Cuando llega el atardecer, Guillermo y Sonia, a menudo, salen del piso que comparten en el Eixample de Barcelona para ‘reciclar’. Pero este reciclaje no hace referencia a separar los residuos según su composición, sino a rescatar alimentos que algunos consideran basura pero que son “perfectamente comestibles”. A dar una segunda vida a la comida. “Hay mucha gente que es demasiado escrupulosa con el estado de los alimentos o que confunde la fecha de consumo preferente con la de caducidad y los tiran, a pesar de estar en perfecto estado”, explica Sonia.

Así, las tardes de reciclaje encuentran cantidades de comida “considerables” que han sido rechazadas en contenedores, tanto por particulares como por supermercados, simplemente porque se acerca la fecha de caducidad, hay algún bulto en el paquete o la fruta tiene golpes. “Estamos demasiado acostumbrados a verlo todo perfecto, envasado e impecable. Pero olvidamos que la verdura no crece inmaculada ni envuelta en plástico”, se queja Guillem. Así, comentan que suelen encontrarse alimentos -preparados o frescos- todavía lejos de caducar, vegetales en perfectas condiciones y, incluso “hemos recogido bolsas de legumbres secas porque la fecha de consumo preferente había pasado, aunque no es un producto que caduque “, narran. “Todo ello puede parecer que es fruto de un exceso de pulcritud, pero en realidad es una falta de conciencia social”, opina ella.

Ambos explican que no reciclan por motivos económicos, sino por cuestiones sociales y medioambientales. “No lo hacemos por necesidad y aún así sentimos el estigma que supone mirar en la basura. Imagina lo que debe sentir la gente que sí necesita hacerlo”, reflexionan. Por ello, no se llevan todo lo que encuentran, sino que dejan parte fuera de los contenedores, en lugares visibles para que “cualquiera lo pueda coger”. El reciclaje – aunque a pequeña escala- de Guillem y Sonia, es movido por la misma voluntad que un proyecto a nivel de todo el estado español y que pretende acabar con el despilfarro alimentario en red: las Neveras Solidarias.

Gracias a la idea del vasco Álvaro Saiz y del trabajo del equipo de voluntarios de la asociación Galdakaoko Boluntarioen Gizarte Elkartea(GBGE), hoy se pueden encontrar 21 neveras en las calles del estado -cinco de ellas en Cataluña y dos en Barcelona- como tentativa para terminar, concienciar y trabajar de manera colectiva contra el desperdicio de alimentos. Esta red nació a raíz de una experiencia de reciclaje. Antes de las Neveras Solidarias, GBGE participaba de un banco de alimentos que nutría, en parte, con comida reciclada, a menudo de los contenedores donde los supermercados desechaban los residuos. “Era comida retirada por políticas de calidad -aunque no estuviera caducada- y que, por tanto, tenían que tirar. Y tampoco nos la podían dar, ya que no querían ser responsables del consumo de lo que habían regalado”, recuerda.

Así que, para eliminar los riesgos y la falta de higiene que supone dejar comida en un contenedor -aunque sea por poco tiempo- quisieron poner un contenedor especial sólo para esta función. Pero las altas temperaturas del verano no permitían condiciones aceptables. “Así que pensamos en dotar de refrigeración a este recipiente. Y caímos en la cuenta: ¿qué es un contenedor con aire acondicionado? ¡Una nevera!”. Así, estos refrigeradores -el primero de los cuales se colocó en la puerta de GBGE- también daba salida a los alimentos frescos y no envasados ​​que los bancos de alimentos no aceptan por la misma política de calidad que los supermercados.

Recomanacions de l’Agència Catalana de Salut Pública per a l’ús de les Neveres Solidàries

Deja sólo lo que te comerías tú

Las Neveras Solidarias son gestionadas por entidades o particulares voluntarios que las colocan o bien dentro de los locales o en la acera. Sólo tienen la responsabilidad de mantener los aparatos en buen estado y limpios. Pero nadie más que el donante y el receptor tiene responsabilidad sobre la comida: el primero debe procurar cumplir unos códigos “racionales y básicos” y el segundo debe llevarse sólo lo que consumirá y vigilar con las propias intolerancias y alergias. “Como son alimentos que técnicamente se cogen de la calle, no hay ninguna disposición legal que obligue a que lo que se encuentre dentro de la nevera tenga especificado los ingredientes”, explica Saiz. Pero, a pesar de este “vacío legal”, asegura que son indicaciones que piden a los donantes que cumplan.

