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    El precio del síndrome de Penélope: la intrahistoria de una espera

    jojedaBy jojedadesembre 18, 2025No hi ha comentaris11 Mins Read
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    síndrome de Penèlope
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    ¿Es la espera una virtud romántica o una patología impuesta? Resulta revelador observar cómo la psicología moderna ha reescrito uno de los mitos fundacionales de nuestra cultura: la espera de Penélope y, en especial, el trabajo de una científica que no pudo regresar a su país natal. La médico austríaca Marie Langer (1910-1987) es una reconocida psicoanalista que tuvo que huir del nazismo, desarrollando una gran parte de su actividad profesional en Buenos Aires (Argentina), donde falleció. Dedicó su carrera a fusionar el psicoanálisis con el marxismo y el feminismo, cuestionando la supuesta «naturaleza pasiva» de la mujer, y destacando especialmente su ensayo Maternidad y Sexo. Estudio Psicoanalítico y Psicosomático (1951), en el que por primera vez se sistematizaba el análisis psicoanalítico del comportamiento de Penélope como una neurosis femenina inducida por la cultura patriarcal.

    En la mitología griega, Penélope, hija de Icario de Esparta y de la náyade Periboa, es la esposa de Odiseo (Ulises en la tradición latina), rey de Ítaca, y madre de Telémaco. Su historia aparece narrada en el poema épico griego La Odisea, atribuido a Homero en el siglo VIII a. C. Su marido estuvo veinte años fuera de casa, tras diez años de guerra y diez de viaje de vuelta. Durante ese largo período de tiempo, Penélope fue cortejada por numerosos pretendientes que buscaban desposarla, ante la sospecha de que Ulises había muerto debido a su larga ausencia, al mismo tiempo que esquilmaban los bienes de la familia. Ante la insistencia de todos los aspirantes al trono, le prometió a cada uno de ellos que se casaría cuando terminara en su telar un sudario. Un sudario que ella tejía de día y destejía de noche, manteniendo engañados a sus pretendientes hasta el regreso de Ulises.

    Diario de Penélope

    El síndrome de Penélope no es un trastorno mental clínico reconocido en manuales de diagnóstico; se trata de una metáfora simbólica que utiliza la psicología y la sociología para describir determinados comportamientos, en especial, aquellos en que la mujer (aunque también puede ser un hombre) decide esperar a que él vuelva después de una ruptura, por ejemplo, o esperar a que él cambie de comportamiento hacia ella. En su ensayo, Langer aborda la figura de Penélope no como una virtud, sino como un modelo de inhibición, y culpa a la cultura patriarcal como la inductora de un modelo en el que el rol de la mujer es pasivo (permanece a la espera) en contraposición al del hombre, activo por naturaleza (viaja, trabaja, lucha). Identifica, además, que esa espera genera una angustia que debe ser gestionada mediante actos repetitivos y estériles, como tejer y destejer. O escribir un diario y releerlo, por ejemplo.

    En diciembre de 2025, Norma Editorial publica el cómic El diario de la señorita Litgi, con guion y dibujo de Kim Aubert, en el que realiza un ejercicio de metaficción al describir la génesis y el proceso en el que fue concebida la obra. El autor se dibuja a sí mismo paseando por Los Encantes de Barcelona en octubre de 2007, visualizando cómo descubrió en un batiburrillo de libros apilados en el suelo lo que parecía un diario escrito a mano, por el que apenas pagó cuatro euros después de regatear. Escrito en catalán por una mujer joven que vivió en la ciudad de Barcelona, su lectura resultó apasionante no solo para él, sino para las personas con las que compartió el tesoro encontrado.

