¿Ecología ante todo?
Atrapada en el dilema del corto-largo plazo, la Administración Autónoma ha estado tomando una serie de medidas militares, económicas y sociales encaradas tanto a defenderse de los ataques como a paliar las necesidades inmediatas, a la vez que a asegurar que el proyecto no colapsará en los próximos años. ¿Cómo equilibrar el gasto militar y el civil? ¿Es mejor subsidiar ahora los productos básicos y aumentar sueldos o invertir ese dinero en la rehabilitación de infraestructuras y sectores económicos clave? En definitiva, ¿cuál es el criterio que permite equilibrar presente y futuro?
Parte de la respuesta reside en el camino hacia una sociedad ecológica. Es importante destacar que el paradigma de la Administración Autònoma del Norte y Este de Siria (AANES) no se puede clasificar como un caso de socialismo al uso. Si bien la propaganda que nos llega habla de la Revolución de Rojava, las categorías políticas clásicas no permiten amoldar la diversidad y pluralidad de este proyecto sin caer fácilmente en engaños. En el NES no se ha hecho una reforma agraria en la que se hayan repartido todas las tierras entre el campesinado, tampoco se han colectivizado los (pocos) medios de producción, ni se ha querido instaurar un Estado centralizado. Retomando a Öcalan: “No definí a la comunidad democrática como el igualitarismo de una sociedad homogénea sino como cualquier tipo de comunidad que va desde una persona hasta millones de personas (desde comunidades de mujeres hasta comunidades de hombres, desde los deportes y las artes hasta la industria, de intelectuales a pastores, de tribus a corporaciones, de familias a naciones, de pueblos a pueblos, de local a global, cualquier sociedad desde la sociedad de clanes a la sociedad global) que trae las características de la sociedad moral y política. Argumenté que una sociedad ecoindustrial sería una sociedad en la que la sociedad agraria y la sociedad industrial urbana se nutren mutuamente y consisten en comunidades ecoindustriales adaptadas ecológicamente”. (3) Lo que se encuentra en el Norte y el Este de Siria es justamente esta singular mezcla de contradicciones económicas, sociológicas y políticas que los efectos de la guerra sólo hacen que exacerbar: desde las poblaciones rurales de campesinos y ganaderos viviendo en casas de adobo hasta la moda de la cirugía estética y la comida rápida americana de los grandes núcleos urbanos; desde las ufanas villas y complejos de ocio sostenidos por los ingresos de grandes comerciantes y trabajadores de ONG hasta la miseria, hambre y trabajo infantil visible en las ciudades; de la sociedad tradicional de valores religiosos conservadores y normas estrictas a las educaciones revolucionarias por la liberación de la mujer y la democracia directa; del racismo y xenofobia entre diferentes naciones y credos a la autonomía de la nación democrática y la fraternidad de los pueblos. En definitiva, el reto es cómo transicionar del reducto de la sociedad natural que enfilaba el camino del capitalismo monopolista del máximo beneficio a una máxima pluralidad de comunidades democráticas conviviendo con la naturaleza (en medio de un conflicto armado).

Para abordar estos conceptos, podemos fijarnos en dos grandes ámbitos: la economía y la urbanización. En cuanto a la economía, desde la Administración Autónoma, las comunas de vecinos y la sociedad civil se está impulsando la llamada economía social, poniendo el acento en la creación de cooperativas. Esta fórmula tiene similitudes y diferencias respecto a la economía social y solidaria tan presente en Cataluña. La cooperativa es la unidad económica paradigmática en la que convergen democracia y ecología. A pesar de tener ciertamente mucha más implantación en las regiones de mayoría kurda, las cooperativas de producción y consumo se han ido extendiendo lentamente a los tres grandes sectores económicos: agricultura y ganadería; mercado y comercio; e industria. Aunque, como recoge la socióloga kurda Azize Aslan a partir de su investigación económica del NES, «no es fácil determinar los límites de la producción industrial en la economía social, o determinar la naturaleza y las condiciones ecológicas de la producción en otros campos, como la producción agrícola. […] el hecho de que la economía social se base en las necesidades colectivas y sea definida por las mujeres da una verdadera visión anticapitalista al llevar los debates sobre la ecología mucho más allá de los meros conceptos como el respeto a la naturaleza o la producción orgánica. Esta perspectiva coloca el enfoque político-moral en el centro de la economía” (4). El hecho de que las cooperativas, que en el caso del NES no buscan convertirse en una empresa capitalista sino que están ligadas a la voluntad y necesidades de la comuna de vecinos, sean pequeñas unidades organizativas facilita su control y desarrollo dentro de los márgenes ecológicos. Pero el mayor reto aparece cuando hablamos de extender los proyectos a gran escala, pues la actividad e impacto económico del sector cooperativo, hasta ahora, ha sido ínfimo. Esto se debe, en gran parte, al propio desarrollo de este particular sistema: durante los primeros cinco años afloraron cientos de iniciativas cooperativistas, pero con el tiempo se fueron convirtiendo en empresas capitalistas o bien “estatales” (conectadas a la AANES), desligadas de la participación y necesidades comunales, por lo que muchas perdieron el apoyo de la AANES y se disolvieron. Este último año, el Comité de cooperativas de la economía social se ha centrado en redactar un nuevo estatuto de la cooperativa para fomentar, aprendiendo de los errores pasados, la creación de cooperativas (con un ojo puesto en el sistema cooperativista catalán).
