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    Yousra El Gdari: “La diversidad cultural ya es parte de la identidad catalana”

    cescalesBy cescalesdesembre 17, 2025No hi ha comentaris11 Mins Read
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    La sociòloga Yousra El Gdari El Mejdoubi | Pol Rius migracio
    La sociòloga Yousra El Gdari El Mejdoubi | Pol Rius
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    Los flujos migratorios de personas forman parte del latido planetario. Por voluntad o por necesidad, cada año ciudadanos de todos los lugares del mundo se desplazan de un país a otro. Y Cataluña, por detrás de Madrid y por delante de la Comunitat Valenciana, es la comunidad del Estado español que más vecinos de otras naciones recibió en 2023, según las últimas estadísticas hechas públicas por el Instituto Nacional de Estadística hace ahora un año. ¿Qué hace que estas personas se sientan plenamente incluidas en el nuevo contexto social? ¿Y sus hijos, aun habiendo nacido ya en el país de acogida?

    Hablamos de ello con la socióloga Yousra El Gdari El Mejdoubi, que ha estudiado ampliamente la interculturalidad en el contexto educativo. Desde la Fundación Bayt al-Thaqafa, contribuye a facilitar la integración social, cultural, cívica y política de los y las inmigrantes en nuestra sociedad, sin renunciar a la propia identidad y fomentando el intercambio y el diálogo entre las distintas culturas. Le preocupan especialmente episodios como el de Torre Pacheco, donde aflora el discurso de odio como una silenciosa contaminación de racismo. Reforzar el triángulo escuela, familia y alumnado, aproximando el conocimiento mutuo entre personas de diferentes culturas, puede contribuir, a su entender, a construir una sociedad donde la inclusión social sea real.

    ¿Qué te llevó a estudiar Sociología?

    En el bachillerato ya me gustaba la asignatura de sociología. Leer y reflexionar siempre me ha gustado y me preocupaban mucho las cuestiones sociales, me generaban mucho interés, y encontré que la sociología se ocupa del desarrollo social. Después hice un máster en Política Social, Trabajo y Bienestar.

    ¿La carrera te satisfizo?

    Sí, me permitió querer aún más a la sociología porque veía que aterrizábamos en cuestiones reales y más amplificadas. Pude conocer el trabajo de los científicos sociales y de los investigadores. La sociología es una materia que constantemente te hace preguntarte cosas, y yo me desarrollé siempre enfocada a la educación porque era donde tenía más cuestiones que plantearme.

    La socióloga Yousra El Gdari El Mejdoubi ha estudiado en profundidad la multiculturalidad en Cataluña
    La socióloga Yousra El Gdari El Mejdoubi ha estudiado en profundidad la multiculturalidad en Cataluña | Pol Rius

    ¿Cuáles eran tus inquietudes sobre la educación?

    Las trayectorias de éxito o fracaso educativo me preocupaban mucho, y durante el grado siempre me gustaba prestarles atención. Mis intereses eran, por ejemplo, cómo en la escuela se reproduce el efecto Pigmalión, y en concreto cuando existen expectativas sobre el alumnado migrado. Bueno, en la línea de la interculturalidad, no necesariamente personas migrantes, sino personas que han heredado desigualdades o desventajas porque parten de otra realidad y perspectivas. Y solo por eso se dice: esta persona no pasará de un determinado nivel y se le dice: tú con la FP ya estarás bien. Pues a eso yo quería ponerle nombre. Y mi trabajo final de grado fue este: “El fracaso y abandono escolar del alumnado migrante”. En las trayectorias de fracaso escolar, uno de los factores principales que influyen es el estatus migratorio. Tenemos unas cifras de abandono escolar que asustan, especialmente en alumnado inmigrante. La escuela no está preparada para la diversidad cultural, porque el alumnado no se siente cómodo por la cantidad de prejuicios que existen.

    ¿Cuál es tu radiografía del panorama educativo en cuanto a la interculturalidad?

    El mapa escolar ha cambiado mucho y nosotros también tenemos que cambiar. No podemos negarnos a ver una realidad que debemos abrazar. En este sentido, encuentro muy acertado el libro de la antropóloga Marta Comas —con el maestro Alfons Espinosa— Cuando las canciones de casa no suenan en la escuela. Este título dice mucho. Las escuelas de hoy en día no abrazan el mosaico intercultural del aula, ni tampoco a las familias. No hay comunidad educativa y se asumen muchas cosas que pertenecen más al prejuicio y al imaginario que tenemos sobre las familias culturalmente diversas. Por ejemplo, que no participan o que no se puede hablar con ellas.