    Diario de Penélope

    Resultó que el diario recogía de forma esporádica los pensamientos de una tal señorita Litgi (nombre ligeramente cambiado al original), escritos a lo largo de casi veinte años a partir de julio de 1938, cuando ella apenas tenía diecisiete años. El texto hacía referencia a una historia romántica secreta con un hombre de treinta y cinco años en el instante de conocerse, médico, casado y con dos hijos, del bando nacional (hay una escueta mención a su participación en las postrimerías de la Guerra Civil). La primera parte del diario en realidad es una copia manuscrita de la misma autora, un duplicado de su diario personal, concebido como un regalo íntimo a su pareja, para que pudiese leer sus pensamientos desde el instante que se conocieron y las reflexiones de todos los encuentros posteriores. La segunda parte del diario está escrita directamente en original en ese mismo documento, donde la autora reconoce que su amante se lo devolvió por el peligro que suponía el contenido en caso de que se lo encontrase su esposa.

    En realidad esa devolución es una pequeña crisis en la pareja, que deberá afrontar, además, un hecho traumático, cuando él acepta un trabajo en las Islas Canarias una vez acabada la contienda militar. Esa separación espaciará enormemente los encuentros, con varios años entre ellos en algunos casos. Además, ella no podrá escribirle y quedará a merced de las cartas que pueda recibir, que son escasas y dispersas en el tiempo. Todo ello será narrado en paralelo a pequeñas pinceladas de su vida cotidiana, unos párrafos con los que descubriremos que estudió medicina, que empezó a trabajar como ayudante de su padre en su consulta de dentista y que acabó independizándose, yéndose a vivir sola, montando su propia consulta como dentista en el centro de Barcelona, alejada de la autoridad paterna.

    Diario de Penélope

    Kim ya había abordado el género biográfico en sus cuatro trabajos anteriores, donde destacan el díptico El arte de volar (2009) y El ala rota (2016), los dos con guion de Antonio Altarriba, que escribió la historia de su padre y de su madre, respectivamente (el primero de ellos, galardonado, entre otros, con el Premio Nacional del Cómic en 2010), y el cómic Nieve en los bolsillos. Alemania 1963 (2018), donde retrataba su propia experiencia personal cuando en su juventud decidió abandonar sus estudios de Bellas Artes y emigrar a Alemania en busca de nuevas oportunidades de trabajo. En cierta manera, las tres obras están relacionadas, las dos primeras al mostrar la realidad de una familia a lo largo del siglo XX, con las penurias de la posguerra en plena época franquista, frente a la escapatoria temporal que supuso la etapa alemana de Kim, una libertad que contrastaba con las duras condiciones de trabajo y el frío al que hace referencia en el título, a pesar de la camaradería entre españoles, italianos y turcos.

    En El diario de la señorita Litgi, el autor se ve obligado a innovar en el proceso narrativo, reconociendo implícitamente la dificultad de dibujar un cómic basado en un diario manuscrito con entradas escuetas y separadas en el tiempo, con muy poca información visual de las fuentes originales. En las hojas iniciales nos muestra el periplo que realiza durante años el diario encontrado, leído por amistades que tenían en común la emoción que les suponía su lectura. En una viñeta desvela que incluso llegó a inspirar una obra de teatro escrita por la artista Patricia Soler Vico que, de momento, permanece inédita. Pero no fue hasta un encuentro casual (y son unos cuantos enumerados en el cómic) en el que la autora Marika le alentó a realizar un cómic con una idea que ella ya había experimentado: alternar el texto del diario con su representación gráfica.

    Diario de Penélope

    Kim escoge un diseño de página con tres filas de dos viñetas cada una, utilizando el color como elemento distintivo para los dos momentos temporales narrados, el actual, en color, y aquel en el que acontece la historia de la protagonista, con unas páginas bañadas con un toque beige que aporta una tonalidad nostálgica, contribuyendo a enfatizar la tristeza que desprenden algunos primeros planos de la señorita Litgi, sobre todo en los que se evidencia su soledad y su anhelo por el pasado junto a su amado y su esperanza por un futuro juntos. Esa atmósfera polvorienta y nostálgica emula las fotografías antiguas, en consonancia con el diseño artístico de las viñetas, con ropas, peinados y lugares de las épocas dibujadas, incluidas las de finales de la Guerra Civil, algo que sorprenderá, puesto que el cómic comienza en un club de tenis en una piscina, en la playa o asistiendo a una proyección de cine, visualizando que la ciudadanía mantenía una actividad social a pesar de la guerra.