La otra cara de la política económica de la Administración Autónoma es la industrialización generalizada de la producción. Antes del 2011, la industria del NES era relativamente pequeña, salvo la estratégicamente localizada en la región de Manbij. Las fábricas, que fueron en gran parte dañadas por la guerra, están tardando en resurgir. Hoy en día, las fábricas locales siguen siendo mayoritariamente pequeños y medianos talleres que producen textiles, jabón, pintura, productos enlatados y alimenticios, así como todo tipo de productos de acero de escala variable. Hay muchos motivos para el estancamiento del sector, entre ellos el hecho de que el capital local prefiera invertir en empresas más seguras como la inmobiliaria. Como resultado, salvo en los proyectos promovidos por la propia AANES, hay poca inversión en el sector industrial. El levantamiento de las sanciones César para el comercio con el NES por parte de los Estados Unidos en mayo de 2022 ha tenido poco o ningún efecto en la economía local. Y es que pese a la ausencia de sanciones para el comercio con la mayoría del territorio del NES, Turquía, el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) de Irak y el régimen sirio siguen imponiendo insalvables embargos periódicos. Este obstáculo, de nuevo, supone una oportunidad para desplegar, desde el principio, una economía en consonancia con las necesidades ecológicas y sociales. Así, salta a la vista la diferencia de los estándares en condiciones laborales y de respeto al medio ambiente en aquellas fábricas y proyectos empresariales privados y aquellos que reciben el apoyo de la Comisión de Economía y Agricultura y de la Comisión de Asuntos Sociales y Trabajo de la Administración Autónoma. Los salarios, la higiene, los EPIs (Equipo de Protección Individual), el producto final o la gestión de residuos, entre otros factores, aunque encarecen el coste productivo parcialmente subsidiado, demuestran externa e internamente que otra industria es posible. Desgraciadamente, es innegable que la región está lejos de poder presumir de haber desarrollado una ecoindustria a la altura de las expectativas, y especialmente de las necesidades.
Cuando se habla de industria, especialmente en el marco de la ecología, es necesario conectarla con la generación de electricidad. Como se ha mencionado anteriormente, la energía pública en el NES (aquella que proporciona la Administración Autónoma) proviene de dos centrales hidroeléctricas y de la estación de gas de Suwaidiyah. Pero esta electricidad sólo llega en intervalos reducidos de unas pocas horas de forma imprevisible, tanto al ámbito doméstico, como al resto de sectores. En este sentido, los generadores del barrio para hogares y los generadores privados para comercios y talleres son un mal necesario. La AANES prevé inaugurar este año la primera central eléctrica combinada de gas y diésel para abastecer a la gran ciudad de Heseke. Pero en cambio, no existe en todo el Norte y Este de Siria ningún proyecto de central solar a gran escala para suministrar la red pública, sólo a nivel doméstico y en explotaciones agrícolas. Sin dudar de los beneficios generales de una mayor disponibilidad de electricidad, desde la Iniciativa Trenzas verdes se preguntan cuándo la Administración Autónoma apostará decididamente por energías limpias: “Debemos tener una estrategia clara: éste es el punto final de la utilización del petróleo, debemos apoyar energías limpias. Para que en 2030, 2040, 2050 se deje de utilizar el petróleo. Para que una administración construida sobre el paradigma de la libertad, la democracia y la ecología pueda decirle al mundo que ya no utiliza más petróleo. Pero la AANES no piensa así, no ve la diferencia”. El equilibrio entre políticas públicas de corto y largo plazo es, al final, producto de la mentalidad de los gobernantes.

