El conocido activista y escritor Joan Buades, desde mi punto de vista una de las personas a seguir en todo lo relacionado con la crítica a la turistificación, repite siempre que puede una frase que nunca está mal del todo recordar: ‘Si el turisme crea tanta riquesa, com és que no som tots rics?’. Buades conoce bien de qué habla, mallorquín de Inca, vivió durante muchos años en Ibiza y ha escrito y reflexionado mucho al respecto. Además, ha sido testigo de cómo su comunidad autónoma (CCAA) de origen, las Islas Baleares, ha pasado de ser, en 1995, la cuarta CCAA en PIB per cápita, con 14.000 euros, a la sexta en 2022, con poco más de 29.000, pero con una diferencia con respecto a la primera, Madrid, que ha pasado de poco más de 1.000 a 10.000 euros, incrementando notoriamente la desigualdad y la falta de convergencia entre diferentes territorios. Y todo ello mientras el PIB vinculado al turismo pasaba de representar más del 45% del total del archipiélago partiendo de una economía relativamente diversificada donde el turismo era importante, pero también dejaba espacio a la industria y la agricultura. La gran mayoría de países industrializados, como Alemania, Suecia, Dinamarca y otros de la Europa del norte, cuentan con un PIB turístico inferior al 3%. Estas economías industriales generan un enorme valor añadido basado en la producción de bienes destinados a la exportación, como coches, ordenadores y otras mercancías similares. Esta concentración industrial, unida a décadas de organización sindical y una democracia y unas instituciones consolidadas, han hecho que el reparto de los beneficios generados por las distintas actividades económicas se reparta de manera mucho más equilibrada entre capital y trabajo. Sin embargo, las economías altamente turistificadas son estructuralmente menos productivas. A modo de ejemplo, y tal como muestra la encuesta del sector servicios de 2015, un trabajador del sector turístico genera, únicamente, unos 20.000 euros de valor añadido al año, mientras que en esferas diferentes, como la del diseño genera más de 70.000 euros. Este valor añadido, además, debido a la falta de organización sindical y a la escasa necesidad de una mano de obra cualificada de nuestro modelo turístico, concentra enormemente sus beneficios, de tal forma que en torno al 80% acaba en manos de remuneración del capital, y únicamente dos de cada diez euros, en salarios.

Esto nos lleva al segundo de los puntos, el de la creación y calidad del empleo. Según un estudio elaborado por el portal de empleo turístico Turijobs, en base a más de 9.000 ofertas de trabajo, para el año 2019, el gran año del éxito turístico en número de visitantes antes de la pandemia, el salario medio en el sector turístico era de 19.593 euros, es decir, un 17,4% inferior al salario medio español, que era de 23.646 euros. En aquel momento, el SMI era de 12.600 euros, por lo que el salario turístico era un 55% superior a éste. Las últimas subidas del SMI han cambiado, afortunadamente, esta situación. Con datos de 2022, el salario medio turístico ha subido hasta los 23.863 euros, aunque continua por debajo del salario medio español, que también ha subido, un 4,7%. Este aumento significativo se ha debido a dos factores fundamentales: el ya mencionado del incremento del SMI, fundamental dentro del sector turístico, y las mejoras arrancadas en los nuevos convenios colectivos que, pese a que han sido significativos, en el marco de la invasión rusa de Ucrania, tal y como señala el mismo portal, ‘ha visto diluido su impacto por la inflación’. Turijobs muestra como los salarios tampoco se hayan directamente relacionados con el nivel de responsabilidad ni con la formación, ya que, consultando uno de las ofertas laborales, ésta muestra como un Director de Hotel, con formación universitaria, estaría cobrando en torno a los 34.000 euros, esto es, unas catorce pagas de 1.800 euros.

En definitiva, la consigna de que el turismo genera riqueza se presentaría como un nuevo mantra cuyo único objetivo es concentrar los ingresos generados por esta actividad en manos del capital turístico, mientras que con su expansión orgánica, basada en la explotación de recursos comunes, únicamente conseguiría alterar las dinámicas locales y empobrecer a una población que ve crecer la desigualdad. Si no fuera así, como decía Buades, ¿cómo es que no somos todos ricos?

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