Aunque la relación es a veces complicada, me encanta esta ciudad, estoy agradecida de vivir aquí y me escapo a la naturaleza de Catalunya tanto como puedo. De vuelta a la ciudad, uno de mis lugares favoritos es el MACBA, en el Raval. Siento que representa lo mejor de Barcelona; un espacio democrático y autorregulado para ser disfrutado por todo el mundo que pasa.

Sabemos qué aspecto tiene, pero para aquellos de nosotros que no lo sepan, es un museo enorme de arte contemporáneo con un suave paseo de hormigón elevado que desciende a una inmensa plaza vacía. En este vasto gris encontramos un microcosmos de vida. Hay los skaters, claro, que han venido a la Meca de su afición/arte/adicción por su, ya mencionado, exquisito hormigón. Tienes los vecinos del Raval por quienes es tanto una extensión del comedor como un patio trasero donde pasar la tarde del domingo. Tienes los que siempre están por las calles del Raval trabajando o viviendo, para los que el MACBA es un lugar de encuentro. También tienes aquellos que visitan las delicias culturales del MACBA o el CCCB, o que simplemente están pasando el fin de semana paseando por este barrio ecléctico. Tienes gente mayor con cafés para llevar y libros, adolescentes haciendo rutinas de danza de TikTok, familias jóvenes que llevan a los niños a aprender a patinar, guiris, gente local, y todo lo que queda en medio. Hay campañas online para mantener la plaza limpia y abierta al público con la mínima interferencia de las autoridades.

Yo diría que no tiene rival en Europa en cuanto a su inclusividad y aceptación. Muchos estarían de acuerdo en que equivalentes como el South Bank de Londres, donde se reúnen skaters y punks es un lugar más turbio. Los espacios públicos no suelen quedar tan libres en términos organizativos o de intereses comerciales. Aún más, las ciudades normalmente están divididas, y las personas mayores y las familias a veces no se sienten como en casa en los puntos donde se congregan los jóvenes y adolescentes escandalosos para socializar. Uno de mis mejores amigos, cuando estaba de visita hace unos años, comentó que nunca se había sentido tan cómodo en un espacio público que no estuviera claramente identificado como “gay-friendly”. Él esperaba algunas miraditas u hostilidad mientras intentábamos encontrar nuestro lugar para sentarnos en el rellano, pero, de hecho, encontró todo lo contrario. Sintió que su presencia no molestaba a nadie y podía ser él mismo sin miedo. Nunca lo había pensado desde este ángulo, pero tiene sentido que mucha gente se sienta cómoda allí, por qué es tan especial. Seas quien seas, vengas de donde vengas, en la plaza del MACBA eres bienvenido, sólo evita ponerte a la trayectoria de un kick-flip. ¡Esta es la única ley que gobierna y, a diferencia de las muchas fuerzas invisibles de las que he hablado, que afectan mi comportamiento como ‘guiri’ en Barcelona, esta es totalmente directa, y te golpeará de pleno al tobillo! Si pensamos en otros lugares como Plaza del Sol, habitualmente tienes la sensación de que hay una comunidad a la que pertenece el lugar, no es exactamente lo mismo. Pero Gracia es toda OTRA columna…

¿Por qué hablamos de estos espacios? Pues porque sólo hay ciertos lugares donde me siento libre y relajada. Es uno de los únicos lugares donde realmente me siento libre de hablar vehementemente como haría en la vida real sin ver como la gente se avergüenza, me mira de reojo o rumia por tener un inglés llamativo cerca. Libre de vestir como quiero sin recibir miradas o comentarios porque es demasiado de “putón” o “excesivo” y fuera de lugar para el metro de Joanic. No sentir que mi presencia no es querida cuando entro a un lugar que me encanta, una plaza escondida, o un restaurante superlocal, ya que no debería estar ahí ocupando el espacio de la gente (local) que puede apreciarlo mejor que yo. Casi es como si estuviera robando un espacio que no era para mí, y me encojo a mí misma constantemente. Algunos piensan que exagero. Algunas veces incluso yo lo pienso, desmontando el muro de la vida diaria en cosas tangibles a describir en lugar de lo que siento.

Así pues, cuando me siento insegura sobre mi lugar aquí, o un poco herida; cuando estoy cansada de mantenerme con la espalda recta y la mirada al frente para no enseñar mi vergüenza en caso de que alguien me llame por la calle “puta inglesa” o sentir gente rumiando sobre los guiris al pasar, me retiro al MACBA, mi refugio. Un lugar donde si te sientas, perteneces. Qué analogía podría ser para toda Barcelona; si vives aquí, perteneces aquí. ¿Pero, cómo podemos llegar?

 

Solo en MACBA (V.O)

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