Todo nace de una costilla, pero ni humana, ni animal, ni celestial. En este caso todo nace de una costilla real de un Polikarpov I-16, también conocido por Mosca por los republicanos y como Rata por los nacionales, un caza de diseño y fabricación soviética que fue usado por las fuerzas aéreas de la República española y también durante la segunda Guerra Mundial. Aproximadamente se construyeron unos 8.000, de los que no quedan muchos. Hay uno en el Museo del Aire de Madrid. Ahora hay otro en el Museo de la Guerra Civil de Gandesa (Tarragona). Uno que ni ha volado ni volará, ni se fabricó en los años treinta del siglo XX ni surgió de una fábrica rusa. Se trata de un avión mosca que han ido construyendo, año tras año, como prácticas de curso, los alumnos del grado superior de aeronáutica del Instituto Illa de Banyols (El Prat de Llobregat).

La costilla (la estructura de madera que une la parte frontal y posterior de las alas) de la que nació el proyecto se la regaló un mecánico de aviones jubilado a Juan Prieto hará once años. Este mecánico, de nombre Arcadi Dunjó, había trabajado en el aeródromo de Sabadell, donde Prieto, hoy profesor del instituto Illa de Banyols, había comenzado a aprender el oficio de técnico de mantenimiento de aviones en los años setenta.

Allí conoció la historia del avión mosca, porque durante la guerra estos aparatos los reparaban -o incluso reconstruían a partir de trozos de los abatidos en combate-, en el aeródromo de la cocapital vallesana. En los setenta todavía quedaban tanto piezas del Polikarpov I-16, como mecánicos de aquellos tiempos y pilotos que los habían hecho volar. Y por eso, cuando tuvo la costilla en la mano, Juan Prieto pensó que una buena práctica para sus alumnos sería fabricar costillas de avión a partir de este modelo.

Prieto enseña a sus alumnos a trabajar todo tipo de materiales aplicados a la aviación: madera, aluminio, composite, tela, fibra de vidrio… lo que sea. Es hijo y nieto de mecánicos, pero de coches, y en realidad su gran pasión no son los aviones, sino los automóviles de carrera clásicos, que construye a escala 1:10. Pero hace muchos años también había hecho un modelo a esta escala del avión mosca.

Una de las partes del avión no se cubrió, para que así se pueda ver su esqueleto, con las costillas del ala incluidas
“Quizás no estaba decidido desde el minuto cero que haríamos todo el avión, pero en el minuto 5 sí lo tenía decidido, y siempre tuve claro que lo acabaríamos, aunque a veces dábamos dos pasos adelante y tres atrás”, explica Prieto. O sea que los alumnos de 3º de hace ya unos cuantos cursos hicieron una costilla del avión mosca como práctica del módulo de materiales, y así es como, terminado el curso, se eligieron las mejores costillas y se hizo la primera ala. Con las del curso siguiente se hizo la otra ala.
Otro curso hizo la deriva (la cola), otro la joroba, otros alumnos pusieron el capó de aluminio y los puentes de aterrizaje, otros cubrieron las alas con tela, otros pintaron la madera con los colores originales… y así es como se llegó, después de 10 años, completar la réplica, hecha exactamente con los mismos materiales que el original, y muy especialmente la madera de abedul, pero a una escala más pequeña. Prieto calcula que en la construcción de este avión han participado alrededor de 300 alumnos a lo largo de estos 10 años.

Trabajo de materiales y de memoria histórica

Estas 10 promociones han añadido muchas horas de currículo oculto en memoria histórica a las técnicas de tratamiento de materiales. “Me lo he tomado como un pequeño homenaje a todos los mecánicos y a todos los ancianos que vivieron una época muy difícil, pero tenían espíritu de lucha”, explica el profesor. “Yo he querido -añade- que los alumnos se interesen por un tema como el de la aviación durante la guerra, que ha interesado a muy poca gente a pesar de que defendió Barcelona y participó en la batalla del Ebro. Mientras trabajábamos los materiales a los alumnos buscaban información y debatían cosas, hablábamos de la guerra, o sea que el proyecto les ha animado desde los dos ámbitos. Al final venían muchos voluntarios a ayudar, alumnos de 1º y 2º a los que todavía no les tocaba hacerlo”.

