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    Oriente Medio

    Tu ganas, Bibi

    srodriguezBy srodriguezgener 27, 2025No hi ha comentaris12 Mins Read
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    Calle de Gaza tras los bombardeos israelíes de mediados de octubre (2023). | Wikimedia Commons
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    El sábado 7 de octubre de 2023 me desperté tarde, alrededor de las 9 de la mañana. Generalmente mi hijo, que por entonces tenía 5 años, se despierta sobre las 7 de la mañana y yo aún más temprano, no importa si es sábado o entre semana. Pero aquel día, no recuerdo el porqué, hasta las 9 no empezaba mi jornada. Extraño, pero tardé aún una hora después de despertar en mirar el teléfono, porque estaba intentando rebajar la dependencia del dispositivo, y hacía algunas semanas que no dormía con él, y lo dejaba en la cocina durante la noche.

    Antes de entrar a revisar el Whatsapp, y con mi hijo aún durmiendo, puse las noticias en la radio, y un titular me puso en alerta de forma instantánea: Hamás había penetrado en territorio israelí con un número indeterminado de hombres armados, a través de diferentes puntos de la frontera. Eso no era cualquier cosa, si bien parecía que había sido un atentado terrorista circunscrito a la frontera y que, muy probablemente, no iría más allá de algunos embates con el ejército israelí, hasta que redujeran y repelieran al grupo de asaltantes.

    Pero no fue así. Al abrir Whatsapp, diferentes mensajes de colegas periodistas de Oriente Medio inundaban mis chats con material audiovisual de lo que estaba sucediendo, y que circulaba por canales no oficiales y no verificados. Lamentablemente todo fue verificado y certificado como real.

    Estos colegas me decían que habían sido más de 1000 terroristas de Hamás los que habían entrado, y que estaban ocupando poblaciones enteras del sur de Israel, neutralizando al ejército, asesinando y secuestrando militares y civiles. Los primeros vídeos que recibí mostraban las imágenes grabadas por las cámaras en los cascos de los asaltantes, en las que se veía cómo disparaban a sangre fría contra los militares israelíes en los puestos de control y vigilancia de la frontera. Yo estaba en shock. Lo que estaba presenciando era inaudito, y tuve muy claro desde el primer momento que no era un evento más en la esquizofrenia de esa región. Era un punto y aparte, sino un punto y final.

    Por alguna razón que no conseguiré entender nunca, Hamás pensó que sería buena idea matar a más de mil personas, muchas de ellas civiles desarmadas, y de esta forma presionar al gobierno israelí. Fue un suicidio colectivo, y lo sabían.

    Al cabo de un buen rato de no poder despegarme de la pantalla y de intentar buscar toda la información posible en medios internacionales, comenté con un buen amigo, profesor de Universidad, quien me preguntó mi opinión sobre lo que estaba sucediendo aquel día. Y esto es parte de lo que le escribí ese sábado vía Whatsapp:

    (…) Además de que lo que está ocurriendo probablemente conllevará la muerte de un millar de personas en Gaza en una semana o diez días, si atacan, como seguramente harán, con fuerza aérea y artillería de forma indiscriminada, esto podría servir a Israel para intentar buscar una resolución final a la situación de bloqueo de Gaza a medio plazo. Esto podría incluir la transferencia de parte de la población a Egipto, otra parte a Cisjordania y otra a Jordania, anulando la franja como territorio palestino. (…)

    Está claro que me quedé corto. Declarar una tregua 47.000 cadáveres después es un insulto a la inteligencia, pero al menos durante algunos días o semanas, dejará de llover plomo. Quince meses de guerra han pulverizado la Franja de Gaza, hogar de más de 2 millones de personas, y con todo, Netanyahu no ha conseguido liberar a los rehenes y solo puede hacerlo pactando un alto el fuego con Hamás a cambio de liberar miles de prisioneros palestinos, muchos de ellos menores de edad y mujeres en detención administrativa, sin cargos, desde hace meses o años.

    Bombardear ciudades es fácil, solo tienes que tener el equipamiento necesario y las ganas de hacerlo. Las ganas, sí, porque las razones para hacerlo difícilmente se encuentran si se hace un planteamiento de la situación mínimamente cabal: matar a civiles desarmados, bombardear escuelas y hospitales, bombardear columnas de vehículos de ayuda humanitaria, asesinar a sangre fría a civiles que caminan a rescatar a un herido, impedir el acceso de ayuda básica, matar a decenas de periodistas… todo ello son crímenes de guerra en este conflicto y su responsable es Benjamin Netanyahu, y por todo ello debe ser juzgado.

