El Ministerio de Sanidad ha publicado dos informes que destacan un elevado déficit de profesionales de enfermería en el Estado español y detallan en cifras la crítica situación en la que se encuentra la sanidad pública: faltan profesionales y los que hay no se sienten suficientemente reconocidos. ¿Cómo se valoran estas cifras desde el COIB?
Son datos con los que el Consejo General de Enfermería trabaja desde hace varios años y que el Consejo Internacional de Enfermeras también ha destacado en diferentes informes. Por lo tanto, son cifras que ya conocíamos y que no nos sorprenden, pero agradecemos que este trabajo también se realice desde el Ministerio.
¿Creen que las preocupantes cifras, ya oficiales, implicarán algún tipo de respuesta?
Esperamos que estos informes sirvan para que se pongan manos a la obra, y confiamos en que el Ministerio, que ha hecho todo este trabajo, dé respuesta a la ciudadanía, que al fin y al cabo es quien se beneficiará de estas mejoras. Cuando nosotros decimos que faltan enfermeras es para ofrecer un servicio mucho mejor; hay estudios en todo el mundo en los cuales el número de enfermeras por habitante es un indicador clave de la salud de la población.
Últimamente se habla mucho de la ratio de pacientes por enfermera… ¿Es más elevada actualmente que hace unos años?
Más bien pienso que la población sigue creciendo —en Cataluña somos 8 millones, pero hace poco hablábamos de 6 millones— y creo que la ratio se ha mantenido más o menos igual; en todo caso, no ha habido una mejora sustancial, y es cierto que con una ratio inferior las profesionales sufren menos los picos. Pero al final todo es una cuestión de gestión: ¿necesitamos más personas? Sí, pero tenemos que empezar a gestionar mejor nuestros centros de atención sanitaria.
El número de enfermeras por habitante es un indicador clave de la salud de la población.
La publicación de estos informes coincide con el aniversario de una de las movilizaciones más multitudinarias en el sector de la enfermería. ¿Han cambiado mucho las cosas en un año?
El problema está más visibilizado y ha habido mejoras en algunos aspectos, pero en las profesionales los cambios aún no se han notado. Todo se ha quedado en intenciones y esperamos que estas intenciones se traduzcan en acciones.
A finales de 2024 se dieron a conocer 25 propuestas del comité CAIROS para reformar el sistema sanitario en Cataluña. ¿Qué valoración hace el COIB de estas nuevas medidas?
El CAIROS es un comité que trabaja sobre documentos que ya estaban hechos previamente con el objetivo de empezar a implementar y poner en práctica las diferentes acciones que incluye el informe. Desde el COIB hemos dicho en muchas ocasiones que creemos que a este comité le faltan enfermeras, porque solo forma parte una representante del colectivo, Yolanda Lejardi, que es una enfermera con una gran trayectoria y una enorme profesional, pero pensamos que deberían ser más. Para nosotros, el problema del CAIROS es que le faltan enfermeras.
En cuanto a las medidas que se quieren llevar a cabo, ¿les falta algo?
El informe trabaja mucho en la atención primaria, que creemos que es un ámbito que se debe reforzar, y mejorando y poniendo recursos y haciendo una buena gestión de la atención primaria, los otros niveles de atención mejorarán exponencialmente.

¿Es la atención primaria el ámbito más castigado del sector de la enfermería estos últimos años?
Yo quizás no separaría la atención primaria del resto, porque cada nivel de asistencia tiene su problemática y sus reivindicaciones. La enfermera, en atención primaria, tiene un papel de decisión muy importante; el rol autónomo de la enfermera en atención primaria es crucial y es poco conocido. La enfermera te cuida y te da unos cuidados de manera autónoma que resuelven muchas de las necesidades de la ciudadanía. Y en atención primaria faltan enfermeras especialistas y se debe poner solución a eso, pero todos los niveles de atención requieren más financiación, mejor gestión y más recursos.
El colectivo de matronas es uno de los que más reivindicó una mejora del sector en las manifestaciones del año pasado.
Con las matronas hay un problema grave. Por diferentes motivos, estamos ante un escenario en el que se jubilan matronas pero no tenemos reposición. Las nuevas matronas, las que hacen el EIR y toda la formación, no son suficientes para cubrir a todas las que se van. Y esto supone un gran problema.