    ¿Crees que esta mirada siempre ha sido así o se acentúa ahora?

    La diversidad cultural siempre ha sido vista o gestionada desde el conflicto. No vemos que la interculturalidad forma parte de Barcelona y de sus escuelas, que existe una diversidad muy grande que ya forma parte del escenario cultural. Esta, en todo caso, siempre se observa desde el conflicto y no desde la convivencia. Por ejemplo, cuando una chica lleva hiyab y para hacer educación física se le obliga a quitárselo, cuando podríamos encontrar otras maneras de respetar el derecho religioso, como utilizar hiyabs elásticos, en lugar de negarlos y enfrentarnos a las familias. Es decir, para gestionar una diferencia cultural nos enfrentamos, en vez de encontrar lo que es común, que es el bienestar del alumnado. Este es un caso más religioso que cultural, pero me gusta mucho citarlo. Como técnica de un servicio externalizado del Ayuntamiento de Barcelona, a través de la Fundación Bayt al-Thaqafa realizamos formaciones para el profesorado sobre diversidad cultural y religiosa e inclusión de la comunidad.

    La diversidad cultural siempre ha sido vista o gestionada desde el conflicto. No vemos que la interculturalidad forma parte de Barcelona y de sus escuelas, que hay una diversidad muy grande que ya forma parte del escenario cultural.

    Otro ejemplo que no sea religioso, ¿cuál podría ser?

    Pues en relación con el pueblo gitano, el profesorado asume que si la alumna es gitana abandonará los estudios y que las familias gitanas no participan en la comunidad educativa. Prejuzgamos que no participarán. ¿Y qué canales he construido o generado desde la escuela para que sí participen? En lugar de generalizar o asumir ideas que pueden ser reales, debemos pensar que, igual que puede haber familias catalanas que no participen, también puede suceder lo contrario.

    ¿Y cómo debería promoverse la participación?

    Hablando con los padres, explicándoles que la escuela catalana se articula en torno al alumnado, las familias y la escuela, y detectando las necesidades del alumno. Hay que facilitar la comunicación por el bienestar del alumnado, para que pueda tener una trayectoria de éxito. Si el teléfono es la vía de comunicación, hay que asumirlo. Educar pasa por eso.

    Un bienestar del alumnado que puede derivar en éxito o en fracaso escolar.

    Mi trabajo final de máster fue sobre las trayectorias de éxito de diez chicas musulmanas en la universidad, en la UB y en la UAB, cómo habían llegado y qué factores de éxito habían ayudado a acceder. Y estos fueron sobre todo el apoyo de la familia, la comunidad —que es muy importante— y determinados profesores que habían marcado su trayectoria.

    Yousra nació en Cataluña, pero sus padres son marroquíes. ¿Has vivido personalmente experiencias de racismo?

    No. Me siento afortunada porque no tuve experiencias de racismo en la escuela y siempre estuve muy bien acompañada. Mis profesores siempre estuvieron muy cerca de mis padres y nunca me hicieron sentir que era hija de inmigrantes. Para algunos compañeros no fue así. Es cierto que yo tampoco fui transgresora; si hubiera sido más rebelde, quizá eso se habría vinculado con mi origen migrante. Pero, independientemente de ser transgresor o no, debemos tener la oportunidad de sentirnos bien en la escuela para crecer y que nos motiven a la continuidad formativa.

    Me siento afortunada porque no tuve experiencias de racismo en la escuela y siempre estuve muy bien acompañada. Mis profesores siempre estuvieron muy cerca de mis padres y nunca me hicieron sentir que era hija de inmigrantes. Para algunos compañeros no fue así.

    ¿Qué dirías ahora, ya como adulta y profesional, del acompañamiento de tus padres para lograrlo?

    Ellos, en un contexto de precariedad, quisieron dar a mis hermanos y a mí una vida mejor y que pudiéramos acceder a la universidad y a trabajos no precarios. Esto siempre ha estado presente en mí; la historia de nuestros padres siempre está ahí. Lo han hecho todo para darnos una vida mejor y yo debo tenerlo presente.

    Pero la universidad tampoco tiene que ser la única vía de éxito, seas migrante o no.

