Tenía esa idea en la cabeza para las aparadoras. Compartimos reivindicaciones con ellas: estamos igual de hechas polvo, somos todas mujeres, en su mayoría mayores. Nos hicieron ver que si ellas podían, nosotras también.
Nacisteis como colectivo hace seis meses ¿qué habéis conseguido hasta ahora?
(I.M.): Hemos conseguido reunirnos con partidos políticos para hacerles saber que ha llegado el momento de poner fin a nuestra situación: no sólo buscamos que nos devuelvan nuestros derechos, sino que se acabe con la industria sumergida. Nos apoyan todos, aunque algunos sólo para hacer la foto. Unidos Podemos ha promovido una Propuesta No de Ley en la que, además de reconocernos nuestros derechos, también se nos reconozcan los años trabajados. No vamos a aceptar de ninguna manera que los 50 años que llevamos trabajados no valgan nada; de otra manera nos condenarían a ser dependientes de la pensión de nuestras parejas, las que la tengamos. Y nosotras hemos luchado para ser independientes de cualquier hombre.

¿Tenéis esperanza u os preocupa que estas medidas sean propuestas electoralistas de cara a las elecciones de mayo?
(I.M.): La sociedad, partidos y sindicatos tienen una deuda histórica con las mujeres de la provincia de Alicante, porque todos han callado durante años. Mientras sigan dando barra libre a las empresas que nos tienen en las condiciones en las que estamos, son cómplices de la industria sumergida. No nos vamos a callar y vamos a denunciar estas prácticas. Después de 40 años, ahora les preocupa nuestra situación, porque se necesita un cambio generacional y nuestras hijas han visto nuestra situación y prefieren cualquier otro trabajo antes que sentarse a aparar. Y es una lástima, porque es un trabajo precioso y que me encanta hacer, pero con unas condiciones dignas que me dejen pagar una hipoteca, ser independiente como mujer. Porque me lo merezco, porque para eso he trabajado y quiero mi salario, como lo tiene cualquier hombre.
¿Ha habido represalias? ¿Compañeras despedidas?
(I.M.): Yo misma, nada más empezar a organizarnos. Pero ni me asusta ni me amedrenta.
(M.M.): A las mujeres siempre nos han tenido asustadas. Es el miedo a que nos dejen sin nada, ¿cómo podemos parar el miedo? ¿Cómo las animamos a que pierdan el miedo? Poco a poco, ya somos muchas, pero todavía nos queda miedo. La mayoría de las que estamos organizadas hemos trabajado en casa, mientras mecíamos al bebé sin poder atender bien a nuestros hijos. No tenemos la autoestima necesaria para salir y luchar. El miedo es muy malo, sobre todo para las mujeres.
¿Cuál es la postura de los sindicatos?
(I.M.): Los mayoritarios, UGT y CCOO, desaparecidos. Y la asociación de empresarios del calzado no quiere saber nada de nosotras. No tenemos agentes que nos protejan; estamos olvidadas. Como nos ha olvidado la mismísima secretaria general de CCOO en la zona, Carmen Palomar; ella misma fue aparadora y se le ha olvidado. Como tantos otros políticos, que ya no recuerdan que alguien de su familia es o ha sido aparadora. En Elx todo el mundo tiene a una aparadora en casa y los mismos políticos te dicen que entienden tus reivindicaciones porque sus madres, hermanas o tías son aparadoras. Pero entonces, ¿por qué no lo paran? Les hemos puesto ahí para solucionar estas cosas. Se les tendría que caer la cara de vergüenza
Esta entrevista es fruto de la colaboración entre la Fundació Catalunya Plural y Ràdio Terra, para un periodismo colaborativo y cooperativo




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Hola a todos, por cierto encontre una referncia muy importante es la ley de subrogación en Ucrania, traducida al español: https://maternidad-subrogada-centro.es/maternidad-subrogada-law.pdf