El municipalismo. La fuerza de la proximidad
Desde 2015 y en todo el mundo, el ciclo del nuevo municipalismo ha abierto ventanas democráticas. Lo ha hecho construyendo horizontes de esperanza y cambios progresistas, frente a mercados globales generadores de grandes desigualdades; y frente a Estados excluyentes atrincherados en fronteras, autoritarismos y guerras. Ocurre que las ciudades no son sujetos políticos en la gobernanza internacional: el persistente y anacrónico monopolio de los Estados y de su geopolítica sigue empujando los espacios de proximidad hacia rincones supuestamente periféricos y de escasa visibilidad. Pero ese dibujo, muy lentamente, se va alterando. Es en las calles, las plazas y los barrios, a través de la acción colectiva e institucional, donde se van tejiendo sentidos y transformaciones que hacen posibles vidas más plenas y comunidades más fuertes… “y en eso llegó Mamdani”. Existen bases y trayectorias, sí; pero la confluencia del perfil de Zohran Mamdani con la ciudad de Nueva York sitúa el escenario municipalista en un nivel de relevancia inédito.
Aterrizémoslo. En 2025, Nueva York ha aprobado un presupuesto municipal de 112.000 millones de dólares (96.000 millones de euros) con una población de 8,6 millones de habitantes. Trazamos una mirada comparativa: Barcelona, con 1,7 millones de habitantes, dispone este año de un presupuesto que ronda los 4.000 millones de euros. Nueva York, por tanto, multiplica por cinco la población de Barcelona y por veintitrés (!) el gasto municipal. Impresionante. Se trata de un marco de fortaleza tangible en el que Mamdani puede concretar sus compromisos, donde —como él decía la noche electoral— “hacer que los sueños que hemos soñado juntos se conviertan en la agenda que desplegaremos juntos”. En síntesis, una esfera local muy potente para aterrizar las propuestas programáticas.
El programa. La fuerza de la ciudad asequible
Es cierto que la conversación y la cultura política en los países anglosajones tienden a articularse, en buena parte, en torno a las políticas públicas. Esto ocurre muy poco en los países latinos. Aquí tendemos a construir imaginarios colectivos a partir de referencias ideológicas abstractas, o bien de un “teatro” político donde los actores compiten por supuestos réditos electorales. Mamdani y la clave municipalista, nuevamente, han confluido para convocar el ágora ciudadana en torno a cuestiones concretas, evitando palabras grandilocuentes y apelaciones de alto voltaje simbólico. Pero cuestiones, eso sí, con una elevada capacidad para vehicular valores, expresar proyectos colectivos y definir modelo.
Zohran Mamdani ha tejido un sólido hilo conductor de campaña a partir de cuatro propuestas clave: la congelación de los alquileres regulados; un servicio de autobuses urbanos rápidos y gratuitos; escuelas infantiles para todos y sin coste para las familias; y una red de alimentación en los barrios a precios asequibles. A esta agenda central se han sumado compromisos socioeconómicos (un nuevo impuesto al 1% más rico y un salario mínimo de 30$ la hora en 2030); climáticos (una red de 500 escuelas verdes); y de derechos humanos y comunitarios (la protección del colectivo trans; el fortalecimiento de infraestructuras de “ciudad santuario” frente a las violencias de Trump; y la creación de un departamento de seguridad comunitaria). Se trata de un catálogo propositivo sencillo pero muy potente, vertebrado en un paradigma que se declina en dos ideas-fuerza complementarias: la ciudad asequible, la que no excluye, la que devuelve esfuerzos y apuestas vitales en forma de acogida y cuidados; y la ciudad “que nos podemos permitir”, la que dialoga y decide en clave colectiva, la que se va configurando como bien común. “Afford to live, afford to dream”, decía Mamdani: el Nueva York que permite vivir y soñar.
