Hay mucha gente horrorizada ante la decisión de los líderes de la Unión Europea y la OTAN de incrementar el gasto militar como reacción a la nueva política de los Estados Unidos en Europa. Un claro ejemplo son los artículos de opinión publicados y los manifiestos que circulan en las redes en contra de esta militarización.
En esta manifestación de la sociedad civil se pide a los líderes europeos soluciones diplomáticas a los conflictos, políticas orientadas a la paz y al desarme, y que se destinen más fondos a la lucha contra el cambio climático y a hacer más segura la vida cotidiana de las personas. Todo lo contrario de lo que piensan hacer los dirigentes europeos.
Los que hoy gobiernan en Europa han entrado en pánico desde que el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, decidió que su país ya no garantizará la defensa de Europa Occidental, porque ya no le interesa invertir en esta región. Trump pone en duda el cumplimiento del artículo 5 del Tratado de Washington, según el cual un ataque contra uno de los miembros de la OTAN sería considerado un ataque contra todos. Parece el final de un orden establecido en 1945 después de la Segunda Guerra Mundial.
“En los últimos años, Europa ha adoptado el discurso belicista y anti-ruso de Estados Unidos, y ahora el cambio de política del presidente Donald Trump ha sorprendido a los líderes europeos desprevenidos, ‘en bolas’, como se diría vulgarmente”, dice el profesor Rafael Grasa, filósofo y politólogo experto en relaciones internacionales.
La reacción de la presidenta de la Comisión Europea, la conservadora Ursula Von der Leyen, ha sido anunciar un plan de rearme de la Unión Europea de 800.000 millones de dólares, la mayor parte de los cuales irían a parar a los bolsillos de las grandes empresas estadounidenses que venden armamento a Europa. De este modo, se supone que el presidente Trump quedaría satisfecho y no abandonaría a Europa a su suerte.
Para Rafael Grasa, “el discurso europeo de rearme es una reacción muy táctica y retórica, pero tiene el problema de que no incluye relaciones con Rusia. No piensan en temas estratégicos y de futuro, porque Rusia continuará en Europa cuando termine la guerra en Ucrania. Una de las cosas que debería hacer la Unión Europea es retomar las relaciones con Rusia de inmediato”, asegura Grasa. Le falta el recurso a la diplomacia para resolver los conflictos.
“Un camino peligroso”
El profesor, pacifista y escritor Antoni Soler i Ricard cree que el camino que han tomado los dirigentes europeos es peligrosísimo. “En este momento se trata de buscar una solución en la que Rusia no se sienta amenazada ni Europa tampoco, y que Ucrania acepte su papel en una situación que no sea una amenaza para nadie. En lugar de eso, vamos a crear seguridades confrontadas y eso solo lleva a la confrontación”, asegura este veterano profesor pacifista.
La periodista Cristina Gallach, que ha ocupado cargos de relevancia en la Unión Europea, la OTAN y las Naciones Unidas, explica el razonamiento que hay detrás de la decisión de la Unión Europea de aumentar su gasto en Defensa. “Desde 1945, hemos vivido cómodamente bajo el paraguas de la OTAN, donde la dirección la han llevado los Estados Unidos. Desde el año 2000, sin embargo, había una tendencia en Europa a evolucionar hacia una defensa más europea, pero nunca se había llevado a cabo. Ahora se considera que es el momento de alcanzarla”.
Según Gallach, los cambios que Trump ha introducido en la política de los Estados Unidos hacia Europa y el acercamiento entre Washington y Moscú son interpretados por los dirigentes europeos como “el socio que se ha aliado con el enemigo. Nunca había pasado esto. Ahora, el país que era el pilar de la OTAN, que en realidad tiene todo el control de la OTAN y facilita el paraguas de defensa europea, ahora está en duda”.
Frente a un momento que consideran muy peligroso porque no saben hasta dónde llegará la desconexión con los Estados Unidos, Gallach explica que los dirigentes europeos creen que Europa necesita no solo avanzar en inversiones en armamento e infraestructuras, sino en estructuras comunes que tienen mucho de políticas: mando militar único, incremento de los servicios de inteligencia integrados, estructuras defensivas propias.
“Se entiende que los Estados Unidos luchen por mantener su hegemonía en el mundo, pero sorprende la posición de Europa. No entiendo el papel de Europa”, comenta el profesor Antoni Soler. En su opinión, “una de las cosas que impulsan esta dinámica de rearme es el enorme enriquecimiento de las empresas de armas, que tienen un lobby poderosísimo. Hay un negocio enorme que se multiplica cada vez que hay una guerra”.