La urbanización es otro de los grandes ámbitos en el que la AANES, así como otras entidades políticas y de la sociedad civil, está esforzándose por introducir un criterio ecológico, a la vez que social. Hay que tener en cuenta que muchas poblaciones, especialmente las grandes ciudades, han quedado afectadas por los combates, o en el mejor de los casos, han visto cómo se producía un crecimiento masivo y descontrolado de los asentamientos a partir de la llegada de miles de desplazados internos. La infraestructura está dañada, es insuficiente o directamente inexistente. Así pues, tratar la cuestión del desarrollo urbano es una necesidad inaplazable. Tanto más, al ver cómo aumenta la cantidad de nuevos esqueletos de hormigón levantados mensualmente en ciudades como Raqqa, Tabqa, Manbij, Qamishlo o Derik, que pueden acabar, o no necesariamente, en bloques de pisos. Y es que, como se ha mencionado antes, el sector de la construcción tiene mucha importancia en el NES. En un territorio sin entidades bancarias y una inflación exorbitada, invertir los ahorros que los familiares envían desde Europa en el ladrillo parece una opción sensata. Por otro lado, existen muchos sectores económicos, y especialmente importantes comerciantes, que se benefician del sector de la construcción, un motor económico que da trabajo precario a miles de trabajadores. La introducción de planes urbanísticos, o el simple trabajo de supervisión de licencias de obra y cumplimiento de las regulaciones es una tarea titánica e infradotada de recursos públicos. En las inmediaciones, la población rural se va reduciendo progresivamente, ya sea por motivos económicos o directamente por buscar el estilo de vida más confortable y liberal de la ciudad. Y con ello, los servicios públicos y las oportunidades laborales también acaban siendo insostenibles.
La concentración de actividades económicas del sector primario en el ámbito rural y el sector secundario y terciario en los núcleos urbanos es un patrón que sigue reproduciéndose. Aunque existen iniciativas cooperativistas que buscan crear polos económicos diversificados en cada población, sea un pueblo o una ciudad, la especialización económica sigue marcando el desarrollo de la infraestructura pública y los servicios que se derivan. Esta dinámica hace que las ciudades tengan un mayor impacto ecológico, en cuanto a necesidades de materias primas y bienes de consumo, pero especialmente por la gestión de los residuos, mientras que los pueblos se han mantenido más armoniosos con las capacidades medioambientales propias del entorno en el que se ubican.

Los parajes de pueblos de casas de barro o adobe que todavía permanecen esparcidos por el NES recuerdan que no hace falta ir muy lejos para encontrar respuestas. “Tenemos nuestra cultura, nuestras madres, nuestros pueblos, de ellos aprendemos. [Como Administración Autónoma] nos hemos desplazado por las ciudades, después hemos ido al extranjero para aprender. Allí nos dijeron: primero, no se deben tirar las cosas, segundo se debe reutilizar, y tercero, se debe tener conciencia de lo que se gasta. Pero esto ya es lo que aprendí de mi madre en casa. […] Así debemos volver a la antigüedad, alejarnos de la ciudad. En el pueblo viven su vida de forma natural, defienden su entorno, tienen los animales, no hay exceso de residuos, plantan árboles, necesitan menos cosas, hay una mejor situación, no desperdician electricidad”, reconoce Berivan Omar. La tensión entre el pueblo y la ciudad se vive en el NES como una lucha titánica entre dos modelos de vida opuestos. Y los pueblos hasta ahora la están perdiendo.