La organización. La fuerza de las redes y del activismo
La trayectoria de Zohran Mamdani ha sido meteórica, con un componente de liderazgo indiscutible. Hasta hace poco era un electo desconocido en la Asamblea del Estado de Nueva York. Irrumpe en la carrera por la alcaldía, hace solo un año, sin ningún apoyo dentro de las estructuras del Partido Demócrata. En doce meses, sin embargo, cataliza una constelación de prácticas de movilización sin muchos precedentes en el planeta, tanto por su intensidad como por la combinación de sus múltiples instrumentos. Algunos estudios recientes en el campo de la acción colectiva destacan un doble giro de cambio de época: aquellos movimientos sociales del siglo XX vinculados a grandes narrativas dan paso a unas prácticas que asumen, por un lado, el espacio digital como terreno de alternativas (un ecosistema de ciberactivismo) y, por otro, unos repertorios de acción mucho más vinculados a barrios y entornos cotidianos, allí donde la gente común se convierte en protagonista de sus propios itinerarios de lucha y disputa de futuros.
Mamdani expresa muy bien este doble giro. Ha apostado sin complejos por las redes sociales, con sus lenguajes y formatos innovadores. Lo ha hecho de forma colaborativa, con un amplio abanico de creadores y creadoras de contenidos. Y ha erigido, al mismo tiempo, un descomunal entramado de acción comunitaria: 104.000 voluntarios en todos los barrios, 3,1 millones de visitas a hogares, 4,5 millones de llamadas y 2,7 millones de octavillas distribuidas. Se trata de un sistema de gran capilaridad y personalización que se articula en el tejido constituido por organizaciones sociales: Zohran Mamdani había vinculado su mandato representativo al movimiento antidesahucios, al sindicalismo habitacional y laboral, o al activismo climático y por los derechos civiles. La tríada personas–comunidad–innovación ha resultado imbatible.
La política transformadora. La fuerza de la alegría
Finalmente, en términos claramente políticos, Mamdani ha ido desgranando sin renuncias su identidad como “socialist democratic”: no la ha convertido en bandera, pero la ha traducido en cada propuesta. Un socialismo democrático tan alejado de las élites del Partido Demócrata como de cualquier fórmula autoritaria, intransigente o nostálgica; un progresismo ambicioso que crece a partir de la diversidad de los barrios y de las vidas de la gente; que apuesta por la libertad real para todos: “we are all allowed to freedom”, solía repetir el candidato. Y es en este marco donde Zohran Mamdani ha articulado con naturalidad los ejes económico, ecológico y cultural, porque sabe que la acción climática y el espacio woke son irrenunciables, y también inseparables de la mejora de las condiciones de vida de las clases populares.
Está claro también que las dinámicas neoyorquinas no han quedado al margen de la política nacional. Mamdani ha ganado referencialidad anti-Trump, pero no lo ha hecho desde la confrontación resistencial, sino desde el despliegue de alternativas en todas las dimensiones en disputa. Y ha ganado referencialidad dentro del Partido Demócrata, pero no tanto desde una supuesta agenda radical (frente al centrismo de las propuestas ganadoras en Nueva Jersey y Virginia), sino desde la proximidad a la gente, a sus problemas y a sus horizontes de felicidad.
Y lo más importante: todo se ha sostenido en la lógica política de la alegría. La indignación o la rabia pueden ser fuerzas deconstructivas, pero no construyen futuro, no construyen nada. Como decía Raymond Williams, lo transformador “es hacer posible la esperanza, no hacer convincente la desesperación”. Hoy la ola reaccionaria cabalga sobre espirales de odio, autocracia y punitivismo. La articulación de alternativas democráticas, del retorno del poder a la gente, requiere de la fraternidad y la empatía como formas de organización social; de la centralidad de los cuidados como antítesis de todas las violencias; del común como espacio de gestión de nuestras vulnerabilidades. Zohran Mamdani lo advertía al trumpismo: “to get to any of us, you will have to go through all of us”. En síntesis: alegría, horizontes de esperanza, vínculos y mezclas… las claves que permitieron a Zohran Mamdani ganar; los códigos para ir descifrando, en adelante, los mapas de una ciudad más democrática e igualitaria.


