Haciendo memoria, recuerdo en los últimos años hacer este mismo ejercicio de balance y valorar como el auge del anarcocuñadismo, entre otros fenómenos, se iba consolidando, apostando por un avance de la misma tendencia para el siguiente año. No quisiera yo dármelas ahora de pitoniso, pero…
No obstante, no quiero hacer trampa. El agorero derrotista resulta seductor y tiene algunas ventajas obvias en un mundo sobrecargado de eventos. Así que hagamos una breve recapitulación antes de seguir diciendo que el mundo se va a pique.
El año 2025 comenzó con la segunda presidencia en los EEUU de Donald Trump. Ya se sabe, primero viene la tragedia y luego… En fin. Sea como fuere, el poder republicano en ambas cámaras junto con el revanchismo trumpista provocaron que el nuevo presidente no tardara mucho en dejar en vilo al mundo con las amenazas de su política arancelaria, entre otras de sus lindezas.
Por su parte, Israel intensificó la ya brutal y sangrienta ofensiva en Gaza, consiguiendo que incluso algunas de las voces más reacias comenzaran a hablar de genocidio. Por si fuera poco, la impunidad del gobierno de Netanyahu le llevó a volver a dejar al borde del abismo al mundo con sus fantasías de expansión territorial y, sobre todo, con el enfrentamiento con Irán, aplacado tras el rescate del tío Sam que, bombardeo mediante, obstaculizó la viabilidad del programa nuclear iraní. Ya en los últimos meses, el “alto al fuego” en Gaza (las comillas es lo menos ofensivo que puedo poner al respecto) sirvió para disminuir la presión a Israel, dejando en un segundo plano la actualidad de la tragedia palestina, si acaso levemente recuperada ante la decisión de algunos países como España de no participar en Eurovisión en 2026 (pecata minuta ante la barbarie de un genocidio, por supuesto).
En clave nacional, el PSOE se ha ido desgastando día a día en su gobierno. Comenzó el año ya en una situación débil, parlamentaria y mediáticamente, pero lo termina mucho peor: acosado por los escándalos sexuales y los presuntos casos de corrupción que lo asolan. Probablemente no necesitaba el PP esto para seguir desgastando la acción de gobierno socialista, pero a caballo regalado… Huelga decir que el final del año también ha sido un jarro de agua fría para el PSOE en otro orden de cosas: demasiados años negando la existencia de ningún lawfare en España, pero al final… Tal vez sientan ciertos escalofríos.
Por otra parte, Gabriel Rufián se ha terminado de consolidar como esa suerte de líder moral de la izquierda transversal de España. Al menos así es visto por una parte de la ciudadanía que hasta hace no tanto tenía ciertos reparos hacia su figura por lo estridente de lo misma y, sobre todo, por su carga independentista. En cambio, a día de hoy, representa esa política de mínimos, el que dice las verdades del barquero. Eso sí, con todos los riesgos que la excesiva simplificación implica, claro está.
En clave autonómica, Isabel Díaz Ayuso ha eclipsado, un año más, a cualquier otra figura regional mostrándose en múltiples ocasiones embriagada de poder. En lo particular, me sorprende que me pueda seguir sorprendiendo: cuando pienso que en algún momento ha llegado a su tope, ella consigue meter a ETA y a la fruta en ocasiones cada vez más rocambolescas.
A decir verdad, esta exacerbación que se detecta en Ayuso no es algo exclusivo de ella. Al fin y al cabo, es imposible entender un hecho tan lamentable como el linchamiento fascista en Torrepacheco de este verano de 2025 si no es por la crispación que se ha ido alimentando con la sospecha ante cualquier migrante, feminista, persona que se opone a la ola reaccionaria, etc. Sin ir más lejos, hace pocas semanas tuvimos a Trump (sí, de nuevo él) llamando piggy (cerdita) a una periodista, sin que ello tuviera apenas repercusión. Cosas de la ventana de Overton… Pero, eso sí, para determinada marca de charcutería y embutidos el problema es la polarización. Sí, así en general. Ya lo decía Ojete Calor: machismo y feminismo son igual…
De este modo, si algo ha quedado claro en 2025 es que las pocas máscaras que pudieran quedar se han ido desvelando. La consolidación de aquello que ya se intuía: la impunidad de la fuerza, la casi desaparición del derecho internacional, la normalización de la ofensa y de la deshumanización, etc. Todo esto que ya asomaba en años anteriores ha acabado por estallar de forma definitiva en 2025.
Y ahora viene el pronóstico. Si bien siempre va a parecer más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo y, en este sentido, siempre va a ser más fácil ver que todo está por oscurecer más… Lo cierto es que, quizás sea cosa mía, pero comienzo a notar cierto hartazgo ante tanta pseudo-transparencia y “franqueza”. Tal vez estemos comenzando a sentirnos un poco molestos con ese amigo que nos dice que él no es duro o borde, solo sincero. Porque tal vez esa sinceridad no fue tal, sino una coartada para dañar sin consecuencias. Y quizás queramos que tenga alguna consecuencia y responsabilidad lo que se dice y lo que se hace. Quizás… Veremos lo que nos depara 2026.