Sin embargo, este escenario parece quedar lejos de la visión de Öcalan, según la cual “Las ecocomunidades formadas por la creación de unidades agrícolas a escala ecológica son también la base de la modernidad rural. El pueblo, por lo menos el pueblo moderno, podría recuperar su existencia como ecocomunidad en forma de unidades económicas a escala ecológicamente sólida. También se podrían formar ecocomunidades similares en las ciudades. En el urbanismo, una economía de orientación ecológica formará parte del conjunto”.(5) Frente a la aparente irreversibilidad de la dinámica urbana, se han empezado a dar algunos pasos. Para una adecuada planificación de las necesidades, y para prevenir posibles burbujas inmobiliarias, el pasado mes de enero de 2023 tuvo lugar el primer Foro de ingeniería técnica del Norte y el Este de Siria, con el lema “Por el desarrollo urbano de los pueblos y ciudades ecológicos“. Con participación de las tres universidades públicas de la AANES y el Comité de Medio Ambiente, se perseguía el objetivo de discutir los problemas que sufren las municipalidades para mantener el orden urbano y el control del sector de la construcción, así como mantener la herencia cultural y urbana de los pueblos del Norte y el Este de Siria. Si bien marcó un hito importante, es difícil hacer balance de los seis meses que siguieron a la conferencia, pues la burocracia que se ha desarrollado dentro de la Administración Autónoma requiere largos plazos para obtener respuestas. También cabe destacar el creciente esfuerzo de las municipalidades de la AANES por construir espacios verdes en los núcleos urbanos. La calidad del aire y la inversión térmica de las ciudades debida al tráfico rodado, y especialmente, a los miles de generadores diésel es una problemática incómoda a todos los niveles, pues ante la casi inexistente red de transporte y energía públicos no es posible prescindir del vehículo y generadores privados. El pasado mes de abril se inauguró en la ciudad de Heseke el mayor parque del NES, de 17 hectáreas, con varios espacios polivalentes. Pero todavía queda mucho camino por recorrer, pues la planificación urbanística del régimen sirio no preveía ciudades habitables y sostenibles para el NES, sino ciudades duras para la masa trabajadora (especialmente si ésta era kurda).
Cuando la sociedad tiene la expectativa de que la AANES velará por todos los servicios y el bienestar social, inaplazables en circunstancias de guerra, la implantación de medidas con impacto no inmediato tienen un alto coste económico, material y político. La inversión en la generación de energías limpias, gestión de residuos, reforestación, aprovechamiento de aguas, movilidad, entre otros, consumiría buena parte del presupuesto que ahora se destina a subsidiar productos básicos y su producción, ampliar la plantilla y mejorar las condiciones de trabajo de los empleados de la Administración Autónoma, pero especialmente el gasto en defensa militar y seguridad. El desarrollo de grandes infraestructuras civiles y la industrialización se convierten, a menudo, en grandes anuncios mediáticos de lenta realización. ¿Son la inversión y la legislación coactiva por parte de la AANES, destinadas a construir desde arriba una economía y modelo urbano ecológicos, la solución? ¿Es la AANES la encargada de resolver el dilema del corto-largo plazo? Aquí es dónde la ecología social entra en juego: no debe ser la administración pública, sino la propia sociedad organizada democráticamente, quien vaya configurando una infraestructura organizativa y material que se aleje del capitalismo monopolístico y del máximo beneficio. Quizás una lección que podemos extraer del Norte y el Este de Siria es que tapar agujeros, dar pequeños ejemplos y sobrevivir conjuntamente para así ir aprendiendo por el camino ya constituye en sí mismo una sociedad ecológica.
Moralidad y gestión de residuos
Uno de los grandes retos pendientes para corregir el equilibrio ecológico de la vida humana con el entorno natural es la gestión de los residuos. Cualquier persona que pasee por una ciudad del NES observará la cantidad de desechos que permanecen por doquier durante días, meses o incluso años. En una sociedad que en menos de un siglo, incluso en unas pocas décadas, ha pasado de producir y consumir productos de origen natural (que después eran reaprovechados para el ganado o directamente se descomponían) a la abundancia de productos plásticos y la producción industrial, el vertido de todo tipo de residuos ha tenido un enorme impacto medioambiental acumulativo. El modus vivendi de las gentes del NES se ha transformado a pasos demasiado agigantados. Como explica Berivan Omar: “Mucho antes de la revolución, la situación era buena. Las personas no necesitaban tantas cosas. Pero especialmente en los últimos cuatro años [la gestión de residuos] se ha convertido en una peligrosa problemática. La utilización de los plásticos, la comida para llevar y los productos alimenticios importados de Turquía, del Kurdistán de Irak y de Irán son un problema. Antes, en las casas se producían y consumían casi todos los productos. Pero desde el comienzo de la revolución hasta estos tres últimos años han cambiado muchas cosas: los ataques, la vida rápida, los modelos de vida extranjeros, el capitalismo. Quedan pocas personas que puedan cocinar su propia comida, todo es rápido y consumista. Existe el efecto de la guerra, del estrés, de la pobreza; han vuelto y son visibles. Debemos ponernos a trabajar en esto. Hay que poner límites, especialmente en las ciudades”.