El reconocimiento de la especialidad también ha sido una de las principales reivindicaciones del colectivo de enfermería. Según los informes del Ministerio de Sanidad, solo un 35% de las enfermeras trabaja en su especialidad y, al mismo tiempo, hay un déficit importante de profesionales. ¿Cómo se explican estos datos?
Es un problema de gestión. Nosotros decimos que faltan recursos, pero también que se debe hacer una mejor gestión del personal que tenemos. No nos sirve de mucho tener enfermeras especialistas en lugares que no son de su especialidad, y de momento no se ha gestionado todo este volumen de enfermeras ni se han puesto las herramientas adecuadas. En las oposiciones del Instituto Catalán de la Salud, cuando una enfermera se presenta a una oposición, opta a una plaza; esa enfermera puede ser especialista, pero si no quedan plazas en el lugar de su especialidad, probablemente acabará ocupando una plaza que no requiera especialidad.
¿Y cuál sería la solución?
La solución sería que aquellas especialidades que tenemos reconocidas tuvieran bolsas específicas, y que la persona que es especialista se apunte a una lista de su especialidad. Si convocáramos una oposición para especialistas de Familiar y Comunitaria para que estas profesionales fueran a los centros de atención primaria podría ser una solución que llevara a todas las enfermeras especialistas en Familiar y Comunitaria a la atención primaria. De la misma manera podemos hablar de salud mental, matronas, enfermeras del trabajo, etc. Pero esto es una maquinaria compleja, una gestión que se debe adaptar al centro en el que estás, al territorio, a la población que tienes… Se deben tener en cuenta muchos factores, pero podría ser una solución.
El rol autónomo de la enfermera en atención primaria es crucial y es poco conocido; tiene un papel de decisión muy importante.
Otro de los temas que ha abierto debate estos últimos meses es el de la competencia de la sedación, en el que parece que enfermeras y médicos no están muy de acuerdo. ¿Cuál es la posición del COIB?
Con el tema de la sedación, lo que se buscaba era plasmar en un documento lo que ya hacíamos. El texto explica que lo que están haciendo las enfermeras que realizan sedación pueda seguirse haciendo, y tiene el aval de todo un trabajo previo hecho por enfermeras y está respaldado por muchos protocolos en diferentes ámbitos, en los cuales el trabajo de la sedación por parte de enfermeras está protocolizado en los centros.
¿Pero requiere la autorización de un médico, no?
Es un trabajo colaborativo, un trabajo en equipo, y el documento no dice que no sea así. Cuando nosotros hablamos de sedación siempre hay un trabajo en equipo y una prescripción del medicamento o un protocolo, y luego hay una actuación enfermera. No es algo que se salga de nuestras competencias.
Al final, la sedación es una administración de medicación, y esto es una competencia básica de las enfermeras; la sedación es medicación con unos requisitos y una formación determinada para administrarla. Ahora, si desde el Colegio de Médicos o desde la Organización Médica Colegial creen que específicamente la sedación no es nuestra competencia abriríamos un debate y habría todo un conjunto de consecuencias porque, al final, estamos hablando de trabajo en equipo. Hay un equipo de anestesia, formado por un anestesiólogo y enfermeras de anestesia, que da respuesta a la población y a una serie de servicios que ofrecen los centros sanitarios.

¿Cómo es como hombre presidir el Colegio de Enfermeras y Enfermeros, un colectivo mayoritariamente femenino?
Es cierto que históricamente ha sido una profesión feminizada y, si vamos muy atrás, los cuidados se atribuían a las mujeres, pero creo que ya hemos superado estas barreras y ahora estamos en otro escenario. En la junta somos 12 personas —5 hombres y 7 mujeres— y lo más importante es el equipo; que yo sea hombre o mujer no es relevante. Lo que me da vértigo es ponerme al frente de la institución, como representante y cara visible de la profesión, pero creo que esto da vértigo a cualquier persona, independientemente del género.
Hace solo unos meses que encabezan la presidencia y con una junta nueva. ¿Cuáles son las prioridades de este nuevo equipo?
