Este artículo lo abordamos como referentes educativos de la juventud, pero también como participantes de una sociedad que desde hace tiempo vira hacia una cultura de la imagen desbocada y de una frivolidad que asusta. Una cultura que se detiene en la apariencia, la representación y el anhelo de “llegar a ser”, y que esconde la falta de complejos, la confianza y, sobre todo, la curiosidad por descubrir quién somos o cómo somos. Y, en medio de este alboroto, la performatividad aparece como una buena receta para que todo confluya, ya que permite a la juventud utilizar la representación, el cuerpo y el lenguaje –entre otros– para transmitir un mensaje que tenga capacidad de influencia e impacto en el entorno.
Desde esta voluntad y deseo de transmitir, nos parece importante reflexionar sobre la importancia, como profesorado, de situarnos al otro lado y poder leer y entender las infinitas formas con las que la juventud se expresa y se define en un entorno constrictivo que todavía hoy mira lo que se sale de la norma con desconfianza e incomodidad. Además, no olvidemos que, como adolescente, estás en un momento de definición y construcción identitaria en el que todo es delicado, intenso, auténtico y volátil a la vez, y en el que te toca navegar (intentando no naufragar) en un imperativo social basado en una serie de mandatos (de género, raza, clase, etc.) que resisten con el tiempo, adoptando formas distintas y actualizadas en cada contexto. Desde esta complejidad nos preguntamos: ¿cómo se las apaña la juventud? ¿Cómo vive y convive a nivel interno, relacional y social con todo este desbarajuste?
Desde Enruta’t, como expertas en la facilitación de grupos y el acompañamiento a jóvenes, sus familias y el profesorado, a menudo nos encontramos con grupos de adolescentes que son muy conscientes de lo que se juegan en cada interacción o acción cotidiana, tanto en el mundo offline como, sobre todo, en el online. Por lo tanto, nos encontramos ante “profesionales” de la comunicación y la expresión que suelen tener claro qué quieren, qué toca transmitir y con qué herramientas (a partir de publicaciones en Instagram, TikTok, del peinado, la ropa, el lenguaje y la lengua, los referentes/influencers con los que se identifican, etc.). Nos detenemos aquí porque quizá esto nos parece una obviedad, pero es importante que como adultas podamos reconocer la fortaleza, el esfuerzo, la dedicación y la energía que todo esto supone en un momento vital que, como hemos dicho, no es nada plácido.
Es desde aquí que queremos acompañar, desde el (re)conocimiento de esta necesidad de formar parte del grupo —que por otra parte tenemos todas— y desde la valoración de las estrategias que la juventud tiene para definirse sabiendo que algunas identidades o posicionamientos te otorgan más capital social y sexual que otras. Y para nosotras aquí es donde llega el gran reto del profesorado y de quienes acompañamos a esta juventud: a menudo nos remueven e incomodan algunos “nuevos” referentes que exaltan valores como el individualismo, la autosuperación sin límites, el estatus económico y la dominación como modelo de masculinidad, por un lado. Y por otro, también nos incomodan aquellos que ponen en valor el retorno a los roles tradicionales, a la sumisión, la pasividad y la cosificación como modelo de feminidad que otorga mayor capital social.
Ante esta realidad, si comprendemos de dónde surge la necesidad de definirse desde estos patrones, nos puede resultar más fácil tener un enfoque pedagógico desde el reconocimiento, que se aleje del juicio o de la lección moral como personas adultas que “ya sabemos” lo que la juventud tendría que hacer. Os animamos a que podáis abordarlo desde la confianza con vuestro alumnado, desde la asunción de que muchas de estas representaciones y reivindicaciones surgen de la necesidad de sobrevivir en un mundo que te engulle si no participas y te reconoces en aquello que te corresponde según tu contexto y tus características. Por eso, más que nunca, necesitamos poder diferenciar el discurso/actitudes que performan de lo que puede haber detrás, y acompañar esta complejidad que cohabita desde el no juicio, la paciencia y la escucha, al mismo tiempo que transmitimos un posicionamiento claro y crítico como referentes.
Y como sabemos que la teoría está muy bien pero luego hay que aterrizarla en las aulas, os traemos algunas reflexiones que nacen de situaciones compartidas por docentes con quienes hemos trabajado:
Yo, como profesora que veo poco a esta adolescente, ¿cómo puedo acompañarla para que no sienta más presión por ser/mostrar quien “no es”?
