A veces me pregunto si vale la pena escribir tantos artículos sobre la situación en Siria. Por mi experiencia, los medios y los expertos dedicamos horas a explicar lo que vemos, las causas del conflicto y las posibles consecuencias en un ejercicio divulgativo que, a menudo, acaba siendo una prédica en el desierto. Esto no debería sorprendernos, ya que todos tenemos la tendencia natural de buscar la información que confirme nuestro posicionamiento ideológico. Sin embargo, los medios tienen el deber de arrojar luz sobre la oscuridad y de exponer los argumentos necesarios para el debate, aunque no sean optimistas ni coincidan con lo que nos gustaría leer.
De dónde venimos
En Siria hay varios bandos que durante los últimos años han librado diversas guerras. Algunos luchaban a favor del régimen y otros en contra. Otros batallaban por la supervivencia de su comunidad, mientras que otros tomaban las armas para someter el país a la voluntad de potencias extranjeras o a favor de la islamización de la región.
Después de años de división, el liderazgo en el heterogéneo campo opositor lo ha asumido un conjunto de grupos islamistas tutelados por países como Arabia Saudita, Qatar y Turquía. Estos fueron capaces de derrotar en diciembre a la Siria del partido Baas y tomar el control de Damasco. De inmediato, el mundo celebró el fin de décadas de dictadura y de la guerra que había devastado el país. Quizás este hecho empujó a la comunidad internacional a otorgar rápidamente legitimidad y recibir con los brazos abiertos al nuevo gobierno islamista y heredero de Al Qaeda surgido del campo de batalla.
Los opositores sirios que defienden un proyecto democrático para el país también han expresado su satisfacción por el fin del conflicto y tienen la esperanza de que el futuro de Siria será mejor. Sus intenciones son nobles, pero dudo mucho que se alcancen sus expectativas más optimistas de transformación de Siria en un país democrático e inclusivo.
Los dos grupos —activistas prodemocracia y milicianos islamistas— pasaron en diciembre de 2024 de opositores a columna vertebral del nuevo régimen, de perseguidos a legisladores, de ir a contracorriente a dirigir el timón del país. Estas dos fuerzas de cambio deben situarse en el nuevo escenario y redefinirse, dialogar entre ellas y dibujar el futuro de un país que, aún hoy, se decide a través de la imposición, la violencia y la fuerza de las armas.
De hecho, las noticias más relevantes que han llegado de Siria en las últimas semanas están directamente vinculadas con estos dos conceptos: la imposición y la violencia. En este sentido, se ha cumplido la previsión de los más pesimistas según la cual la caída del régimen dirigido por Bashar al-Assad debía llevar inevitablemente a la islamización del estado y a la consecuente marginación de las minorías.
Violencia sectaria
Los actos violentos contra las minorías religiosas de Siria más dramáticos han tenido lugar en la costa. Testigos locales describen saqueos, vandalismo y asesinatos indiscriminados en ciudades como Arza, Tawuin, Salhab, Banias, Snubar, Jableh y Mukhtaria. Estas villas tienen en común que están habitadas mayoritariamente por alauitas, la comunidad religiosa a la que pertenece el exdictador. Bajo el argumento de combatir restos fieles al antiguo régimen, los milicianos islamistas, que ahora se han convertido en las fuerzas de seguridad del estado, han perpetrado cientos de atentados sectarios.
Por ejemplo, en Arza, cerca de Hama, ya no vive nadie desde que una turba de cientos de hombres provenientes de una villa sunnita cercana capturó a todos los hombres que encontraron y los ejecutó. A continuación, uno de los líderes tribales del pueblo sunnita justificó la matanza porque “todo el pueblo de Arza es culpable” por los crímenes de la dictadura de los Assad, dando a entender que todos los alauitas forman parte del antiguo régimen.
La organización Red Siria de Derechos Humanos asegura que entre el 6 y el 13 de marzo fueron asesinados 961 alauitas en la región costera donde se concentra esta comunidad chiita. La violencia se detuvo pocos días después. En parte, por las órdenes recibidas de Damasco. En parte, porque miles de alauitas han huido al Líbano para alejarse del peligro. Los videos de los asesinatos registrados y difundidos en las redes por los mismos milicianos han acabado de convencer a muchos alauitas de que la nueva Siria no les ofrece nada bueno.
El terreno político
La declaración de la Unión Europea en respuesta a los atentados sectarios contra la comunidad alauita de Siria ilustra a la perfección la posición política de Occidente de apoyo al nuevo régimen islamista de Damasco. La UE condenó los ataques de grupos guerrilleros fieles a Assad contra las nuevas fuerzas de seguridad. A continuación, atribuía las muertes de la población civil a los combates entre estas dos facciones. Los principales medios de comunicación compraron y difundieron este relato de los hechos.
Durante los doce años de guerra civil, las acusaciones lanzadas por la comunidad internacional por la violación de los derechos humanos eran recurrentes contra Damasco. Ahora, han desaparecido. No creo que haya una mano negra ni ninguna conspiración que mueva los hilos de los medios a favor del flamante gobierno sirio. Más bien, creo que la benevolencia con que se tratan las acciones de los grupos islamistas puede tener que ver con la obstinación con que la Unión Europea ha defendido durante años su posición sobre Siria. En la última década, se han mostrado tan a favor del cambio de régimen en Siria que quizás ahora les avergüenza añadir algún matiz al discurso férreo que han mantenido durante tanto tiempo. Me refiero, por ejemplo, al hecho de que la caída del régimen del partido Baas no necesariamente debía llevar a Siria hacia la democracia y que, una vez consumado el cambio, tal vez las minorías tienen los días contados.