    Sí, sí, yo soy muy pro FP porque profesionaliza antes y te da margen para estudiar aquello que realmente te gusta. Pero siempre existe una correlación entre migración y la idea de que no se accederá a la universidad, se imponen expectativas más altas de dificultad. Cada cual debe elegir lo que quiera.

    La socióloga Yousra El Gdari El Mejdoubi ha estudiado en profundidad la multiculturalidad en Cataluña
    | Pol Rius

    ¿Cuáles son los principales retos de la inclusión real?

    Que desde el rol de cada cual y la participación en nuestros espacios podamos aportar nuestro granito de arena. Hay que encontrar lo que tenemos en común. Sobre todo humanizar: todos tenemos derecho a construir nuestra identidad sin estar ahogados por estigmas, justificaciones o prejuicios, y esto es muy evidente en el alumnado cuando te preguntan constantemente por qué haces el Ramadán y tienes que justificar parte de tu identidad, que no es la catalana.

    De la misma manera que hablamos de micromachismos en los detalles de la vida cotidiana, también en el día a día, si ponemos el radar, encontramos microrracismos.

    Estamos muy acostumbrados a que la pregunta “¿tú de dónde eres?” se haga desde la voluntad de extranjerizar. Así, yo nunca seré de aquí a pesar de haber nacido aquí y de que haré aquí mi vida. Para mí la palabra dignidad es muy importante: hay que garantizar la dignidad de vivir sin esconder una parte de ti, sin ser juzgada por el origen o por la religión que profesas.

    ¿Qué es lo que te resulta más preocupante en relación con el racismo, a nivel social, fuera del ámbito escolar?

    Preocupa a escala social que crezcan tanto los discursos de odio. Y eso acaba llegando al aula; el aula es permeable. Pero debería ser un espacio seguro, y debemos conseguir que lo sea para esta infancia que está recibiendo estigmatizaciones y discursos de odio en los medios y en la sociedad.

    La diversidad cultural ya no es fruto de la migración, sino que forma parte de la identidad catalana, porque ya hay generaciones nacidas aquí y son vecinos y vecinas nuestras.

    ¿Cómo se puede contrarrestar, en el aula y en general?

    Debemos conocernos. Nadie está libre de prejuicios, pero necesitamos conocernos para poder romperlos, desestigmatizar; la comunidad debe estar unida. La escuela tiene muchísimo trabajo, pero es el escenario ideal para poder crear espacios seguros. Conviven todas las religiones y culturas, educa a futuras generaciones y formas de pensar, vivir y relacionarse, y es un deber hacerlo no desde el odio, sino desde una perspectiva más positiva y constructiva. En este triángulo tan importante debemos compartir aquello que nos une. Hay que trabajar porque muchas familias no lo ven como un espacio propio, a veces porque hay racismo en la sociedad, otras porque muchos espacios de convivencia están pensados para un tipo de familia catalana, de clase media. Que sean para todos, que puedan generar aquello que nos une y que se pueda construir y dar respuesta cuando hay un ataque racista, y celebrar festividades diversas donde todo el mundo participe. Cuando pienso en una escuela ideal pienso en todo esto.

    Pero cada vez habrá más población de todas partes en todo el mundo.

    El escenario catalán ha cambiado y debemos asumir que la diversidad cultural ya no es fruto de la migración, sino que forma parte de la identidad catalana, porque ya hay generaciones nacidas aquí y son vecinos y vecinas nuestras. Yo recojo rasgos identitarios de Cataluña y también de Marruecos, pero no soy migrante, y no como una cuestión negativa, sino porque se me debe aceptar como catalana y mis hijos serán de aquí. Creo que el primer paso que debemos dar es este cambio mental. La diversidad llegó por la migración, pero ahora ya no es así.

    ¿Qué soluciones se pueden ir planteando?

    Echo en falta espacios de interacción y sensibilización sobre los prejuicios que están creciendo. Cómo hacerlo, no lo sé, pero estamos en momentos muy difíciles para todos y especialmente para las personas racializadas. Les afecta, por ejemplo, cuando buscan vivienda: si se ve su nombre, les cuesta más encontrarla. Y en determinados barrios asustan escenarios como el de Torre Pacheco o la quema de mezquitas. Preocupa el nivel de racismo que está adquiriendo nuestra sociedad. Al final, el discurso que se construye acabará traduciéndose en políticas y prácticas racistas y en discursos mediáticos racistas, no solo entre nosotros.

    Catalunya identidad catalana migracions migracions sociología
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