No hace mucho tiempo se viralizó el reto de salir en programas televisivos y otras plataformas de máxima audiencia diciendo que “ya no se puede decir nada”. En este sentido, en lugares como El Hormiguero diferentes invitados se unieron al presentador con este mismo mensaje. De un modo similar, Mariló Montero accedió a ser invitada de La Revuelta y allí indicó también que en estos tiempos apenas se puede decir nada. Obviamente, la primera réplica a sus aseveraciones era sencilla ya que los altavoces que utilizaban para decir que ya no se podía decir nada no eran precisamente pequeños. No obstante, cabe ir un poco más allá. ¿A qué se estaban refiriendo exactamente?

Este argumentario que tanto Pablo Motos, como Mariló Montero, Miguel Bosé y otros tantos sostienen desde hace mucho tiempo no cae en saco roto. Hay muchas personas dispuestas a comprarlo. Esta reacción proviene de un caldo de cultivo previo en el que progresivamente se ha ido calificando a esa suerte de izquierda woke (no entraremos aquí a analizar el cajón de sastre perverso en el que se ha convertido este concepto) de ser proclive a ofenderse (ofendiditos) y que, por lo tanto, esta izquierda tiende a una amplía y restrictiva sanción moral de todo aquello que no le gusta o no se alinea con los valores que considera apropiados. Así, habitualmente esta queja sobre que “ahora no se puede decir nada” se complementa con una nostalgia de tiempos pretéritos en los que sí que había una auténtica libertad de expresión: como en los 80 durante la Movida Madrileña, por ejemplo.

A decir verdad, no es difícil observar que la libertad que proyectan en el pasado implica el silencio de muchas personas que no eran tenidas en cuenta, además de que la nostalgia siempre tiene el perverso y poderoso efecto de quedarnos con un pasado idílico, ignorando todos o buena parte de sus defectos. Es decir, por definición, la nostalgia se fundamenta en una mentira, una dulce mentira.

Por supuesto, lo que les estropea el presente  a estos “nostálgicos” y les hace apelar a ese “idílico” pasado tiene un germen real, a saber, el derecho a réplica. Es decir, lo que se pide no es poder expresar libremente lo que sea si no que, expresando lo que sea, no se pueda ser contestado o cuestionado de ningún modo (la habitual y clásica confusión entre tener derecho a opinar y que tu opinión nos parezca válida o, tal vez, sea una absoluta mierda).

En todo caso, lo que ahora nos atañe es un paso más allá en este esquema. A saber, ¿hacía dónde apuntaba la insistencia en la libertad de expresión?

Durante largo tiempo la derecha mediática ha insistido en que la libertad de expresión estaba viéndose comprometida por la observancia puritana de la izquierda y, también, por su ansia de control del relato. No obstante, es bastante tramposo lanzar una acusación de este tipo cuando a la vez estás vaciando de contenido el concepto que utilizas: la libertad se ha tornado algo tan vago, tan etéreo, tan difuso… Que todo (o nada) puede tener que ver con dicha libertad. Incluso un concepto que refiere a una capacidad tan basta debe tener algún tipo de acotación en su definición porque, de lo contrario, la confusión está servida y se torna inevitable.

Por una parte, la libertad de expresión, ni en España ni en ningún otro lugar, ha sido nunca un derecho absoluto, gobierne quién gobierne. Siempre ha habido ciertos límites a su ejercicio y, con frecuencia, estos límites han sido también utilizados inapropiadamente para censurar o limitar la difusión de algún contenido (que se lo digan a la revista El Jueves). Pero incluso cuando esto no ha sucedido, se ha entendido siempre que la libertad de expresión no es ilimitada.

Este último párrafo puede aguar un poco la fiesta, quizás hasta suene autoritario para algunas personas. Sin embargo, cuando se le da concreción al asunto quizás no lo parezca tanto. Si yo utilizara mi “libertad de expresión” para vejar de forma explícita o incluso amenazar a alguien de forma directa, ¿seguiría operando conforme a lo previsto en tal derecho? Por supuesto, hay cierto margen de discusión. Se me podría decir, y con razón, que lo que ofende a unos no tiene porque ofender a otros y que no se puede optar por la censura preventiva. Y esto lo suscribo plenamente. Pero a lo que me estoy refiriendo es a ataques directos, unívocos, claros, evidentes.  ¿Seguiremos relativizando cínicamente sobre el derecho a la libertad de expresión?

Se podrá seguir objetando que si se compra el marco del derecho a réplica ya basta con eso. Es decir, si acordamos que al final se puede contestar, pues esa es la forma de reparar la injusticia. Pero esta contestación obviaría que a lo que se puede responder debe entrar dentro del marco de la discusión y no de la agresión. Amén de que, a decir verdad, los absolutistas del derecho a la libertad de expresión también se enfadaban por ser contestados, ¿o no era así?

En definitiva, no sé si alguien más siente la atmósfera asfixiante que se genera al observar este arrinconamiento. Pero este es el problema del vaciamiento de un concepto tan fundamental. Que al final uno queda maniatado. Por eso es tan importante dedicar tiempo a clarificar qué está sucediendo.

¿Pero qué es lo que está sucediendo en el nivel más práctico y experiencial? Lo que está ocurriendo es lo más fácil de observar. La reivindicación del derecho de libertad de expresión se ha traducido en que desde un polo del espectro ideológico se concibe como admisible el derecho al insulto (y a las falsas disculpas posteriores) e incluso el derecho a no respetar ningún tipo de conocimiento científico. ¿Cómo no voy a tener yo libertad para discrepar de tu evidencia científica o para poder insultarte si creo que te lo mereces sobradamente?

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2 comentaris

  1. Me deshice por completo del herpes 1 y 2. Comencé el tratamiento en agosto de 2025 durante 14 días. Desde entonces, en 2026, no he tenido ningún brote. Todo gracias al Dr. Chalopa. Aquí están sus datos (drchalopa@gmail.com), sitio web: https://chalopaherbs.com

  2. Vivir con herpes simple fue una experiencia deprimente para mí, incluso con el consejo y la medicación de mi médico. Me llamo Vicky Moore y vivo en Chicago, Illinois, y esta es mi historia. Busqué remedios en internet, pero desafortunadamente nada nuevo; todos los resultados seguían siendo los mismos. Tristemente, casi me doy por vencida. Eran alrededor de las 7:30 de la mañana cuando mi terapeuta me llamó a su casa. Al principio tenía mis dudas, pero fui de todos modos. Al llegar, me sonrió y me dijo que ahora hay pruebas vivientes. Me mostró a una mujer que también sufrió de herpes simple hace 3 años y que ahora está curada por un médico que también estudió hierbas naturales. Me quedé asombrada y sin palabras. Incluso dudé, pero me mostró un informe médico. Así que contacté con el médico y semanas después, me curé. Así que me gustaría usar este medio para agradecer enormemente a mi terapeuta y al Dr. Chalopa. Esta historia es compartida con otras personas como yo. Sin embargo, él también trata otras enfermedades. Correo electrónico (drchalopa@gmail.com)
    https://chalopaherbs.com

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