Algunos activistas prodemocracia juegan un papel similar sobre el terreno y difunden rumores y noticias falsas, como que la causa del baño de sangre en la región costera es consecuencia de los combates entre miembros del antiguo régimen y las nuevas fuerzas de seguridad a las que hemos hecho referencia. También niegan el hecho de que los islamistas han quemado casas y campos de cultivo de los alauitas para echarlos de sus tierras. Esto, a pesar de que los mismos criminales han compartido videos de los crímenes en las redes. La coherencia debería hacer que los críticos con los abusos del pasado también lo sean con los crímenes del presente.
La nueva constitución
El autoproclamado presidente Ahmad Xaraa firmó a principios de marzo una constitución temporal que estará en vigor entre tres y cinco años. Este plazo tan amplio que se ha otorgado para presentar una nueva carta magna y celebrar elecciones hace que no tenga ningún sentido que los medios continúen refiriéndose a Xaraa como presidente interino. Si no hay ninguna sorpresa, continuará siendo jefe de estado hasta la próxima década. En cuanto al contenido de la constitución, parece que en Damasco han cerrado la puerta a la democracia y han otorgado a Xaraa todo el poder.
El presidente es, a partir de ahora, líder político y militar supremo (artículo 32) y no se creará ningún organismo ni institución que controle su autoridad. En cuanto al parlamento y los jueces del tribunal constitucional, serán nombrados directamente por el presidente (artículo 47), quien también tiene el derecho de proponer leyes y se reserva la autoridad de vetar las normas que apruebe el parlamento (artículo 39). Xaraa también puede declarar el estado de emergencia con la aprobación del Consejo de Seguridad Nacional, cuyos miembros serán elegidos personalmente por el presidente (artículo 41). Además, Xaraa seleccionará a los miembros del comité que elegirá de forma directa dos tercios de los miembros del Parlamento. El tercio restante lo elegirá directamente el presidente.
Finalmente, en cuanto al papel del islam, mientras que la constitución de 2012 recogía que “la jurisprudencia islámica es una fuente principal de legislación”, la nueva carta magna dice que “la jurisprudencia islámica es la fuente principal de la legislación”. En la práctica, esto no quiere decir gran cosa porque se deben aprobar leyes que desarrollen esta idea. Pero conociendo la ideología y el recorrido ideológico y vital de los dirigentes de Siria, muchos de los cuales se han formado y han crecido como miembros del Estado Islámico y de Al Qaeda, podemos prever sin miedo a equivocarnos qué camino tomará la gestión del estado y la jurisprudencia en este nuevo país.
Rumores y retos de futuro
La información que nos llega de Siria relacionada con la violencia está llena de rumores, comentarios malintencionados e interpretaciones sesgadas de acuerdo con los intereses y prejuicios de cada uno. Pero, como hemos comentado, hay indicios que dan a entender de forma clara que, con la excusa de la lucha contra miembros del antiguo régimen, se han perpetrado asesinatos masivos de alauitas, una comunidad que genera repulsión en los nuevos dirigentes de Damasco.
Varias incógnitas planean sobre el Levante. Las nuevas autoridades de Damasco tienen varios retos que son bastante difíciles de alcanzar porque algunos son contradictorios. Primero, deberían controlar los grupos armados que perpetúan los atentados sectarios. Esto les permitiría dar una buena imagen exterior, ahora que deben convencer a Estados Unidos de que debe levantar las sanciones que han llevado al país a la miseria y a Occidente de que debe invertir en la reconstrucción.
Por otro lado, deben convencer a las comunidades kurda en el norte y drusa en el sur de que Siria respetará sus derechos. De momento, los líderes kurdos han firmado un acuerdo de entendimiento con Damasco que no agrada a sus conciudadanos. Mientras tanto, los drusos, que controlan militarmente su territorio, se pueden permitir el lujo de seguir a la expectativa. En cuanto a los cristianos, el hecho de no tener una región lo suficientemente grande donde sean mayoría les condena a la irrelevancia.
Finalmente, quien tiene más que decir, aunque los políticos europeos y los grandes medios no hablen de ello, es el grueso de la población musulmana sunita siria. Una parte significativa de la población urbana de Siria ha apoyado el cambio de régimen porque sueñan con vivir en un país democrático, aunque no comulgan con los postulados islamistas del presidente Xaraa. Además, en las zonas rurales, muchas tribus conservadoras están alejadas de las posiciones salafistas, pero serán fieles al orden político que les garantice prosperidad. Finalmente, Siria es un país con una importante presencia de cofradías sufíes, en las que musulmanes sunitas con inquietudes espirituales practican un islam enemigo del que predican grupos como Al Qaeda.
Por lo tanto, el primer paso para estabilizar Siria implica convencer a los sunitas, el grupo mayoritario, de que deben apoyar al nuevo gobierno, porque el presidente Xaraa y sus hombres llevarán el país, tarde o temprano, a buen puerto. Sin embargo, esta es una apuesta arriesgada para muchos sirios, ya que el nuevo ejecutivo, que ha alcanzado el poder por la fuerza de las armas, ha dejado claro que controlará de forma absoluta el país durante los próximos cinco años.


