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    Anàlisi

    “Comerse a los ricos” es comerse a la extrema derecha

    gpujolBy gpujoldesembre 23, 2025No hi ha comentaris6 Mins Read
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    grafit eat the rich en un mur urbà com a símbol de desigualtat econòmica i crítica al poder
    Graffiti a Barcelona, any 2006. Foto: Flickr License Commons.
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    1) Concentración de la riqueza

    En noviembre se publicaba la lista Forbes España de 2025. En ella constaba que la concentración de la riqueza en las 100 mayores fortunas del Estado español había aumentado un 7 % respecto al año anterior, hasta alcanzar los 258.870 millones de euros. Si nos fijamos únicamente en la parte “extra” que ganaron esas cien fortunas, hablamos de unos 18.000 millones de euros. Una cifra que equivale aproximadamente a la mitad del presupuesto anual de la Generalitat de Catalunya.

    Conviene repetirlo, porque cuesta de asimilar: lo que ganaron “de más” las 100 primeras fortunas de España equivale a la mitad del presupuesto de la Generalitat de 2025 o, dicho de otro modo, a la suma de los presupuestos de educación y sanidad.
    A escala internacional, los datos son todavía más obscenos. La fortuna de Elon Musk, por ejemplo, equivale a toda la riqueza anual producida en Bélgica, la 23.ª economía mundial según este ranking.

    2) Desalojos y exclusión

    En Badalona, el alcalde Xavier García Albiol ordenó el desalojo del bloque B9, donde vivían en condiciones penosas unas cuatrocientas personas, sin ofrecer ninguna alternativa residencial. Cuatrocientas personas en la calle, en pleno invierno.

    Algunas entidades sociales —Cáritas, el Casal de la Izquierda Independentista o Comisiones Obreras— se movilizaron para ofrecerles un techo. Quince jóvenes en situación de alta vulnerabilidad debían pasar la noche del domingo en la parroquia Mare de Déu de Montserrat. No pudieron entrar. Un grupo de manifestantes impidió que Cáritas les permitiera pasar la noche. Tuvieron que volver a la calle.

    3) Hospitalidad y miedo

    El filósofo francés Jacques Derrida distinguía entre una hospitalidad incondicional —éticamente exigente, casi imposible— y una hospitalidad condicionada, regulada por normas, instituciones y límites, pero imprescindible para que la primera no quede en pura retórica. Lo ocurrido en Badalona traspasó incluso esa línea mínima.

    No se negó solo la acogida sin condiciones: se impidió también la acogida regulada, temporal y organizada por entidades sociales, bajo techo y con responsabilidades claras. Ni papeles, ni protocolos, ni mediación institucional fueron suficientes.
    Cuando una comunidad impide incluso este tipo de hospitalidad, ya no estamos ante un conflicto de límites, sino ante una voluntad explícita de exclusión. No se defiende ninguna casa: se blinda el miedo. Y ese miedo, cuando se organiza políticamente, tiene nombre, discurso y rendimiento electoral. Se llama fascismo.

    4) Ocupación y relato mediático

    En radios, televisiones, diarios y pódcasts, la ocupación de viviendas se ha presentado reiteradamente como uno de los grandes males de nuestro tiempo. Sin embargo, el total de denuncias por allanamiento o usurpación de viviendas en 2024 no llegó ni siquiera al 0,06 % del total de viviendas existentes.

    Mientras tanto, la crisis de la vivienda continúa agravándose y es, con diferencia, la principal preocupación de la ciudadanía catalana, según todas las encuestas sociales recientes. Este desplazamiento del foco es clave para entender la relación entre extrema derecha y desigualdad.

    5) Eat the rich y cambio de foco político

    Zohran Mamdani, socialista democrático, ganó las elecciones en Nueva York convirtiendo una frase en eslogan de campaña: Eat the rich (comámonos a los ricos). Preguntado por si creía que los billonarios tienen derecho a existir, sonreía y respondía: “creo que no debería haber billonarios”.

    Una parte significativa de sus votos procedía de barrios que, en las elecciones presidenciales anteriores, se habían decantado por Donald Trump. No se trataba de un cambio identitario, sino de un desplazamiento del foco político.

    6) La financiación de la extrema derecha

    En 2021, una filtración publicada por WikiLeaks destapó miles de documentos internos de las organizaciones ultraderechistas Hazte Oír y CitizenGo, correspondientes al período 2001–2017, dentro del proyecto conocido como The Intolerance Network. Los papeles dejaban poco margen a la duda: el auge electoral de la extrema derecha en el Estado español no fue espontáneo ni marginal, sino ampliamente financiado.

    Entre los llamados “grandes-grandes donantes” aparecen nombres conocidos de la élite económica española: grandes fortunas, altos ejecutivos y directivos de corporaciones como Esther Koplowitz (FCC), Isidoro Álvarez (El Corte Inglés) o Juan Miguel Villar-Mir (OHL). También actores internacionales, como el lobby ultracatólico estadounidense The Howard Center for Family, que aportó recursos y estructura a esta red ideológica.
    La extrema derecha no son personas: es un proyecto económico —y a menudo racial, es decir, racista— de las élites internacionales.

    7) Desigualdad como hiperobjeto

    El filósofo Timothy Morton utiliza el concepto de hiperobjeto para describir aquellos fenómenos tan extensos, persistentes y distribuidos que no pueden percibirse directamente en su totalidad. El cambio climático es el ejemplo clásico: no aparece como un único acontecimiento, sino como una constelación de efectos locales que a menudo se confunden con causas aisladas.

    La desigualdad extrema funciona de manera similar. Nunca aparece como sistema, sino como síntoma: un desahucio; un anuncio de alarmas financiado por un banco; un miedo difuso, un relato securitario, una puerta que no se abre. Leídos así, los elementos expuestos no son fragmentos inconexos, sino manifestaciones de un mismo hiperobjeto: la concentración de la riqueza y del poder en manos de una minoría.

    Comerse a los ricos no es un gesto destructivo, sino una imagen invertida de lo que ya sucede. Comer no es eliminar, es repartir; es hacer posible que nadie pase hambre. Un techo y un plato caliente no hacen ruido, pero construyen una fuerza discreta, difícil de atomizar. Allí donde la vida puede sostenerse, el miedo pierde capacidad de organización.

    8) Extrema derecha y desigualdad

    En los últimos años, los indicadores globales dibujan una coincidencia difícil de ignorar: mientras la concentración de la riqueza alcanza niveles inéditos, el número de personas que viven en democracias liberales disminuye de forma sostenida. Cada vez más población bajo regímenes autoritarios, cada vez más patrimonio en menos manos.

    Cuando las condiciones materiales se degradan, cuando la vida se vuelve frágil y competitiva, la democracia pierde cuerpo y el miedo gana función política. Quizá por eso la pregunta no sea tanto cómo frenar a la extrema derecha, sino cómo recomponer las bases materiales que hacen posible una vida compartida. Allí donde hay vivienda, alimentos y una mínima seguridad, el autoritarismo deja de parecer una solución. No porque desaparezca, sino porque deja de encontrar un malestar material sobre el que construir su relato.

    democràcia desigualdades extrema derecha extrema dreta extrema dreta política
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