Según la propia Agencia de Salud Pública de Cataluña -encargada de elaborar las recomendaciones sanitarias de las Neveras Solidarias en Cataluña – los alimentos que se tiran de la basura “en muchas ocasiones se pueden consumir, aunque no se puedan comercializar”. Eso sí, siempre que se cumplan condiciones como no poner en la nevera alimentos caducados, conservas dañadas con salida de gas o líquido, salsas caseras con huevo o comida cocinada hace más de tres días. Y es que gran parte de lo que se encuentra en las Neveras proviene de particulares. “Tenemos muchos acuerdos, no sólo con comercios, sino también con universidades, como la del País Valenciano, que cada día cocina 4.000 menús. Y lo que no se consume, aunque sea un 1%, nos lo trae. Y lo que antes era residuo, ahora alguien se lo come”.

En Cataluña se tiran 262.471 toneladas de alimentos aprovechables cada año, que equivalen a las necesidades alimenticias de medio millón de personas durante un año. Y, de esta cifra, los supermercados sólo son responsables en un 16%, y la restauración en un 12%. Es de los hogares de los que depende el otro 58% del desperdicio. Es por estas cifras tan altas que el proyecto BoxUp, una iniciativa de comercialización de alimentos con caducidad cercana redirigidos desde las grandes superficies, decidió que para “atacar el desperdicio alimentario no podíamos fijarnos sólo en la industria”, según explica Jan Gibernau, uno de los impulsores.

Este proyecto, que nace dentro del grado en Liderazgo, Emprendimiento e Innovación (LEINN), encuentra su “vertiente social y comunitaria” en las Neveras y por ello instalaron una en su local, en el centro de Barcelona en febrero de 2018. Creen que la lucha contra el despilfarro alimentario “se debe hacer en red” y por ello, además de mantener su nevera limpia y operativa, también proponen ideas para mejorarlas, como instalar sensores de peso para ver cuñando son más usadas, si es necesario variar el tamaño o regular la temperatura.

“No hay nada más excluyente que hacer cosas para excluidos”

Álvaro Saiz explica que las Neveras Solidarias no están pensadas únicamente para aquellas personas que tienen necesidad de comer, porque “no hay nada más excluyente que hacer cosas para excluidos”, dice. De hecho, según Gibernau, muchos de los usuarios que tiene su nevera son gente que tiene “necesidad de comer en un momento dado, que no han llevado comida al trabajo y prefieren ir a la nevera antes que al súper”. Aunque afirma que también se acerca gente necesitada, pero “siempre son los que se muestran más indecisos a la hora de coger comida. No dan el paso, por vergüenza, y a menudo tenemos que salir a decirles que pueden tomar lo que quieran. Y tenemos que insistir “, relata Gibernau.

Y es que, como aseguran Sonia y Guillem, no es lo mismo buscar comida en un contenedor si lo haces por necesidad que si no. Y lo mismo con una nevera. “Es necesario que todos se acostumbren a la nevera y a usarla igual, tanto el que irá a buscar la cena, como el que se ha olvidado el tupper en casa”, opinan desde BoxUp. Por ello, reconocen que la comunicación es lo que más tienen que trabajar, yq que la iniciativa de las Neveras Solidarias, de reciente implantación en Cataluña, coincide con muchas iniciativas particulares para trabajar contra el despilfarro alimentario. “Y no colaboramos más porque no nos ponemos cara”, reconoce Gibernau. Y es que, la Nevera que hay en la sede de LEINN está en la ruta de reciclaje de Sonia y Guillem. No la conocían, pero comenzarán a utilizarla para depositar parte de la comida que “rescaten”.

Share.
Leave A Reply