Uno de los grandes retos que tiene esta nueva Junta es acercar el Colegio a las enfermeras, tener más notoriedad y que se tenga en cuenta a las enfermeras en las mesas de decisión y en los medios de comunicación; proteger y garantizar el papel de las enfermeras en todos los ámbitos y trabajar para las enfermeras. Uno de los grandes objetivos también es que la enfermera vea el Colegio como su casa, como un referente.
Actualmente, ¿cómo valoran el estado de salud del colectivo?
El colectivo se encuentra en un estado difícil, porque son muchos años de reivindicación y muchos años de pedir mejoras. La pandemia fue un punto de quiebre, porque puso de manifiesto muchos problemas que ya existían previamente, los maximizó y dejó heridas muy importantes en todo el personal sanitario, más allá de las enfermeras. Estas heridas no se han recuperado, y hay cosas que se deben trabajar y condiciones laborales que se deben mejorar. Y esto afecta mucho al colectivo. El colectivo ahora mismo es frágil, porque faltan enfermeras y el día a día es muy tenso, y hay picos de trabajo que tensan aún más el sistema y la ciudadanía. Es un colectivo que necesita que las administraciones lo cuiden. Las administraciones deben cuidar a quien cuida, es algo que muchas veces hemos dicho.
Dice que hay heridas profundas en el colectivo, ¿cuáles son?
Muchas enfermeras sienten que el sistema no las ha cuidado, y al final ese es el problema. Durante la pandemia, todo el colectivo se dejó la piel, e incluso muchas han dejado allí su salud, y no ha habido una respuesta positiva. Actualmente muchas enfermeras seguimos trabajando con condiciones previas a la pandemia y pensamos que no hemos aprendido nada: seguimos teniendo estos picos de virus respiratorios, siguen los hospitales colapsados… no hemos sabido ponerle soluciones.
El de las enfermeras fue uno de los colectivos más aplaudidos durante la pandemia, pero parece que es de los que se siente más menospreciado por la administración. ¿Es así?
Sí, podríamos decir que sí… Creo que se están haciendo avances importantes con los últimos gobiernos en Cataluña y España. Políticamente se habla más de las enfermeras y se ha puesto a más enfermeras en lugares de decisión…
En cuanto a las condiciones laborales, otra de las principales reivindicaciones del sector, ¿ha habido avances?
Aquí sí que las administraciones tienen mucho camino por recorrer. La mejora de las condiciones laborales serviría para animar a la juventud a que estudie enfermería, para ser un efecto llamada para profesionales de otros lugares y para no incentivar la marcha de talento.
¿Cree que los sanitarios esperarán la respuesta de la administración o se ha tensado demasiado la cuerda?
Tener esta respuesta de la administración es importante, porque muchas veces me pregunto: si ahora viniera otra pandemia, ¿cómo responderían los profesionales sanitarios? ¿El sistema aguantaría? Seguramente los profesionales harían aguantar el sistema, pero el sistema es frágil y eso se ha notado.

¿Las preocupaciones y reivindicaciones de las enfermeras son las mismas si se trabaja en un entorno rural o en una gran ciudad?
El Colegio de Enfermeras da cobertura a 40.000 enfermeras de toda la provincia de Barcelona y vemos todas las situaciones, desde la enfermera que trabaja en el CAP del Poblenou hasta la que ejerce la profesión en el centro de atención primaria de Berga. El día a día de la enfermera que se encuentra en el ámbito rural es muy diferente al de la que trabaja en el CAP Manso, por ejemplo. Y cuando hablamos de hospitales pasa exactamente lo mismo; las enfermeras del Hospital de Mataró seguramente tienen una serie de reivindicaciones que no tienen las enfermeras del Hospital de Bellvitge, de Sant Pau o del Clínic. Hay cosas puntuales de cada centro y pueden ser muy diversas, pero aquí es el Departamento de Salud quien debe actuar. Pero hay cuestiones de mejoras de condiciones laborales y salariales que afectan a todas por igual. Nosotros, como Colegio, debemos dar respuesta a temas profesionales que van más allá del ámbito de cada una, y las reivindicaciones suelen ser las mismas: la reclasificación del grupo A1, reconocimiento de las especialidades; la jubilación. También está la cuestión de poner en valor todos los ámbitos en los que trabajan las enfermeras; tenemos enfermeras doctoras, que hacen investigación, que hacen docencia, que trabajan con IA… La profesión es tan amplia y tan rica que queremos que se ponga en valor.



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