Es necesario mencionar que después de 11 años del inicio de la Revolución de Rojava, en el NES todavía no existe un sistema público de reciclaje. La basura de los pueblos y ciudades es recogida por el camión municipal y transportada a las afueras donde se incineran conjuntamente. Sólo algunos pequeños negocios de reciclaje privados reaprovechan los plásticos en las grandes ciudades. En mayo de 2021, PAX informaba de al menos 21 vertederos repartidos por el NES. La ONG advertía que «debido a la mala gestión y la falta de recursos, los vertederos de residuos a menudo se encuentran cerca de zonas residenciales o campamentos de desplazados internos […]. En un intento de reducir la cantidad de basura, muchos de estos sitios queman los residuos para eliminarlos. Debido a la proximidad de estos lugares a campamentos y zonas residenciales, la contaminación afecta negativamente a los residentes locales, que deben hacer frente a los peligrosos humos y la escorrentía producidos por estos incendios al aire libre. Además, los sitios de residuos sólidos sirven como fuente de ingresos para mujeres y niños y se utilizan para la alimentación del ganado». La Administración Autónoma inauguró hace casi dos meses la primera gran planta de reciclaje de cartón de todo el NES, y la región de Manbij cuenta con una planta de reciclaje de plástico para la producción de bolsas. También a nivel de las comunas se han empezado a organizar contenedores de recogida de restos orgánicos. Pero éstas son iniciativas incipientes y casi anecdóticas, para un territorio en el que el Programa de evaluación de las necesidades humanitarias de Naciones Unidas (HNAP) calcula que viven 2.840.000 personas.

Ante esto, la propia iniciativa civil ya hace tiempo que se organiza para paliar los efectos más visibles, con campañas constantes de concienciación y recogida de basura. Por ejemplo, en el pueblo de Derna Qulinga, en la región de Jazira, el pasado mes de mayo se hizo un llamamiento para limpiar uno de los pocos parajes arbolados de la región, que tiene una fuente natural. A pesar de la llegada de algunos voluntarios de las ciudades cercanas, los habitantes del pueblo acabaron decidiendo que no dejarían entrar a ningún forastero más para hacer el popular pícnic del viernes. “Estamos encantados de que la gente venga a nuestro pueblo, pero después no recogen nada y queda todo sucio. Ya estamos hartos, esto ha terminado», explica Fatma Salim, mientras ofrece una botella de agua fresca a los voluntarios. “A partir de mañana ya no entrará ningún forastero en el pueblo. Que se vayan a su casa a comer y ensuciar». No han llegado noticias de enfrentamientos, pero los aldeanos estaban convencidos de la justicia de su reivindicación. También desde la Iniciativa Trenzas verdes remarcan el papel de la sociedad civil para empujar hacia una sociedad ecológica: “Hace dos años, cuando la Iniciativa Trenzas verdes se constituyó, no había otras instituciones o iniciativas civiles que trabajaran exclusivamente sobre ecología. Después de constituirnos y empezar a trabajar hemos incluido a la sociedad en nuestros trabajos: las comunas, los consejos, los estudiantes, profesores, las fuerzas armadas, no queda persona que no hayamos incluido en nuestros proyectos. También hacemos nuestra propaganda. Y ahora se ve el efecto general que ha tenido en la sociedad. Desde la Administración Autónoma nos han dicho que la ecología había caído hasta el octavo lugar de la agenda, y ahora, con la Iniciativa Trenzas verdes, ha vuelto a la cabeza. Éste ha sido el efecto. No sólo sobre la AANES, también en las instituciones de la sociedad civil, que han comenzado sus proyectos ecológicos. Poco a poco, hemos realizado un grupo que se implica y trabaja en los proyectos ecológicos. En breve, empezaremos las conversaciones para crear la Federación de ecologistas del Norte y el Este de Siria», celebra el portavoz de la asociación Zîwer Shexo.
