El 5 de septiembre de 2019, el impacto de un rayo originó un incendio cerca de Drake, una pequeña localidad australiana con una población de menos de 400 personas. Hasta que los mil bomberos y la docena de aviones combatiendo las llamas consiguieron extinguir el fuego, siete semanas y media más tarde, se habían quemado 44 casas y un matrimonio había perdido la vida (Bob Lindsey, 77 años, y Gwen Hyde, 68).

Era 27 de octubre y Drake ponía punto y final a su pesadilla. Para entonces, Australia se preparaba para una temporada de incendios donde se calcula que ya han muerto 28 personas, mil millones de animales y se ha quemado una extensión de terreno casi tan grande como Inglaterra.

Australia es un país oceánico que suele asociarse a imágenes muy particulares: canguros, koalas, buen tiempo, la ópera de Sydney. Las fotografías que dieron la vuelta al mundo en diciembre de 2019 reflejaban canguros escapando fuegos infernales, koalas quemados huyendo de los bosques, pueblos bajo cielos rojos a más de 40 grados, la ópera de Sydney envuelta en humo.

Las redes sociales acogieron multitud de llamamientos a frenar la catástrofe. Estrellas del deporte y del mundo del espectáculo como Chris Hemsworth y Elsa Pataky decidieron hacer donaciones para ayudar a recuperar el país. Políticos de todos los espectros ideológicos como Emmanuel Macron y Donald Trump expresaron sus condolencias y enviaron ayuda.

¨Los australianos deben saber que todos los recursos posibles se están destinando a combatir el fuego y apoyar a las comunidades afectadas de todas las formas posibles, superaremos este momento, pero necesitamos mantenernos fuertes y unidos”, dijo el primer ministro, Scott Morrison.

Llegado enero de 2020, el desastre era tal que Australia puso en marcha un despliegue militar para ayudar a los bomberos en la batalla contra el fuego equivalente al que utilizó durante la Segunda Guerra Mundial.

Mallacoota

El miércoles 8 de enero, el barco militar HMAS Choules terminó su misión de rescate al echar el ancla a un kilómetro de la base naval Cerberus, en Melbourne. Viajaban a bordo 266 personas evacuadas de la pequeña localidad playera de Mallacoota.

Cargado con la misma mochila con la que había llegado a Mallacoota el 26 de diciembre y paseando a su perro, Bradley Moore aseguraba estar muy feliz de haber salido del pueblo, y se disponía a correr hacia el aeropuerto para volar de vuelta a Sydney.

Toda su familia había decidido pasar las vacaciones navideñas en el camping del pueblo, a tres horas de Melbourne, y regresar a sus casas en año nuevo. Pero un cielo rojo el 31 de diciembre anunció un cambio de planes forzado de turistas y locales en Mallacoota.

Vientos fuertes habían avivado un fuego cercano y las llamas habían llegado al límite de la localidad. Cuatro mil personas tuvieron que refugiarse en la costa para aguantar el calor y las cenizas cayendo del cielo.

Mil quinientas personas, incluyendo Bradley y su familia, han sido evacuadas desde el principio de año, pero Mallacoota continúa aislada. Los incendios en la región no han permitido a los bomberos abrir la carretera que llega al inicio del pueblo. Las pérdidas de los negocios en localidades turísticas alrededor de Australia se calculan en cientos de millones.

El fuego en Australia

Ubicado en el hemisferio sur, el verano australiano comienza el 1 de diciembre y acaba el 1 de marzo. Es la época con mayor riesgo de incendios y su prevención e impacto en el país es una parte fundamental de la cultura.

Los servicios de emergencia actualizan día a día el nivel de peligro de nuevos fuegos y es normal ver carteles con avisos en la carretera. Azul para niveles bajos, naranja moderados, rojo para niveles de peligro altos que pueden forzar prohibiciones de encender fuego mientras se está de camping.

Los australianos esperan los incendios veraniegos como cualquier persona en España puede esperar lluvias en enero. Tienen un nombre específico para denominarlos: bushfires.

El bush en Australia se traduce como campo, o exterior. Los bushrangers eran convictos fugados que se refugiaban en el campo, o bush, para esconderse de las autoridades.

Reunirse out in the bush es una tradición de las diferentes culturas aborígenes que gobernaban en toda Australia sin contacto con culturas externas hasta la llegada y asentamiento de las colonias británicas en 1788.

Las condiciones climáticas del país – temperaturas extremas, vientos a grandes velocidades, tormentas sin lluvia que descargan rayos – hacen que Australia siempre haya sido propensa al fuego.

El fuego – fire – es un elemento sagrado de estas culturas aborígenes australianas que han convivido con las llamas durante milenios. Los bushfires, por tanto, han estado tan presentes en el país como los árboles de eucalipto nativos australianos, que a lo largo de su evolución han desarrollado defensas a las llamas.

