Después del fulgurante debut con Beverly (2016), publicado en castellano por la editorial Fulgencio Pimentel, y, sobre todo, por su consolidación con su segunda obra, Sabrina (2018), publicada en castellano por el sello Salamandra Graphics del Grupo Editorial Penguin Random House, había mucha expectación con el siguiente trabajo de uno de los autores más sorprendentes y originales de los últimos años: NicK Drnaso. La novela gráfica Beverly fue galardonada en 2017 con el premio a la mejor novela gráfica concedido por Los Angeles Times y el premio al autor revelación en el Festival Internacional del Cómic de Angulema de 2018, uno de los más reconocidos a nivel internacional.
Su siguiente obra, Sabrina, tuvo un éxito contundente que le valió el reconocimiento unánime de público y crítica, con un estilo característico, propio y distintivo ya consolidado. Sabrina tiene el mérito de ser la primera novela gráfica nominada como finalista en el prestigioso Premio Booker 2018, uno de los premios literarios más prestigiosos de habla inglesa. No lo ganó, pero ya había hecho historia alcanzando un verdadero hito en el cómic: nunca antes ni después una novela gráfica había sido nominada en este premio, reconociendo intrínsecamente el valor narrativo de la obra, donde trataba aspectos de gran actualidad como las consecuencias de un trauma, los tiroteos masivos, las teorías de la conspiración y la deriva de los medios de comunicación en la actualidad y la manipulación a sus audiencias potenciando el sensacionalismo, la paranoia y la violencia anecdótica. Kwame Anthony Appiah, presidente del jurado de esa edición del Premio Booker, señaló que los libros elegidos ese año parecen «capturar algo sobre un mundo al borde del abismo. Entre sus muchas cualidades notables está la voluntad de asumir riesgos con forma. Y nos llamó la atención, en general, su poder disruptivo: estas novelas alteraron la forma en que pensamos sobre cosas que sabíamos y nos hicieron pensar en cosas que no sabíamos».

Y una de esas «novelas» era Sabrina, que le sirvió al autor para dejar su trabajo como conserje en el Museo Field de Historia Natural de Chicago, conocido por exhibir los restos de Sue, el esqueleto de Tyrannosaurus Rex más completo del mundo. El propio autor reconoce que el trabajo de limpieza y orden diario fue un buen estimulante creativo y, sobre todo, un gran laboratorio de observación del comportamiento humano. Ese trabajo «alimenticio» lo hacía en paralelo a desarrollar su propia obra, desde que acabó sus estudios en 2011 en la escuela de arte de Ivan Brunetti, un autor cuyo estilo ha influenciado notablemente en el de Drnaso.
Ese estilo minimalista, sobrio e incisivo característico se consolida en su tercera novela gráfica, la esperada Acting Class, publicada en castellano por el sello Salamandra Graphics del Grupo Editorial Penguin Random House, Clase de actuación (2022), con traducción de Carlos Mayor, y en catalán por la Editorial Finestres, Taller d’interpretació (2022), con traducción de Montse Meneses.
Clase de actuación no solo no defrauda, sino que aumenta aún más el mito de un autor clasificado como el relator de la sociedad periférica, de aquellos ciudadanos expulsados del «sueño americano», de los supervivientes de un modelo de país, Estados Unidos, que aliena al individuo por los factores sociales, económicos y culturales subyacentes. El resultado de estos condicionantes potencia los trastornos de salud mental, la frustración, la tristeza y la monomanía.

