Rodalies. Plural de rodalia. Según el diccionario del Instituto de Estudios Catalanes, terreno y conjunto de localidades que forman los alrededores, el distrito, de una población, de una parroquia, etc. Es decir, proximidad, conexión, vinculación. Será por esto que se optó por este nombre a la hora de denominar el servicio ferroviario que interconecta Barcelona con sus coronas metropolitanas, unas coronas que, año tras año, ganan población y extensión; según el Instituto Metrópoli, unas 51.000 personas migrarán hacia otras áreas urbanas dentro de la misma región metropolitana de Barcelona. Además, el Instituto de Estadística de Cataluña (IdesCat) señala que, en 2022, se produjeron 272.971 cambios de residencia entre localidades en los que 13.599 residentes se mudaron a municipios no urbanos. Nos encontramos, por tanto, en un escenario en el que las personas se alejan de la gran ciudad, haciéndola más extensa, y donde, en consecuencia, se necesita una hiperconectividad que va más allá de una visión a corto plazo. Precisamente, una de las infraestructuras que nos debe proporcionar esta interconexión, Rodalies, no cumple su función y aquí nos encontramos con un grave problema de ciudad y de país. Hoy en día, las Rodalies nos empujan al caos, la incertidumbre y la impuntualidad que, en el plano mental, nos produce ansiedad por no llegar al trabajo, nerviosismo por no ser puntuales a un examen y estrés por no poder organizarnos a lo largo de la jornada.
En una sociedad hiperestimulada e hiperactiva, cualquier minuto perdido de camino al trabajo, estudios o vida social es una frustración. Pero, ¿cómo podemos medir el impacto en la salud mental de la nefasta gestión de las Rodalies de Cataluña? Esto se preguntó Plataforma Dignitat a les Vies y lo comunicó a la Universidad Rovira i Virgili, que se hizo cargo del reto de estudiarlo. Se espera que los resultados se publiquen a principios de este verano. Todo apunta, como era de esperar, que el mal funcionamiento del servicio tiene un impacto negativo en la salud mental de sus 130 millones de usuarios anuales. Simplemente con aparecer en un andén de cualquier estación ya es suficiente: vagones atestados, caras de angustia, incertidumbre o incredulidad y actitudes nerviosas e impulsivas. Las quejas por el mal funcionamiento de Rodalies a la Síndica de Greuges, desde principios de año, han aumentado un 148% en comparación con todo el año pasado. La razón es que, por la falta de inversiones constantes desde hace años y la priorización del AVE frente a las Rodalies, nos aboca a un servicio disfuncional.
La mala gestión de las Rodalies es un problema de Barcelona y su área metropolitana, obviamente, pero también de todo el país y su administración. Es necesario articular Cataluña con infraestructuras adecuadas, accesibles a toda la ciudadanía y adaptadas a los retos económicos, sociales, culturales y medioambientales del siglo XXI. Sin un buen servicio ferroviario, no hay progreso ni futuro.