La responsabilidad de estas problemáticas, compartida entre el individuo y las estructuras sociales, enfrenta un difícil reto de cambio de mentalidad, pues las gentes del Norte y el Este de Siria han vivido más de los últimos 60 años bajo un sistema estatal totalitario: «Antes de la revolución había basura, pero no por todas partes, no a ese nivel. Había luz, no había generadores ni humo, el Estado se encargaba de la recogida de basura, los barrios no estaban tan sucios como ahora. Vuelvo a repetir que fue una tiranía del Estado, del gobierno sirio. Pero el país no estaba tan sucio», comenta Shadi, encargado del generador del barrio. «Por lo general, la gente ya no entiende la diferencia. La concienciación ha disminuido. Esto no está relacionado con la moral, sino con el estado, ha habido 12 años de guerra. Las labores de limpieza de la ciudad corresponden a la autoridad. Es cosa de la municipalidad, de la Administración Autónoma. La AANES debe cumplir sus funciones y obras. Todo lo que son capaces de hacer lo hacen, pero deben hacer más. Deberían limpiar los barrios, mejorar las infraestructuras (el alcantarillado, las líneas eléctricas en las calles). Deberían realizar su trabajo por el bien de los civiles. Muchos civiles deberían estar más cómodos en ese sentido. Queremos tener nuestra ciudad como las ciudades del Kurdistán de Irak, como las de Egipto, como las de Europa. Como sociedad, queremos comodidad: en relación con la guerra y en relación con la limpieza del entorno”. La mentalidad estatal dicta que la limpieza, los servicios públicos, en definitiva, lo bueno y lo malo, son causa y consecuencia del Estado. Sin embargo, con la Administración Autónoma declarándose partidaria de un sistema democrático anti estatalista, la transición social camina lentamente.

“Una sociedad ecológica requiere una transformación moral. La antimoralidad del capitalismo sólo puede superarse con un enfoque ecológico. La relación entre moral y conciencia exige una espiritualidad empática y simpática. Sin embargo, esto sólo tiene sentido si está equipado con un enfoque ecológico sólido», recuerda Öcalan, de quien la Administración Autónoma ha tomado el paradigma filosófico sobre el que despliega su acción de gobierno. Centros públicos de la AANES, entidades políticas y de la sociedad civil se apresuran así a trabajar la conciencia de la gente, señalando la inextricable relación entre sociedad y medio natural. Sería falaz afirmar que durante el régimen sirio no existía moralidad, pero la actitud y actuación social estaban más basadas en un cumplimiento estricto de la legislación por miedo al punitivismo ilimitado de la autoridad. Infringir cualquier norma como, por ejemplo, verter la basura cuándo o dónde no toca, era motivo suficiente para ser visitado por la policía secreta del régimen. Ahora, con una legislación a caballo entre las antiguas leyes del régimen y las nuevas de la AANES, así como un sistema policial y judicial que todavía no se han afianzado, la moralidad y la conciencia ciudadana son más importantes que nunca.
Preguntada directamente por la responsabilidad municipal ante la gestión de los residuos, la vice co-presidenta del Consejo de administraciones regionales y medio ambiente de la región de Jazira, Berivan Omar, recuerda que en enero de 2022 se ratificó la Ley de protección medioambiental (n.º 13) para todo el Norte y el Este de Siria, además de la existencia de otras leyes complementarias. «Existen las leyes municipales, sobre la limpieza y otros muchos aspectos. También durante el régimen había, pero los objetivos eran distintos. Según la ley, las cosas están claras, pero la aplicación es ya más difícil. Si ahora multamos a las personas, éstas no aceptarán. Está bien que haya leyes, y que las personas no las transgredan. Pero ¿se trata de castigar a aquella persona que tira la basura, o bien se debe facilitar que aprenda? El aprendizaje es difícil. Si se pregunta por las calles, dirán que “hasta que no haya ley, esta dinámica continuará”, pero ¿por qué? Pues porque sí existen leyes pero en su cumplimiento nos encontramos con problemas. La municipalidad no puede ser excesivamente dura, por eso ahora, en las comunas, existe una comisión para la ordenanza de limpieza. Ésta es una gran ciudad [Qamishlo] y la municipalidad no sabe quién ha tirado o no la basura, pero sí las comunas. Este comité ayudará a la implementación de la ordenanza, aunque levantará malestar”. De nuevo, las autoridades de la AANES recuerdan que el bienestar de la sociedad y su entorno natural dependerá del éxito de la hibridación entre democracia de base y ecología.