    La respuesta del gabinete de Bibi al ataque de Hamás no es una respuesta razonada. Es la respuesta rabiosa del orgullo herido, del animal que se siente amenazado y se lanza a todo, porque todo es su enemigo. Es comprensible que un Estado tome acciones contra semejante ataque contra su población, pero no es aceptable que se lleve a cabo un castigo colectivo semejante, con total impunidad y sin rendir cuentas ante nadie. Bibi, ellos son un grupo terrorista, pero eres el máximo representante de, según tú, el único estado democrático de Oriente Medio. Asesinar a 47.000 personas de manera indiscriminada no parece la mejor respuesta.

    “Cuando tienes el poder, no necesitas la paz”, me dijo una vez Ahmed, un enfermero palestino de Gaza, a quien conocí en Jerusalén Este en 2003. Él, originario de Gaza pero que vivía hacía años en Jerusalén, fue preso de la primera intifada. Entró en una cárcel israelí por lanzar piedras, siendo simpatizante de Al-Fatah, el partido de Arafat de corte socialista y no islamista. Después de cumplir su encarcelamiento, salió siendo simpatizante de Hamás, y con la prohibición de volver a Cisjordania: le obligaban a vivir para siempre en Gaza.

    Él, que tenía a su familia, su mujer, sus hijos, en Cisjordania, consiguió tener un permiso, ir a visitarlos y no volver a Gaza. Vivía en su casa de Jerusalén este, e iba a trabajar a un hospital palestino a escondidas, sorteando checkpoints, rodeando las montañas de Jerusalén. Trabajaba 96 horas seguidas en el hospital, donde vivía en una especie de cuarto de la limpieza, escondido, y luego estaba 3 días en su casa con su familia. Así todas las semanas. Debía cambiar de ruta periódicamente, y a veces tardaba una hora y media en hacer un recorrido que en coche serían apenas 10-15 minutos, pero, claro, le podían detectar mucho más rápido, así que no podía tomar el riesgo.

    Israel solo negocia cuando se siente muy amenazado internamente, o al límite de su capacidad operativa. Así cesaron las hostilidades en 2006 en la guerra que perdió contra Hezbollah en el Líbano: la sociedad israelí no quería más soldados de vuelta en ataúdes. Y así han cesado temporalmente ahora en Gaza: sin Hamás, sus ciudadanos secuestrados no tienen garantías de volver a casa, ni vivos ni muertos.

    Este hecho debería ser suficiente para cualquier gobernante para comprender la importancia de la ponderación en sus actuaciones y decisiones, más cuando el enemigo es tan difuso como un grupo terrorista. Se puede vencer militarmente a quien no tiene miedo a morir, sí, ha sucedido en Gaza, pero aunque se destruya todo lo que envuelve a Hamás, aunque se asesinen a 47.000 civiles más… mientras haya un sólo palestino sin miedo a morir al enfrentarse contra las fuerzas israelíes, habrá conflicto asegurado. Y con la guerra actual, se han sembrado dos generaciones más de odio entre israelíes y palestinos.

    La actuación de Israel sobre Gaza, además de ser desproporcionada, ilegal y criminal, responde a la propia esencia de la construcción del Estado de Israel: eliminar la diferencia que pueda suponer una amenaza para la integridad y la definición del Estado de Israel como estado judío.

    Lo explica muy bien Ilan Pappe, historiador y profesor universitario judío israelí, en su libro The ethnic cleansing of Palestine (la Limpieza Étnica de Palestina), publicado hace aproximadamente dos décadas, y que yo descubrí en la librería Antoine de Beirut en 2008. En él describe con abundante información de archivos, mediante entrevistas y con documentación oficial, la estrategia que, previo a la fundación de Israel llevaron a cabo, los grupos terroristas paramilitares judíos del Irgun y el Stern. Estos grupos se enfrentaban a bombazos con las tropas británicas del protectorado para forzar la creación del estado judío, (recordemos por ejemplo el atentado contra el Hotel King George de Jerusalén) y estaban en conflicto con la población árabe: en su fundamentación estaba la defensa de un país solo para judíos e idearon, planearon y ejecutaron la ocupación, quema y destrucción de centenares de localidades árabes palestinas, y de esta forma forzar la huida de sus habitantes, confiscar las tierras y reducir la población no judía en esas áreas, además de, claro está, anexionarse el territorio y ponerlo bajo su control. Los líderes de esos grupos fueron, una vez fundado el Estado, prominentes dirigentes, entre ellos Ariel Sharon, Isaac Rabin y Simon Peres.

    Estos grupos paramilitares armados, racistas y violentos, una vez fundado el Estado de Israel, se integraron en el Tzáhal (el ejército israelí). Antes de la existencia del Irgún y el Stern, se fundó a principios del siglo XX la Haganá, una organización defensiva para proteger a la población judía europea que había comenzado a establecerse en Palestina a inicios de siglo.

    La Haganá buscaba proteger a la población judía, que había sido atacada de manera salvaje y sanguinaria por la población árabe (pogromos de Jerusalén en los años 20 del siglo pasado o en Hebrón en 1929, ciudad donde se encuentra la tumba de Abraham y donde siempre existió un reducto de población judía durante más de dos mil años). Los primeros judíos europeos habían llegado a Palestina impulsados por el Primer Congreso Sionista de 1897 y por el apoyo británico al establecimiento de judíos en Palestina, a través de la Declaración de Balfour de 1917.

