Durante la primavera y principio del verano parecía inevitable que el partido Demócrata perdiera su mayoría en la Cámara de Representantes. Los Republicanos aun confiaban en recuperar el control del Senado. Históricamente, en las elecciones legislativas del primer mandato de un presidente si un partido controla tanto la Casa Blanca como las dos cámaras del Congreso el partido de la oposición siempre logra recuperar bastantes o muchos escaños. Actualmente, la mayoría Demócrata en la Cámara de Representantes es de sólo ocho escaños. En el Senado sólo con el voto de la vicepresidenta Kamala Harris logran los Demócratas 51 votos contra 50 de los Republicanos.

Dentro de dos meses – el 8 de noviembre – se renueva toda la Cámara de Representantes, aproximadamente una tercera parte del Senado (34 escaños), se eligen los gobernadores de 36 estados y las asambleas legislativas de todos los estados. En junio, la inflación alcanzó el 9,1%, la tasa más alta en cuarenta años. Los altísimos precios de los combustibles, alimentos, alquileres y otros muchos productos generaban un gran descontento. El incuestionable aumento de la criminalidad también jugaba en contra del presidente Joe Biden y los Demócratas. Los Republicanos y algunos analistas comparaban a Joe Biden con el ex presidente Demócrata Jimmy Carter, que entre 1977 y 1980 sufrió políticamente las consecuencias de colas en las gasolineras, una inflación desbocada, tipos de interés elevados y el estancamiento de la economía. Algunos líderes y cargos Demócratas sugerían que Biden no debía presentarse a la reelección en el 2024. Teniendo en cuenta que sólo un 38% aprobaba su gestión, candidatos Demócratas tanto moderados como progresistas se distanciaban del presidente. Pero en dos meses la situación ha dado la vuelta a favor de Joe Biden y las perspectivas para los Demócratas en las elecciones de noviembre.

Crónica del cambio de la opinión pública

El primer motivo del reavivamiento de los Demócratas es la mejora considerable de diversas variables micro y macroeconómicas. El bajón imparable durante más de dos meses del precio de la gasolina y otros combustibles es el más impactante. El 14 de junio el promedio nacional del precio de un galón de gasolina sin plomo alcanzó5,02 dólares. Desde entonces ha descendido de forma ininterrumpida durante más de dos meses hasta el actual 3,79 dólares. Se espera se mantenga la tendencia a la baja siempre y cuando no haya huracanes destructivos en el Golfo de México. Algunos aun proyectan que el precio puede caer por debajo de los 3 dólares en algunos estados antes de fin de año. Muchos estadounidenses prevén realizar más viajes durante el final del verano y el otoño, antes del periodo entre Acción de Gracias y Navidad durante el cual el consumo siempre alcanza niveles muy altos. Los economistas contemplan un repunte del crecimiento después de dos semestres de reducción leve del PIB.

El paro disminuyó en agosto hasta el 3,5%, la tasa más baja desde 1969. Un paro tan bajo equivale al pleno empleo. En muchos estados falta personal en muchos sectores. Esto significa que muchos estadounidenses pueden cambiar trabajo con facilidad y pedir salarios más elevados.La inflación, pese a permanecer muy alta, se moderó en julio hasta un 8,5% a nivel interanual. Este hecho se debe especialmente a la menor demanda de hidrocarburos debido a la ralentización de la economía internacional. Pero la Casa Blanca se achaca el mérito de un fenómeno que no se está produciendo en Europa debido a su dependencia de la energía extranjera. Aunque sigue sufriendo los efectos de la inflación, la mayoría de adultos en EEUU tiene trabajo, muchos pueden elegir entre varias ofertas laborales, los salarios suben y con la disminución del precio de la gasolina pueden viajar más. Se calcula que 137 millones de estadounidenses (una tercera parte de la población) viajó durante el reciente fin de semana largo que incluye la festividad del Labor Day a principios de septiembre.

Además, los Demócratas han logrado recientemente la aprobación por parte del Congreso de dos leyes sustanciales. El CHIPS and Science Act aporta 52.000 millones de dólares para la investigación tecnológica y fabricación en EEUU de los semiconductores, que también se llaman chips. Los semiconductores son necesarios para la electrónica de vehículos, móviles, electrodomésticos y armamentos. Destacadas multinacionales han anunciado inversiones muy substanciales. Intel prevé ahora invertir hasta 100.000 millones en una planta en Ohio, en lugar de los iniciales 20.000 millones. La de Micron podría ser de 40.000 millones hasta 2030. GlobalFoundries quiere ampliar su planta de producción en Nueva York. Se especula con que Samsung podría invertir 200.000 millones en la construcción de plantas para la manufactura de chips en Texas.