Cuando ecología y democracia confluyen
Con una superficie de 49.300 km2 (Cataluña cuenta con 32.113 km2), el NES es una de las zonas más favorecidas de la región en términos de recursos naturales (agua, gas, petróleo, grandes extensiones de campos fértiles). También en términos sociales y culturales, las regiones del NES engloban una amplia gama de grupos étnicos y religiosos. Algunas comunidades viven en la zona desde hace milenios, mientras que otras muchas se han establecido más recientemente. Las regiones de mayoría kurda se concentran en el norte, las de mayoría árabe en el sur. La composición étnica varía de una ciudad y pueblo a otra, con minorías de armenios y turcomanos, así como pequeñas comunidades de sirios-asirios, yazidis, circasianos (descendientes de musulmanes caucásicos) y chechenos repartidas irregularmente. Toda esta riqueza natural y social se ha puesto a prueba con los atroces enfrentamientos armados, y ahora con la fase de desgaste de la guerra civil Siria. Construir una sociedad ecológica, basada en la democracia directa y la igualdad de género, puede parecer difícil, en estas circunstancias, pero a la vez perfectamente adecuado.
Un análisis de la situación ecológica de los territorios del Norte y el Este de Siria muestra la inaplazable necesidad de tomar medidas que reviertan la destrucción del medio ambiente a causa de la guerra y el propio capitalismo de máximo beneficio que se fue asentando con el régimen del Partido Baath. Sin embargo, las medidas ecológicas per se solo apuntan al efecto y no a la causa del problema, si no van ligadas a la democratización de la sociedad. El establecimiento de estructuras sociales participativas, como las comunas de vecinos y las cooperativas han sido hasta ahora la punta de lanza del programa de gobierno de la AANES. Pero también la industrialización de los sectores económicos y la planificación urbanística, de manera que se creen núcleos económicos tanto en las ciudades como en pueblos que garanticen un equilibrio entre las necesidades humanas y medio ambientales, así como dentro de la sociedad en general. En paralelo, centros educativos de la AANES, entidades políticas y de la sociedad civil también se apresuran a trabajar sobre la conciencia de la gente, señalando la inextricable relación entre la humanidad y la naturaleza en el marco de una sociedad política y moral. Si bien éste es el programa, no se puede decir que se haya implementado hasta ahora con los resultados esperados. La pobreza y las desigualdades económicas, la emigración constante hacia Europa y la desafección política evidencian que la Revolución de Rojava no es el paraíso en la tierra. La guerra que asedia el proyecto de la Administración Autónoma desde hace 12 años impone una serie de prioridades inalienables, incrementando de forma dramática la dicotomía corto-largo plazo.
Tampoco puede obviarse la enorme influencia que, en estos tiempos de privaciones y falta de oportunidades, ha despertado el modelo de vida occidental, especialmente entre los jóvenes. El bienestar opulento de Europa, basado en un consumo material por encima de las propias capacidades naturales, no sólo afecta al propio medio ambiente de Europa, sino que es completamente insostenible para el Norte y el Este de Siria. Los modelos de vida tradicionales y ecológicos de esta región están siendo olvidados y derribados rápidamente por enormes bloques de hormigón cargados de aparatos de aire acondicionado, los coches SUV y la comida rápida para llevar. La idolatría de Occidente está disolviendo lentamente los lazos sociales comunitarios que la guerra no había logrado destruir.
La oportunidad que nos brinda, pues, el paradigma de la ecología social que se está aplicando en el Norte y el Este de Siria es la de evaluar por contraste el proceso que estamos viviendo en Cataluña y España, y en general en el mundo occidental, para corregir la relación tóxica que tenemos con nuestro planeta. ¿Es la transición ecológica basada en el capitalismo verde y enmarcada en la agenda 2030 un paradigma que realmente equilibra el balance entre sociedad y medio natural? Incluso más importante: ¿con estas medidas ecologistas se amplía la democracia o simplemente se mantienen los beneficios? ¿Cuál es la sociedad moral y política que estamos construyendo? El caso del NES nos responde que, incluso en medio de la guerra, la construcción de una sociedad ecológica (y, por tanto, democrática) es impostergable.
[3] Abdullah Öcalan, «The Sociology of Freedom», p.376
[4]Azize Aslan, “Economía anticapitalista en Rojava”, p. 215
[5] Abdullah Öcalan, «The Sociology of Freedom», p.254
[6]Abdullah Öcalan, “Beyond the state, power, and violence”, p.205