Pero esta temporada de fuegos ha superado cualquier previsión. Con dos meses de verano todavía por delante, han ardido cerca de diez millones de hectáreas. Un campo de fútbol mide un poco menos de una hectárea.

Los datos del desastre

Australia tiene una extensión de 7,692 millones de kilómetros cuadrados. El continente europeo, sin contar gran parte de Rusia, tiene cerca de 10 millones cuadrados. Si pusiéramos el mapa de Australia encima del de Europa, taparía prácticamente todo el continente.

De los aproximadamente 25 millones de personas que viven en el país, unos 15 millones viven en cinco ciudades: Sydney, Melbourne, Brisbane, Perth y Adelaide.

Esta enorme cantidad de terreno australiano donde pequeñas comunidades viven en pueblos como Drake o Mallacoota hace que las pérdidas de vida o materiales puedan parecer menos devastadoras, pero todo es cuestión de perspectiva.

Los diez millones de hectáreas ardiendo en Australia desde septiembre a enero son un 20% de toda España. Es equivalente a Catalunya, la Comunidad Valenciana, Murcia y media Andalucía ardiendo.

La organización territorial de Australia es por Estados. Cada estado es el equivalente a una comunidad autónoma. El reparto territorial de Australia se divide en seis estados y dos territorios: New South Wales, Victoria, Queensland, Tasmania, Australia del Sur, Australia del Oeste, Territorio del Norte y Territorio Capital Australiano.

El humo de los fuegos en New South Wales y Victoria provocó que la ciudad de Melbourne se levantara durante dos días de enero con “la peor calidad de aire del mundo” por el humo de fuegos a más de 300 kilómetros de distancia.
El martes 7 de enero, Chile y Argentina amanecieron con cielos anaranjados causados por el reflejo de las llamas en Australia, a 12.000 kilómetros de distancia.

!function(){“use strict”;window.addEventListener(“message”,function(a){if(void 0!==a.data[“datawrapper-height”])for(var e in a.data[“datawrapper-height”]){var t=document.getElementById(“datawrapper-chart-“+e)||document.querySelector(“iframe[src*='”+e+”‘]”);t&&(t.style.height=a.data[“datawrapper-height”][e]+”px”)}})}();

Emergencia climática

Pese a la inclinación de Australia a sufrir incendios, nunca había sufrido bajo tantas llamas al mismo tiempo, ni tan pronto. Con casi dos meses de verano todavía por delante, los servicios de emergencia continúan remarcando que el peligro “no ha acabado para nada”.

Los porqués de esta devastadora de incendios han sido muy debatidos en la sociedad australiana. Un sector ultraconservador aseguró que muchos de ellos habían sido iniciados por pirómanos y culpó a los ecologistas de haber vetado medidas de prevención como quemas contenidas durante el invierno.

El primer ministro Scott Morrison, reacio a reconocerlo en público durante los primeros compases de la crisis, finalmente sucumbió a las múltiples voces académicas pregonando el verdadero motivo. El cambio climático estaba contribuyendo en una de las peores tragedias naturales del país.

Australia vivió en 2019 su año más caluroso de la historia, con temperaturas 1,52 grados por encima de las medias vividas entre 1960 y 1990. También registró unos niveles de lluvia un 40% más bajos de la media.

El Índice de Rendimiento del Cambio Climático de 2020 situó a Australia como uno de los peores países en cuanto a políticas para reducir emisiones de carbono y uso de las energías renovables, mientras grandes protestas como las de Rebellion Extinction se organizan semanalmente para mostrar el descontento social con la gestión política de la crisis por los incendios.

Con días de 45 grados y vientos de 100 km/h dando paso a tormentas sin lluvia, pero con rayos impactando en bosques secos por la falta de agua, las condiciones climatológicas auguran años que pueden ser cada vez peores.

Los Koalas, símbolo de la catástrofe natural

La organización de defensa de los animales WWF estima que los incendios pueden abocar a los koalas a la extinción en los próximos 30 años. Se estima que 8400 koalas han muerto en la costa norte de New South Wales y la reserva natural de Kangaroo Island puede haber perdido a la mitad de su población de koalas.

Los koalas viven en los árboles de eucalipto, un tipo de árbol nativo australiano que es conocido por ser “gasolina para los incendios”. Sus hojas secas ayudan a avivar las llamas cuando caen al suelo, el aceite que emanan es altamente inflamable. Las semillas del eucalipto se abren al arder, renaciendo después de un incendio e invadiendo el hábitat de otros árboles sin tanta capacidad de adaptación al medio.

Mientras campos y bosques arden descontroladamente, tanto koalas como otras especies únicas australianas han huido de las llamas. Los koalas, los wombats y los equidnas (marsupiales que sólo viven en Australia) y los canguros han sufrido los incendios tanto como los seres humanos, dejando imágenes desoladoras que han impactado al planeta.

Australia también tendrá que pensar en cómo devolver los animales a unos hábitats naturales que pueden tardar años en regenerarse.

Share.

1 comentari