Mediante el Inflation Reduction Act firmado por Joe Biden el 14 de agosto se financiará en la próxima década inversiones en energías renovables (y tradicionales) y tecnologías para luchar contra el cambio climático por valor de 433.000 millones de dólares. El Inflation Reduction Act (IRA) también prorroga durante tres años las subvenciones para mantener los paquetes de seguro médico establecidos bajo el Affordable Care Act de 2010 (Obamacare). También permitirá al programa federal Medicare negociar con las empresas farmacéuticas precios más bajos para medicamentos. El IRA prevé generar 733.000 en ingresos en la próxima década aplicando un impuesto de sociedades mínimo del 15% a las empresas con más de mil millones de dólares de beneficios. La población no experimentará los beneficios de la citada legislación antes de las elecciones de noviembre y la financiación se desplegará de forma gradual durante los próximos años. Pero las victorias legislativas de Biden han reforzado su posición política, dado mucha moral a los cargos y candidatos Demócratas y animado las bases del partido. El índice de aprobación del presidente ha crecido de forma sostenida desde finales de julio y actualmente es del 43%.

Los candidatos republicanos se mantienen fieles a Trump

Los cargos Republicanos también cometieron un gran error. Tras la recuperación por parte del FBI de documentos secretos que Donald Trump mantuvo durante meses ilegalmente en su finca de Mar-a-Lago, prácticamente todos los gobernadores, senadores y congresistas republicanos han decidido vincular su futuro político a corto plazo al del ex presidente. Muchos son conscientes de que el radicalismo de Trump y sus seguidores es preocupante. Pero no quieren enfrentarse y moderar las bases del partido porque todavía creen que capturarán a la mayoría de la Cámara de Representantes. Los canales de televisión y otros medios de comunicación conservadores describen una realidad alternativa absurda según la cual el gobierno federal, el ministerio de Justicia y el FBI están restringiendo las libertades básicas y utilizando los tribunales para evitar un triunfo seguro de Trump en 2024. Cargos y presentadores de televisión que después del 6 de enero de 2021 se distanciaron de Trump ahora repiten barbaridades. Denuncian supuestas “purgas” de los seguidores de Trump que habrían empezado con los detenidos por el asalto al Congreso y se extenderán a los fieles del magnate de Nueva York.

Esa táctica, además de cínica, es políticamente poco inteligente. Los votantes independientes y los Republicanos moderados no comparten el discurso del liderazgo del partido. El segmento demográfico crucial de hombres y mujeres blancos (especialmente sin estudios universitarios) que viven en los suburbios se inclinó por Donald Trump en 2016 pero por Joe Biden en 2020. El actual presidente ha pasado a la ofensiva denunciando en actos electorales el semifascismo de los seguidores MAGA (Make America Great Again) de Donald Trump. Es una táctica hábil basada en sondeos que al menos puede conseguir que muchos votantes independientes y Republicanos moderados se queden en casa el ocho de noviembre.

Los Demócratas cuentan con otra dinámica muy favorable de cara a las legislativas. El Tribunal Supremo a finales de junio tumbó su histórica decisión de 1973 que legalizó el aborto a nivel nacional. Varios estados con legislaturas controladas por los Republicanos han prohibido el aborto después de siete semanas de embarazo. Otros consideran la posibilidad de prohibir cruzar la frontera entre estados para obtener un aborto. Las bases del partido Demócrata se han movilizado a raíz del veredicto del Supremo del 24 de junio. En el estado de Kansas, de naturaleza muy conservadora, los votantes rechazaron en una iniciativa popular la prohibición del aborto por un margen de 59% contra 41%. Se están registrando muchas más mujeres que hombres para poder votar. Es otro indicio de que se trata de mujeres que son Demócratas, independientes e incluso Republicanas disgustadas con la prohibición del aborto. Una importante encuesta llevada a cabo por el Public Religion Research Institute para Washington Post muestra que la gran mayoría de la población rechaza la denegación o restricción del aborto. Un 61% de los votantes Republicanos se oponen a que se criminalice el aborto, y un 64% son contrarios a que se prohíba viajar a los estados en los que permanecerá legal.

En dos meses pueden suceder aún acontecimientos que cambien el actual panorama. Sin embargo, los votantes Republicanos han escogido en las primarias a candidatos que cuentan con el apoyo de Trump y con orgullo proclaman que Biden no ganó las elecciones de 2020. Estos radicales, para ganar las primarias, defendieron a los detenidos por el asalto del 6 de enero. Los Republicanos tenían buenas perspectivas para carreras competitivas en Pennsylvania, Wisconsin, Georgia, Ohio y Arizona. Ahora sus candidatos borran de sus páginas web sus posturas radicales contra el aborto. Irónicamente tres jueces conservadores del Supremo escogidos por Donald Trump hicieron posible la histórica decisión de junio que otorgó a los estados el poder para regular el aborto. Este hecho puede comportar un sorprendente éxito de los Demócratas en noviembre.

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