Te animamos a indagar más sobre sus realidades, sobre todo en el mundo online. A conocer y curiosear los discursos que imperan en las redes sociales para que no te cojan desprevenida y puedas entender rápidamente cuáles son las presiones e imperativos que la empujan, así como las alternativas y discursos críticos, que también son muchos. También, a no dar por hecho que se está mostrando como una persona que no es, y a abrirte a la posibilidad de que esté experimentando y jugando con la representación y el impacto que tiene en su entorno. Recordemos que es un momento clave para hacerse un lugar en el mundo, y les toca preguntarse qué les hace sentir a gusto, reconocidas y parte del grupo.
Me sorprenden y no sé cómo responder a algunos discursos por parte de algunos chicos que rozan la extrema derecha y que tienen que ver con la reivindicación de unos valores que creía que ya teníamos superados.
Respiremos hondo y recordemos que esta, como muchas otras, puede ser una manera de definirse, de sentirse parte, de tener un propósito y, sobre todo, de encontrar un poco de calma ante el desconcierto que supone confrontar tus privilegios, de forma individual, como chico joven con mil batallas abiertas a nivel identitario. Quizá nos toca “familiarizarnos” con la mascosfera, con los gurús que aseguran tener la fórmula mágica del éxito como chico-hombre, o con esos discursos incel o redpill que resultan tan atractivos en un mundo alienante que busca definirte, valorarte y posicionarte según tu potencial sexual y viril. Una vez más, este conocimiento nos permitirá empatizar (probablemente más de lo que pensamos, si somos hombres) con cómo la juventud performa la masculinidad, y nos abrirá la posibilidad de conectar y plantear alternativas desde otro lugar. Es una buena oportunidad, como profesor, para mostrar que otras formas de habitar la masculinidad son posibles y deseables, y que quizá te llevan a otros (o los mismos) tipos de éxito vital contigo mismo y con quienes te rodean.
¿Y esto cómo lo trabajo en las aulas como tutora? Porque tengo comprobado que hablarles directamente de este tema les pone en alerta y acaba siendo contraproducente.
Os proponemos, si tenéis vínculo con el grupo, sacar adelante actividades que les permitan salir del discurso políticamente correcto yendo más allá del argumentario o el debate. Quizá utilizando el cuerpo como herramienta, la creatividad, los espacios individuales de expresión donde no tengan que rendir cuentas al grupo, etc. Y sobre todo, abordarlo de una manera más integral y transversal: no hablamos de nuevos discursos de odio o de nuevos imperativos sociales, sino que trabajamos desde una perspectiva sistémica que tiene en cuenta muchos factores más allá de las decisiones individuales, y trabajamos de lo micro a lo macro y viceversa. Poco a poco vamos construyendo un discurso diferente que parta de preguntas que nos surgen a nosotras, las adultas, y que ponen a la juventud en el centro: ¿De dónde llegan las presiones sociales y estéticas que recibís? ¿Sentís la presión del grupo para definiros? ¿Qué está pasando en las redes? ¿Qué influencers seguís? ¿Qué os gusta de ellos/as? ¿Creéis que todo el mundo está cómodo escuchando estos discursos? ¿Os abren nuevas posibilidades para definiros? ¿Os ayudan a sentiros más a gusto con quién/cómo sois? ¿Y con el grupo? Es desde la escucha y la consideración de todo lo que nos tienen que decir que podremos entender mejor sus procesos de configuración identitaria.
Sabemos que no es fácil y que a veces la preocupación y la desesperación pueden con nosotras, sobre todo teniendo en cuenta el discurso imperante en los medios, que considera que hemos ido a peor y que la juventud está retrocediendo en derechos y reivindicaciones. Bien, la buena noticia es que no hace falta buscar mucho en estadísticas y voces de personas y entidades expertas para saber que esto no es así: nos encontramos con chicas con discursos y acciones cotidianas cada día más empoderadoras y con chicos que, a pesar de la “amenaza” que sienten por parte de los feminismos, están entendiendo que la presión para encajar en la norma va más allá del hecho de ser hombre, y que o bien compartimos malestares y estrategias de autodefensa de forma colectiva o no saldremos adelante. Por todo ello, os dejamos con algunas autoras, activistas e influencers que pueden daros perspectiva y herramientas en esta tarea:
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Autoras como bell hooks, Lucas Platero, Miquel Missé o Judith Gardiner reflexionan y crean conocimiento y nuevas propuestas para entender y vivir las masculinidades.
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Influencers y activistas como Safia El Aaddam, La Gata de Schrödinger, Ayme Román o Bea Jordan nos explican y cuestionan el sistema patriarcal, racista, clasista, capacitista, etc., y desde el humor y la divulgación, nos actualizan sobre los discursos e imaginarios de las redes.
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Plataformas como Broders, No More Haters o Hate Trackers buscan contrarrestar el auge de los discursos de odio entre los chicos jóvenes.