    El hecho de que escriba el diario durante años mostrando sus sentimientos pensando que no lo llegará a leer su amante evoca la novela Carta de una desconocida (Brief einer Unbekannten, 1922), del escritor austríaco Stefan Zweig (1881-1941). Protagonizada por un escritor que en su cuadragésimo primer aniversario recibe una carta de una mujer que no reconoce, en la que le declara que ha estado enamorada de él toda su vida, y que incluso llegaron a tener un hijo juntos por un encuentro íntimo casual (que él no recuerda) y del que no sabía de su existencia, ni siquiera, evidentemente, de su fallecimiento. Como el amante de Litgi, tampoco conocemos el nombre de esa mujer, las dos amantes enamoradas e invisibles, que han sacrificado una parte fundamental de sus vidas a un hombre idealizado y ausente.

    Diario de Penélope

    Las dos protagonistas muestran una gran capacidad de resiliencia y disciplina en dos épocas que se intuyen complicadas para una mujer sola (en el caso de ficción, además, criando un hijo siendo madre soltera). En la novela se vislumbra que hay una decisión personal de permanecer en la sombra, quizás con miedo a decepcionarlo, mostrándose cuando sabe que la enfermedad se la llevará pronto, como a su hijo (quizás de tifus o de gripe española) visualizando el invisible y desconocido sacrificio vital a lo largo de toda su existencia. Es una Penélope radical, puesto que no «tejía» para ganar tiempo porque, en ese caso, el hombre ni tan siquiera es consciente de que existiera.

    En su ensayo La tradición eterna (1895), del filósofo Miguel de Unamuno (1864-1936), publicado originalmente en la revista La España Moderna (1889-1914) y, más tarde, compilado en forma de libro en el recopilatorio En torno al casticismo (1902), acuñaba el término «intrahistoria» con el que reivindicaba que la verdadera historia es la sencilla pero intensa vida cotidiana. Kim visualiza este concepto de forma magistral, alineándose con la tesis de Unamuno que, a su vez, utilizaba una potente metáfora marítima para justificar su argumentación: «Las olas de la Historia, con su rumor y su espuma que reverbera al sol, ruedan sobre un mar continuo, hondo, inmensamente más hondo que la capa que ondula sobre un mar silencioso y a cuyo último fondo nunca llega el sol». Sin embargo, la verdadera sustancia de la historia narrada por Kim no está en esas olas, sino en lo que Unamuno define a continuación y que hace referencia a la realidad que queda fuera de los focos.

    Diario de Penélope

    De la misma manera que el diario de Litgi fue ignorado por la gran historia, el filósofo nos recuerda que «Todo lo que cuentan a diario los periódicos, la historia toda del “presente momento histórico”, no es sino la superficie del mar, una superficie que se hiela y cristaliza en los libros y registros». Es aquí donde reside el valor reivindicativo de El diario de la señorita Litgi. Kim pone el foco precisamente donde los periódicos nunca miran, rescatando esa labor anónima que sostiene al mundo. Unamuno concluye su idea con una imagen que define perfectamente la vida de nuestra protagonista, una de esos millones de personas que construyen la realidad desde el anonimato: «Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que como la de las madréporas suboceánicas echa las bases sobre que se alzan los islotes de la Historia».

    Kim realiza una labor titánica en lo artístico para mostrar la intrahistoria de la señorita Litgi, profanando la intimidad de un diario que quizás no fue destruido por su autora con la esperanza de ser leído algún día, lo que servirá como excusa para disminuir la incomodidad del lector que, en cierta manera, contribuye a romper la soledad de la protagonista a través de la lectura de sus escritos personales. Al menos, no podemos ser indiferentes. Un giro inesperado en la información descubierta por el autor casi cuando estaba acabando el cómic puede que dé un sentido a la historia que hemos leído pero, como acostumbra a pasar tanto en la ficción como en la vida real, deberá ser el lector quien imagine esos motivos ocultos en el diario.

    Diario de Penélope

     

    comic mitologia griega psicoanálisis
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    jojeda

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