“Invertir en armas 800.000 millones de euros es una barbaridad. Para ver la cantidad de dinero que son, solo hay que pensar que supera con creces el presupuesto del estado español”, dice Antoni Soler, y continúa, “¿cómo lo pagaremos? ¿Emitiendo deuda? Ha habido límites para todo en la Unión Europea, pero ¿para las armas no hay límites?”. Este pacifista considera que “hipotecamos las próximas generaciones porque tardaremos décadas en pagar esta deuda”.
La UE busca una excusa para saltarse el Pacto de Estabilidad y gastar sin límite en armas, según Rafael Grasa. “Esto representa que muchos países tengan que endeudarse al 110 o 120 del PIB y presenta diversos problemas”. El primer problema para este politólogo es que la mayor parte de esos 800.000 millones servirán para comprar armas a los Estados Unidos y, por tanto, no dejaremos de hacer caso a Trump, que quiere que gastemos más en Defensa. “Otras consecuencias serán que la transición energética se retrasará y que el gasto social se verá perjudicado”, dice Grasa, que considera que ese dinero saldrá de esas partidas.
“Me parece un escándalo que no se preocupen de la seguridad humana, no se preocupen de que la gente tenga un buen servicio de salud, vivienda, educación, acogida de inmigrantes… no se preocupan en absoluto y todo queda supeditado a la compra de armas”, denuncia Antoni Soler.
“Para las cuestiones sociales y la protección del medio ambiente nunca hay dinero. En cambio, lo hay para esta locura que solo beneficia a los bancos y las empresas armamentistas. Quitamos dinero a las clases más pobres para llevárselo a las más ricas”, se queja Soler. Los diferentes líderes de los países de Europa Occidental, incluido Pedro Sánchez, han comenzado una campaña para convencer a sus ciudadanos de que Rusia es un peligro para toda Europa y que detrás de Ucrania pueden caer otros. ¿Está justificado, sin embargo, este rearme de Europa para afrontar el peligro que representa Rusia?
En su artículo, “Peligrosa ineptitud europea”, el ex corresponsal en Rusia, China, París y Berlín, Rafael Poch es uno de los varios expertos que tienen claro que Rusia no tiene interés en invadir ningún otro país europeo. “La invasión rusa de Europa es una fantasía. Choca con la propia realidad del lento y penoso avance militar ruso en Ucrania”.
Un acuerdo con Rusia
El jefe de Estrategia del Puerto de Barcelona y secretario general de la Asociación de Puertos del Mediterráneo, Jordi Torrent, coincide con Poch. Escribe en La Vanguardia: “A pesar de la información interesada en sentido contrario, Rusia no tiene ningún interés a priori en territorios de la Unión Europea (tampoco en las repúblicas bálticas y Polonia)”.
Según Torrent, “la Unión Europea, en lugar de propugnar el militarismo sin fin que necesariamente se haría a costa de los ya tambaleantes estados del bienestar, debería apoyar la paz en Ucrania, que nos guste o no, implicará cesiones territoriales, y un acuerdo sostenible a largo plazo con Rusia que garantice la seguridad mutua”.
“La Unión Europea no quiere acabar la guerra de Ucrania porque su burocracia oligárquica ha encontrado en la confrontación con Rusia, la fórmula para consolidar su poder, su razón de ser. Este cúmulo de circunstancias explica su actual despropósito: pretenden ganar sin los Estados Unidos, una guerra, que en su estado actual y durante tres años han perdido con Estados Unidos. ¿De dónde saldrán esos 800.000 millones anunciados para el rearme?”, escribe Poch en su artículo.
El pacifista Antoni Soler considera que es evidente que ni las numerosas y continuadas sanciones a Rusia, ni el enorme rearme que se ha producido en Europa en los últimos años, han servido para hacer una Europa más segura. “Se habla de un millón de muertos en la guerra de Ucrania. ¿Eso es seguridad?”, se pregunta Soler. “Es mejor buscar sistemas de entendimiento, de seguridad compartida, para que todos se sientan seguros”.
PARA SABER MÁS
- Rafael Poch de Feliu, “Peligrosa ineptitud europea”. Blog personal, leído el 18/3/2025. https://rafaelpoch.com/
- Jordi Torrent, “Pacifismo y Multilateralismo”. La Vanguardia, jueves 13 de marzo de 2025. Pág. 6