Y el casting escogido por Drnaso para protagonizar la obra no podía ser más variopinto y representativo: diez sujetos que acuden a un curso de actuación que ofrece las cuatro primeras sesiones de forma gratuita. Los perfiles: un matrimonio (sin hijos) entrado en la monotonía y que se aburren hasta de sus propios juegos de rol estimulantes; una abuela y su nieta que buscan un posible estímulo positivo a los problemas mentales de la joven; un exrecluso en tareas de ayuda a la comunidad, con un pasado desalentador; una mujer con un comportamiento extraño hasta que descubrimos que tiene pérdidas de memoria, aparentemente; un currante asocial obsesionado con el ejercicio en el gimnasio; una fisioterapeuta asqueada de su trabajo; un joven que trabaja como modelo desnudo de la asignatura de figura humana en una escuela de arte; y una joven madre soltera, agobiada por todos los frentes que tiene que lidiar, incluido la añoranza por volver al campo y abandonar la ciudad.
A esta lista hay que añadir los personajes secundarios, donde destaca el inquieto hijo de tres años que se llega a convertir en un alumno más de la clase, y, por supuesto, el protagonista principal, el profesor John Smith, que, poco a poco, a través de las sesiones y ejercicios, va moldeando y cambiando la identidad de los alumnos, en parte con la voluntad de convencerlos para que sigan con el curso, pagando, una vez acaben las primeras cuatro sesiones gratuitas en cuatro semanas consecutivas.

Cada sesión se convierte en un revulsivo para cada participante, estimulándolo a reflexionar sobre su propia identidad, durante el ejercicio y entre los días de la semana que transcurre entre una clase y la siguiente. Todos son desconocidos a priori (o casi, con la excepción de la abuela y la nieta y de la pareja, estos a su vez asisten por la recomendación de una de las mujeres del grupo), pero eso no deja que actúen con total franqueza, exponiendo por completo su vulnerabilidad personal, cosa que agradece el mismo profesor en cada ejercicio de improvisación propuesto. Esa demanda de creatividad se convierte en el detonante de los anhelos de cada uno de ellos, de sus frustraciones y debilidades, expuesto con amargura por Drnaso.
Y es aquí donde el estilo minimalista del autor ayuda en el discurso. La construcción de la página no es estridente, la diseña a partir de cinco filas de viñetas pocas veces alterada (como recurso para empezar un nuevo día, por ejemplo), jugando con la disposición de las misma, con una, dos, tres o cuatro viñetas por fila, dotando de una sensación cinematográfica a la lectura, especialmente en los largos diálogos entre personajes, un reto extremadamente complejo de superar en un cómic y que en estas hojas fluye con gran naturalidad (recuerden la merecida nominación a un premio literario de su anterior novela gráfica).
«Supongo que todos os habéis apuntado a las clases porque os consideráis inadaptados sociales, ¿no?… La gente que busca folletos y se apunta a clases gratuitas suele ser gente que busca algo… Habéis venido porque en vuestra vida hay algo que no funciona, ¿verdad? Si no, estaríais felices y contentos sentados delante de la tele», exclama el profesor en su primera sesión, interpelando también al lector, que no puede dejar de leer por el interés de la historia, pero también por la incomodidad que transmite el discurso, funcionando a modo de espejo.
Los métodos poco convencionales del profesor incitan en sus alumnos un esfuerzo de construir una nueva identidad, lo que provoca, poco a poco, una continua confusión entre la realidad y la ficción en todos los sentidos, y los lectores somos observadores de ese cambio. Además, el autor contribuye a situarnos dibujando los escenarios ficticios imaginados, como si se tratara de realidad aumentada. Es decir, cuando les invita a que se comporten como si estuvieran en una fiesta en la casa de uno de ellos, vemos dibujada la casa con su mobiliario y no la sala diáfana donde se imparte el taller, dotando de una pátina de verosimilitud al relato mostrado.
Los detalles dibujados, los matices mostrados, los diálogos entre los personajes, la ambientación, los colores escogidos, la disociación entre realidad y ficción… son todos ellos en su conjunto exquisitos. Os recomiendo muchísimo la que podemos considerar una de las mejoras obras publicadas este año. Una vez que la leáis, después podéis seguir viendo la tele… si podéis, os aseguro que no os dejará indiferentes.