    Aquellos primeros enfrentamientos, hace más de un siglo, estaban inicialmente vinculados a la gestión de tierras de cultivo compradas o alquiladas por judíos para establecer sus granjas o kibutzim. Tierras sobre las cuales la población árabe que históricamente las había cultivado perdía su derecho de uso.

    Con el nazismo, la Segunda Guerra Mundial y la liberación de los Campos de Exterminio, el número de judíos que buscaban un lugar en Palestina aumentó exponencialmente, y las autoridades británicas no supieron cómo gestionarlo.

    Con lo que aquí comparto, tan sólo quiero intentar aportar un poco más de confusión: todo conflicto armado tiene unas raíces que, muchas veces desconocemos, pero que hay que esforzarse en identificar, y ello no significa que se puedan utilizar a modo de justificación: un criminal es un criminal. Pero, una cosa está clara, un Estado democrático no se puede comportar como una organización terrorista.

    Tu ganas, Bibi. Sobre todo porque has neutralizado la inferencia de Irán en la región. Eso creo que no nos lo esperábamos nadie. Ahí sí tienes bastante mérito militar, y el golpe que has azuzado a Hezbollah es mayústuculo. Pero lo que has hecho en Gaza, tu comportamiento de abusón del colegio, el castigo colectivo a todo un pueblo y la muerte de decenas de miles de personas inocentes, te coloca en la categoría de tirano, de la que te has erigido máximo exponente. Pero tú sabes cuál ha sido tu mayor victoria… y es la de que la gente asuma a diario cientos de muertos sin inmutarse. La victoria es el cansancio sobre lo que pasa en Oriente Medio. La pesadez del no entender y el no querer saber. Lo conseguiste, la opinión pública ha asumido que jamás te juzgarán, que nunca rendirás cuentas por tus crímenes, y eso hace que, en muchas ocasiones no quieran mirar hacia ti, para no avergonzarse por no poder hacer más para impedir tu espiral psicópata.

    La inacción global, la falta de voluntad política y el desinterés colectivo han perpetuado un conflicto que, lejos de resolverse, sigue alimentando generaciones de odio y sufrimiento.

    Lo que pasa en Palestina no es un conflicto entre árabes y judíos, ni un problema entre Hamás e Israel. Lo que pasa en Palestina, y en Gaza de manera más cruel, es un conflicto de la Humanidad, y la Humanidad entera pagará por ello. En palabras de Hannah Arendt: “Que el hombre sea capaz de acción, implica que cabe esperar de él lo inesperable”. Es urgente y responsabilidad de todos que la acción de la Humanidad en Israel y Palestina sea una acción de esperanza y no de odio. Decidme naive, pero sin conocer el origen y la complejidad de un conflicto que parece eterno, y ante las dificultades de poderlo comprender, difícilmente se va a encontrar una solución justa.

    Es legítimo el derecho a la defensa cuando un territorio es atacado, como lo fue Israel el 7 de octubre, pero no lo es la magnitud de su respuesta, ni el desprecio que muestra el Estado de Israel por el pueblo palestino, a quien coloniza, humilla, tortura y asesina a diario.

    Comprender que se puede criticar tanto los ataques salvajes de Hamás, como el trato y la respuesta criminal y racista del Estado de Israel no te hace equidistante, al contrario, te empuja a confrontar la realidad primera de este último episodio de terror en Oriente Medio: el dolor que siente quien padece la violencia es el mismo, personal e intransferible, con independencia de qué colectivo sea.

    Hasta que no entendamos al otro como a uno mismo, desde la comprensión del dolor que produce la violencia, hasta que no asumamos que sin justicia no puede haber reparación, difícilmente se podrá empezar a construir un futuro en paz en Palestina. En nuestras manos está. Todos tenemos capacidad de acción, y cabe esperar que los que también tienen capacidad de decisión sean valientes y afronten este conflicto como propio, porqué de la gestión que se haga a partir de ahora, nos va la Humanidad.

    La partición de Palestina en dos estados por parte de NNUU se hizo rápido y mal, sin garantizar condiciones equitativas para ambas partes ni contemplando la realidad demográfica. Quizás va siendo hora de ir a ese punto, y resolverlo, reconociendo un Estado Palestino con continuidad territorial y que pueda convivir con Israel… Pero, la imposibilidad práctica y real hoy de que efectivamente exista un estado palestino, debido a múltiples factores como las colonias judías ilegales, la imposibilidad del retorno de los centenares de miles de refugiados desde 1948, el déficit de gestión por parte de las autoridades civiles palestinas… empuja a pensar otras soluciones. ¿Las hay?

    conflicto entre israel y palestina oriente medio
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    srodriguez

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