La belleza de dar nombre a Barcelonas ocultas es un trabajo donde, de modo inevitable, combino el paseo, una investigación casi infantil con los mapas y una búsqueda frenética, aunque pausada, en archivos y hemerotecas.
Tras desmenuzar, siempre con carencias, la casa del Guix, aquí rebautizada como bloque del futuro por sus evidentes connotaciones de concentración demográfica, impulsada hacia la periferia por el Estado y las Cajas de Ahorro, camino hasta alcanzar Navas de Tolosa con Mallorca. A bote pronto la observación no depara nada sorprendente. Si fuéramos pájaros veríamos una manzana anómala, surcada por tres pasajes, dividida por el carrer de Trinxant en dos partes y condicionada con gran prestancia por el Rec Comtal en uno de sus puntos cruciales, ahora sólo revisable en los planisferios, pues nuestro queridísimo Ayuntamiento se ha cargado hace pocas semanas su desvío, datado en la segunda mitad del siglo XIX, al considerarlo de poco valor histórico.

Como podrán entender los seguidores de este recorrido infinito, es imposible agotar la ciudad, voy directo hacia los pasajes, no sin antes fijarme en los alrededores. La parte mar del carrer Mallorca nos ofrece un tren de lavado y al fondo una serie de viviendas contemporáneas, típicas barreras para comprender cómo se configuró su paisaje.

Ahora detrás de mí tengo un interior de isla y la conservación de cierto entorno fabril. Iremos a él, sobre todo por otro pasaje, inexistente hoy en día. Se llamaba Galí y está vinculado con dos de las travesías de la zona. La primera de ellas, clara desde Mallorca, es la de Malet, enlazada con la de Ca Seguers, denominada así desde 1993. Un poco más tarde, eso indicaría lo impoluto de la placa, se añadió un rectángulo para informar al respetable de estar en los terrenos de la antigua Torre Ricarda, llamada Ca Seguers por los paisanos.

La ínclita web del nomenclátor, tan repleta de errores, atina en alguna ocasión. En este caso nos conduce a una pista decisiva en Malet, al mencionarnos cómo el abogado Francesc de Paula i Malet, fallecido en 1876, era el detentor de la antigua torre Ricarda gracias al matrimonio contraído con Concepció Galí i Boscà, heredera de Jacint Galí i Vilar.
En un pliegue digitalizado del Archivo Municipal afinamos más el tiro al describirse como desde 1867 la pretensión de Malet era urbanizar esas tierras y dejar atrás la misteriosa Historia, casi no hay datos, de la Torre Ricarda. La operación fue retomada por su hijo Francisco en 1879, de quien tampoco disponemos de piezas para recomponer su puzle, algo en cambio conseguido con uno de sus hijos, Josep Maria Malet i Estruch, quien a partir de ahora nos acompañará en la tarea de reconstrucción.

Pese a desconocer su fecha de nacimiento, podemos navegar con ciertas garantías por su biografía. Los Malet, como todos aquellos nuevos ricos del último tercio del Ochocientos, se instalaron en el Eixample, en el primero tercera del 32 del carrer de Casp. En 1911 vemos al joven enrolado en las filas de las Juventudes Conservadoras, con el rango de director de su gobierno interior. Una década más tarde figura como director de turno de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad en Sants, quinta sucursal de la entidad.
Justo en ese año se detectan movimientos de nuestro interés, consistentes en dar línea oficial a un solar ubicado entre las calles de Mallorca y Meridiana, con toda probabilidad el sitio donde nacerán los pasajes de Sagués y Malet. El tercero en discordia es Pinyol, vigente como mínimo desde 1912, cuando en septiembre Josep Pinyol i Escrivà pidió construir un cobertizo al margen del Rec Comtal, terminándolo como en 1918 según leo en la Gaceta Municipal. La aventura de este secundario tuvo muchas complicaciones por la presencia de barraquistas en sus posesiones hasta 1928. Hoy en día las casitas de su homónimo pasaje han perdido cualquier brío de antaño, tan bien establecidas al largo de la gran estructura proveedora de agua. Sus vistas a la Meridiana desaparecieron poco a poco, y en la previsión del Ayuntamiento, siempre tan cuidadoso con el pequeño patrimonio, está sustituirlo por otro bloque para complementar los erigidos a su vera en 1980. De este modo, sin pensar siquiera un segundo en la forma de la manzana y su pasado, se finiquitará otro conjunto singular, algo curioso si se atiende a cómo, justo detrás de Malet y el mismo Pinyol, nada se hace con un interior de isla, acorde a la trayectoria del Rec, donde incluso hay un sucedáneo contemporáneo de viviendas temporales, y uso este eufemismo al ser una persona muy bien educada.

Malet puso mucho empeñó en rentabilizar lo ostentado por vía testamentaria. En 1922 encargó a Josep Alemany i Juvé, autor de la fachada del Molino y con rúbrica en los pasajes de la frontera entre Guinardó y Camp de l’Arpa, seis casas de bajos en una isla apartada de esta peculiar manzana. En la actualidad sólo sobrevive el 188 de Meridiana, prueba indiscutible de cómo nuestro protagonista progresaba sin freno, consolidándolo en 1924, cuando recibió la concesión de abrir un pasaje entre Mallorca, Navas de Tolosa y la calle 51, Trinxant, sin duda alguna la carta fundacional de Malet y Ca Seguers.
Su afianzamiento en el antiguo San Martí se denota con la evolución de su cronología. En 1925 seguía como director de turno, en esta ocasión de la sucursal número 4, la del carrer del Clot. Al cabo de poco tiempo debió casarse con Núria Travy de Vedruna. El último apellido, además de a la santa, remite a un clan con hectáreas en el marco de Navas de Tolosa, inteligentes al aprovechar la urbanización de la calle para alzar fincas. El enlace fue una alianza económica y Malet, como cabeza del consorcio marital, se implicó en la cámara de propietarios e industriales de los Distritos Noveno y décimo, siendo ya en 1930 su vicepresidente, sólo precedido por Josep Cuatrecasas i Trinxant.
En 1940 su residencia continuaba en Casp 32, mientras su ascenso social era imparable al ser un insigne consejero de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, manteniéndose como tal hasta su fallecimiento el 30 de agosto de 1970 en el Mas Boscà de Badalona, donde los suyos siguieron con la explotación agrícola y vinícola hasta los últimos compases de la pasada centuria. Esta extensión, documentada desde el siglo XI, era uno de tantos parabienes de los Galí.
Como pueden apreciar, los matrimonios tienen mucha relevancia en el sainete. El último, otro signo de elevación, correspondió a Maruja Malet i Travy, Marquesa de Gélida al unirse en nupcias con Eusebio Güell de Sentmenat, Cuarto Vizconde de Güell, fallecido en 2018 y causante de la vinculación con la nobleza del aspirante a rentabilizar las adquisiciones del abuelo en este nada delirante carrusel de árboles genealógicos.



1 comentari
Cita las referencias del plano, depositado en el AMCB o el arxiu de districte de Poble NOu.
Hoy he ido de safari fotográfico por los tres pasajes.
El pasado viernes, por los de Núria, Costa y Casanovas.
Me he perdido un poco en los líos de casamientos y herencias.