Desde inicios de diciembre las Collboni Lights nos lo recuerdan en Barcelona y, en Badalona, lo hace el árbol más alto del mundo —el alter ego del alcalde “más alto que un pino y más tonto que un pepino”, dicen algunas amigas mías—. Nos lo recuerdan porque todo el mundo sabe que la Navidad la inauguran los grandes almacenes y no el origen cristiano de la celebración. Para muchas como yo, que somos ateas, el cambio tampoco nos gusta, porque cambiar los templos por supermercados o la tradición cristiana por el consumo capitalista no es sano socialmente hablando.
Bien, pues eso, llega Navidad y nos lo recuerdan dos meses antes. En lugar de festejar la vida nos entregamos a la desmesura y olvidamos, sobre todo nos dedicamos a olvidar miserias, las propias y las ajenas. Pero hay quien recuerda con conciencia; la Fundación Arrels hace el recuento de la gente que duerme en la calle: 1.982 personas duermen al raso, sin coberturas, sin derechos. Mientras el pérfido Albiol, el alcalde del árbol más alto, tras un temporal importante y virulento —120 litros de agua por metro cuadrado en pocas horas— desaloja de un espacio a más de 400 personas. Así mola celebrar la Navidad, ¡fuera miserias! En este caso infame más bien ha echado fuera a los miserables.
También hay quien dice que hay escasez de vivienda en Cataluña, ¡qué trolas nos hacen tragar! De hecho, vivienda hay; lo que no hay son sueldos que la puedan sostener ni precios asequibles para la gente. Mientras Collboni and the boys cantan que el corazón late con un villancico para todo el mundo, otra trola de las grandes.
Ahora llega Navidad y yo he hecho mi propia villancico: Ara ve Nadal, que ningú passi fam, repartim el pa. Als barris obrers, escudella i escalfor, que la taula sigui plena i no el compte del senyor. A la tieta Pepa no li cal un tall, li cal un salari digne i lloguer social. Que el Nadal no sigui luxe ni caritat puntual: és justícia social, avui i tot l’any.
(Ahora llega Navidad, que nadie pase hambre, repartamos el pan. En los barrios obreros, escudella y calor, que la mesa esté llena y no la cuenta del señor. A la tía Pepa no le hace falta un trozo, le hace falta un salario digno y alquiler social. Que la Navidad no sea lujo ni caridad puntual: es justicia social, hoy y todo el año.)
En la tradición maya la Navidad no existe y yo celebro, tradicionalmente con amigas y familia, el Winal K’in, la fiesta del sol, de la fertilidad, de la vida. De hecho, la Navidad es esto, tradición y actualmente para la mayoría un acto de celebración y sincretismo entre el capital y la divinidad cristiana. Un tiempo que debería ser de luz y recogimiento y celebración y se ha convertido en un acto de consumo y celebración poco solemne y lleno de pequeñas bombillas y vicios.