Antes de dedicarse a la docencia, Prieto fue mecánico de vuelo de Iberia durante diez años, también trabajó como jefe de taller para varias aerolíneas domésticas, como responsable de efectos especiales para TV3, y durante los años olímpicos se unió al estudio de Javier Mariscal, con el que colaboró, entre otras cosas, en la construcción de la famosa gamba del Moll de la Fusta. “Yo nunca me guardo para mí lo que he aprendido a lo largo de la vida. Cuando alguien me dice que un ex alumno mío hace las cosas mejor que yo, para mí es un orgullo”, subraya Prieto. “Todos necesitamos apoyarnos sobre los hombros de otras personas, y al mismo tiempo soportar el peso de los que necesitan apoyarse en nuestras, para mí eso es la educación”, añade.

Traslado al museo de Gandesa e instalación definitiva en la sala Antoni Vilella

“Todo el avión lo han hecho ellos, yo sólo he supervisado”, dice el profesor. “Yo les he educado las manos para que sepan cómo hacerlo. Cuando mis alumnos me preguntan cuándo serán un buen mecánico siempre les contesto que cuando escuchen hablar a las máquinas”.

Al grado superior de aeronáutica del Instituto Illa de Banyols entran sólo 30 alumnos por promoción, los que tienen mejores notas. Y no todos lo acaban, apunta Prieto, “porque son estudios muy duros, estos alumnos deben aprender a reparar turbinas, reactores, circuitos eléctricos…”. “Prácticamente salen todos colocados -comenta el profesor- algunos no siguen el grado porque hacen las prácticas en alguna empresa y ya se los quedan. Yo les digo que cometen un error, que finalicen los estudios porque si no después sólo podrán trabajar para esa empresa, pero no siempre me hacen caso”.

Del Barcelona en la Terra Alta

Decidir el destino de la réplica del avión mosca construido por los alumnos del Instituto Illa de Banyols no fue sencillo. Estuvo un curso colgado del techo del aula, mientras ideaban una forma de sacarlo (tuvieron que construir una puerta de garaje), y en el ramo de la aeronáutica se iba conociendo la iniciativa y le surgían varias novias. Él quería el aeropuerto de Alguaire, pero a Prieto la idea no le acababa de convencer, porque le faltaba la carga simbólica que para los amantes de la historia de la aviación tenía el Polikarpov I-16. Se puso en contacto con Antonio Valldeperes, presidente de la asociación de aviadores de la República (ADAR), y este le dirigió al Museo de la Guerra Civil de Gandesa, donde se conserva la memoria de la batalla del Ebro .

“En Gandesa nos recibieron con los brazos abiertos, me llamó el alcalde y me dijo que en tres días me enviaba el camión”, recuerda el profesor. El pasado mes de julio se hizo el traslado. Hoy la réplica del Polikarpov I-16 construido a lo largo de diez cursos por los alumnos del Instituto Illa de Banyols se puede ver en la sala Antoni Vilella Vallès, mecánico de las Fuerzas Aéreas de la República Española durante la Guerra Civil y fundador de la Asocación ADAR.

Y con la costilla original, ¿qué ha pasado? “La regalé a la escritora Tania Juste. Escribió una novela ambientada en la aviación durante la guerra civil, Los años robados, yo la leí y me encantó, me puse en contacto, vino a la escuela y se le regalé. Su abuelo también fue mecánico de estos aviones “.

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1 comentari

  1. Mª Concepción Otero on

    Buenas tardes. Hubo una exposición en el aeródromo de Sabadell donde fue mostrado eses avión. El Polikarpov.
    Tengo una foto de mi suegra delante de él, porque su marido trabajó durante la guerra civil en esos aviones como mecánico.
    Me gustaría saber la fecha de esa exposición. Calculo que fue entre el 2007 y el 2010
    ¿Dispone de ese dato? Gracias

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